La de Hellen Montoya, una vida de caídas y glorias

Julio 18, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Diana Carolina Hernández - Reportera de El País
La de Hellen Montoya, una vida de caídas y glorias

Después de desfilar con la bandera de Colombia sobre sus hombros, tras ser campeona panamericana, Hellen corrió para escribirle a su madre, Esmeralda, quien es su inspiración en cada competencia.

La doble campeona panamericana en Toronto 2015 ha tenido que sortear duros golpes en su vida, de las cuales logró levantarse con el ánimo de ser la patinadora más veloz del mundo.

Para la patinadora Hellen Montoya, su vida ha sido como una carrera en la que se ha caído y se ha lastimado, pero de la cual también ha logrado levantarse para  sortear todos los obstáculos, llegar primera a la meta y bañarse con el júbilo que produce ganar un oro. 

Muestra de eso fue el doble título panamericano que logró en Toronto 2015 esta semana y que la convierte en la mejor deportista vallecaucana en este certamen, luego de colgarse el oro en  los 200 metros  contrarreloj inpidual y en los 500 metros, las pruebas más veloces del patinaje  en este evento deportivo.

Pero antes de llegar a la gloria, Hellen tuvo que pasar por el infierno, ya que desde muy pequeña le tocó lidiar con la temprana muerte de su padre, el exfutbolista del América de Cali Carlos Montoya, quien se suicidó cuando ella tan solo tenía 4 años de edad. Esa fue la caída más dura de su vida.

“Cuando estaba pequeña no lo extrañaba, pero desde que cumplí 12 años sentí mucho su ausencia. Siempre era duro ganar una medalla o tener un reconocimiento en el colegio y ver que él no estaba ahí; aunque mi mamá ha sido la mejor del mundo, mi papá siempre me hizo falta”, relata la patinadora. 

Después de ese episodio, la vida de la familia Montoya cambió, tal como lo destaca Esmeralda, madre de Hellen, quien tras la muerte de Carlos quedó viuda a los 26 años de edad.

“Fue bastante duro levantarnos y seguir adelante, ya que Carlos era nuestro apoyo económico y emocional. Yo quedé sola con Hellen (hoy de 21 años) y lo único que me quedó de él fue una camioneta que vendí para comprarle una casa a mi hija”, cuenta la madre de la patinadora, quien   hacía rifas y vendía  arroz con pollo para sostener a su hija en el deporte. Por eso, cada vez que gana una competencia y se sube al centro del podio a entonar las notas del Himno Nacional, Hellen mira al cielo y piensa en lo orgulloso que estaría  su padre de verla ahí, como una campeona.

[[nid:445819;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/07/hellen_montoya_5.jpg;full;{Esta es una de las pocas fotografías que Hellen tiene con su padre, Carlos Montoya, quien falleció cuando ella tenía 4 años. Archivo personal / El País}]]

Su casa, ubicada en el barrio Nueva Floresta de Cali, es como un museo. En la sala reposan fotos de sus triunfos, de su grado de bachiller  y hasta una pancarta de más de metro y medio de altura, en la que sobresalen las imágenes más destacadas de su participación en Canadá. Sin duda, esos retratos son  los tesoros más importantes de la familia Montoya, ya que en ellos se  exhibe con orgullo la grandeza de Hellen.  

Cuenta la protagonista de la historia que cuando cumplió 3 años de edad recibió el regalo que definiría gran parte de lo que sería su vida: unos patines. 

Fue en la Navidad de 1998, cuando su padrino de bautizo, el exjugador de la selección Colombia y el América de Cali Yerson González, le regaló a la pequeña  unos patines Fisher Price adaptables, los cuales se estrenó de inmediato.

“No esperaba, de verdad, que con ese regalo promoviera su gusto por el patinaje. Ahora me llena de orgullo ver toda la dedicación que le puso a su carrera y todas las medallas que ha ganado. Sin duda, puedo decir que será la mejor patinadora de la historia de Colombia”, resalta Yerson, quien fue uno de los apoyos de Hellen en su niñez. 

Con los patines llegaron las caídas, los moretones y las lesiones, adversidades que no amilanaron a la pequeña, quien empezó amar el deporte sobre ruedas. 

Cuando cumplió los 8 años, Esmeralda vio que su ‘Nene’, como le dice a Hellen, tenía un gusto muy marcado por el patinaje, así que decidió inscribirla en la Liga Vallecaucana, donde realizó las fases de escuela, especialización y liga. 

“En mi formación tuve dos entrenadores que marcaron mi carrera deportiva: el ‘profe’ Ricardo Molina, quien me enseñó a patinar y a ser persona; a él le debo gran parte de lo que soy ahora. Y también a Orlando Yepes, quien fue mi entrenador en Liga y  me pulió como una campeona”, cuenta la patinadora.   

En ese largo camino hacia la gloria, la familia de la deportista caleña hizo un gran esfuerzo por mantenerla en carrera, ya que los patines, las llantas, los uniformes y  los viajes no se pagaban solos. 

[[nid:445827;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/07/hellen_montoya_2_0.jpg;full;{Los que era un simple gusto, se convirtió en un estilo de vida para Hellen. Archivo personal / El País}]]

“Hicimos todos un gran esfuerzo para que ella patinara, fueron momentos difíciles, pero hoy veo todo lo que ha logrado y puedo decir que yo también gané. Porque no solo formé una gran patinadora, sino una gran hija”, destaca  con orgullo Esmeralda.

Cuando cumplió 18 años de edad, la joven fue convocada a la selección Colombia de patinaje, un llamado que aunque para ella “llegó un poco tarde”, fue la oportunidad para levantarse e iniciar la travesía que la llevaría a la gloria. 

Y la joven vallecaucana no desentonó en el equipo tricolor, ya que en su primer mundial juvenil (Bélgica 2013) se colgó tres medallas de oro y dos de plata, con las que demostró el porqué de su llamado. Ahí empezó la curva ascendente de su vida.

Posterior a ese triunfo, confirmó su grandeza en la velocidad durante el Mundial de mayores en Rosario, Argentina, donde se colgó tres preseas doradas. Hellen Montoya estaba imparable.    

“De tres años para acá que la he tenido  como entrenador de velocidad de la selección Colombia, encontré una deportista con unas grandes condiciones, muy inteligente, aunque con algunas inseguridades; sin duda, hoy por  hoy podemos decir que es una de las mejores velocistas del mundo”, asegura  Iván Vargas, entrenador del equipo tricolor.

 Luego de ese triunfo mundial llegaron las ayudas. La línea de patines Fly decidió patrocinarla. Sin embargo, la campeona aún espera que el Municipio reconozca algunos de sus triunfos para poder hacer su sueño realidad: modificarle la casa a su mamá y a su pequeña hermana Nathalia de 8 años de edad. 

“Hasta ahora nadie se ha manifestado conmigo, ni en  el 2013, ni en el 2014, ni ahora. La verdad, me gustaría que la Alcaldía estuviera más pendiente de   nosotros, quienes dejamos el nombre de Cali en alto”, dice la campeona nacional, panamericana y mundial.

Hellen,  quien anhela iniciar  muy pronto sus estudios en odontología o idiomas, seguirá entrenando más de seis horas al día para clasificarse en el selectivo del próximo mes al equipo tricolor  y entregarle más títulos al país. La vida le ha enseñado que de cada golpe puede sacar una oportunidad de crecimiento y por eso tiene muy clara su meta: patinar y patinar y patinar, para seguir allá arriba, en la gloria.

[[nid:445727;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/07/foto_horizontal_hellen_montoya.jpg;full;{La casa de Hellen Montoya está llena de todas sus medallas. Bernardo Peña/ El País}]]

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