Sobrevivientes reconstruyen la historia virtual de Armero

Noviembre 10, 2015 - 12:00 a.m. Por:
José Navia Lame | Colprensa.
Sobrevivientes reconstruyen la historia virtual de Armero

Carrera 15 Calle 11, esquina del parque Fundadores, edificio Radio Armero, durante un discurso político en el balcón.

Es una página de Facebook donde los armeritas van armando, como si se tratara de un rompecabezas, el mapa de su pueblo arrasado hace treinta años por el alud de piedras y lodo que sepultó a unos 25.000 de sus vecinos, familiares y amigos.

Un puñado de sobrevivientes de la tragedia de Armero comenzó a reconstruir su pueblo, hace unos dos años, en un lugar dónde ninguna catástrofe natural lo volverá a destruir: internet.  El sitio se llama Armero Virtual. Es una página de Facebook donde los armeritas van armando, como si se tratara de un rompecabezas, el mapa de su pueblo arrasado hace treinta años por el alud de piedras y lodo que sepultó a unos 25.000 de sus vecinos, familiares y amigos.  En esa reconstrucción cartográfica, los sobrevivientes mezclan las nomenclaturas de sus casas con los recuerdos de los años vividos en ese poblado. Y como internet se los permite, cada vez que un detalle regresa a su memoria, se lo agregan a la página.  “La (dirección) de mis queridos y amados viejos era la Carrera 11 No. 5-93, al ladito de la carrilera; mi viejita me decía: corra Nelson a espantar las gallinas, que me las mata el tren…”, escribe Nelson Beltrán Acosta.  Otra sobreviviente, Janeth Correa, anota: “Yo vivía por el parque infantil. Mi casa era una amarilla, grande, donde mi abuelo sacaba muchos gallos afuera, frente al parque, por toda la 10”.  Así, de a poquitos, han ido reapareciendo los recuerdos, los números de las casas, los apodos, los nombres y apellidos de quienes habitaban en Armero el 13 de noviembre de 1985. Esa noche, una erupción del volcán Nevado del Ruiz provocó un deshielo que descendió, monstruoso, por el lecho del río Lagunilla e irrumpió, devastador, en la planicie donde a esa hora dormían los armeritas.  Armero Virtual es en realidad la segunda fase de la reconstrucción del pueblo. El proyecto comenzó hace unos cinco años con una página denominada Memorias de Armero. “Inicialmente compré un croquis en el Instituto Geográfico Agustín Codazzi y con un par de amigos de Armero, los hermanos Camilo y Óscar Castro, enumeramos cada manzana y cada lote, con el fin que la gente colocara los datos y se ubicara espacialmente”, cuenta Hernán Darío Nova, el autor de la página.  Él no es un sobreviviente en el sentido estricto de la palabra. El día de la tragedia se encontraba en una zona rural del Ecuador. Se enteró a la noche siguiente, cuando, durante una correría, llegó a la casa de un amigo que tenía televisor. Estaban pasando el noticiero. Vio las imágenes de un helicóptero sobrevolando el lodo; los socorristas con camillas; cientos de personas rescatadas, como estatuas de barro y decenas de damnificados agitando los brazos desde los techos de las casas.  ¿Dónde ocurrió eso?, preguntó compungido. Pero los campesinos no le dieron razón. Hasta que el periodista mencionó ‘La ciudad blanca’. Se estremeció. Así llamaban a Armero por los cultivos de algodón que rodeaban el pueblo.  “Inmediatamente recordé que un mes atrás había recibido un telegrama de mi madre desde Guaduas. Decía algo así como: ‘Nos sacó corriendo el volcán’. Mi mamá y mi tía se habían ido a la finca de un tío en el Alto de la Mona, a varios kilómetros de Armero. Después supe que el fin de semana anterior a la avalancha estuvieron en Armero. Dejaron listo el trasteo y regresaron al Alto de la Mona con la idea de ir a recogerlo a la semana siguiente, así que la avalancha se llevó las cosas empacadas. Mi familia fue una de las poquitas que huyeron antes de la tragedia. Mi mamá y mi tía se habían alarmado por las señales evidentes que comenzó a dar ‘El Nevado’, como siempre lo llamamos en Armero, y nunca nos enseñaron en los colegios que era también un volcán. Mi mamá y mi tía sí sabían algo, porque una anciana profesora en Victoria, Caldas, les había dicho en la escuela primaria que era ‘el león dormido’, que a sus tiempos se despertaba y rugía.  “Por eso, ellas se alarmaron mucho como un año antes, cuando se incrementaron los temblores, el agua del Lagunilla bajaba sucia y había que hervirla y los peces se murieron. Mi tía, que hoy tiene Alzheimer, relataba que se encontraban cucarachas por todos lados, incluso en los tarros de galletas que dejaban tapados. Recuerdo que cuando iba a haber alguna tormenta en Armero las cucarachas salían volando de cualquier rincón. También el pájaro trespiés, con su canto de mal agüero, las tenía espantadas. Mi mamá y mis tías les dijeron a las amigas y vecinas que se fueran, pues algo terrible iba a pasar; pero las trataron de locas y de querer acabar con el pueblo”.  La memoria en fotos Aquella noche, en Ecuador, Hernán Darío Nova permaneció petrificado por varios minutos frente al televisor. Trató de regresar a su casa y salir para Colombia, pero había comenzado a caer un aguacero tan fuerte que sus amigos no lo dejaron, porque el camino de regreso se tornaba muy peligroso y debía recorrer varios kilómetros.  Al día siguiente, cuando volvió a su casa, encontró un telegrama enrollado en el candado de la puerta. “Era de mi mamá y decía: ‘Yo, la tía y Arnaldo (mi hermano menor) estamos bien’. Los que sí murieron esa noche fueron mi tío Alfonso Vargas, su esposa y sus dos hijos, al igual que otros quince primos. Mi tío estuvo muy activo en los días previos. Alertó a la gente y distribuyó fotocopias de advertencia, pero se quedó en el pueblo”.  Diez años después, el día de la conmemoración de la tragedia, Hernán Darío Nova se paró por varias horas en el monumento a Armero ubicado dentro del Parque de los Fundadores, en el centro del pueblo, para tratar de reunir las primeras memorias. El experimento no funcionó y Nova dejó el asunto quieto por un tiempo. Hasta que se familiarizó con Facebook. “Pensé que esa era la mejor forma de recopilar la información, dadas las características de dispersión de los sobrevivientes, debido a la diáspora”, dice.  Hasta ahora solo un puñado de familias se ha reportado. Pero con ellas comenzó la reconstrucción, cuenta Hernán Darío Nova, quien ahora es un artista plástico.  

[[nid:480627;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/11/ep001048355.jpg;full;{Esta era la Calle 12, hacia el Occidente. Se ven una esquina del parque y templo parroquial San Lorenzo.}]]

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