Sector privado debe ser más solidario con el proceso de paz: esposa de César Gaviria

Diciembre 08, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés
Sector privado debe ser más solidario con el proceso de paz: esposa de César Gaviria

Ana Milena Muñoz, esposa del expresidente de Colombia César Gaviria.

Ana Milena Muñoz de Gaviria dice que le gusta el gobierno de Santos y su apuesta por la paz. Cree que los expresidentes están entre dos aguas. No se quiere jubilar y por eso estudió arquitectura.

Hace 19 años un perfil publicado en El Tiempo retrataba de cuerpo entero a Ana Milena Muñoz de Gaviria:“No se recuerda en los más de 170 años de historia de Colombia una Primera Dama como Ana Milena Muñoz. Por quien es y por lo que ha hecho, sí. Pero también por las polémicas en las cuales se vio inmiscuida. Ella transformó el perfil de Primera Dama decorativa en la escena pública hacia una mucho más controvertida, incluso, con una decidida presencia internacional. “El talante de Ana Milena no pasó inadvertido”. “Una verdad contundente es la cantidad de recursos y programas en los que tuvo incidencia. Según cuentas de su despacho, a diciembre de 1994 había gestionado US$26 millones y no se detuvo en peros para abrirle el bolsillo a la empresa privada”. Hoy, esta economista de 56 años asegura que como jamás aceptará jubilarse, quiso añadirle a su palmarés una Maestría en Historia y una nueva y soñada carrera: Arquitectura. En esta entrevista dice que se siente realizada y feliz y que, una vez con el cartón en la mano, emprenderá proyectos arquitectónicos y urbanísticos.Dijo en una entrevista que fue duro salir de la Presidencia, ¿por qué?Porque uno está muy activo y volver a arrancar es difícil. Hay una especie de desaceleración del ritmo que se trae y a pesar de que en Washington organizábamos foros de mujeres y, a través de la OEA, un Festival de Cine Latinoamericano y otros eventos, no fue fácil para nosotros. Era un cambio total de vida.Dicen que un período presidencial es poco. ¿Cree que a su marido le quedó faltando otro?La Constitución del 91 prohibió la reelección y César nunca se opuso. Por el contrario, en esa época Latinoamérica tenía un síndrome reeleccionista y las constituciones se cambiaban como sucedió con Fujimori o con Menem. Lo que se buscaba con la prohibición era fomentar la renovación en la política y preservar los pesos y contrapesos que disponía la nueva carta. En principio yo tampoco estoy de acuerdo con la reelección, pero aquí ya es una posibilidad y si un presidente lo está haciendo bien, me parece deseable que continúe su labor. Claro que eso depende porque, si bien a Álvaro Uribe le fue bien en el primer gobierno, hay dudas frente al segundo. César tenía una gran popularidad a la salida porque había encaminado al país hacia una serie de reformas que después se perdieron un poco en el camino, pero me es muy difícil decir qué hubiera sido mejor. Sí, superaba el 70 %, pero también había tenido unos índices bajísimos por el ‘apagón’ y la fuga de Pablo Escobar. Hoy Santos tiene baja popularidad en las encuestas - a pesar de alguna mejoría - . ¿Cree que repuntará para ganar en mayo?Así creo. Y le cuento que a mí me gustan el presidente Santos y su gobierno. Me parece que es el candidato para las actuales circunstancias. Él está jugando una carta difícil con la paz, que no implica solamente negociar y eventualmente firmar el acuerdo con las Farc, sino también algo tan complejo y delicado como es la aclimatación del proceso y el manejo del posconflicto. Yo estoy convencida de que el país está bien encaminado, y si usted me pregunta cuáles son los requisitos que yo creo indispensables para afrontar una eventual firma de la paz, le contesto que son desarrollo económico, inversión social y justicia pronta y cumplida. Hay varios sectores inconformes...Sí, algunos sectores como el industrial atraviesan por un momento difícil como consecuencia de la apertura de importaciones y los TLC. Por eso creo que se impone una política que propicie el desarrollo del campo con una inversión económica y social muy grandes, para ayudar a muchísimas más personas a salir de la franja de la pobreza.¿Cree que la empresa privada deberá colaborar con más generosidad a esta empresa de la paz?El tema de la paz pasa por la pobreza y la desigualdad, que originan inconformismo y violencia. Yo siempre he pensado – por desgracia no es un tema tan claro para todo el mundo - que todos tenemos que asumir una responsabilidad mucho más amplia para ayudarle al gobierno a superar y a financiar el problema de la guerra y de la inequidad. Todos deberíamos aportar y ser parte de la solución. Desde luego hay mucha gente que ayuda, pero creo que a ese respecto el gobierno podría tener una labor mucho más proactiva para buscar, a través de proyectos específicos, que el sector privado sea más solidario.No falta quien diga que paga sus impuestos, pero de lo que se trata es de que cada uno aporte más de lo que le toca y decida en qué otros aspectos su colaboración puede ayudar a resolver al menos una parte de los problemas.A muchos les resbala porque ven la guerra como algo ajeno.Pues no es así, el conflicto nos afecta a todos por igual y uno tan prolongado como el nuestro deja secuelas tan profundas, que no podemos quedarnos esperando a que el gobierno lo arregle todo solo. ¿O será que alguien duda que si la paz se logra los beneficios nos llegarán a todos? Por desgracia aquí nos hemos acostumbrado a un Estado paternalista y a que las cosas se consiguen más fácilmente a través de la violencia, y eso me lleva a otro tema más complejo todavía, que es el de la justicia. El Gobierno anunció que se le medirá a una reforma el año entrante.Es una iniciativa muy positiva porque se ha hecho más que evidente que aquí hay desajustes y que en la medida en que no tengamos una justicia ejemplarizante y no reduzcamos los niveles de impunidad muchos de esos problemas no se resolverán. Es curioso que el temor de infringir la ley que muchos sienten cuando van a otros países, aquí no lo tengan, porque con demasiada frecuencia la justicia no actúa. ¿Cómo esta viendo la pelotera de los expresidentes?Ellos son referentes para el país y para los colombianos, estén en lo que estén. Y creo que esto que está pasando no es bueno para nadie. Claro, cada uno tiene su verdad frente a los hechos y situaciones y quizás como se trata de gente relativamente joven todavía quieren conservar cierto protagonismo. Por otra parte, está la posibilidad de la reelección - y no estoy diciendo que los expresidentes estén aspirando a ella - pero de todas maneras es una carta que está sobre la mesa. Eso no sucedía antes cuando también opinaban pero no estaban activos en la política. Pasa diferente en otros países como Estados Unidos donde, por ejemplo, Jimmy Carter creó una fundación proactiva en temas de paz, o Clinton hizo una fundación de la lucha contra la pobreza. Nuestros expresidentes están todavía entre dos aguas: a pesar de que desarrollan actividades en temas externos en otras partes del mundo, conservan vigencia. Pero, repito, no creo que la situación actual sea buena para el país.¿Le gusta que Simón, su hijo, se haya dedicado a la política?Me parece bien, si es lo que le gusta. Desde cuando César era ministro de Hacienda, Simón, muy chiquito, tenía ya un gran interés en la política y aunque tenía pensado trabajar primero un tiempo y después hacer política, parece que se le acortaron las etapas. Yo siempre he pensado que si mis hijos se pueden realizar como personas en el área que escojan, está bien. ¿Y no cree que ha llegado la hora del retiro del padre? El presidente López Michelsen decía que se había hecho “una solterona de la política”, esperando el retiro de su padre, porque no debía haber dos López en la política. ¿Habrá dos Gavirias?No, yo creo que lo que debe pasar, e irá pasando, es que César se va a ir retirando. Tiene 66 años y todavía muchos ánimos, pero lo ideal es que cada vez tenga menos protagonismo. De hecho a María Paz también le hubiera gustado mucho meterse porque ella es la más política de todos, pero frente a las aspiraciones de Simón ella ha dado un paso al costado. Pero sin duda sufre, ¿o me dirá que no la afectó el escándalo en que se vio envuelto Simón cuando el chasco de la reforma a la justicia ?Sí claro, pero hay momentos en los cuales una cualidad se puede convertir en defecto y voy a explicarle por qué: Simón está acostumbrado a decir la verdad. Probablemente en esa ocasión hubiera podido omitirla, porque fue una verdad muy costosa. Yo no he hablado de eso con él, para no molestarlo y porque trato de no cuestionarlo. Personalmente creo que el Gobierno les pidió apoyar la reforma como fuera. Después el Ministro se desapareció y quien asumió el costo político fue Simón, al reconocer que no había leído la última versión de la conciliación. ¿Podría suceder que su marido se dejara tentar por una reelección?No, es algo totalmente descartado.Cambiando de tema, usted había cumplido ya 50 años cuando decidió estudiar arquitectura. ¿Cómo se ha sentido nuevamente de universitaria? Muy bien. Me gustaba arquitectura pero estudié economía, carrera en la que nunca me hallé. Claro que ahora pienso que si hubiera estudiado arquitectura a esa edad, tal vez no hubiera sido lo mismo. Ahora la aprovecho mucho más, soy consciente de cada cosa, aprendo, la nota no me importa mucho, pero me va bien y ha sido una gran experiencia, quizás la más importante. ¿Y sigue siendo usted tan irreverente?Sí, soy un poco irreverente a veces con los profesores, pero con respeto. Fue un cambio rotundo, pero creo que por primera vez –y no me da pena decirlo - estoy haciendo algo en lo que me siento plenamente realizada. La experiencia ha sido maravillosa. Además, tengo intenciones de ejercer la profesión. ¿Cómo se sintió el primer día de clase?Los primeros días fueron terribles porque yo soy muy tímida y no conocía a nadie. Cuando entré, los muchachos creyeron que yo era la profesora. Usted fue la madre de Colfuturo, que en su época de Primera Dama le costó un escándalo de proporciones. ¿23 años después cuál es el resultado? A mí no me importa hablar del tema porque pienso que eso fue un ataque de tipo político. Creo que está demostrado que Colfuturo ha sido un instrumento importante y que dentro de la filosofía que yo tengo de que las cosas no solamente deben estar en manos del Estado, sino también del sector privado, las cosas han funcionado bien. Colfuturo no solamente se ha mantenido, sino que ha logrado crecer – nosotros arrancamos con US$20 millones y hoy tiene US$40 millones- y ha cumplido con el objetivo de enviar estudiantes al exterior, en una tarea complementaria con el Icetex para que se puedan hacer posgrados y doctorados en excelentes universidades del mundo. Estudiar afuera no es barato, ni para el que tiene, ni menos para el que no tiene. Entonces darles esa posibilidad ha sido importante porque no solo mejora las posibilidades de nuestros profesionales, sino que enriquecen también la vida académica del país. El maestro Darío Echandía acuñó hace años su famosa frase de: “¿El poder para qué?”, siempre mal interpretada. ¿Cómo interpreta usted la pregunta?El poder es para hacer cosas y yo creo en eso. Hay distintas formas de verlo, pero, en lo que a mí respecta el poder es para ejecutar cosas y para ayudarle a la gente. Naturalmente, el poder está relacionado con la política y eso ya es otro juego porque no todos entran en él con las mismas metas, pero yo creo que, si hay vocación de servicio, el poder es para generar cambios y reformas y para desarrollar políticas que cambien y transformen el país.¿Le dolía que la criticaran? Sí, pero como en todo, en la vida hay salidas cuando uno sabe que está haciendo las cosas bien. Una de ellas era ir a las regiones. Cada vez que lo hacía, regresaba feliz. Siempre encontraba gente agradecida con nuestro trabajo y había un reconocimiento. Es que la opinión pública se mueve prioritariamente es en Bogotá, donde la crítica no perdona, pero la verdad es que la política se mueve mucho en las regiones donde hay percepciones distintas a las que agitan los medios. A mí lo que más rabia me da son la injusticia y la mentira”. ¿Y cómo ve su futuro inmediato?Ya con el cartón en la mano, quiero trabajar, construir casas de interés social y también proyectos privados.

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