Lea aquí las historias de personas que fueron victimas del licor al frente del volante
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Lea aquí las historias de personas que fueron victimas del licor al frente del volante

Junio 06, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

“La gente cree que eso es juego y que no les va a pasar a ellos, sino a los otros, que cuando consumen licor pueden manejar. Los pasajeros cometen el error de subirse con borrachos, dicen que apenas se han tomado dos o tres tragos y no lo ven tan mal y es allí donde vienen los accidentes y el dolor para toda la vida”.De esta manera gráfica James Gómez, director regional del Fondo de Prevención Vial, describe el problema de los conductores que siguen manejando alicorados y cuya irresponsabilidad genera dramas familiares como los que se narran a continuación.Durante el último año se produjeron 253 homicidios en accidentes de tránsito en la ciudad y se estima que el 30% de ellos tiene relación con el consumo de alcohol, según Gómez. Cada día hay un promedio de 60 accidentes de tránsito en la ciudad.Adalberth Clavijo, jefe del cuerpo de guardas de Tránsito de Cali, reconoce que no hay suficiente personal para hacer controles y por eso se hace un retén a las entradas de la ciudad y en los corredores más transitados en horas de la madrugada, como la Avenida 6N, la Carrera 8 y la Pasoancho.Conductor, en la cárcelJaime Vélez y su esposa Flor fueron arrollados por Octavio Gómez, conductor de una volqueta, la madrugada del 19 de agosto del año pasado. Como de costumbre, Jaime llevaba a su esposa en bicicleta hacia su trabajo en el sur de la ciudad. Pero esa mañana, a la altura de la Avenida Simón Bolívar con Guadalupe, el pesado vehículo de placas VCJ 427 los embistió. Flor, que estaba en estado de embarazo, murió víctima del trauma craneoencefálico y Jaime quedó lesionado. El conductor fue sorprendido conduciendo alicorado, y llevado a juicio. Ya tenía antecedentes de alcoholemia conduciendo. Hoy está purgando una pena en la cárcel.Murió y la dejo en comaEl 7 de enero a la 1:00 de la madrugada. Carlos Ocampo conducía un automóvil Optra que bajaba a gran velocidad de sur a norte sobre el puente de la Autopista Sur con Carrera 39, golpeó el separador, rebotó hacia la izquierda, dio varias vueltas de campana y se estrelló contra un árbol. El conductor salió despedido del auto y terminó 20 metros adelante sobre la plancha de cemento que recubre el canal de aguas lluvias de la Autopista Sur. Ocampo murió en el acto. Estaba alicorado. Pero su acompañante, Ángela María Domínguez, quedó en estado de coma. Según las informaciones conocidas, la pareja venía de una celebración en el sur de la ciudad.Una vida en silla de ruedasEfrén Reyes apenas puede moverse. Lo hace difícilmente en una silla de ruedas. Tiene el lado derecho semiparalizado, la cabeza inestable sobre el cuello y no puede hablar bien. Pese a todo, es un verdadero milagro que esté vivo. Lleva 18 años en ese estado, pero los primeros años estuvo en la cama, casi como un vegetal. El 27 de noviembre de 1994 hacia las 7:00 de la noche, perdió el control de la moto Honda XL185 en la que regresaba de Tuluá a Cali, después de haberse tomado unos tragos con su familia. Siempre andaba en ella bebiendo de Juanchito a su casa. Esa noche empezaba a llover. Efrén llegó a tanquear en una estación de servicio a las afueras de Tuluá, salió a la carretera y se encontró de frente con el resplandor incandescente de los reflectores de un carro pesado. No se pudo controlar y a él se le fue la luz. La hemorragia interna le invadió el cerebro, Estuvo mes y medio en estado de coma. Dos meses después se casaba pero no lo pudo hacer. Está vivo de milagro.Un accidente en moto le cambió la vidaEse miércoles, día de trabajo, poco después de las 8:00 de la mañana, Víctor Mario Ramírez Arango, de 25 años, ‘volaba’, embriagado, en una poderosa moto XT660 por las calles de Cali. Había rumbeado toda la noche en Juanchito. Atrás llevaba una parrillera que, según dice, había conocido hacía apenas 20 minutos. A las 8:45 a.m. pasaba por el semáforo de la Carrera 44 con Avenida Pasoancho cuando se encontró de frente con una camioneta repartidora de leche. “Yo iba soplado, vi el semáforo en verde y aceleré, pero el carro estaba tratando de hacer un retorno prohibido con el semáforo en rojo para él desde la Pasoancho hacia la 44 cuando me lo encontré”, recuerda Víctor. Apenas si puede balbucear palabra, lo hace con dificultad porque se lesionaron su cuerdas vocales, tiene secuelas en su cerebro y una parálisis parcial que limita su motricidad. La moto y Víctor quedaron dentro del carro, se metieron por la puerta del pasajero. Él absorbió todo el golpe, la parrillera sufrió algunas contusiones, pero ese mismo día salió del hospital. “Yo siempre bebía y salía en la moto, nunca imaginé que me iba estrellar y decía que si algún día me estrellaba me mataba de una y ya, no pasaba nada. Pero Dios lo castiga a uno, mire como quedé”.Víctor estuvo 21 días en la clínica del Rosario en estado de coma. La madre, Graciela Arango, cuenta que una doctora le advirtió que “se le había agotado el presupuesto del Soat, y que entonces había que desconectarlo. “Ella me dijo: ya lo vamos a desconectar y usted verá qué hace con él. Yo le dije que no lo desconectara, que yo tengo fe en que el muchacho se va a levantar de esa cama. Pero ella (la doctora) me dijo: señora eso es egoísmo, él está respirando es por esas máquinas, no es la primera a la que se le muere un hijo”.Doña Graciela se fue para Buga a orar por su hijo. El sacerdote la vio muy angustiada y le regaló un aceite bendecido para que se lo aplicara a su hijo. Ella se lo untó en la cabeza, le aplicó gotas oftálmicas para mantenerle los ojos despegados y asegura que se le hizo el milagro. Víctor despertó para sorpresa suya y de los médicos.Víctor volvió a su casa del barrio Marroquín, con una traqueotomía para que pudiera respirar y una sonda gástrica para alimentarlo. Así estuvo cuatro meses. Hoy camina, pero no tiene la estabilidad suficiente para correr y no puede hablar bien. No pudo volver a trabajar en construcción como lo hacía antes, a veces siente la tentación de beber, pero aprendió la lección.

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