Boxeo: relato de una campeón

Noviembre 03, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos- Reportero de El País
Boxeo: relato de una campeón

Jorge Aguirre, entrenador de boxeo y forjador de grandes talentos como Ingrit Vidal y Jonathan el 'Momo' Romero.

Jorge Aguirre fue elegido como el mejor entrenador de estilo olímpico de Colombia. Ha formado a los mejores boxeadores del Valle como ‘Momo’ Romero e Ingrid Lorena Valencia y en su cuello han colgado 28 medallas de oro en los últimos 20 años. Testimonio, desde México, de un ganador.

“Yo soy de un pueblo de la costa nariñense, en la frontera con el Ecuador: Tumaco. Desde allá, hace muchos años, escuchaba por radio las grandes peleas de los boxeadores colombianos: Bernardo Caraballo, Mario Rosito, Antonio ‘Mochila’ Herrara. También miraba en los televisores a blanco y negro los combates de Muhammad Ali. Por ahí fue que me empezó a gustar el deporte. Mi primer entrenador de boxeo fue un hermano mayor. Pero tengo que reconocer que fui un deportista mediocre. En ese tiempo —a finales de la década del 50 y principios de los 60— los niños que queríamos ser boxeadores no teníamos una buena dirección. Mi hermano nos ayudaba, pero de una forma empírica, casi artesanal. Además, estábamos en un pueblo perdido donde no había oportunidades de salir a mostrar lo que se tiene. Salíamos a algunas poblaciones de Nariño como Pasto, Ipiales, pero nada más. Mi carrera como boxeador murió muy pronto. Apenas duró tres años. Cuando tenía 14, sin embargo, llegué a Cali y de inmediato busqué el boxeo. Me iba para el Coliseo El Pueblo donde estaba nuestro gran entrenador, que entre otras cosas no se le ha rendido un homenaje y ya está retirado: José Waico González. También estaban los profesores Luis López y Héctor Mario Sarria. A ellos les aprendí mucho, pero definitivamente nací como entrenador un poco después, en 1990.En eso tuvo que ver la muerte de mis padres Jorge Isaac Aguirre y Margarita Estacio. Murieron en un intervalo de dos años. Para matar esa tristeza, me dediqué de lleno al boxeo. Ya había hecho algunos cursos de entrenador en la Escuela Nacional del Deporte y en Indervalle. Empecé a entrenar muchachos en el barrio El Retiro, del Distrito de Aguablanca. Lo hacía en las calles, con unos guantes que me regaló un hermano. Hasta que el sacerdote jesuita Alfred Welker me vio y me propuso que siguiera practicando en el colegio Señor de los Milagros. Este hombre —ahora vive de nuevo en su país, Alemania— fue un ídolo, un apóstol en el Distrito de Aguablanca y alguien muy importante para mí. Gracias a su invitación empezó en serio mi carrera como entrenador. En el año 1991, lo recuerdo muy bien, llevé a los Juegos Departamentales de Cartago a tres boxeadores de El Retiro y los papeles se cambiaron para siempre. El gran campeón de esos juegos era Buenaventura. Y en ese año los tres míos se colgaron la de oro. Cali, desde esa época, pasó a comandar los juegos. Fue cuando Indervalle me contrató. Llevo 23 años con ellos. También con la liga. Me han brindado un respaldo incondicional que ha dado resultados. Hasta ahora, con la sumatoria de títulos de Jonatan Romero (‘Momo’) y de Ingrid Lorena Valencia (la ‘Zarca’), además de otros campeones nacionales, he ganado como entrenador 28 medallas de oro en diferentes categorías. Es una hazaña. El barrio El Retiro tal vez ha ganado más medallas de oro que muchos departamentos de Colombia. Allá, no toda la gente es mala, se lo aseguro. Aunque sacar a los muchachos de las pandillas es difícil. Pese a todo, lo he logrado. Ahora, por ejemplo, tengo un expandillero —estuvo en la pandilla Los Ángeles del Infierno— y hoy es un mediador de conflictos en el Distrito. Se llama Gustavo Mosquera. También es entrenador. Lo financia la Fundación Carvajal. Yo creo que si la empresa privada se volcara más hacia Aguablanca, saldrían no solo grandes talentos para el deporte, sino grandes ciudadanos. Si a esos muchachos se les brinda una opción de vida, una oportunidad, seguro no van a ir a ponerle un arma en la cabeza a nadie. No lo contemplarían ni siquiera como una posibilidad. Tal vez el éxito que he tenido en esa labor con los jóvenes —yo mismo me lo pregunto aún— está en que le sé llegar a la gente. Soy muy humano, pero en esos barrios se debe andar con cuidado. Hay que tener una flor en una mano, y un rejo en la otra. No se puede ser tan fácil. No sé cómo lo logré, repito, sobre todo con tan poca estatura, pero al principio los muchachos me llegaban a los entrenos con cuchillos, con revólveres, y yo fui cortando toda esa violencia. La agresividad que tienen los jóvenes la canalizo a través del boxeo. Esa también debe ser una manera de explicar los logros. Ahora, yo no me esperaba el reconocimiento que me dieron esta semana en Cartagena: ser el mejor entrenador de estilo olímpico en el país. Colombia tiene grandes entrenadores en la Costa Atlántica, en Antioquia, en Bogotá y que me haya llegado esto a mí, ¡Dios mío!, no lo esperaba. Es una felicidad muy grande. Es un reconocimiento a todos estos años de dura labor.Y hoy más que nunca quiero ganar. He ganado títulos departamentales, nacionales, suramericanos, panamericanos, he sido campeón del mundo con el ‘Momo’, pero lo que espero ahora es una medalla en unas olimpiadas, no importa su color. A lo mejor no esté tan lejos de lograrlo. Actualmente soy el entrenador de la Selección Colombia Femenina, donde están dos vallecaucanas, por cierto: Ingrid Lorena Valencia —que compite para el Tolima— y Jessica Paola Caicedo, de Palmira. El objetivo más cercano que tenemos son los Juegos Centroamericanos de Veracruz. Por eso estoy en México, junto con otros profesores, preparándonos en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano (CDOM). Los pesos olímpicos en boxeo femenino son 51, 60 y 75 kilogramos. Con Ingrid y Jessica tengo las categorías 51 y la 60. Junto con ellas visualizo esa única medalla que me falta”.

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