A punta de golpes se confesó el Campeón Supergallo Jonathan ‘Momo’ Romero

A punta de golpes se confesó el Campeón Supergallo Jonathan ‘Momo’ Romero

Marzo 18, 2013 - 12:00 a.m. Por:
LEONARD GUTIÉRREZ - Q'hubo - Especial para El País.com.co
A punta de golpes se confesó el Campeón Supergallo Jonathan ‘Momo’ Romero

Pude comprobar en carne propia la rapidez dentro del cuadrilátero del boxeador caleño Jonathan 'Momo' Romero. La velocidad del pelado del barrio El Retiro seguirá asombrando a los expertos de esta disciplina en el mundo.

Reté a ‘Momo’ Romero, sufrí las consecuencias, pero fue una experiencia inolvidable.

Nunca me imaginé que un fuerte golpe en la cara me fuera a gustar tanto. Ese puñetazo me lo pegó un campeón del mundo: el caleño Jonathan 'Momo' Romero. Valió la pena enfrentar a un Supergallo forjado en el marginado barrio El Retiro de Cali, donde desde niño desafió la miseria para terminar noqueando la vida de pandillero llevó.Esta vez la pelea no fue pactada a través de grandes empresarios, no hubo apuestas, ni una jugosa bolsa de dinero para el vencedor. 'Momo' aceptó el reto -aunque en realidad era mío- de medirse a alguien al que habría podido derrotar en diez segundos, si así lo quisiera. La pelea fue más allá del cuadrilátero y trascendió en una historia de vida. Durante dos semanas, el tiempo más corto de preparación que haya tenido boxeador alguno en la historia, me exigí a conciencia para cumplir con un sueño de la infancia. En un día cualquiera enfrenté a un campeón, levanté sus 60 kilos de peso -20 menos que yo- y sentí sus duros golpes que disfruté con tintes de masoquismo.Y llegó el día. Si digo que mi corazón no se aceleró al tener de cerca al 'Momo', estaría mintiendo. No había comenzado el combate y ya sentía la energía de un hombre que pesa mucho menos que yo, pero que trasmite temor con su sola presencia. “¿Vos sos el que va a pelear conmigo?”, me preguntó, mientras su mano ejercía presión sobre la mía, y sus ojos trataban de esculcar mi pensamiento. "Sí, soy yo", le respondí con algpo de pena y temor. El único antecedente serio para enfrentar al campeón Supergallo era mi nombre, que escogió el abuelo paterno en honor a su héroe, el boxeador norteamericano Sugar Ray Leonard. Esa era tal vez la única forma de 'intimidar' a un sobreviviente de la muerte y la pobreza.Frente al ring, Jorgue Aguirre, el entrenador de la Liga Vallecaucana de Boxeo y quien formó al 'Momo', extrañamente no se apartaba de mí; creo que se sospechaba que los nervios finalmente iban a traicionarme. "¿Comenzamos de una o qué?", preguntó ‘Momo’ de forma insistente. Yo esperaba que entráramos un poco más en confianza, pero Jonathan, finalmente campeón del mundo, ya me ponía contra las cuerdas.Cuando quise trabajar, ya ‘Momo’ lo estaba haciendo, con la misma disciplina con la que lo hace normalmente. En ese instante me di cuenta que para él la pelea no era un juego. Todo lo contrario. Hacía la misma rutina que despliega cuando se monta a un ring en Las Vegas o Barranquilla, lo mismo, pero ante un periodista.Una pantaloneta negra que decía en su cintura ‘Momo’ -con letras doradas- se paseaba por todo el lugar. “Vamos a hacer cuerda”, me dijo. Saltó sin cansancio, una y otra vez, exhibiendo unos pulmones interminables. Jamás mostró rasgos de cansancio. Por mi parte, intentaba seguir el ritmo. Imposible.Durante la hora de calistenia detallé que en sus pectorales reposan, marcados con una tinta verde imborrable, los nombres de sus hermanos René Y Felipe. Ambos murieron a manos de pandilleros en El Retiro. Hermanos a los que por mucho tiempo quiso vengar y hoy prefiere honrar con su título, lejos de las armas, las drogas y el abandono social del deprimido sector de donde logró salir. En su hombro se estampa una imagen de Jesús, el Dios que le ha dado la fuerza para superar duras peleas dentro y fuera del ring.Tres roundsNo pensé que podría resistir. Tres asaltos serían más que suficiente para sentir y ver lo mismo que han sufrido muchos de sus rivales.“Te voy a partir la cara, esta noche no duermes por el dolor, te va tener que cuidar tu mamita”, me decía 'Momo' en el careo. Sus ojos parecían desbordar una rabia interna que deja salir en cada combate.Nos llamaron al centro del ring. Aguirre nos dio las instrucciones, mis piernas no dejaban de moverse, no quería demostrarle miedo a 'Momo'; él me miró a los ojos mientras pasó sus guantes por el cuello advirtiendo que me 'degollaría' en la pelea. Sonó la campana, no había pasado un segundo y ya el campeón del mundo me había puesto un recto de derecha en la frente. Traté de buscar escapatoria pero no la encontré, me sentí acorralado.Traté de evadir el ritmo que marcaba con sus flacas y largas piernas, pero lo único que logré fue chocarme una y otra vez con esos guantes rojos cargados de dinamita pura. No puedo mentir, sufrí cada segundo, rápidamente comprendía que mis días de preparación no harían la diferencia.No veía venir los golpes y pude comprobar lo que han dicho sus rivales: su velocidad es impresionante, con el agravante que yo la estaba sufriendo. Y eso que, con toda seguridad, 'Momo' peleaba al 10% de su capacidad.Me trabajó como lo hacen los grandes; me pegó en el hígado, se dio cuenta de inmediato que mi zona abdominal no estaba en su mejor forma. Rápidamente hizo doblar mi cuerpo con un golpe pleno. Luego, ¡pum!...en seco, directo al pómulo derecho; de inmediato repitió la dosis y cuando quise responder ya estaba lejos de mí. Durante varios segundos se calentó mi cara. El golpe retumbaba por toda mi cabeza. Supe qué era sentir el golpe de un campeón. 'Momo' se dedicó a 'cazarme', yo era la víctima perfecta en el cuadrilátero: lento para su gusto y con pocos golpes certeros. Aunque confieso haber tocado su cara unas dos o tres veces. Solo caricias para él.A mi mente se vinieron los movimientos de Miguel 'El Happy' Lora o Héctor 'El Macho' Camacho. Quise emularlos, me hice el irreverente, traté de desconcentrarlo, pero su respuesta fue llevarme a las cuerdas. Me dio varias combinaciones que me dejaron sin aire, terminé en el lugar que él mismo me había destinado: la lona.Derrumbado por el campeón que durante tres asaltos me repitió la dosis, una y otra vez, llevó al extremo mis pulmones, probó la fuerza de mis piernas y me hizo sentir qué tanto puede doler el retar a un Supergallo que lo ha ganado todo en la vida a punta de golpes.Al final, alcé en mis brazos al campeón del mundo Jonathan ‘Momo’ Romero. Él me entregó por un momento el cinturón que de niño quise levantar. Sueño realizado.

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