Miguel Calero será el mismo de siempre

Miguel Calero será el mismo de siempre

Diciembre 06, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Ricardo Pérez Vargas- Reportero de El País
Miguel Calero será el mismo de siempre

Ana Milena Calero, hermana mayor de Miguel Calero, dice que le daba angustia verlo tapar y sufría cuando le metían goles.

Este miércoles, sus amigos del barrio se volvieron a reunir frente a la casa donde la señora Blanca Rodríguez, madre del ‘colombiano más mejicano’, como lo describió un hincha del Pachuca.

El recuerdo más antiguo de Miguel Calero junto a los tres palos lo tiene la primera autoridad de Ginebra, su tierra natal. “Yo jugaba de arquero en el Real Independiente, ahí donde queda el Estadio Municipal, y con su figura longilínea Miguel se hacía detrás de la portería a atajar balones, él tenía unos 5 años”. / El relato es del ingeniero Camilo José Saavedra Conde, alcalde del municipio que hoy llora la partida de uno de los tres hijos más ilustres de la tierra de la uva y el sancocho, con el músico Benigno Mono Núñez y el exministro Cornelio Reyes.Pero el mandatario habla es del ser humano extraordinario que era su paisano. “Admiré su tenacidad, nunca perdió la humildad, cuando venía se sentaba en el parque a conversar. Era muy sobrio”, rememora el funcionario, quien recuerda la visita que hiciera el año pasado al municipio.De esa ocasión y de otras muchas, vecinos del barrio Monserrate, donde Calero nació y creció, tienen innumerables recuerdos y anécdotas del hombre, del amigo. “De un humor inconfundible, amable, ‘recochero’, le fascinaban los cuentos malos, pero especialmente generoso, trabajé con él cinco años en su finca de Yumbo, gracias a él compré mi lote”, cuenta emocionado Juan Carlos Vivas, uno de los integrantes de La Caspusa, como le decían al primer equipo en que jugó Calero de niño, por la pelusa (tricoma) del arrozal donde entrenaban atrás de su casa, en la Carrera Cuarta, calle de entrada al pueblo.Sus amigos de infancia revivieron historias, protagonizadas por su amigo, el hombre al que quisieron y los quiso, antes de que fuera famoso. “Él estaba reparando un balón al que le metió candela y de pronto se sacudió por no quemarse y me cayó encendido. Esta cicatriz —enseña su brazo— es la prueba, siempre nos reíamos recordándolo, yo tenía 8 años, él 13”, relata Julián Garrido.Él asegura —sus amigos lo corroboran— que si Calero hubiera jugado en más equipos, de todos hubiera sido hincha. Lo fue del Cali y luego del Nacional y en los últimos años le hacía fuerza al Pachuca.A propósito, recordó la vez que le pidió, con ocasión del viaje por su trasferencia del Deportivo Cali al Nacional, que le trajera la camioneta desde el parqueadero.Calero, de pasajero y ya en marcha, sacó la mano y golpeó muy fuerte la lámina a tal punto que Garrido frenó bruscamente, creyendo que se había chocado.El futbolista soltó estruendosa carcajada. El conductor había sido objeto de una de sus famosas tomaduras de pelo.Sus amigos no solo hablan del hombre jovial. “Lo conocimos desde niño, lo quisimos como persona, supo desde temprano para dónde iba, lo que quería; su esposa, Sandra, fue su primera novia", advirtió Julián Solano, quien llora la ausencia.Allí, frente al Restaurante de Lola, recordaron que el año pasado fue la última vez que compartieron. “Era bien profundo, se comió al almuerzo un bistec y una chuleta sin dar un brinco”, contó Gustavo Gómez, nieto de la fundadora del restaurante.De sus gustos también da fe su hermana Ana Milena, quien precisamente tiene un restaurante detrás de la Alcaldía.“Apetecía el sancocho, la última vez comió empanadas. Me decía 'Piñatica', pero nos saludaba diciéndonos ‘uva’, era su estilo, siempre jovial. Nunca dio lora, mamador de gallo, pero lo que me impactó de él fue su entrega, su disciplina”.Así recuerdan hoy familiares, amigos y vecinos a Miguel Calero, en su tierra.

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