El paracaidismo, una afición de mucha altura

Agosto 01, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País

Cada fin de semana, en terrenos aledaños al aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, decenas de caleños saltan en paracaídas desde 14.000 pies de altura.

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Entre semana, Alberto Salazar debe lidiar con el pesado tráfico vehicular de las calles de Cali y la agresividad de algunos conductores. Pero los sábados o domingos se desahoga y surca el cielo de la ciudad colgado de un paracaídas. Allá, en las alturas, él es amo y señor.

Alberto tiene 46 años. Se graduó como bachiller del Colegio Santa Librada en 1987 y apenas soltó los cuadernos se enlistó en el Ejército Nacional. La suerte lo puso en las filas de los contingentes de Cali, pero él, con ese espíritu emprendedor que todos le reconocen, se las ingenió para irse a prestar el servicio militar en Tolemaida (Cundinamarca). Una sola razón lo empujó a dar ese, su primer salto, hacia aquello que más lo apasiona, el paracaidismo.

Ahora es agente de tránsito, “pero también paracaidista”, dice, como sacando pecho por ser, hoy en día, uno de los instructores más expertos de este deporte aéreo en Cali.

El hombre reconoce que esta es una ‘enfermedad’ que lo va a acompañar hasta el último de sus días. Porque además de obtener la distinción como paracaidista profesional del Ejército colombiano, en 1994 logró el certificado como paracaidista deportivo y, pronto, la acreditación de la Asociación de Paracaidistas de Estados Unidos. Porque hasta el país del norte fue a parar Alberto con la intención de asegurar cuanto carné haya que lo avale como todo un profesional del oficio y con licencia para saltar en cualquier parte del mundo.

Cada fin de semana es normal verlo, ataviado con un overol negro y un equipo de paracaídas, saltando en solitario o en tándem, es decir, como instructor con pasajero abordo, en los terrenos aledaños al aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón.

Su goma por el paracaidismo lo llevó a fundar el Club Halcones, en Cali, del cual es su presidente. Justamente esta entidad se ha unido con el Museo Aéreo Fénix, ubicado en las inmediaciones del Bonilla, para incentivar este deporte. Entonces, los sábados y los domingos, el cielo y los valles de esa zona parecen una foto repetida llena de paracaidistas profesionales y aficionados que buscan mantener esta disciplina milenaria en lo alto.

El primer salto en paracaídas en la historia data del año 852 en Córdoba, España. Abbás Ibn Firnás, el valiente hombre que protagonizó la hazaña, sufrió algunas heridas al caer.

En 1783 fue inventado el primer paracaídas práctico por Louis-Sébastien Lenormand y, dos años después, el francés Jean Pierre Blanchard dejó caer un perro equipado desde un globo. En 1793, el mismo hombre aseguró haber realizado el primer descenso humano con éxito. En adelante, el paracaídas se volvió un elemento habitual de los ejércitos en la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Ya en la década de 1970, surgió el paracaidismo deportivo, el cual se hizo muy popular gracias a un sistema de liberación rápida del paracaídas principal basado en tres anillos, que permite que cualquier persona pueda practicar esta disciplina fácilmente y con todos los cuidados necesarios para su seguridad.

“Este es un deporte emocionante y seguro, que cada vez se abre más espacio en Cali. En la ciudad somos unos 30 instructores profesionales y cada fin de semana entre 10 y 20 aficionados hacen sus saltos por primera vez, mientras que un número más pequeño inicia cursos de paracaidismo”, cuenta Alberto, mientras se aprieta las correas de un paracaídas para saltar, en los terrenos contiguos al Museo Fénix, en el aeropuerto de Cali.

Su hijo Alejandro, de 23 años –es que en la familia Salazar el paracaidismo es como una epidemia—, también es paracaidista profesional. Porta, como su padre, un certificado de las escuelas estadounidenses y trabaja como instructor, oficio que combina con sus estudios de cine y comunicación digital en la Universidad Autónoma de Occidente.

“Este es un deporte adictivo. Una vez haces el primer salto, quieres hacer otro y otro y otro…”, dice el joven, quien se lanzó al vacío con un paracaídas por primera vez a los 14 años.

Hace dos fines de semana, en la realización del Festival Aéreo de Paracaidismo en Cali, un niño de escasos 10 años superó la ‘hazaña’ de Alejandro. Hizo su primer salto tándem y, cuando aterrizó, miraba sonriente el cielo como pidiendo una nueva aventura. “Me gusta el paracaidismo. Amo saltar”, fue lo único que dijo, mientras la felicidad seguía dibujada en su cara.

El coordinador de aquel festival, el administrador de empresas Alfredo Valencia, se declaró complacido por la acogida que tuvo el certamen. “Se suponía que íbamos a estar saltando solo sábado y domingo, pero vino tanta gente, que tuvimos que ampliarlo hasta el lunes festivo”.

Un salto en paracaídas suele hacerse, normalmente, desde 14.000 pies de altura. Al salir de la aeronave, el deportista alcanza, en caída libre, una velocidad de 250 kilómetros por hora que prácticamente no siente, porque parece flotar en una burbuja de aire. Luego de 50 segundos, el paracaídas es activado y el descenso se vuelve algo parecido a un tour aéreo de diez minutos.

Ahora es más fácil comprender por qué Alberto Salazar la pasa mejor surcando los cielos caleños que controlando el estresante tráfico vehicular de las calles de la ciudad. Por eso es un enfermo del paracaidismo.

Frase"Describir todo lo que se siente al saltar de un paracaídas le corresponde a cada persona. Lo cierto  es que uno tiene que lanzarse para así poder sentirlo”, Alfredo Valencia - paracaidista.

 

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