América de Cali: una tribu sin caciques

América de Cali: una tribu sin caciques

Febrero 23, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Jorge Enrique Rojas - Editor Unidad de Crónicas - El País
América de Cali: una tribu sin caciques

Jugadores del América de Cali celebran con su fanaticada, durante el partido contra Bogotá FC en el Pascual Guerrero, por la quinta fecha del Torneo Postobón I de 2014.

El América con que su hinchada se vuelve a ilusionar se parece a esa ‘mechita’ que no sabía de títulos. Un equipo con tipos hambrientos de gloria, sin tufo de estrellas. ¿Será ese el camino de regreso a la A?

Es curioso lo que pasa con ese equipo que juega de rojo. Lleva dos años intentando salir del sótano que es el fútbol de la B, yendo de fracaso en fracaso, pero aún así la gente lo sigue acompañando, como poseída por el diablo que América lleva bordado en el escudo de su camiseta. El primer año fue entendible. Le ha sucedido a los más grandes: la Juventus, en Italia, el River Plate argentino, para citar solo dos ejemplos. Así que acá, en Cali, la hinchada creyó que sucedería lo mismo, que en un año acabaría el suplicio. Pero a los equipos que conformaron, a los técnicos que asumieron el reto, les quedó faltando.El primer semestre del 2012, Eduardo Lara salió campeón del torneo y aseguró tres chances para disputar el ascenso al final del año. Esas tres oportunidades, desperdiciadas de manera vergonzosa, se convirtieron en tres golpes a la moral del hincha. En parte, por eso volvió Diego Umaña, que en el 2008 había logrado armar un equipo que enamoraba por su juego. Ese América que él sacó campeón fue la incubadora de una generación que incluso ha nutrido a la Selección Colombia que clasificó al Mundial: Pablo Armero, Adrián Ramos, Carlos Valdez, por ejemplo. Pero Umaña tampoco pudo y el único camino que le quedó fue el mismo de su antecesor: salir por la puerta trasera.Después de lo de Umaña, esperar ver a la gente llegando en masa al estadio parecía algo tan lejano como el ascenso (asunto aún distante). Pero lo ocurrido el lunes (17 de febrero), cuando 32.000 personas llenaron las graderías del Pascual Guerrero, fue quizás una cachetada al escepticismo. Hay quienes dicen que toda esa gente llegó más motivada por el festejo de los 87 años de fundación del equipo, que por el partido mismo, intrascendente en el campeonato. Sin embargo, lo que se vivió esa noche en las gradas del estadio da para pensar otra cosa: más allá de la goleada (América le ganó 5-0 al Bogotá), la hinchada celebró al equipo mismo. Y no por su cumpleaños. Contrario a las dos temporadas anteriores, en este América no hay referentes. Además del arquero (Viera), este es un plantel sin nombres famosos. Una tribu sin caciques, una banda sin capos. Este América es muy parecido a esa ‘mechita’ que no sabía de estrellas ni campeonatos; el equipo pobre con el que se identificaban las clases obreras por ser conformado por hombres que hacían lo mismo que ellos: trabajar, luchar, sufrir, sudar. Eso era lo que se veía en la cancha y eso era lo que la gente aplaudía.Y de alguna manera, eso es lo que ha vuelto a aplaudir. Aunque es muy prematuro hablar de éxito (apenas van cinco fechas del torneo), ¿es acaso ese el secreto de este nuevo América que empieza a ilusionar? ¿Era entonces verdad que para jugar la B había que armar un equipo de la B?John Jairo López, el técnico, piensa que sí, que es un poco así: “Es algo que yo creo, pero que está precedido de los resultados. Así que solo lo podré decir el 20 de diciembre. El secreto de este equipo, tal vez, ha sido la unión, el compañerismo, la amistad. En eso estamos trabajando todos los días: para que el grupo sea muy unido, tenga sentido de pertenencia, que el compañerismo aflore. Lo primero era armar un equipo. Lo segundo ha sido llenarlos de fe, de convicción, ofrecerles un proyecto que les permita ver el camino. Pero un proyecto es válido o no, si se gana. Nosotros tenemos dificultades sobre todo en la tenencia, control de juego y los rebotes. Y vamos a seguir insistiendo, no lo vamos a dejar de lado porque hayamos ganado 5-0”.Jorge Valdano, ese exfutbolista argentino que ha logrado más genialidad escribiendo que la que llegó a rozar como jugador y técnico, contó en su último libro, 'Los 11 poderes del líder', que desde que empezó a jugar tuvo una intuición que con el tiempo se convirtió en certeza: “Un equipo es un estado de ánimo”. Valdano dice que aquello está sustentado, incluso, por una investigación hecha por David McClelland (universidad de Harvard), quien después de aplicar una base de datos sobre 20.000 ejecutivos de todo el mundo, comprobó que el 30% de los resultados de un equipo se explican por la diferencia del clima del compromiso.De ser eso cierto, López ya habría logrado un primer acierto. Y a ese se suma la apuesta que hizo por llevar al América jugadores que conocía desde mucho antes. Tipos que ya habían jugado ese torneo que para tantos sigue siendo tan incierto. Tipos con hambre de gloria, sin tufo de estrellas, como es el caso de Tapiero, Charrupí y Lucumí, que estuvieron bajo sus órdenes en el Dépor Aguablanca. Tipos como Alejandro Peñaranda, que el pasado lunes marcó doblete y salió aplaudido como figura. El uno se encontró con el otro cuando el ahora técnico de América dirigía un equipo aficionado, Ciclones. De ahí el delantero pasó al Nacional, donde alternó entre el equipo Sub-20 y la suplencia del plantel profesional. “A Alejandro lo conocía desde niño, sabía de sus condiciones, lo que me podía dar. Ahora estamos gozando de un proyecto a largo plazo, un joven de 20 años que seguramente le dará mucha alegría al América. A los demás muchachos los he tenido, conocen mi forma de trabajar, lo único que les faltaba era ponerse una camiseta importante. Llevan muchos años jugando el torneo de la B, lo han sufrido, lo han gozado, lo han vivido. Lo que sigue es arroparlos”.Alberto Suárez, extécnico del América y hoy entrenador de Jaguares de Córdoba, único equipo que esta temporada ha vencido al América, no cree que el torneo de la B pueda estereotiparse como el sótano de donde solo se puede salir corriendo, ni cree que el América haya tomado la decisión dirigencial de volver a los tiempos de ‘la mechita. Lo que sí cree es que los jugadores que coincidieron este año tienen características muy similares que lo convierten en un equipo vertiginoso: “Si les das espacio, te meten cinco. Ahora, no sé si ese vértigo les vaya alcanzar. Cuando se enfrenten con rivales de peso tienen que mostrar credenciales. Esta vez hay equipos muy preparados, que van a hacer más difícil todo”.Iván Vélez, lateral estrella de ese seductor América del 2008, no ha podido hacer un seguimiento minucioso del equipo por la recuperación de la rodilla que se rompió defendiendo los colores del Junior de Barranquilla; pero aún así, en medio de terapias y rutinas de ejercicios, algo ha podido ver por televisión. Por eso y por lo poco que va del torneo, Iván cree que es complicado analizar al equipo. Sin embargo, considera que más allá de la velocidad que hayan podido mostrar los nuevos jugadores, lo más importante que tienen, de cara a lo que enfrentan, es esa unión de la que hablan.“Para que haya logros es fundamental una familia. Y ahí puede estar el loco y el malgeniado, pero todos empujando para el mismo lado. Cuando hay un grupo y un técnico con buen manejo de ese grupo, el mensaje de que todos pueden ir a hacia la misma dirección llega más fácil”.El experimentado periodista deportivo Óscar Rentería, que lleva más de 40 años analizando el fútbol que se juega y se padece en el estadio Pascual Guerrero, cree algo parecido: “Es poco tiempo para hablar de un nuevo estilo de juego. Pero yo sí noto una diferencia en este equipo y son las ganas que pone en la cancha. Me gusta la juventud, la obediencia táctica que muestran. Este es un equipo sin esos jugadores prepotentes. Ahí no hay caciques, solo indios, y eso le da libertad al técnico para utilizarlos de acuerdo a lo que necesite”.Fernando Castro, técnico de ese América que en el 2003 bailó al agrandado River Plate, se abstiene de hablar del equipo por no haberlo visto lo suficiente. De lo que sí habla es del recuerdo que tiene del técnico López, a quien conoció a finales de los 90 cuando ambos estaban en España, viendo equipos, estudiando, formándose en la escuela del fútbol europeo. Una vez, cuenta Castro, los dos se encontraron en Madrid y López lo invitó a que viera su trabajo con un equipo de juveniles que tenía cierto vínculo con el Atlético de Madrid.¿Y qué recuerda, profe?"Que eran puros muchachos. Y que López también era otro muchacho. Pero trabajaba. Le ha gustado trabajar".López, que ya no es tan muchacho (tiene 45 años), cuenta que en el 2008, cuando llegó de España, América se veía distante, como un sueño lejano. Y entonces recuerda ese equipo campeón, el que despertaba amor con la misma facilidad con que Ingrid Bergman desataba suspiros después de protagonizar Casablanca. Y recuerda que por allá, muy dentro suyo, soñaba con vestirse de rojo. Y que un día su equipo también llegara a convertirse en una fábrica de suspiros. López, ahora con un diablo bordado en su pecho, habla de un primer sueño cumplido. Su voz, en todo caso, no tiene el tono de un enamorado de ojos nublados, incapaz de sentir los pálpitos arrítmicos de un corazón recién estrenado: “Estoy feliz, sí. Pero todavía no hemos ganado nada”.La Frase "Cada entrenador es grande a su manera, pero todos son mayordomos de los jugadores porque de ellos dependemos”.Jorge Valdano, página 18, ‘Los 11 poderes del líder’.En Cifras 9 fechas invicto como local lleva América. La última caída fue con el Cortuluá (0-1), el 19 de septiembre del 2013. 4 goles en contra recibió apenas América en las cinco primeras fechas jugadas del Torneo Postobón 2014. 12 tantos a favor sumó el equipo en sus primeras cinco presentaciones de esta temporada.

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