Ser hijo de Florence Thomas y Dilian Francisca Toro

Ser hijo de Florence Thomas y Dilian Francisca Toro

Mayo 13, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Merit Montiel Lugo y Claudia Liliana Bedoya | El País
Ser hijo de Florence Thomas y Dilian Francisca Toro

La feminista Florence Thonas y sus hijos Nicolás y Patrick Morales.

¿Cómo es ser hijo de Katherine Porto, Florence Thomas, Dilian Francisca Toro y Flavia Dos Santos? Entérese.

Ser hijo de... Florence ThomasComplicado y a la vez divertido resulta ser hijo de Florence Thomas, la reconocida y aguerrida feminista francesa que ha librado mil batallas en contra del machismo en Colombia.Así lo reconoce su primogénito Nicolás Morales Thomas, de 42 años, quien revela que él y su hermano Patrick Morales, de 39, ya están acostumbrados a que un buen día vean cómo una mujer se acerca a su mamá en el supermercado para felicitarla por una columna en la que le ha dado ‘palo’ a los hombres. O cómo les ha tocado también observar al señor que baja el vidrio del carro y le grita una grosería. “Eso ha sido siempre. Es que mi mamá genera pasiones encontradas”.Por fortuna, dice, él y su hermano se mueven en círculos culturales, lo que les ha permitido no tener tantos infortunados encuentros con gente que rechaza las posiciones feministas de su mamá. Pero no dejan de existir las anécdotas.Como la ocasión en que, estando en una fiesta, Nicolás oyó que varios de los asistentes estaban “hablando muy mal de mi mamá y me tocó terciar y decir que me declaraba impedido para opinar porque yo era el hijo de Florence Thomas... ¡y todos se quedaron callados!”, recuerda él, quien se desempeña como Editor de la Universidad Javeriana (los libros y textos que publica este centro educativo deben pasar por sus manos).En otra ocasión, trabajando en el Ministerio de Cultura, hubo un nombramiento de una nueva Ministra. Y mientras a sus compañeros de gabinete los presentaron a la alta funcionaria mencionándoles el cargo que ocupaban, a él lo presentaron así: “Y este es el hijo de Florence Thomas. Aunque esa noche me molestó mucho porque yo también tenía una identidad, un oficio, un trabajo que mostrar, a lo largo de los años este hecho me ha parecido divertido”, comenta.También le resulta gracioso que la mayoría de la gente imagine que en su hogar todo marchaba bajo un régimen nazi, con una madre que seguramente ejercía como feminista autoritaria y radical también en casa. Y que por eso él y su hermano debían estar sometidos constantemente a realizar tareas domésticas. Y no, todo lo contrario, asegura Nicolás, en ese sentido su mamá fue una cómplice de sus hijos varones.Así lo corrobora la misma Florence Thomas, quien reconoce entre risas que de alguna manera secundó la cultura patriarcal en su propio hogar, pues a veces como madre no ha sido coherente con su feminismo. “He hecho traiciones”, porque “no estoy todo el tiempo diciéndome soy feminista, soy feminista”, agrega. No, dice, yo soy una mujer común y corriente, pero con una sensibilidad, una mirada algo distinta. Ahora, asegura, creo que nunca le he dicho a un hijo ‘no llore, que usted es un macho’, por el contrario, le digo, ‘cuando quiera llorar, llore’. Pero sí he cocinado para ellos, les he hecho desayuno y les he tendido la cama, comenta jocosa y sin remordimientos.Más que enseñarles a ordenar su habitación y a tender la cama, les enseñó lo que significaba ser mujer en este mundo, a respetarlas a ellas, a admirarlas; a saber escuchar, a debatir, a ser sensibles con la pobreza, a comentar el periódico desde que estaban chiquitos, a valorar la lectura y el valor del diálogo. “Eso sí creo que lo logré”, comenta orgullosa.Recuerda Nicolás que cuando muchachos, al llevar amigos a su apartamento, estos salían un poco escandalizados de las cosas que decía su mamá sobre el aborto, la homosexualidad, el derecho de las mujeres a planificar, “era una cosa muy radical pero también muy divertida”.Y aunque su pensamiento siempre ha sido muy liberal, revela Nicolás riendo, en el hogar no permitía un ambiente libertino. “Ella decía que una de las cosas que más le gustó de joven era que el amor complicado se disfrutaba más, entonces no nos daba la opción de que nuestras parejas sexuales se quedaran en casa porque decía que cuando es más difícil es más rico, así que teníamos que inventarnos cosas o hacerle trampa”.Los críticos de Florence Thomas no se imaginan lo dedicada que es como mamá. “Es una mujer bastante tranquila a la que le encanta cocinar, pues heredó todos los talentos gastronómicos y culinarios de mi abuela francesa; es muy maternal, aunque nosotros ya somos cuarentones está pendiente de si tenemos mercado, de si hemos comido bien, de si estamos agripados, etc. En ese sentido mi madre entra en las categorías muy tradicionales de madres de este país”. Dice que de niños no los regañó mucho, incluso cree que es “más regañona” ahora que ya se fueron de la casa y construyeron sus propias vidas. A ella le parece el colmo que cuando llega de sorpresa a cualquiera de los dos apartamentos (al de Nicolás o al de Patrick) encuentre los platos sucios o las camisas sin doblar y “es cuando grita sus famosas frases: ‘los hombres son todos iguales’, ‘no he sido capaz de educar mis hijos’, pero en el fondo, son regaños benéficos y cariñosos”. Confiesa Nicolás que Florence no fue una mamá muy consentidora, pero tampoco muy estricta. Fue una mujer muy tranquila, que no les impuso a sus hijos nada y que después de separada de su padre “tuvo muchos hombres a su lado, y eso, evidentemente para unos chicos, también era particular, mi madre quería gozarse la vida y se la gozó, se la gozó con muchos hombres; le encantaba bailar salsa con sus estudiantes de la Universidad Nacional y a nosotros todo eso nos parecía muy raro, porque los padres de nuestros compañeritos eran todos clásicos, bien casados, en cambio a mi madre le gustaba la buena vida, la rumba, tuvo todo ese periodo heredado de los años 70 donde también era importante divertirse”. Fue una mujer a la que le gustó la marihuana, como a muchos de los adultos de esa época, dice Nicolás. “Y nosotros nunca probamos hierba, no nos gustaba. Y mi mamá nunca nos obligaba ni mucho menos. Ella nos decía que no teníamos que heredar de ella ni lo bueno ni lo malo. Que fuéramos nosotros mismos. Nunca ha habido imposiciones de ningún tipo”.Ser hijo de... Dilian Francisca ToroJulio César Caicedo Toro, el hijo de la senadora Dilian Francisca Toro, hoy, a sus 11 años, comenta que no le gustaría ser político porque “uno tiene que andar siempre muy ocupado, como vive mi mamá. Ella anda ocupada a toda hora. A veces no puede salir con su familia el sábado y todas las semanas tiene que viajar a Bogotá. En época de campaña se levanta a las 4:00 a.m. y llega a las 12:00 p.m. a la casa, duerme como cuatro o cinco horas”. De ahí que los días en que tiene a su mamá a su lado (lunes, viernes, sábado y domingo) Julio quiere aprovecharla al máximo. Cuenta que la senadora lo ayuda a hacer las tareas y a estudiar, van al cine, salen a comer, hacen ejercicios juntos en el gimnasio de su residencia y se deja consentir: “Me acaricia, me muerde la oreja”.Los domingos, asegura Julio, siempre salimos. “Ese día ella más o menos contesta llamadas, pero está más concentrada en mí, en mi papá, en la familia”.Reconoce la congresista que lo más difícil de su rol de mamá ha sido el poco tiempo que tiene para compartir con el niño, pero dice, “he tratado de que el tiempo que le dedico sea de calidad, todo el día estoy llamando: dónde está, si está estudiando o no. Que haga deporte porque eso disciplina, lo hace mejor persona”. Julio confiesa que le gusta ver a su mamá dando discursos, como una vez, en Guacarí, “porque habla fuerte, mueve las manos y lo hace con seguridad”. Pero, en cambio, reconoce que es algo aburridor que “a veces, cuando salimos de los restaurantes, llega un poco de gente al carro a pedirle favores. Pero yo no hago nada, me subo al carro, porque no se puede hacer nada”. A pesar de ello, le gusta el trabajo de su mamá, “porque podemos viajar con ella para cualquier parte y ella hizo una ley del tabaco y dijo que no se podía fumar en sitios públicos. Eso me parece buena idea porque los que fuman afectan a las otras personas, ya que contaminan el aire”.

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