Arjen Robben: el ‘jugador de cristal’ que se quitó de encima una maldición

Mayo 27, 2013 - 12:00 a.m. Por:
HEINAR ORTIZ CORTÉS - Reportero de Elpais.com.co
Arjen Robben: el ‘jugador de cristal’ que se quitó de encima una maldición

El volante internacional del Bayern Múnich, Arjen Robben, con el trofeo que se acreditaron tras ganar la Final de la UEFA Champions League 2012-2013.

Muchos lo tildan de individualista y flojo. Pocos saben el vía crucis que le ha tocado andar al extremo holandés del Bayern Múnich, Arjen Robben, para levantar un trofeo internacional. Perfil.

Las cosas del fútbol: en cuestión de segundos, Arjen Robben se quitó una maldición que durante sus trece años de carrera lo había sentenciado al fracaso internacional.Con el gol al minuto 89 contra el Borussia Dortmund –pase de taco de Riberý, deja en el camino a Hummels y Subotic y define de zurda ante el achique de Weindenfeller— Robben, en tres segundos, llevó al Bayern Munich a coronarse campeón de la Champions League 2012/2013 y rompió con el designio de su mala suerte.Y es que solo se puede explicar así, una maldición o algo parecido, lo que durante toda su carrera futbolística le ha ocurrido al holandés, uno de los mejores extremos del mundo. Un verdadero ‘crack’ sin fortuna.Debutó a los 16 años con el modesto Groningen F.C., un equipo de media tabla del fútbol holandés, donde rápidamente dejó ver su calidad. Tras dos temporadas, fue transferido al PSV Eindhoven, con el que marcó doce goles, ganó la Supercopa de los Países Bajos y una Eredivisie.En 2004, luego de algunos reconocimientos personales como el Premio Johan Cruyff y el Talento del Año, el magnate ruso Roman Abramóvich, dueño del Chelsea, pagó 18 millones de euros por Robben.Desde ahí comenzó el vía crucis. Una fractura en el empeine derecho durante un juego de pretemporada lo dejó cinco meses por fuera de las canchas. Además, según se supo años después, durante la misma época, con apenas 20 años, Robben luchaba contra un tumor canceroso que le fue descubierto en uno de sus testículos.No obstante, el ‘crack’, como siempre, luchó contra su infortunio. Se recuperó de la lesión, se ganó un puesto en la titular del Chelsea de José Mourinho y se coronó campeón de la Premier League en dos oportunidades. Incluso, fue elegido como el segundo mejor jugador la temporada 2004/2005 en Inglaterra, superado solo por Wayne Rooney.En 2006 su regularidad se vio afectada por varias lesiones, entre ellas una en el menisco lateral de su rodilla izquierda, que lo alejó del Chelsea en instancias definitivas de la Champions League. Además, según lo comentaba la prensa británica, su relación con Mourinho no era la mejor.A pesar de esto, el seleccionador holandés Marco Van Basten lo convocó para el mundial de Alemania 2006, donde tuvo buenos partidos en ronda clasificatoria. Pero contra Portugal, en octavos de final, Robben pasó inadvertido.Su suerte pareció cambiar en agosto de 2007, cuando el entonces presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, lo fichó para una nueva banda de ‘galácticos’. El conjunto español desembolsó 36 millones de euros por Robben, calificado en ese entonces por el dirigente como “el mejor extremo izquierdo del mundo”.Unos cinco mil hinchas del Madrid lo recibieron en el Santiago Bernabéu, donde corearon su nombre mientras lo veían vestir la camiseta ‘merengue’ por primera vez. Sin embargo, el recibimiento de la prensa española fue otro, pues muchos argumentaban que era un jugador débil y proclive a las lesiones."Ahora comienza una nueva etapa en mi vida y espero que todos comprueben que no soy un jugador de cristal", dijo Robben ante las primeras críticas.Pero su cuerpo no le dio razón a sus palabras. La nube negra siguió sobre él y tal y como le había ocurrido en el Chelsea y como lo temía la prensa española, durante sus dos años como jugador del Real Madrid, Arjen Robben, al que llamaban ‘el jugador de cristal’, sufrió diez lesiones.Según lo reseñó en 2009 el diario El Confidencial de España, entre golpes, sobrecargas, roturas musculares, esguinces, contracturas, edemas musculares y hasta gripes, Robben tuvo “una lesión cada cinco partidos, aproximadamente”.El tiempo que pasó fuera de las canchas sirvió de excusa para que el entonces técnico del Real Madrid, Juande Ramos, sintiera que Robben era prescindible. Aún más, se hizo necesario venderlo para recuperar algo de los 145 millones de euros que los ‘merengues’ habían invertido en la compra de Cristiano Ronaldo y Kaká.Así fue como a cuatro días de cerrarse el mercado de traspasos de verano, como quien sale por la puerta de atrás, Arjen Robben fue vendido al Bayern Múnich por 25 millones de euros.La transferencia, que parecería un paso atrás para cualquiera, fue la mejor decisión que pudo tomar el holandés. En su partido de debut, marcó dos goles en menos de 45 minutos. "Ha confirmado su clase. Debemos estar todos orgullosos de que juegue para nosotros ahora. Es muy difícil lograr lo que él ha hecho. Tres días atrás, era un jugador del Madrid. Llegó aquí ayer, sin conocer a nadie, ni al entrenador ni a sus compañeros, y jugó en gran forma", dijo entonces Louis van Gaal, entrenador del Múnich.Por fin, la suerte parecía cambiarle. Ese año, temporada 2009/2010, Arjen Robben marcó 23 goles en 37 partidos, diez tantos más que los que hizo durante dos años en el Real Madrid, en la mitad de juegos.Pero los goles no bastaron para disipar la maldición. En mayo, luego de ganarse todas las competiciones internas, Bayern perdió la final de la Champions League ante el Inter de Milán.Como si fuera suficiente, a mediados de año Robben participó en la Copa Mundial Sudáfrica 2010 donde, luego de superar una leve lesión a comienzos, llevó a Holanda hasta la final, después de vencer a rivales como Brasil y Uruguay, a quienes les marcó el gol definitivo.Pero al final, como siempre, todo salió mal: Robben perdió varios ‘mano a mano’ frente a Casillas y durante la prórroga, después del 0-0 en los 90 minutos reglamentarios, Andrés Iniesta ‘cobró por ventanilla’. España fue el campeón.Desde entonces, Arjen Robben estuvo en las sombras, arropado por su mala fortuna. Muchos lo tildaron de ser un individualista. Otros lo criticaron por ser “muy zurdo”. Algunos más decían que era un jugador sin categoría, “pecho frío” y que durante los partidos importantes desaparecía.Incluso, las críticas de jugador sin jerarquía se aumentaron después de la final de la Champions League del 2011/2012 entre el Bayern y Chelsea, cuando el holandés, con el partido empatado a uno, botó en el minuto 93 un penal que hubiera significado el campeonato. La historia ya la sabemos: luego del fallo de Robben y de la prórroga, Chelsea quedó campeón en cobros desde el punto blanco.Por eso, cuando el pasado sábado ingresaban los jugadores a la cancha de Wembley para la final de la Champions League, los comentaristas que trasmitían el partido hablaban de él con cierto morbo, reclamando revancha y recordando todas las batallas que había perdido.Pero no recordaron todas las que había ganado. Olvidaron que Arjen Robben, el ‘crack’ sin fortuna, ese que ha dejado atrás un sinnúmero de lesiones, seis finales perdidas con seis equipos distintos y hasta un cáncer testicular que le descubrieron a los 20 años, nunca se dio por vencido.Por eso, ante el Dortmund el holandés luchó cada pelota como si fuera la última. Y por eso, cuando el italiano Nicola Rizzoli dio el pitazo final y las cámaras se dirigieron hacia él, el autor del gol definitivo, Arjen Robben no pudo evitar llorar.Se arrodilló, se puso las manos en la cara y se dejó caer de frente sobre el césped, llorando. Por fin había acabado con su mala suerte. Por eso lloraba. Porque por fin el ‘jugador de cristal’ había roto la maldición.

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