"Soy un niño, no soy tan pendejo para envejecer": Jairo Aníbal Niño

"Soy un niño, no soy tan pendejo para envejecer": Jairo Aníbal Niño

Agosto 30, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Liliana Bedoya | Reportera de El País

El autor de Zoro, Estrella de Papel, Orfeo y la Cosmonauta, se inventa el mundo todos los días y sigue siendo tan infantil como cuando vivía en Moniquirá, su tierra natal. Su familia está integrada por "una tribu masai en África, unos vagabundos del Zócalo de México, una ballena que canta y las ardillas de Cali".

"Constelación de Andrómeda, a mano izquierda, donde hay un reguero de estrellas, ahí me encuentras". Así, entre misterios y fantasías, Jairo Aníbal Niño no teme revelar el lugar donde vive. Allí, en el Valle de Tenjo donde siembra la tierra, vuela, cocina para sus hijos y amigos y donde recibe los cuentos que tocan a su puerta, el escritor nacido en Moniquirá, Boyacá, pasa sus días como todo un niño. Su ternura insaciable y contagiante la conocieron ayer los estudiantes de la Universidad Javeriana, donde ofreció un taller para jóvenes escritores durante el V Festival de la Palabra. El niño, de Niño, le abrió su amoroso corazón a El Pais: ¿Se considera un niño? Para mi fortuna soy un niño y no soy tan pendejo de envejecer. ¿Cómo llegó a ser niño? Fui un niño deseado. Los Náualth hablaban de los niños y niñas como el deseado o la deseada. Nací en septiembre, fui engendrado y concebido en diciembre durante las fiestas del pueblo. Es bueno entrar a la vida por la puerta de la fiesta, que es lo que salva el espíritu de los seres humanos. El abrazo, el beso, el amor, la libertad son una fiesta. ¿Qué añora de su niñez en Moniquirá? Fui libre como un pájaro. Me encontré con los libros y aprendí a leer en Las Mil y Una Noches a los 5 años. Ese libro llegó a casa gracias a 'Simbad el Marino' (así llama el autor a un desconocido que su padre llevó a casa a cenar). Como 'Simbad', fugitivos, poetas, bandidos o locos, compartieron en la mesa de mi casa, luego de descender con cara de desolación de la chiva que todos los días llegaba al pueblo a las 5:00 p.m. Las Mil y Una Noches fue el agradecimiento de ese 'Simbad'. También recuerdo a los gitanos, que me regalaron el amor y nos acostaban a mí y a mis hermanitos sobre unos cojines para mirar el cielo a través de las lonas de las carpas. Y los aviadores. En mi corazón está la historia del vuelo, desde la de los hombres pájaros hasta las expresiones maravillosas de la sabiduría humana, como el avión DC-3. ¿Por qué le gusta el DC-3? Porque soy un pájaro. Siempre supe que tenemos alas, que son reales, que estamos con los pies al borde del planeta y que debemos levantar los ojos para ver el universo. Además de la imaginación, ¿qué más se necesita para volar? El corazón, la aceptación de tu condición como ser humano. Usted fue ayudante de camión, aprendiz de mago y marinero, ¿qué aprendió de cada oficio? Fui aprendiz de mago y recibí del mundo su sabiduría y ver como ella surge en todas partes. Viajar en camión fue ver cómo un conductor cantaba canciones en celta. Y el regalo de Dios fue ser marinero. Navegar te enseña a descubrir el mar que tienes por dentro. ¿Cómo desembarcó en la literatura? No escogí la literatura, ella me escogió a mí y fui fiel al llamado. Desde el vientre materno invento cuentos y luego florecieron los libros, como los hijos, un proceso natural del amor. Y uno aspira que sean amados. Defina la alegría de querer... La alegría de querer es indefinible. Lo que se define es espantoso, lo que se puede definir no tiene ningún esplendor porque lo importante de la vida, lo más hermoso es un misterio y es un milagro. Sus textos han sido traducidos al inglés, francés, alemán, portugués, finlandés, eslovaco y chino. ¿Siente temor de que sus ideas sufran variaciones? La relación con el traductor tiene que ser amorosa y de confianza. En idiomas como el chino uno tiene que hacer un acto de fe para aceptar que eso es de uno. ¿Qué traducción lo ha conmovido? La traducción al braille. Los ciegos son maravillosos, me enseñaron a ver. Aprendí a acariciar las palabras y supe que cuando mis dedos pasaban por la palabra río las yemas de los dedos se mojaban y cuando pasaban por la palabra rosa, las yemas de mis dedos quedaban perfumadas. ¿Cómo trabaja 99 horas al día? El tiempo no se mide, se asume, es el tiempo de tu corazón. Todos los días yo renazco. No sé quién soy, de pronto amanezco caballo, colibrí, vagabundo, loco, pero soy leal a ese llamado de mi corazón. Háblenos de un día en el Valle de Tenjo Todos los días invento el mundo, es otra vez el génesis, aparecen los pájaros, la mar, y los caballos y todos los días es el reconocimiento de ese mundo que nos rodea. La serenidad de los campesinos es un regalo. ¿Por qué su obra le gusta a los adultos? Ellos saben que lo que surge del mundo de la infancia es lo que salva la especie humana en su conjunto. En uno de mis libros digo que "un buen viejo es un niño que ha vivido el tiempo suficiente para recordarlo". ¿Quiénes integran su familia? Mi esposa Irene, mis hijos Paula, Alejandra y Santiago, mis perros, mis gatos, una tribu masai en el Africa, unos marineros locos de Sansibar, unos vagabundos que encuentras con frecuencia en el Zócalo de Ciudad de México, unos pájaros, unas ballenas que me cantan esté donde esté y las ardillas de Cali que ayer salieron a saludarme. ¿Cómo conservarse niño? Escucha tu corazón, no caigas en la trampa del poder ni del dinero, que es como el cómplice horripilante del poder. Cree en la libertad, en la vida, en la dignidad de los seres humanos. ¿Viene algún libro en camino? De pronto estoy sentado en mi casa, escucho golpes en la puerta y digo ¿quién es?, y al otro lado de la puerta hay una vocecita que me dice: Un cuento. Yo me levanto, abro la puerta y ahí está el cuento. Él me mira a los ojos y me dice: Qué hubo hermano y yo le digo: Qué hubo cuento, pase y él me cuenta el cuento y yo se los cuento a mis amigos. Antes de decirle adiós a este niño de 62 años, con picardía y sutileza me susurró al oído como a todos sus amigos: "Tú no te vas, te quedas en micorazón".

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