DEPORTES
Hoy:

    El cielo de Roldanillo se pinta de colores con el Nacional de Parapente

    Enero 20, 2017 - 12:00 a.m. Por:
    Andrés Felipe Martínez González - Especial para El País
    El cielo de Roldanillo se pinta de colores con el Nacional de Parapente

    De saltos al vacío y de vientos recios. De turistas alegres y  calor vallecaucano. Así es la 'Tierra del alma', Roldanillo, por estos días, cuando se disputa la primera válida nacional de parapente, en el 2017.

    Los mismos encantos que otrora inspiraron los más sinceros versos de Carlos Villafañe y las mejores memorias de José Eustaquio Palacios, hoy motivan a decenas de aguerridos pilotos que participan en el certamen deportivo. 

    En su mayoría extranjeros, que llegan atraídos por la idílica promesa de una tierra bañada de sol y  soplos de aire  untados de caña, barro y calor.

    Desde el pasado sábado el ambiente gira en torno a la  parada nacional,  evento que permite a los pilotos puntuar en el ranquin 'cafetero' e internacional. Por ello acuden competidores de cualquier rincón del mundo.

    De Garmisch-Partenkirchen, por ejemplo, un pequeño poblado al sur de Múnich, viene Annalena Hinestroza, una teutona de cuerpo pequeño y de nervios templados.

    Video: Así se pinta de colores el cielo de Roldanillo por la Nacional de Parapente

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    Tiene 32 años de edad  y hoy por hoy es la mejor de su país. Volar en parapente, ese plácido momento íntimo, es lo que le da brillo a su vida.

    "Cuando vuelo siento plena libertad, en una conexión conmigo misma y con la naturaleza. Es relajamiento total", describe la germana.

    Otro aficionado a la riesgosa disciplina es el húngaro Pal Takats, tres veces campeón mundial.

    La mitad de sus 31 años de edad los ha pasado 'volando' y dice sentir aún muy especial cada salto que realiza.

    "Es una sensación única. Y con el tiempo empiezas a buscar lugares nuevos, competencias distintas, pero nunca te cansas, solo quieres más", relata el europeo.

    Durante la semana en la que se desarrolla el certamen los pilotos realizan jornadas diarias de vuelo, en el que intentan realizar un recorrido estricto en el menor tiempo posible. Así llegan a un acumulado de puntos que finalmente  liderará el campeón.

    Los saltos siempre se realizan desde el pico 'Aguapanela' - una venia implícita de la idiosincrasia nacional - y  terminan cada día en puntos de aterrizaje distintos, involucrando a municipios como Obando, Toro y Zarzal.

    La partida es antes del mediodía. Cerca de 170 participantes se reunen en la 'plataforma de despegue', una pendiente empantanada, que conduce al vacío; uno repleto de vegetación espesa  bañada por el río Cauca.

    El ritual se presenta. El centenar y medio de valientes reciben la instrucción de un juez: hora de salida, plan de vuelo, coordenadas para el GPS.

    La partida es inminente, se visten de trajes térmicos y aferran su integridad a un arnés. Este sujeta un entramado de finas cuerdas hacia un gran trozo de tela rectangular; ese es el parapente.

    "¡Ventanas arriba!", grita el juez anunciando que las nubes se han hecho cómplices despejado el horizonte.

    Acto seguido, cada piloto se encamina al salto. Lo precede un breve trote hacia la nada: los diez metros de la pendiente terminan en un barranco. 

    "Para saltar respiro profundo y me concentro en el vuelo. Después ya no existe nada más, solo es eso: volar", dice la germana Hinestroza.

    El tiempo apremia, los pies avanzan casi brincando, torpes, confundidos, halados de una vela que el viento empieza a extender. El precipicio se acerca y es un momento tenaz, de goce y temor, de adrenalina intimidante.

    Pero la 'magia' aparece, a tres pasos del borde los cuerpos armados de cascos y rodilleras se elevan. Los pies abandonan el suelo y empieza la paz.

    "Es un deporte de aventura, sabemos que acarrea riesgos, pero vale la pena. Es la plena libertad. Tú solo, con tu parapente... que en últimas es simplemente un pedazo de tela, con la que estás a cientos de metros por encima del suelo", comenta Julián Carreño, de Manizales, campeón nacional.

    Los pilotos se sumergen en la plenitud del viento, sesenta kilómetros de trazado cronometrado.

    Sobre ellos el cielo: un cúmulo de nubes dispuestas a su suerte que se resisten a soltar  la cordillera Occidental. Abajo el Valle con todas sus cosas: el insondable río Cauca, los cultivos de caña, pitahaya y tomate. El paisaje es inverosímil y la actividad temeraria. Es un espectáculo que atrae a cientos de propios y visitantes a admirar el cielo pintado de coloridas cometas danzantes.

    Es, de hecho, junto a la agricultura, uno de los motores de la economía del Municipio y los corregimientos circundantes.

    A lo largo del año se realizan varios eventos similares al que hoy genera coyuntura y existe todo un andamiaje turístico y comercial alrededor de ello.

    La válida nacional, primera de seis en el 2017, terminará mañana con la coronación del gran campeón, seguramente el que haya sido más osado, el que haya puesto al límite el temple de sus nervios y la irreverencia hacia el viento.

    El pico 'Aguapanela' y otros tantos lugares paisajísticos del municipio de Roldanillo esperarán por la siguiente oportunidad para lucir sus virtudes topográficas, esas que han sido admiradas, respetadas y temidas por los amantes del vuelo.

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