Crónica: los 80 años del estadio Pascual Guerrero

Julio 20, 2017 - 06:56 p.m. Por:
Tobías Carvajal Restrepo / Especial para El País
Estadio Pascual Guerrero

Afueras del estadio Olímpico Pascual Guerrero.

Foto: Bernardo Peña / El País

Cuando al sur de Cali solo se insinuaban las primeras casas del hoy viejo sector del barrio San Fernando -calle quinta hacia las colinas aledañas- comenzó a madurarse la idea de construir un estadio que sustituyese el antiguo de ‘Galilea’, hecho de madera, en terrenos donde se levantó y funciona desde el 25 de noviembre de 1945 la Clínica de Occidente. Ese estadio es hoy el ‘Pascual Guerrero’ que cumple 80 años de existencia este 20 de Julio.

En la gestación de este sencillo, casi que elemental escenario, ocho décadas después uno de los mejores del país y el continente, fue fundamental la participación del periodista, escritor y poeta palmirano Pascual Guerrero Marmolejo -1894-1945- (por ello el nombre del estadio) quien desde su posición de Diputado a la Asamblea del Valle lideró ese proyecto. El 28 de julio de 1934 la citada entidad, por medio de la Ordenanza número 11, destinó un auxilio de cincuenta mil pesos para comenzar trabajos en terrenos que eran propiedad de Guerrero Marmolejo.

El estadio, según lo indicaba la misma Ordenanza, debió inaugurarse el 25 de julio de 1936, con ocasión del IV Centenario de la fundación de Cali, pero la realidad es que tal celebración se efectuó un año después, el 20 de julio de 1937. Así pues los retardos en obras públicas son situaciones que vienen desde ‘ayer’.

El nuevo estadio ‘Pascual Guerrero’ consistía en una pequeña tribuna occidental o de sombra provista de techo en concreto, con capacidad para 2500 espectadores y un costado oriental que podía albergar cerca de 4000 personas. El resto del área ocupada por el estadio, cerrada al exterior por una larga tapia de ladrillo, colindaba con los grandes potreros aledaños. Estaba ‘lejos’ la construcción del Hospital Departamental y mucho más distante, en el tiempo, el Templete Eucarístico -hoy iglesia- epicentro del Congreso Eucarístico Bolivariano de 1949, cuando por primera vez un Cardenal pisó tierra colombiana.

El estadio se inauguró con un partido entre Colombia y México que junto con Panamá disputaron el torneo Panamericano de Fútbol. El saque de honor estuvo a cargo de Stella Zawadzky, reina del deporte de aquella época, en presencia del Alcalde, Guillermo Lemus Guzmán y del árbitro español Juan Alis. Luego de una inicial paridad a un gol, al final triunfó Colombia por 3-1. Los primeros tres goles fueron obra de Roberto ‘El Flaco’ Meléndez (el estadio de Barranquilla lleva su nombre) Julio Mera y Romelio Martínez, muerto en el trágico accidente de ‘El Tablazo’ -1947- primero en la historia de la aviación nacional. Por México anotó Carlos de la Torre.

Con el discurrir de los años el nombre de Pascual Guerrero -sin citar su segundo apellido- se perpetuó en la historia deportiva de la ciudad. En torno al estadio comenzó a edificarse la Cali de nuestros días, básicamente hacia el suroriente. Un gran polo de desarrollo urbano sin lugar a ninguna vacilación.

En abril de 1950, con el apoyo del político, médico y gobernador, Alfonso Lizarazo Bohórquez, se acometieron las primeras reformas en el estadio. La tribuna de sombra se amplió en 5.000 personas, para un aforo total de 7500, mientras el sector de oriental permaneció igual. Un estadio con capacidad de 11.500 aficionados para vivir la espléndida época de ‘eldorado’ que se prolongó hasta 1954, cuando se cumplió el famoso ‘Pacto de Lima’. También se dotó el escenario con seis torres de alumbrado, de 25 metros de alto para partidos nocturnos. El primer partido con luz artificial lo jugaron América y Deportivo Cali. Ganó el Cali la noche del 7 de agosto de 1951 con autogol de Manuel Spagnolo, al interceptar un remate de Antonio ‘El Conejo’ Vilariño al arco del mítico arquero inca Rigoberto Felandro, bien recordado por los seguidores de la ‘vieja guardia’ escarlata.

La primera gran reforma llegó bien pronto. Gracias a los buenos oficios del tolimense Alberto Galindo Herrera, Cali -por segunda vez en su historia, siendo la primera en 1927/28- fue elegida sede de los VII Juegos Atléticos Nacionales de 1954. La única tribuna aceptable era la de sombra, pero la oriental era casi la misma de 1937, mientras el sector norte -baldío- colindaba con el Club Popular y al sur, por encima de un muro, se podía ver el ya existente Templete Eucarístico y el viejo Hipódromo. El resto, al fondo, campo abierto.

En vista de lo anterior a comienzos de 1952 comenzó la construcción del sector oriental, dos niveles o plantas, además de las tribunas de norte y sur, inicialmente de un solo nivel, para cerrar la elipse.

Estas dos últimas tribunas quedaron ‘dando la espalda’ a las Piscinas Olímpicas (Parque Panamericano) y al gimnasio cubierto Evangelista Mora, en su orden. Toda la reforma del estadio, además de piscina y gimnasio -escenarios nuevos- tuvo un costo de $ 6’500.000 pesos de hace 63 años. El domingo 11 de julio de 1954 se cumplió la inauguración de todo ese complejo deportivo. Posteriormente, las constantes inundaciones del campo de juego obligaron, entre febrero y mayo de 1961, a la instalación, por primera vez, de drenaje para toda la gramilla que fue renovada en su totalidad.

Las tribunas de norte y sur, carentes de un segundo nivel desde 1954, se completaron tal como se utilizan actualmente, entre agosto de 1962 y comienzos de 1963. Un estadio más que suficiente para los requerimientos de su tiempo.

En Winnipeg -Canadá- se otorgó a Cali, el 22 de julio de 1967, la sede de los VI Juegos Panamericanos, que transformó en varios aspectos, inclusive el cívico, a la ciudad. La primera inquietud que surgió fue: no hay estadio para tan enorme compromiso. No se vaciló un minuto y al año siguiente, 1968, comenzaron los trabajos en la tribuna occidental o de sombra, única sin cambios desde 1950.

El lunes 12 de agosto se retiraron las primeras tejas que por lapso de 17 años cubrieron la añeja gradería, que siempre permaneció separada, en sus extremos, de las tribunas de norte y sur. Los trabajos se prolongaron por dos años y en agosto de 1970 la actual tribuna occidental, de tres niveles, quedó terminada. Las pruebas de resistencia se cumplieron en octubre, nueve meses antes de inaugurar la justa hemisférica. La última gran reforma, que cambió radicalmente la fisonomía del estadio, es bien conocida de las viejas y sobrevivientes generaciones y también de las nuevas. Sobra enfatizar en ello.

Este octogenario pero bello templo del fútbol, desde los albores del profesionalismo ha sido la casa paterna de América, el extinto Boca Junior y Deportivo Cali, además de la más gloriosa Selección Valle de todos los tiempos, en la década del cincuenta, frente a sus similares y los más linajudos

equipos del continente. Los títulos de ‘Diablos Rojos’ y los otrora ‘Azucarero’ se cosecharon en este campo.

El ‘Pascual Guerrero’, escenario que es preciso recuperar para la mejor expresión de la cultura cívico-deportiva de antaño fue, luego de la ‘prueba de fuego’ de los VII Juegos Atléticos Nacionales-1954- epicentro en el último medio siglo y en orden cronológico, de eventos de enorme jerarquía como el XXII Suramericano de Atletismo-Mayores-1963, repetido en el 2005, los VI Juegos Panamericanos-1971, el ‘Mundialito’ de Fútbol-1977, los I Juegos del Pacífico-1995 (jamás volvieron a celebrarse), la XL Copa América-2001, el XVIII Campeonato Mundial de Fútbol Sub-20-2011 y más recientemente los Juegos Mundiales-2013. Todo lo anterior sin dejar de lado el hecho de ser sub-sede de los Suramericanos Sub-20 de 1964, 1987 y 1992.

Desde los albores del balompié profesional -1948- hasta nuestros días, desfilaron por esta cancha las más rutilantes figuras mundiales, bien en juegos de carácter amistoso u oficial de algún certamen. Suficiente citar los nombres de Alfredo Di Stéfano, Diego Maradona, ‘Pelé’, Frank Beckenbauer, Lev Yashin, Omar Sívori y ‘Garrincha’. No ha jugado Lionel Messi. Igualmente equipos de la vigente alcurnia futbolera del Real Madrid (1959), Barcelona de España (1962), Nápoles de Italia (1967) y Bayern Münich (1971).

Esos jugadores, esos equipos, en confrontaciones de diversa índole, siempre se llevaron de Cali, de su estadio la mejor impresión, en tiempos que añoramos, pues al rival se le recibía con aplausos al ingresar al campo y al no conocer el himno nacional respectivo, se flameaban pañuelos. Todo ello se perdió, pero como homenaje al octogenario ‘Pascual Guerrero’ es imperioso restablecer el bien actuar.

Imposible concluir estas líneas sin citar la memoria de quienes dejaron su vida dentro de este escenario: Washington ‘El Pulpa’ Etchamendy -muerte natural- en el banco técnico del Deportivo Cali (1976), el chiquillo de ocho años, Omar Caicedo, asesinado por un policía de guardia en el estadio, cuando trataba de ‘colarse’, a falta de 25 centavos, valor de la boleta para poder ver jugar a su ‘Mechita’. Ocurrió en 1949 y ello dio origen a la tribuna de gorriones, hoy clausurada en todos los estadios.

El capítulo más doloroso, la noche del 17 de noviembre de 1982, cuando por acción irresponsable de algunos ‘aficionados’ -jamás se pudieron identificar- perecieron 24 personas, en su mayoría humildes, a la salida de la tribuna sur-occidental, huyendo de la micción que tales sujetos hicieron desde la segunda planta a la conclusión del clásico 168 entre América y Cali, cuyo resultado, 35 años después, importa un carajo recordar.

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