Jamie Vardy, el ‘bad boy’ que aprovechó un “no”

Jamie Vardy, el ‘bad boy’ que aprovechó un “no”

Abril 09, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
Jamie Vardy, el ‘bad boy’ que aprovechó un “no”

Jamie Vardy, atacante del Leicester de Inglaterra.

Hace unos años era un completo desconocido, pero hoy, el goleador del Leicester City está a punto de tener una calle a su nombre. ¿Cómo lo consiguió?

Por donde sea que se mire, la historia de Jamie Vardy, el goleador del Leicester City —modesto equipo que está a punto de ganar la Liga Premier por primera vez en sus 132 años— se parece a alguno de los tantos cuentos de la literatura inglesa, donde lo mágico se puede materializar y hacerse verdad.

Lo curioso, o el ‘gancho’ que tiene esta narración, es que todo  comenzó por un rotundo “no”.

A los 16 años, Vardy era uno de esos miles y miles de chicos que, deslumbrados por lo exquisito de ese fútbol que se practica en Inglaterra, sueñan con ganarse la vida pateando un balón en esos estadios en donde el césped se puede confundir fácilmente con alguna de las alfombras que posee la monarquía británica.

Cuentan que siempre le gustó rematar al arco. Con ese objetivo,  se enlistó en las filas del Sheffield Wednesday, el equipo de su ciudad, pero contó con la mala —o quizá buena— fortuna de que lo sacaran del equipo por ser “muy bajito”. En realidad, esa determinación del destino lo iba a favorecer mucho más de lo que el mismo Vardy esperaba.

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Después de que el Sheffield lo rechazara, Vardy alternó las canchas de fútbol (seguí jugando, pero en equipos amateur) con los pubs, donde cazó peleas que le dieron más de un dolor de cabeza. 

Una noche, por ejemplo, tras una riña recibió un fuerte golpe en uno de sus tobillos, y se asustó al pensar que podría quedarse sin jugar más. 

Pero quizá su anécdota más llamativa ocurrió cuando tenía 20 años y jugaba para el  Stocksbridge Park Steels. En un ‘pub’, Jamie salió en defensa de un amigo sordo y se involucró en una pelea tan tremenda que terminó siendo sancionado: lo obligaron a llevar  una pulsera electrónica y a cumplir un toque de queda, que le impedía jugar en las noches y en terrenos que estuvieran más allá de un radio de 80 kilómetros.

“Un día estábamos jugando de visitantes y ya eran las 4:30 de la tarde. Sus papás, que eran los que siempre lo llevaban a casa para que cumpliera el horario del toque de queda, ya se estaban desesperando. Me tocó sustituirlo y él salió corriendo para irse, con uniforme y todo”, recordaría tiempo después Gary Marrow, quien fue su entrenador en ese tiempo.

Tras pagar esa sanción, a Vardy no le quedó de otra que comenzar a trabajar en una fábrica de férulas (prótesis de fibra), puesto que los 40 euros (140.000 pesos colombianos) que ganaba semanalmente no le alcanzaban para sobrevivir.

Pero en esas canchas de esos equipos poco reconocidos de la séptima división, Jamie llamaba la atención de los espectadores por ciertos atributos que nunca le vieron en el equipo de  su ciudad, el Sheffield: su velocidad era increíble, su capacidad de hacer goles también, pero lo que cautivaba era esa irreverencia en el campo, la misma que mostraba en los bares cuando alguien le buscaba pleito o se metía con alguno de sus amigos. 

Durante dos años este delantero estuvo divagando por equipos de todavía baja categoría como el Halifax Town. Pero después iba a tener su gran salto: fue contratado por el Fleetwood Town, club de la quinta división.

Gracias a sus 31 goles en 36 partidos (un promedio asombroso), el Fleetwood logró el objetivo de ascender, y eso hizo que el Leicester City —en ese entonces en la segunda categoría— lo contratara por 1,5 millones de euros, volviéndolo el futbolista amateur más caro de Inglaterra.

En el Leicester City Vardy se encuentra escribiendo el capítulo más glorioso de su vida, pero las cosas no fueron fáciles. En su primer temporada con los ‘Zorros’ solamente marcó 4 goles y fue duramente criticado por los hinchas de este equipo. 

Pero a partir de su segunda campaña, todo empezó a mejorar. Marcó 16 tantos en 34 juegos y gracias a esto, el modesto Leicester logró el ascenso a primera división, desatando la locura general en una ciudad que, en ese entonces, no se alcanzaba a imaginar lo que se iba a venir.

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Leicester es un equipo de 130 años que siempre ha estado en un tercero y hasta cuarto plano en cuando a fútbol se refiere. Sin embargo, tras la llegada del grupo tailandés King Power, las cosas poco a poco iban a empezar a cambiar.

En la temporada 2014-2015 el equipo logró salvarse del descenso en las últimas fechas, algo de drama para darle paso al mejor capítulo de este cuento: la campaña 2015-2016.

Porque cuando faltan solamente seis fechas para que se concluya el torneo de primera división, increíblemente los ‘Zorros’, bajo la dirección técnica del italiano Claudio Ranieri, son líderes solitarios. Pero, en la cancha, ¿quién ha sido el máximo artífice de esto? Es obvio, es obra de Vardy, el ‘bad boy’ inglés.

Con 19 goles en 32 jornadas, Jamie —que ya tiene 29 años— vive su época gloriosa. Tanto así que este año logró convertirse en el primer jugador en la historia de la Liga Premier en marcar goles en once partidos consecutivos, tumbando el récord de nada más y nada menos que el holandés Ruud van Nistelrooy, quien con la casaca del Manchester United anotó de manera seguida en 10 compromisos.

“Bien por ti, Jamie, ahora eres el número uno”, le dijo en ese momento Ruud al inglés, a lo que él respondió: “el récord es importante, pero yo no he perdido el norte por esto, siempre trato de ir partido a partido”. Pero, ¿cómo ha logrado Vardy ser figura en un campeonato donde los equipos invierten millones y millones en figuras del extranjero?

Lo más importante, según el periodista Víctor Vago, quien trabaja desde hace varios años en Londres, es su velocidad. Y es que, según las estadísticas, Vardy es el jugador más rápido de la Premier, siendo capaz de tener una marca de aceleración de 35,44 kilómetros por hora.

“Es un fenómeno corriendo, además, el Leicester juega al contragolpe, así que su velocidad es explotada al máximo por este equipo”, dice el periodista. “No es un futbolista, es un caballo”, afirma, por su parte, el entrenador Claudio Ranieri.

Pero mantener ese ritmo no es fácil. Matt Reeves, uno de los asistentes técnicos del Leicester, explica el tratamiento que le hacen al jugador para que se mantenga “volando”: “Como es  explosivo, necesita mayor recuperación que sus compañeros. Inmediatamente después de cada partido le damos leche y proteínas. Y bebidas antioxidantes de cereza. Después, en el campo de entrenamiento, contrastes de baño y masaje y la nueva cámara Cryo que se expone a temperaturas de -135 grados”.

Pero a esa velocidad hay que sumarle su gran capacidad para ser certero a la hora de definir. Su compañero de equipo, el portero  Kasper Schmeichel, lo describió así: “Él busca las pelotas perdidas y aquellas en las que no debería tener opción de ganar, pero lo hace por su infatigable esfuerzo. Logra transformar un mal balón en uno bueno y uno bueno en uno fabuloso”.

Gracias a esto, no solamente está cerca de ganar el título de la Premier, sino que ya logró ser convocado a la Selección de Inglaterra. Es más, hace dos semanas le marcó un gol de taco a Alemania en el estadio Olímpico de Berlín. De seguro, estará también en la Eurocopa, que inicia en junio.

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En las calles  de Leicester la gente solamente piensa en el posible título de este equipo. Embriagado por la emoción, el alcalde de esta ciudad, Peter Soulsby, prometió que si los ‘Zorros’ son campeones, cambiará los nombres de algunas de las calles y las rebautizará con los de los jugadores. La calle de Jamie se llamará “La avenida Vardy”.

Como si fuera poco, esta semana, un hincha del Leicester llamado Ashley Marriott aseguró que le pondrá Vardy a su hija, que nacerá el próximo mes de junio. “Estamos viviendo un sueño esta temporada y no puedo dejarlo pasar sin ningún gesto simbólico”, apuntó.

El hábil delantero, que en el próximo enero cumplirá ya 30 años, se echó al bolsillo la simpatía de todo el mundo con su entrega y sus goles. Seguramente nunca olvidará que solo con un “no” su historia empezó y no terminó.

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