Lance Armstrong, un rey destronado

Lance Armstrong, un rey destronado

Agosto 25, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País y Agencias
Lance Armstrong, un rey destronado

Lance Armstrong, ciclista estadounidense.

Armstrong protagonizó la trayectoria más espectacular en el ciclismo: ganó siete veces el Tour de Francia. ¿Se caerá el mito de un hombre que derrotó desde montañas empinadas hasta el cáncer?

Algunos dicen que es un extraterrestre. Quizá tengan razón. En 1988 Lance Armstrong era triatlonista. Justo en ese año fue declarado el mejor novato del año en Estados Unidos. Una clínica de Dallas sintió curiosidad por ese jovencito de acero. Entonces midió su consumo de oxígeno para producir energía: “Es lo más alto que jamás se haya visto”, dijeron los científicos. El mito de uno de los mejores ciclistas en la historia empezaba a gestarse. Lance Armstrong nació hace 40 años en Plano, Texas. Su madre, Linda Mooneyham, tenía apenas 17 años y lo bautizó Lance en honor a Lance Rentzel, un receptor del equipo de béisbol de los Cowboys de Dallas. Lo crío, por años, sola. El padre biológico de Lance abandonó a Linda justo cuando se dio cuenta de que estaba embarazada. Fue Terry Armstrong, su padrastro, el que le dio el apellido. Infancia es destino, dicen los psicólogos. Los hijos rechazados por la figura paterna suelen ser seres obstinados con el triunfo.A los 8 años el pequeño Lance se montó por primera vez en una bicicleta. Era una Schwinn Mag Scrambler, color marrón con ruedas amarillas. Con ella participó en una carrera amateur. Armstrong ganó y le auguró a su madre: “Yo voy a ser un campeón”. Linda lo respaldó. A los tres años hizo una inversión generosa. Le regaló su primera bicicleta de carreras, una Mercier. Con ese aparato, Lance ganó el Triatlón Iron Kids. Era 1985. Dos años después ya era triatlonista profesional. Pero en 1990 la vida se empezó a definir: Armstrong se unió al equipo de ciclismo olímpico de Estados Unidos, participó en los campeonatos del mundo junior de Moscú, se coronó campeón nacional aficionado en 1991, se convirtió en ciclista. En 1992, sin embargo, por poco se retira y para siempre: en la Clásica de San Sebastián quedó entre los últimos. La derrota lo deprime, lo hace un hombre inseguro. Linda fue la que lo alentó a seguir. Entonces el extraterrestre fue el extraterrestre, ganó una etapa en la Vuelta a Galicia y la clásica Italiana GP Sanson.También, en 1993, ganó el campeonato del mundo de ciclismo en carretera, el campeonato nacional estadounidense y una etapa (Chalons Sur Marne-Verdún) en su primer Tour de Francia. En su cuenta bancaria le consignaron, de paso, un millón de dólares en bonificaciones por triunfar en la tres carreras en la Triple Corona Thrift Drug.Tres años más tarde le diagnosticaron cáncer testicular avanzado que se extendió a sus pulmones y cerebro. El extraterrestre volvió a ser el extraterrestre. Venció a la muerte para regresar al ciclismo en 1998 y escribir la historia que el mundo conoce: Armstrong gana 7 veces el Tour de Francia; Armstrong se retira; Armstrong vuelve; Armstrong se fractura la clavícula en su nuevo début; Armstrong insiste en seguir sobre la bicicleta. En medio de todo eso que suena a gloria, lo acusan de dopaje. Todo empezó en noviembre del año 2000, cuando se hizo pública una investigación judicial abierta en Francia tras una denuncia anónima.Cuatro años después lo acusan de lo mismo en un libro escrito por David Walsh y Pierre Ballester; su ex asistente, Mike Ardenson, hace lo propio, denuncia que encontró sustancias prohibidas en el apartamento de Armstrong y que le ayudó a escapar de controles sorpresa. Él se defendió, dijo que lo intentaron extorsionar. Sin embargo aparecieron denuncias sobre pruebas positivas suyas tomadas durante el Tour de 1999; en mayo de 2006, en todo caso, es exonerado de aquello por la Unión Ciclista Internacional (UCI); en junio de este año vuelven a demandarlo, la Agencia Antidopaje de Estados Unidos presentó cargos formales contra Armstrong por dopaje (transfusiones de sangre, EPO, testosterona y corticoides) y tráfico de substancias prohibidas entre 1998 y 2012; es suspendido de las competiciones; Armstrong demanda; un juez rechaza la demanda; Armstrong vuelve a demandar; otro juez desecha de nuevo el intento judicial: Armstrong se rinde, dice que no luchará más. Lo despojan de todos sus títulos desde 1998, incluidos los siete del Tour. El rey es destronado de su gloria, borran su pasado. “Lance siente que él ha tenido suficiente y ya no desea participar en la campaña de la Agencia Antidopaje en su contra”, explicó Johan Bruyneel, su director deportivo. “Armstrong siempre mostró una fortaleza y cabeza espectaculares”, lo defendió el corredor Alberto Contador. También Santiago Botero: “En una época que pasó fue un gran campeón, ganó siete Tours, superó 500 controles, no dio positivo bajo las reglas de ese momento, estuvo todo bien y por unos testimonios no le pueden derrumbar todo ese trabajo y lo que significa Lance. No soy juez, ni soy Lance, pero me parece injusto”. “Las carreras se ganan en la carretera”, agregó el ciclista español Joseba Beloki, que pasaría a ser el ganador del Tour de Francia de 2002 en el caso de que prospere la anunciada decisión de la Agencia Antidopaje Estadounidense. El mito del extraterrestre, por ahora, permanece intacto a pesar de la polémica. El mundo del ciclismo lo respalda.

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