“Si queremos la paz, se nos tiene que quitar el susto”: Maurice Armitage

“Si queremos la paz, se nos tiene que quitar el susto”: Maurice Armitage

Mayo 04, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Paola Andrea Gómez Perafán, Jefe de información de El País

Maurice Armitage Cadavid, un empresario caleño que ha padecido dos secuestros, asegura que Colombia se tiene que reconciliar con la guerrilla. “En este país no distribuimos el ingreso y la plata se concentra en cinco personas y los demás que se jodan”, agrega.

Otra vez va a llorar. Eso dice la gente, cuando Maurice Armitage Cadavid se para frente a un auditorio y se le quiebra la voz al contar su historia: la de un hombre caleñísimo, de nombre y apellido inglés, que vivió dos veces la tragedia del secuestro y que fue capaz de perdonar a uno de sus captores, e incluso, pagarle un abogado para sacarlo de la cárcel.La ciudad lo reconoce también porque su empresa, Sidoc, se la jugó con toda por la Orquesta Sinfónica de Siloé, Tambores de Siloé y Fútbol para la Esperanza; semillas que germinan en esa inmensa montaña urbana, que hace unos años sus dos hijas y un montón de altruistas tiñeron de blanco.Hay quienes lo tachan de irreverente y hasta de extravagante, porque dice que le da pena ser rico, que a los ricos no les gusta decir que están bien y que mucha gente se pasa toda la vida sosteniendo “un cañazo social para vivir en barrio de estrato seis, para meter a los hijos al colegio más caro y para mandarlos a pasear a Miami”.Fajardista furibundo, con convicciones mockusianas y ahora respaldando a Santos, Maurice reabrió las páginas de sus secuestros --en Bahía Solano en 2002, y cerca a Jamundí, en 2008-- como parte de la experiencia del Valle en Reconciliación Colombia, iniciativa que expone casos de perdón como el suyo y que invita a los empresarios a creer en la reintegración.Este es el diálogo con un caleño de 69 años que nació cerca al Charco del Burro, creció en San Fernando, fundó su primera empresa en el sector de Santa Librada y hoy emprende junto a sus socios un ingenio en Villarica. Y también es un diálogo con un convencido de que este país que ha sufrido la guerra tiene que darse una segunda oportunidad.Usted ha dicho en varias oportunidades que la plata se gana con el capitalismo, pero que se gasta con el socialismo. ¿Cómo es eso? Es que en un país donde hay una inequidad tan grande, la única manera es distribuyendo el ingreso. Uno como empresa no puede sentarse a decir yo voy a conseguir plata y plata para mí. El país le ha dado a uno todo. En el caso de Cali, Cali nos lo ha dado todo: compramos la chatarra, la vendemos. Lo mínimo que podemos hacer es seguir trabajando por Cali. Uno como empresario debe cambiar el esquema, mientras nos reconciliamos y perdonamos mutuamente.¿Eso tiene que ver con su política de no pagar menos de $1.200.000 a ninguno de sus empleados?Uno no debe pagar lo que el mercado dice sino, lo que uno es capaz de pagar. Si en tu compañía te ganas $20.000 millones al año y tomas la decisión de repartir $2000 millones entre tu gente, qué te cuesta decir ‘nos ganamos $18.000 millones’. Los dos mil que le diste a tus empleados son de una repercusión impresionante. Qué le cuesta al señor Sarmiento decir que no se ganó $200.000 millones, sino $190.000 y repartir 10.000 entre la gente que trabaja con él. Eso no lo hace, porque él paga lo que dice el mercado. Tenemos que romper ese círculo. En eso los gringos nos llevan mucha ventaja. En Colombia, la gente no está acostumbrada a compartir.¿Por qué cree que el colombiano no es capaz de compartir sus ingresos? Porque Colombia es un país inequitativo. Me acuerdo en la época en que jugaba golf en el Campestre y llegó un gringo y nos preguntó: ¿cuánto se usa darle al caddie? Páguele todo lo que pueda, le dije. Y otro señor le dijo ‘No le vaya a dar más de $15.000 porque nos lo daña’. Esa es la mentalidad. Yo veo que mi mujer le regatea al señor del aguacate que porque cuesta $1500 y no $1000. $500 no son importantes para mi señora, pero para el del aguacate son muchísimo. No distribuimos el ingreso, entonces se concentra la plata en los cinco que manejan las empresas y los demás que se jodan.No debe ser muy popular usted entre sus amigos, diciendo esas cosas...La verdad es que dejé de ser un habitante de clubes. Hay gente que admira lo que uno hace, pero también hay gente que se previene. Yo tengo un cuento que dice que un magnífico liberal en Cali es un magnífico conservador en Bogotá. Aquí en el Valle somos terratenientes y somos una sociedad poco distributiva. También insiste en que a los ricos no les gusta decir que están bien...Porque es cierto. Una de las cosas en que hemos tenido éxito es en contarle a la gente las verdades: buenas y malas. Es como en el matrimonio, si el esposo cuenta las cosas buenas y malas se confía en la pareja. Lo mismo pasa aquí. Nosotros cada dos meses contamos cómo vamos. Si nos va bien, repartimos más y si nos está yendo mal, repartimos menos. Las compañías no son de los dueños, son de la gente que trabaja. Entonces uno trabaja es para la gente. Ahora hablemos de reconciliación. ¿Cómo es que un hombre que ha sido secuestrado dos veces y que pudo haberse ido de Colombia, sigue manteniendo la fe en un país posible?Todos los días doy gracias a Dios por lo que la vida me ha dado. Yo le contaba en estos días a unos amigos, que cuando mis hijas estudiaban en el Bolívar alguna vez tuve que vender el carro para pagar la matrícula y hoy tengo lo que tengo. Uno tiene que seguir luchando por este país.¿No pensó ni un momento en irse?No, no. Es que me siento feliz. Mis amigos me dicen “hasta cuándo vas a trabajar” y les digo que yo no me quiero ir a Chipichape a sentarme a ver viejas, porque todos los amigos de uno que tienen más de 60 años, a las 10:00 de la mañana, ya están en Chipichape sentados, tomando tinto.¿Cómo es ese momento íntimo en que decide perdonar a un empleado en quien usted confiaba y que participó de su segundo secuestro?Primero, porque conocí a su familia y lo conocí a él. Y yo creo que todo ser humano tiene un mal momento en la vida. Hay gente que lo pasa y hay gente que cae. Este señor trabajaba conmigo y era un buen hombre, y llegaron unos parientes de Caquetá y le dañaron la cabeza. Cuando salí del secuestro, me confesó. Y le dije ‘ayúdeme a que cojamos a los otros y yo lo voy a ayudar a usted a que salgamos adelante’ y la verdad es que lo hemos ayudado.Entiendo que incluso le pagó el abogado. ¿Cómo va ese proceso?En este momento él está libre, lo van a desligar totalmente en la Fiscalía de ese proceso. Yo espero que salga bien, el abogado me ha dicho que tiene el 80 % ganado. Él no va a volver a la cárcel, tiene que presentarse. Pero él ya está trabajando en otro lado y la familia está tratando de salir adelante.¿De esa experiencia salió esa frase suya de que en Colombia tenemos que aprender a perdonar, porque si no vamos a seguir matándonos? Sí, porque ese es el camino. Las únicas que no perdonan son las mujeres cuando el marido les es infiel, como que eso no se les olvida nunca.¿Por eso le apuesta a las segundas oportunidades?Todos en el fondo hemos tenido una segunda oportunidad. Uno ha tenido fracasos y ha tenido una segunda oportunidad. Hasta una tercera. El día en que los colombianos nos perdonemos, ese día este va a ser otro país.¿Ahora que se discuten escenarios del posconflicto, cómo puede un empresario aportar a la reconciliación?Yo creo que los empresarios somos los que tenemos la gran responsabilidad de aportarle a la reconciliación. Vengo leyendo los resultados de los encuentros que se han hecho en el país. Creo que el gran facilitador de la reconciliación es el empleo; un ambiente donde seamos capaces de admitir a todas esas personas que se van a reintegrar a la sociedad. ¿Usted cree que los empresarios serán capaces de emplear ex guerrilleros, si se firma la paz?A la gente le da susto la reintegración. Pero yo creo que en la medida en que seamos conscientes y nos perdonemos, se nos tiene que quitar el susto. Los colombianos tenemos que admitir que aquí se produjo una guerrilla por causas que tienen sentido social, y con eso no quiero parecer guerrillero. Por supuesto que luego llegó el narcotráfico y ese ha sido el combustible para que la guerrilla no se acabara. El mundo ha demostrado que los cambios sociales no se dan con armas si no con desarrollo. Colombia democráticamente se tiene que abrir. Pero hay mucho escepticismo frente a la posibilidad de que la guerrilla llegue al Congreso...Yo no veo porqué nos asustamos de que al Congreso vayan diez guerrilleros, si no nos hemos asustado de que vayan 30 paramilitares. Si la paz de este país dependiera de que los que estuvieron en la guerrilla vayan al Congreso, que no vayan diez, que vayan 20, pero que hagamos la paz.Y fíjese, varios miembros del M 19 han ido al Congreso. El señor Navarro demostró, como exguerrillero y como socialista, que fue el mejor alcalde y el mejor gobernador de Nariño. Entonces, cuál el susto. Si queremos la paz se nos tiene que quitar el susto. ¿Confía en que con el presidente Santos el país va a encontrar esa paz? ¿Le apuesta a la reelección?No voté por Santos la vez pasada. Soy fajardista furibundo. Pero le estoy apostando a Santos esta vez. Tengo 69 años y nunca había visto la paz tan cerca como la veo ahora. Y como dijo Mockus, y si lo está haciendo bien, tenemos que seguirlo apoyando, para que salga bien. La prioridad que tiene Colombia en los próximos diez años es que vivamos en paz. Tenemos que reconciliarnos socialmente con la guerrilla, eso sí, denle garrote a los bandidos y a los narcotraficantes.

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