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    Si el proceso fracasa, sería otra derrota para las Farc: Antonio Navarro Wolff

    Abril 08, 2013 - 12:00 a.m. Por:
    Margarita Vidal | El País
    Si el proceso fracasa, sería otra derrota para las Farc: Antonio Navarro Wolff

    El ex candidato presidencial Antonio Navarro Wolff.

    El ex candidato presidencial Antonio Navarro Wolff, anuncia que habrá tercería en la próxima contienda presidencial. Y que Santos no es el único capacitado para lograr la reconciliación.

    Cuando asesinaron al carismático Carlos Pizarro Leongómez, ex comandante del M19 –entonces candidato presidencial– en pleno vuelo de un avión de Avianca, menos de dos meses después de firmar el acuerdo de paz con el Gobierno, Antonio Navarro asumió el mando y decidió mantenerse en los acuerdos. Cuando César Gaviria asumió la Presidencia, lo nombró ministro de Salud y una nutrida votación popular le dio a su movimiento político 19 escaños en la Asamblea Nacional Constituyente, que diseñó la nueva Constitución política del país. Tiempo después, Navarro fue elegido por votación popular alcalde de Pasto y gobernador de Nariño, donde se desempeñó con acierto. Resulta pertinente, frente al actual proceso de negociación en La Habana, recordar episodios que permitieron que la desmovilización de esa guerrilla y su incorporación a la vida política llegaran a feliz término, a pesar de la hecatombe del Palacio de Justicia y del asesinato de su líder.Frente al actual proceso de paz, sería bueno recordar por qué se desmovilizó el M-19...Porque nos convencimos de que el alzamiento armado no tenía futuro y había que buscar otro camino. Hicimos un cese al fuego unilateral porque sabíamos que no íbamos a ganar nunca, así que mientras negociábamos, medíamos el apoyo público que teníamos.¿Qué quiere decir eso?En enero de 1990, sin firmar los acuerdos de paz y con autorización del Gobierno, hicimos política en Bogotá y descubrimos que teníamos un apoyo tremendo. Era la mejor manera de dejar las armas y buscar los votos para lograr nuestros objetivos políticos. Firmamos dos meses después.Cinco años antes, la hecatombe del Palacio de Justicia los había dejado sin aire político. ¿Qué significó para usted esa acción suicida?Yo estaba herido y fuera de la línea de mando, de modo que no participé en esa decisión. Vivía en Cuba, donde me recuperaba de un atentado en Cali. Vi por televisión la grabación de los tanques entrando al Palacio de Justicia. Mi posición fue que había sido un error garrafal que nos quitó el apoyo público.¿Qué pasó entre ese momento (85) , y aquel (90), en que firmaron la paz?Fue una época muy dura. Exterminaron a la Unión Patriótica y a nosotros nos diezmaron por docenas. Aunque teníamos la prevención de que si firmábamos la paz nos iban a matar, decidimos mantenernos en esa línea. Pizarro, que era enormemente carismático, tenía un apoyo tremendo. Así que firmamos el 9 de marzo de 1990 y el 26 de abril asesinaron a Carlos. ¿Por qué la muerte de Pizarro no acabó con ese proceso?Asumí el mando y la primera decisión fue la de enterrar a Pizarro en paz, sin desórdenes. Él estuvo dos días en la Plaza de Bolívar a donde llegó un río de gente, y al entierro fue un millón de personas. Mi conclusión fue que a Pizarro lo mataron no por ser un desmovilizado del M-19, sino un candidato a la Presidencia de la República. ¿Qué significaba esa diferencia?Ya habían matado a Luis Carlos Galán y a Bernardo Jaramillo. Era un intento de desestabilizar el proceso electoral del 90 por el Cartel de Medellín. Todos los candidatos nos tuvimos que encerrar.¿Qué explica la gran votación que obtuvo el M-19 en las elecciones para la Asamblea Constituyente?Gaviria me nombró ministro de Salud, donde me fue muy bien. Pusimos a andar la Superintendencia Nacional de Salud y empezamos a hacer investigaciones sobre corrupción en el sector, lo cual nos ayudó a consolidar una buena imagen. Y porfiar en la paz, a pesar del asesinato de Pizarro, nos catapultó. Como ex ministro de Salud, ¿cómo ve la actual reforma?Tiene cosas buenas, pero también riesgos. Es esencial que la atención de salud sea prestada por entidades territoriales definidas, que corresponda a sus condiciones de morbilidad y de enfermedad, y ya hay una aproximación a que sea así. El asunto de fondo es el manejo del dinero. Se requiere el fortalecimiento de la Superintendencia y del Ministerio de Salud, de unos organismos de control sólidos y operantes. El M-19 había secuestrado dos años antes a Álvaro Gómez, ¿cómo fue posible la alianza entre ustedes dos?Aunque yo estaba en el exterior cuando lo secuestraron, participé en el proceso de su liberación y, tal vez por eso, él se avino a conversar conmigo. Acordamos entonces la dirección tripartita y se lo comunicamos a los liberales. Revocaron el Congreso y el nuevo resultó igual o peor. ¿Qué pasó? Los Constituyentes tomamos una decisión muy debatida, que fue la de auto inhabilitarnos como candidatos para el período siguiente. La equivocación no fue esa, sino haber permitido la llamada ‘Operación avispa’, que facilitó la proliferación de listas, con el resultado de que ganaron otra vez los clientelistas. Es decir, los mismos con las mismas. A la luz de esa experiencia, ¿cómo ve los diálogos de paz en La Habana?Pues yo tengo un optimismo moderado. Los de las Farc son muy difíciles, muy mañosos. Pese a lo que ha pasado, siguen siendo muy arrogantes y se sienten más de lo que realmente son. Me parece que pueden llegar a tener aspiraciones exageradas en la mesa de negociación. Pero a la vez soy optimista y me niego a creer que las Farc no se hayan dado cuenta de que en América Latina se puede llegar a gobernar ganando elecciones, pero no a través de enfrentamientos armados.¿Qué pasará si fracasa este intento?Están diciendo que no habrá pasado nada. No lo creo así. Sería otra derrota política para las Farc y habría grandes consecuencias militares contra ellas. Tenga la seguridad de que quien llegue a la Presidencia en 2014 hará un esfuerzo militar, sin precedentes, que afectará notoriamente a las Farc. Y el Gobierno también tendrá un gran costo político. ¿Pero ve algún signo positivo?La agenda tiene temas complejos pero negociables, y eso es positivo. Creo que hay una probabilidad, mayor al 50%, de llegar a una negociación exitosa. Si no, ¿qué sentido habría tenido para las Farc aceptar un nuevo diálogo?En sana lógica no tendría sentido exponerse a una nueva derrota política. El hecho de que posiblemente estén movilizando a un montón de gente en zonas rurales para hacer marchas y movilizaciones, y haciendo presupuestos políticos, es que sea porque están pensando en dar el paso. Ese sería un síntoma a favor de un proceso exitoso. ¿Cómo afectará esa oposición radical de Álvaro Uribe a la paz?Difícil saberlo, porque los procesos previos contaron con mucha unanimidad. Para que el actual tuviera estabilidad hacia el futuro, tendría que pasar por una refrendación popular que debería ser un plebiscito para decir “Sí ó No”.¿Por qué no una Constituyente?Porque puede salir mal. La idea de que la Asamblea le daría el triunfo a los defensores del proceso, no está garantizada. Una Constituyente, aun con límites, se puede ocupar de otros temas, como en la del 91. Y le garantizo que no sería formada con muchos intelectuales y profesores de Derecho Constitucional y pocos políticos, sino que participarían absolutamente todos los partidos. ¿Para qué abrir esa caja de Pandora?¿Qué opina de la posición de Andrés Pastrana contra el proceso de paz?Pues, sinceramente, los ex presidentes podrán ser ‘muebles viejos’, pero no se dejan retirar. Deberían aprender de Benedicto XVI, que renuncia y se va a un convento. Ellos no deberían fregar más.Si se logra un acuerdo de paz, ¿Santos será reelegido automáticamente? No. Si sale mal, perdería. Si sale bien, podría ganar, pero no está garantizado. Enrique Santos dice que, para que haya paz, su hermano debe ser reelegido. ¡Ni que estuviéramos en un país de huérfanos, y no hubiera nadie más con esa capacidad! ¿Acaso la disyuntiva es: paz con Santos o guerra con Uribe? No, en este país hay mucha gente capacitada para intentar una reconciliación. ¿Como quiénes?Como los que se han expresado estos últimos 20 años: la Ola Verde de Mockus, los que casi eligen a Noemí Sanín en 1998, los que nos dieron a los del M-19 el triunfo para la Asamblea Constituyente. ¿Hay opción de que se vuelvan a presentar en 2014? Yo sí creo, y lo demostró el gran interés que despertó la reunión sencilla que hicimos en Medellín con el nombre ‘Pido la Palabra’.¿No quedó eso en ‘agua de borrajas’?No, cada hora trae su afán. A mitad de año aparecerá la alternativa y habrá una consulta popular para elegir una candidatura presidencial, por una tercería. Hoy la parte gruesa de los ciudadanos espera una alternativa de ese tipo.La gran pregunta es qué pasará con un Polo desintegrado. ¿Por qué tiene la Izquierda una vocación suicida?Porque no es capaz de manejar la diversidad, que es un activo, si se maneja bien, y un pasivo, si se maneja mal. Fue lo que le pasó al Polo y por eso estamos en busca de una alternativa, un estilo más flexible para manejar la diversidad.¿Será candidato a la Presidencia?Yo ya calmé la fiebre de poner en la hoja de vida: ex candidato presidencial, cosa que no sirve para nada.No tendrá ansiedad ya, pero me parece que sí tiene expectativas...Sé lo que es perder, y es feísimo. Entonces estoy tranquilo. Si se logra una tercería buena, y no tengo que participar, ¡perfecto! Si llegase a ser bueno que yo estuviera en esa baraja, ¡perfecto! Pero lo haría con la frescura que apoyé a Carlos Gaviria cuando perdí mi tercer intento presidencial, en la consulta del Polo. Hay que tener la generosidad que le falta a la política colombiana.¿Cómo analiza el gobierno de Santos?Ni tan malo como dicen sus opositores, ni tan bueno como dicen sus amigos. Ha hecho bien en política internacional, al restablecer relaciones con los vecinos y América del Sur. Me parece bien hasta el programa –electorero– de que les den vivienda gratis a cien mil de las familias más pobres. Lo malo: Santos es totalmente clientelista al repartir la ‘mermelada’. El manejo de las relaciones económicas es equivocado: hacer TLC en medio de una revaluación incontrolable, hace que en este país sea más rentable importar que producir.

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