Una bailarina, el primer amor del bolerista Ricardo Fuentes

Agosto 31, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Yesid Toro | Reportero de Q'hubo Cali
Una bailarina, el primer amor del bolerista Ricardo Fuentes

Esta foto fue tomada en Londres, durante la última gira de Ricardo Fuentes en 2009, antes de llegar enfermo.

Conozca la historia de uno de los boleristas más importantes de Colombia, quien aprendió a cantar solo.

El primer amor de Ricardo Fuentes fue una bailarina. La única que lo escuchaba cuando cantaba en las frías noches de Bogotá. Cuando era un pelao de 16 años recién salido de Tocaima, Cundinamarca, donde había nacido en un hogar compuesto por un mecánico diesel y una ama de casa. Un hogar que no duró mucho y se desbarató. A Janet, la musa que calentó su pecho flaco, la conoció una noche recién llegado a esa ciudad donde poco estuvo. Ricardo la nombra con nostalgia, como cuando cantaba: Cuando lo tengas en tus manos corazón, dale un poco de cariño, en ese inolvidable éxito ‘Te voy a hacer un regalo’.Ricardo Fuentes cubre sus piernas inmóviles con una toalla, toma otra más pequeña en sus manos y pone al lado de la silla de ruedas algunos pañuelos desechables. Está en su apartamento de Pereira. Se alista ceremoniosamente, como quien se prepara para un duelo. Hablará de su vida, de cómo pasó de ser un vendedor de discos en las calles a convertirse en el bolerista estrella de Discos Fuentes. Hablará, inevitablemente, de su éxito y de su gloria. Todo nació en Ecuador“Una noche en un club nocturno en Bogotá me dieron la oportunidad de cantar. Yo le quería cantar a Janet: era muy bonita y bailaba bien. Nos habíamos enamorado. El público me escuchó interpretar a Rolando Laserie y a Tito Rodríguez y fue emocionante ver cómo aplaudían. Ese mismo día llegó a ese sitio un empresario ofreciendo trabajo en Quito para llevar unas artesanías. Yo fui el primero en ofrecerme”, rememora.Esa misma noche viajó. Una vez en Ecuador, Ricardo vendió discos y artesanías en las calles. Y fue estando en Quito, en un club llamado ‘Elephant’, que se dieron cuenta de su talento. “El dueño del lugar me dijo que no fuera más vendedor y me pidió que cantara en el club”. Una de esas noches la suerte cambió. El director artístico de Discos Fuentes, que fue a recibir unos galardones por las ventas de sus cantantes, descubrió al nuevo ídolo. “Enseguida me dijo: Usted se va conmigo para Medellín a grabar”.Ricardo se detiene para limpiar sus lágrimas. Enseguida sostiene uno de sus LP. Es el primero que grabó con Discos Fuentes, ‘Por amor’. En el Lado A de ese long play está ‘Cuanto te debo’. “Fue el primer éxito, el que se escuchaba en todas partes”.-¿Y qué fue lo mejor de estar en Discos Fuentes?- le pregunté. - Lo mejor fue estar entre las estrellas de Discos Fuentes: Joe Arroyo, Fruko, Rodolfo Aicardi-. Unos años más tarde, por rivalidades con Rodolfo, Ricardo Fuentes se fue a otra disquera. “Grabé con Alfredito Linares un porro llamado ‘La Banana’ que pegó un tiempo en el Eje Cafetero, pero luego no más”. ‘De qué presumes’ fue el segundo gran éxito. Luego vino ‘Un regalo’, ‘Por amor’, ‘Con eso me pagas’. Y todas esas canciones fueron éxito primero en Cali. Así comenzó el romance con esta ciudad. El preferido en los clubesRicardo recuerda que cantó en el Hotel Intercontineltal, en el Club San Fernando, el Juanchito y en la Feria de Cali.Gustavo López, uno de sus pocos buenos amigos, recuerda que lo conoció en 1971.“Me lo presentó un amigo. Yo era un gomoso de la música y me encantaban sus boleros. Entonces lo seguí por las emisoras y en sus presentaciones, y creo que ahí nació una buena amistad que se extendió cuando años después nos encontramos en Estados Unidos”.Gustavo, por pura casualidad, llegó al apartamento de Ricardo el mismo día que estuvimos en la entrevista. “No puedo evitar el asombro de verlo así”, dice. “Y yo te agradezco que no te hayas olvidado de mí”, le responde Ricardo, mientras almuerzan en el pequeño comedor que tiene. De vuelta a los recuerdos, el bolerista revela que en Cali armó su propia orquesta. “Contrataba a varios músicos por presentaciones y los llevé por muchas ciudades del país. Los de Cali son muy buenos músicos. Los encuentros con el público eran fantásticos”.-¿En la música de quien es amigo Ricardo Fuentes?- le pregunto. -En la música no hay amigos- responde y enseguida toma un pañuelo para secar el llanto.Sin embargo, reconoce que en Cali personas como Jimmy Contreras, Tato Quintero, José Reinel y Rosita Figueroa, son muy especiales para él. Todos son artistas. Después de algunos años de éxito en Colombia, en 1980 llegó la primera gira para los Estados Unidos. En Nueva York no tardó mucho en conseguir trabajo en El Abuelo Pachanguero, y El Chibcha, dos de los mejores clubes nocturnos para hispanos. Pero el frío lo sacó corriendo y los vientos del norte lo llevaron a Miami, donde levantó a su hijo y lo hizo un médico. Hace apenas cinco años grabó una serie de videos en esa ciudad. Lo hizo en un yate que le prestó Gustavo.Fueron 17 años en los Estados Unidos. En 1997 regresó a Colombia aclamado por un público que lo creía ya lejano. “Me sorprendí de saber que estaba perdiendo plata (risas) porque aquí la gente también quería a Ricardo Fuentes”.Jhonny Rivera, que por ese entonces apenas estaba empezando, recuerda con respeto a uno de sus ídolos. “Crecí oyendo a Ricardo Fuentes porque a mi papá le encanta. Una vez yo estaba grabando y él llegó: no pude evitar detenerme porque me daba pena”, recuerda Jhonny.Estando en la terapia de voz que le hicieron hace una semana, una joven fonoaudióloga le preguntó: “Don Ricardo, ¿verdad que usted era cantante? Los presentes nos miramos sin asombro, pues la joven no tendrá más de 22 años. “Y de los mejores”, le respondimos. “¿Usted ha escuchado esta canción?: Cuánto te debo, por ese amor aventurero que me has dado, por tu comedia de cariño calculado, amor amargo disfrazado de pasión”.La joven fonoaudióloga se sonrojó y nos miró a todos. “No sabía que era usted, pero imagínese que muchas veces he cantado esa canción. Mi mamá no me lo va a creer”.

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