En Brasil no quieren a Fuleco

En Brasil no quieren a Fuleco

Febrero 09, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Sergio Villamizar D. - Enviado Especial
En Brasil no quieren a Fuleco

Mascota, Mundial de fútbol Brasil 2014.

Los brasileños sienten que los beneficios de organizar un evento de esta magnitud, cuyos gastos llegan a los 15 mil millones de dólares y siguen en aumento, beneficiará sólo al gremio de la construcción.

Como ha ocurrido desde hace año y medio, las protestas volvieron a tomarse las calles de una de las principales ciudades de Brasil, esta vez Río de Janeiro, con miles de personas enfurecidas por la nueva alza en el precio del transporte, mientras la danza de los millones continúa para intentar culminar las obras en los principales estadios que recibirán la Copa del Mundo en junio.No es un caso aislado. En Sao Paulo, en lo que va de corrido del año, han sido incendiados 35 buses de servicio público, mientras que un número similar ha sido atacado y ha sufrido daños de consideración.No es para menos, el metro de Sao Paulo tiene un costo por trayecto de tres reales (2.550 pesos aproximadamente), mientras que el salario mínimo está en 724 reales, lo que lo convierte en el más costoso de los pasajes de transporte masivo urbano de una ciudad en América Latina.Desde que se llega al Aeropuerto Internacional de Guarullos, a 22 kilómetros de Sao Paulo, considerado el de mayor tráfico de América Latina y, por ende, el que recibirá a la mayor parte de los asistentes a la cita mundialista, se siente el descontento.Dentro de los proyectos para el Mundial y los Olímpicos 2016, se tenía proyectada una remodelación total de este puerto aéreo, que a la fecha, cuenta con tres terminales.Sin embargo, así como se tienen problemas con la entrega de los estadios mundialistas, desde hace tres años los líos en la modernización de los terminales aéreos han estado a la orden del día, con los infaltables sobrecostos, investigaciones en torno a denunciadas condiciones inhumanas de trabajo, el incumplimiento de cronogramas, y, en el caso de Guarullos, serias dudas sobre los contratos de adjudicación.Se espera que en los próximos 90 días pueda ser entregado el terminal número cuatro, completamente nuevo y moderno, donde se ubicaría el 40 por cierto del tráfico aéreo internacional. El proyecto de modernizar sus otras terminales seguramente quedará para los Olímpicos del 2016, por lo que quienes lleguen este año a través de ellos, se encontrarán con instalaciones ‘ochenteras’ en sus acabados y decorados.Allí mismo, a la espera de un taxi, la queja más reiterada de los usuarios es que en los últimos seis meses el costo de las carreras del aeropuerto a Sao Paulo, en especial a la Avenida Paulista, en la que se encuentra la mayor parte de los hoteles más importantes de la ciudad, se ha incrementado en un 30 por ciento.La otra alternativa es tomar un bus, que tiene un costo de 36 reales por pasajero (32 mil pesos), con salidas cada hora en un trayecto que, en los momentos más complicados de la congestionada Sao Paulo, puede demorar hasta tres horas.Más problemasEl descontento generalizado va mucho más allá, pues como sucede en casi cualquier país de esta parte del mundo, la corrupción suele carcomer los dineros públicos, más cuando se tiene un Mundial en casa, con inversión escandalosa en estadios de fútbol y angustia por terminar las obras.“Aquí no aprendimos. Hace más de un siglo, con la fiebre del caucho, en Manaos se realizaron todo tipo de construcciones, lo que hizo que fuera una especie de ciudad europea en medio de la espesa selva. Cuando el fenómeno pasó, el dinero se fue y con ellos medio mundo, dejando abandonados teatros, plazas y centros, insostenibles para la ciudad. Ahora, en pleno siglo XXI, lo vuelven a hacer, pero con un estadio”.Así lo ve Fernando Escajedo, habitante de Manaos, una de las ciudades sede del Mundial. Allí se está construyendo un estadio que debería costar 284 millones de dólares, pero especialistas aseguran que si quieren terminarlo justo antes del evento, esa cifra podría llegar a los 350 millones.Serán 44 mil personas las que puedan disfrutar cada uno de los partidos de la cita mundialista en dicha ciudad; después, sería la sede del Nacional Futebol Clube, el más tradicional de los equipos de la región, que apenas logra ubicarse en la mitad de la tabla de la cuarta división del fútbol brasileño, torneo que en sus mejores momentos logra convocar no más de 500 hinchas.En la ciudad se habla de este elefante blanco con preocupación, y hasta de convertirlo, tras la Copa, en una prisión, pues las autoridades locales han manifestado no tener recursos para su mantenimiento.“Con 350 millones de dólares cuántas escuelas no se hubieran podido construir o centros de salud”, comentó Fernando, refiriéndose a la problemática que vive en salud y educación Brasil, en especial toda la región del Amazonas.“Los centros educativos en nuestras comunidades han sido desarrollados por nuestra propia gestión y recursos. No hemos tenido el apoyo del gobierno central para este fin, mientras gastan millones y millones en estadios que no van a ser útiles después del mundial”, afirmó Mauricio Yekuana, uno de los líderes indígenas de esta región.Por eso la comunidad indígena del Brasil, que supera los 20 millones de habitantes, está programando más marchas y protestas, tanto por esas irregularidades, como por no haber sido invitados a participar en las decisiones sobre el evento mundial de fútbol.Manaos no es la única ciudad que tiene este problema, de quedar con un bello pero insostenible elefante blanco. Brasilia, Cuiabá (dos de las tres sedes de partidos de Colombia) y Natal, también tendrán estadios sin que cuenten con fuertes equipos en la primera división del torneo nacional.Se busca un souvenirCon todo este panorama, es natural que a la hora que un desprevenido turista que por estos días llegue a ciudades como Sao Paulo, se sorprenda por que la publicidad del Mundial casi se restrinja a las terminales aéreas y en pocos espacios. En el Aeropuerto Internacional de Guarullos, por ejemplo, en sólo dos de sus tiendas fuera del muelle internacional, se encuentren productos alusivos al Mundial.Cuando se sale de dicho terminal, algunos patrocinadores del evento han colocado imponentes vallas, pero de ahí en adelante, poco o nada se encuentra con aire mundialista en Sao Paulo.En la Avenida Paulista, principal centro financiero de Brasil y donde se encuentran centenares de hoteles, es casi imposible ver a Fuleco, la mascota oficial del Mundial.Ni en las tiendas de deportes, ni en los tradicionales kioscos de diarios (de los que hay uno por calle), se puede encontrar algo con la imagen de este personaje. Allí las personas encuentran variedad de productos de los principales equipos de fútbol del país, pero nada que tenga que ver con la FIFA.“¿Acaso el Mundial tiene algo que ver conmigo? ¿Quién puede ir a un partido con esos precios? El Mundial no tiene nada qué ver con la mayoría de brasileños, es un evento para las élites y los turistas”, fue la respuesta de uno de los propietarios de los quioscos, al preguntársele por artículos del Mundial.En otro de los quioscos aseguraron que exhibir productos del mundial implica correr el riesgo de que sus vitrinas sean atacadas, por lo que prefieren mantenerse al margen.Quien recorra esta, la principal avenida de Sao Paulo, no encontrará –por ahora— ningún tipo de publicidad en torno al evento orbital, quizá porque es allí donde habitualmente se realizan las marchas de protestas, que se vienen realizando desde mediados de 2012 y prometen continuar.

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