"Yo tengo más claridad en mi identidad que el Minambiente": Brigitte Baptiste

"Yo tengo más claridad en mi identidad que el Minambiente": Brigitte Baptiste

Abril 13, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés | El País

Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt.

Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, critica la ambigüedad del Ministerio del Medio Ambiente y alerta sobre el caos del cambio climático.

Es una autoridad en materia ambiental y biodiversidad, lo cual equivale a decir que conoce a la perfección el inmenso tesoro verde  del país y lucha por conservarlo desde la dirección del Instituto Humboldt, encallado entre los veteranos eucaliptos de los cerros tutelares de Bogotá.Como Brigitte Baptiste, en Colombia  hay decenas de apóstoles ambientales, guerreros de la biodiversidad que asisten todos los días al progresivo deterioro ecológico que avanza implacable sin que los colombianos sepamos muy bien lo que nos corre pierna arriba, dedicados como estamos a destruir sistemáticamente los delicados tejidos verdes de bosques y selvas, a envenenar los ríos, a arrancarle al subsuelo el oro, el petróleo y el carbón sin consideración, a polucionar aires y mares, a arrasar flora y fauna. A portarnos como bárbaros. En suma, a ella le ha tocado luchar: por su carrera, por sus derechos sexuales, por su derecho a casarse con la persona que ama, por su derecho a la paternidad, por hacerse un espacio como autoridad ambiental y por desbaratar los prejuicios que aún imperan en una sociedad férreamente machista como la nuestra. Nunca se rinde. Aquí cuenta cómo han sido esas luchas.Cuénteme de su familia...Soy bogotanísima. Mi mamá es catalana y llegó a Colombia en la barriga de mi abuela, con una hermanita de 3 años, nacida en los Pirineos, en el momento justo de la fuga de los Republicanos hacia Francia. Mis abuelos estuvieron refugiados un tiempo allá, entraron a Colombia por Barranquilla y se asentaron en Bogotá por los años 40. Mi abuelo renunció a toda una vida de ideología política y se fue al Caquetá donde trabajó como comerciante de pieles y caucho. Como ve, es la deuda que estoy pagando. (Risa). Luego se establecieron en Bogotá el resto de sus vidas y mi mamá se casó con un rolo, re- cachaco. ¿Desde cuándo es ambientalista?Desde siempre. Entré a estudiar biología a la Javeriana en el año 82, cuando había que pedirles permiso a los padres hasta para poner un aviso en la cartelera. Fundamos una ONG ambientalista y nos dedicamos a promover el reciclaje, a conseguir amigos que fueran a dar conferencias, a participar en las marchas contra la represa de Urrá y la guerra de Kuwait, aunque era una época de silencio porque la universidad venía de cerrar sociología y de la crisis entre los años 70 y 80. ¿Hacían trabajo de campo a pesar de la inseguridad?Claro, nos hicimos la vida interesante saliendo al monte ante la mirada horrorizada de los profesores que no entendían qué se nos había perdido en los páramos de Sumapaz, Cocuy, Puracé… Le dimos la vuelta al país con mochila y echando dedo, disfrutando del sistema de parques en un momento en que todavía se podía andar por Colombia. Yo hice mi tesis en el Araracuara. ¿En el penal?Sí, la gente se burlaba porque éramos los únicos que habíamos escogido libremente vivir en una cárcel en medio de la selva, pero allí fue donde realmente me volví bióloga, aprendí de verdad ecología y muchas otras cosas sobre ese río que está lleno de raudales espectaculares y de pueblos indígenas que viven en sus riberas. Aprendimos de peces y de los saberes ancestrales de los indígenas. ¿Ya había tráfico de droga en la región?Sí, el raudal era un sitio de paso, había una base militar, de unos pobres soldados en muy malas condiciones. Eran soldados rasos, de combate, que pasaban tres meses de entrenamiento en Tolemaida y de allí los mandaban a zona de conflicto. La gente sufría mucho y recuerdo que un par de esos muchachos se suicidaron durante el tiempo que estuvimos allí. Veíamos la realidad, pero yo me quería quedar allí.¿Por qué regresó a Bogotá?Para ser investigadora en fauna silvestre y dedicarme a las dantas y a trabajar con los indígenas en un programa de conocimiento indígena sobre fauna, pero cambió el director y con él las prioridades y eso se politizó. Y me casé. Mi esposa trabaja ahora más en campo que yo.¿Cuándo se casaron? Vivimos juntas doce años y nos casamos por lo civil hace dos. ¿Y no tuvieron delegados del Procurador husmeando por debajo de la puerta?(Risa). No, nos casamos en mi casa a donde fue la señora notaria, quien no se había dado cuenta de quien era yo porque en mi cedula sigo figurando con sexo masculino, porque eso no se puede cambiar en Colombia, a menos que uno pase por Medicina Legal para un cambio de sexo, y bajo ninguna circunstancia voy a asumir ese criterio veterinario. La notaria se sorprendió y cuando le pedí que dijera unas palabras me dijo: quien tiene que decirlas es usted. ¿Y qué dijo?Ambas dijimos: llevamos trece años juntas, tenemos dos hijas que están aquí y nos acompañan nuestras familias. Y hasta ahí llegamos porque nos pusimos a llorar. Fue bonito. ¿Las niñas son adoptadas?No, son mis hijas biológicas porque yo no he cambiado de sexo. ¿Es cierto que en Colombia hay hoy una mirada distinta hacia la comunidad LGTBI, o todavía se discrimina?Sí, claro, es algo muy asociado con el racismo y el clasismo nuestro, pero a mí nadie me molesta abiertamente porque yo tengo un cargo y he cimentado una carrera muy sólida. Pero ese no es el caso de muchas otras personas. También hay que reconocer que varias universidades públicas y privadas han hecho un trabajo muy importante abriendo espacios para que la gente de cualquier orientación sexual pueda estudiar y en algunas hay grupos de apoyo e iniciativas de respeto. Pero claro que todo esto se enmarca en un machismo feroz que inhibe la expresión de las distintas formas de sexualidad, de personalidad y de género. La primera vez que yo hablé del tema fue en un taller de encuentro en el que mis amigas y mis amigos fueron fundamentales como apoyo.Hablemos ahora de cómo se inició en este trabajo...La Facultad de Economía de la Javeriana tenía un programa de desarrollo rural lleno de sociólogos y economistas muy riguroso, en la tradición de Orlando Fals Borda, que habían acogido los jesuitas con la visión del desarrollo rural que ellos tenían y que era muy conservadora, pero que buscaba bienestar y equidad para la gente. También subyacía la idea de hacer una actividad contra- revolucionaria para prevenir el daño del discurso de la guerra fría y mostrar que había otras opciones. Había muy buenos programas con el DRI y con el gobierno y se trabajaba con campesinos en Boyacá. Necesitaban alguien que supiera biología y me invitaron a hacer parte de un proyecto de desarrollo alternativo en El Cocuy, al norte de Boyacá. ¿Cuál era su trabajo allí?Yo entré ahí de peón, a montar en bus por todo el norte de Boyacá, haciendo talleres con la gente para reforestar cuencas, recuperar suelos y hacer todo lo que fuera necesario porque ya el discurso ambiental se había cualificado un poco más y pegaba muy bien con el desarrollo rural. Allí estuve seis años y con el apoyo de la Javeriana me fui a hacer una maestría en la Universidad de la Florida, con una beca Fullbright, e hice mi tesis sobre el manejo de bosques por parte de los campesinos de El Cocuy.¿Cuál es el propósito del Instituto Humboldt? A raíz de la Ley 99 se creó para producir conocimiento acerca de la biodiversidad colombiana, como un instituto de ciencias aplicadas y tiene que producir conocimiento no solamente biológico sino económico y social para presentarlo al Sistema Nacional Ambiental y al Ministerio del Medio Ambiente, que es nuestro enlace con el estado y con la sociedad en general, pero es una entidad privada. Hoy en la dirección yo trato de mover más el Instituto hacia los temas de desarrollo para hacer que la biodiversidad colombiana se convierta en fuente de bienestar para la gente. Pero el Minambiente fue prácticamente desmantelado durante los gobiernos de Uribe y antes de la actual Ministra hubo otros tres ministros que de ambientalistas pocón, pocón… Sí, es el ministerio de la cola y aunque ya lleva tres años su restauración y hay mucha propaganda alrededor de la importancia que debe tener en términos de presupuesto y de la posición que debería tener en el Consejo de Ministros, no lo ha logrado. ¿No le han parecido muy malos los últimos ministros?En ese cargo se necesita un político hábil, un gerente, un ejecutivo para facilitar y articular. Pero el Ministerio tiene un problema grandísimo y es que no sabe qué es. Creo que yo tengo más claridad respecto a mi identidad que el Ministerio, que no sabe si es un ente técnico, si es un ente planificador, o si es una autoridad central y esa ambigüedad se ve constantemente, sobre todo internamente. ¿Le llegan al Humboldt recursos de regalías para Ciencia y Tecnología?Ese tema es verdaderamente doloroso. Usted vio que devolvieron cerca de dos billones de Ciencia y Tecnología sin ejecutar. No se pudo porque la mayoría de los proyectos son muy malos. Pero hay una cosa que uno se pregunta, y es: ¿qué pasa con esa plata? Que vuelve al fondo y el próximo año, ‘casualmente’ año de elecciones de gobernadores, se pondrá otra vez en movimiento, de manera que ya sabe por qué muchos de los gobernadores no mueven todavía sus bolsas de regalías. ¿Está de acuerdo con la reforma de las CAR que se pide a gritos desde las inundaciones de 2010?Las CAR son un instrumento estupendo de gestión ambiental, y hay buenas, excelentes y pésimas. Tienen el grave problema de que ejecutan obras y tienen rentas asociadas con los mismos que están vigilándolas. Por consiguiente, entre más concesiones y licencias entreguen, más recursos les llegan. Es entendible entonces que si son juez y parte como autoridad ambiental, al momento de hacer obras de saneamiento se neutralicen y por eso es necesario precisar su alcance, su ámbito de trabajo, y fortalecerlas técnicamente. Como nunca fueron pensadas técnicamente se da el caso de corporaciones con grandes equipos de cómputo de última generación y estupendos laboratorios, pero no tienen quien los maneje porque carecen de planta y no tienen cómo contratarla. Equipos que uno soñaría con tener aquí en el Instituto Humboldt, pero no los puede comprar. Pero hay otras, como la Cardes de Risaralda, con un gran equipo de investigadores que ya llevan diez años trabajando, y Antioquia tiene un grupo de investigación con gente valiosísima. La verdad es que aún en medio de la corrupción hay funcionarios estrellas que se destacan y cada uno podría escribir un libro entre aventuras, riesgos y oportunidades con las claves para leer el territorio de Colombia. Pero todos están esperando jubilarse para escribir sus memorias.¿Por exceso de trabajo? Si nosotros los investigadores nos quejamos de que no hay casi tiempo de investigar, de escribir y de pensar, los pobres de las corporaciones siempre están de chigüiro en chigüiro. Aquí nos la pasamos de escándalo en escándalo, entre sequías e incendios, y las reacciones siempre son circunstanciales porque Colombia no tiene una política ambiental explícita. La hay implícita, sí, y el presidente Santos ha sido de los pocos que ha hablado de frente sobre la importancia de lo ambiental. Su Plan de Desarrollo tiene componentes ambientales por primera vez, pero nada de eso se pone en práctica. Aquí somos muy retóricos y muy dados al discurso vacío, del cual solo una mínima parte se convierte en realidad. Tocó el tema de los chigüiros en el Casanare con la sequía. ¿Por qué sostiene usted que la actividad petrolera no tiene nada que ver?Sobre ese caso, que fue muy puntual, sigo pensando que no hay cómo achacarle responsabilidad a la actividad petrolera en esa mortandad. No digo que aquella no tenga un impacto gigantesco en todo el Llano, por todas las actividades que realiza. No soy experta en el tema petrolero, pero, indudablemente, la demanda de agua es grande y el tema del manejo del agua en la Orinoquia hoy es un caos.¿Por qué? Porque el proceso de licenciamiento se hace proyecto por proyecto y si cada petrolera hace las cosas bien, le dan licencia. Por su parte las actividades agropecuarias no tienen licencia pero si yo tengo un proyecto palmicultor, arrocero o de reforestación comercial y necesito usar agua, pido una concesión y la pago a un precio irrisorio, porque aquí la tasa del agua cayó hace mucho tiempo, debido a que el Ministerio de Agricultura protestó y entonces nadie paga por el agua y toda la gestión es fragmentada. Entonces, cuando uno suma la actividad de los arroceros que son decenas de enormes extensiones, la de los palmicultores, el crecimiento poblacional del Llano que ha sido gigantesco y le añade la gran población flotante por efectos de la explotación petrolera, resulta que el agua no alcanza, sobre todo en la época seca. Usted sabe que en el Llano llueve entre cinco y seis meses, el resto del año es seco y a medida que se va hacia el norte es más seco aún.¿En resumen, cuál es su posición?Lo que yo traté de decir en mis columnas es que una cosa es analizar fenómenos y procesos locales y otra cosa interpretar la dinámica de manejo del territorio y la gestión de las cuencas, y que no voy a firmar un acta de culpabilidad para una empresa, cuando mi propio criterio es de mucha incertidumbre. Los chigüiros que se murieron lo hicieron por causas naturales. Es decir, todos los años se mueren centenares de chigüiros. ¿Entonces por qué se ha hecho ahora tanto escándalo? Lo que pasa es que hemos hecho conciencia ecológica y solo ahora estamos registrando lo que pasó, pero eso ya está documentado. A mí me mandan derechos de petición para que explique cuáles son las bases científicas para hacer esta afirmación y no tengo ningún problema en explicarlo. Venezuela ha estudiado los chigüiros desde los años 60 y ha demostrado que si el verano es muy largo y duro se muere hasta el 30 % de las manadas de chigüiros, que son animales de vida corta pero se reproducen mucho y entonces tienen grandes picos. En los años buenos tienen sobrepoblaciones inmensas y en los malos, mortalidades enormes. Claro que no es fácil explicarle a la gente que eso es lo normal, porque esta piensa que eso no está bien, y eso entendible en un habitante urbano. Recuerde que el 80 % de colombianos viven en ciudades, nunca han visto un chigüiro y si les muestran fotos de miles de animalitos muriendo de sed en un caño seco, la imagen les resulta dolorosa e insoportable. A mí tampoco me gusta, pero yo sé biología de poblaciones y de cómo son esos procesos. Por eso en este caso he sido enfática en decir que es muy difícil encontrar responsables directos y sobre todo para ponerles una multa en este caso puntual. Lo que sí reconozco es que en general en la Orinoquia y en otros departamentos tanto la industria petrolera como los agricultores son responsables en gran medida del deterioro ambiental del Llano.Con motivo de los chigüiros se han prendido las alarmas frente al desarrollo de la Orinoquia. Según su criterio, ¿dónde debería poner el foco el gobierno? En el ordenamiento de todas las actividades. Ahora se aprobó por fin el Documento Conpes de la Altillanura. Nosotros estuvimos un tiempo acompañando su formulación pero al final los resultados siempre son favorables a que las inversiones sean productivistas y nos vimos muy frustrados porque, aunque no somos enemigos del desarrollo, siempre hemos hablado de sostenibilidad y de buen manejo de los recursos. Esas son tierras que se pueden incorporar a la economía del país y Colombia es uno de los pocos países del mundo que puede dedicar tierras nuevas a la producción de alimentos, pero hay que hacerlo sin cometer los mismos errores que cometimos en los valles inter-andinos. La idea es aprender de todo ello y hacer mejor gestión ambiental. ¿A pesar de todo seguimos siendo ricos en biodiversidad?Cuando presentamos nuestros escenarios de biodiversidad y desarrollo fuera del país, nos hacen caer en cuenta de que lo tenemos todo y dicen que todavía no estamos encadenados a situaciones irreversibles. Claro que hay regiones a las que ya es muy complicado cambiarles el destino, como las zonas mineras del Cesar, o el bajo Cauca, donde la minería ha hecho estragos, o en el Chocó. Hay algunas zonas agrícolas y ganaderas muy deterioradas también, pero en general el país tiene mucha movilidad y puede tomar decisiones distintas y esa es mi apuesta en el Humboldt.¿Cuál, concretamente? Escoger un desarrollo con ecología y trabajar en una relación respetuosa e innovadora con las organizaciones, como las de indígenas, para ayudar a que no se pegoteen su territorio, bien sea por influencia de terceros o por agendas parciales de ellos mismos. Hay que trabajar con las universidades, con las ONG, con las empresas de servicios públicos, con los gremios, con la Agencia Nacional Minera y si me pregunta dónde está el recurso financiero para hacer esa reconversión ambiental de Colombia le diré que proviene de las mismas arcas del estado, de los impuestos de los colombianos y de las regalías y las inversiones que hacen los diferentes sectores.¿Cómo nos afectará el llamado cambio climático? Estamos en un momento de grandes opciones de construcción de desarrollo más sostenible que en el pasado como una transición hacia un mundo imprevisible que es el del cambio climático sobre el que soy muy pesimista porque va a generar un desastre ecológico global de marcadas proporciones. ¿En qué consiste concretamente ese cambio?Es el incremento de la temperatura por encima de dos grados centígrados, que ya se ha evidenciado. Estamos en uno punto y pico pero ya sabemos que para el 2050 estaremos entre dos y cuatro grados más calientes, una situación que nunca se había presentado en el planeta tierra en toda la historia de la humanidad. ¿Qué va a pasar entonces?Que todos los fenómenos climáticos se van a ir volviendo más y más extremos, pero eso no va a pasar de a poquitos, como dándonos tiempo a ver cómo le vamos haciendo. Hasta donde sabemos por la teoría ecológica, el mundo hace ‘click’ y voltea en un instante. Y en tiempo humano, ese instante son 20 años. En general la comunidad científica internacional está muy preocupada y predice un colapso global entre 2020 y 2025, o sea en la próxima generación y los adultos que van a vivir este colapso ya nacieron. ¿Y qué cara va a tener ese colapso?Más desiertos, más epidemias, más huracanes e inundaciones, mucha más incertidumbre en todos los fenómenos climáticos y se afectarán la producción agropecuaria y toda la infraestructura. Sin siquiera saber si se trata ya de efectos del cambio climático global, estamos viendo temporadas invernales extremas: cada año es “el más caliente de la historia”, o el más lluvioso, o hay la peor inundación, y eso debería encender todas las alarmas. Si estamos pensando que el desarrollo es “business as usual” y más infraestructura, ahora con los recursos de la minería, le puedo decir que eso es una tontería porque las carreteras que construyamos se las va a llevar el vendaval dentro de cinco años y por eso insistimos en que hay que tener una estrategia de adaptación a ese cambio.¿Eso es irreversible?Sí, totalmente. Ese daño ya está causado y seguimos causando más. No me gusta ser apocalíptica, pero el futuro es tremendamente incierto y muy difícil lo que se augura. ¿Podemos hacer algo como país?Colombia estaría muy bien posicionada si dejara de tirarse sus bosques, de contaminar sus ríos, si cambiara los modos de producción y si invirtiera bien sus regalías. Ese es el escudo. Tenemos el capital para hacerlo y habría que recordarles a nuestros padres de la patria, en el Congreso, que aunque tengan agendas personales de cualquier naturaleza, todos ellos tienen nietos que estarán igual de jodidos que los nuestros, que los de los jefes de las Farc y los de los indios del Putumayo, porque el cambio climático ya se instaló y es para todos porque estamos ante una enfermedad global.

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