Secretos de familia son más comunes de lo que parecen

Abril 03, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Meryt Montiel Lugo, editora Equipo de Domingo
Secretos de familia son más comunes de lo que parecen

Existen historias que las familias ocultan con tanto recelo, que incluso trascienden por generaciones. ¿Es bueno develar los secretos siempre? Historias de ‘guardados’ que salieron a la luz.

Son tan comunes que podría decirse que todas las familias guardan secretos, historias que ocultan con tanto recelo, que incluso trascienden por generaciones.Los hay de diversa índole, pero de acuerdo con especialistas consultadas, los más cotidianos son los que hacen referencia a las infidelidades, adopciones, homosexualidad, abusos sexuales, incestos, homicidios, quiebras económicas, suicidios, prostitución, abortos, relaciones e hijos extramatrimoniales, enfermedades estigmatizantes como el sida, el alcoholismo o la esquizofrenia, etc.De acuerdo con Margarita Saldarriaga, coordinadora de la maestría en Familia de la Universidad Javeriana, son muchas las razones por la que una información no se devela dentro del círculo familiar. “Por prejuicios, prohibiciones de los grupos familiares, por vergüenza, por gravedad de una situación, por amor, entre comillas, en el sentido de creer que se ama tanto que no se puede contar algo vergonzoso o doloroso. Esa es una manera de interpretar el amor y eso realmente no es amor. Pero se suele decir: ‘por amor yo no te dije tal cosa’”.Tengan las razones que tengan, tarde o temprano la revelación de un secreto trae consecuencias y éstas son directamente proporcionales a la importancia, al significado del hecho reservado y al receptor del mismo.Un hijo al que se le dice que su papá murió de un infarto, comenta Saldarriaga, puede idealizar a ese papá, pero cuando se entera de que éste fue asesinado por un crimen pasional o se suicidó, su sentir hacia ese padre cambia, por el impacto de ese secreto.Contar o no contar: el dilema“Es muy difícil decir que siempre se debe contar un secreto”, manifiesta la psicóloga Gloria Hurtado, porque depende de muchas circunstancias. “La infidelidad no se le debe revelar al compañero si esta información no le va a aportar nada”.Todo depende de la clase de secreto, coincide la psicóloga Fátima González Rojas, especialista en familia de la Universidad Javeriana. Que la mamá le cuente a su hijo pequeño que su papá tiene otra, esa clase de secretos son nocivos para el menor, él no tiene recursos para manejar esa información, viene el juego de lealtades, se pierde la jerarquía de autoridad, es ponerlo al nivel de un adulto. “Habría que evitar la revelación de esa clase de secreto. Si se le dice a un adulto éste busca un soporte, activa su red de apoyo, busca consejos, es algo que le va a favorecer a la familia. A un niño le genera daño”, precisa González Rojas.Las adopciones, coinciden las tres psicólogas entrevistadas, son secretos que se deben confesar y cuanto más temprano mejor.“Se le puede ir hablando al niño metafóricamente, se va procesando esa información para que él la vaya digiriendo: ‘papá y mamá no pudieron asumirte, nosotros te hemos querido y escogido’. A medida que el niño adoptado vaya integrando esa información la va asimilando y aceptando”, explica la psicóloga Gloria Hurtado.Hay que analizar las consecuencias de la develación de una información y tomar ciertas precauciones antes de revelarla (ver microformato).Y tener en cuenta que hay secretos dañinos que no admiten tomar mucho tiempo para confesarlos, tal como explica González Rojas.“Si alguien revela que quiere suicidarse hay que tomar acciones rápidas: llevarlo a cita con un psiquiatra, hospitalizarlo, hacer algo. O cuando se sabe de la planeación de un homicidio, del abuso sexual a una niña. Hay que denunciar, separar a la niña de ese hogar. No se puede guardar un secreto cuando se pone en riesgo la vida o el bienestar de alguien”.Hijo extramatrimonialLa psicóloga Margarita Saldarriaga rememora la revelación de un secreto que, manejado con cautela, fue una experiencia enriquecedora para una familia.Es el caso de una pareja conformada por una mujer que en su anterior matrimonio había sido víctima de violencia, que tuvo cuatro abortos y no podía tener bebés y el de un divorciado con una hija adolescente.Hubo dificultades en esta pareja recién configurada y el hombre tuvo una aventura con una compañera de trabajo que quedó embarazada. Él guardó el secreto, pero tiempo después se lo confesó a su esposa y le dijo que quería hacerse cargo del bebé. Ella se puso bastante mal, le pidió que se fuera de la casa, que no podía soportar esa situación. Sin embargo, tiempo después, ambos decidieron ir a terapia individual. Él regresó al hogar, la bebé nació “y hoy es parte de ese grupo familiar. La nena tiene una hermana mayor, una madrastra, una mamá y un papá. La situación se resolvió exitosamente y hoy la niña tiene un nicho emocional bastante fuerte”.AdopciónMargarita reconoce como un error haber callado en la familia la adopción de su hermano Gerardo.Ella cuenta que a su mamá, una enfermera, y a su padre, jefe de recursos humanos de una clínica, se les presentó la oportunidad de adoptar un niño, el varón que habían deseado, ya que tenían dos hijas. ”Yo tenía 11 años y mi hermana 13. Al llegar Gerardo él se convirtió en la alegría de todos”.No se le habló de la adopción, dice, porque “no nos sentíamos preparados para contarle”. A los 4 ó 5 años una vecina se lo dijo y le sembró la duda. Tiempo después, el psicólogo nos sugirió contarle a través de un cuento, pero él lo evadió, dijo que no quería hablar de eso. A los 6 años, él me narra el mismo cuento y me dice: ‘el de la historia soy yo’.Nunca más volvimos a tocar el tema. “Fue un error porque cuando entró al colegio los compañeros al discutir con él le decían: ¿qué vienes tú a hablar si eres un recogido? Él se llenó de rabia, se sintió excluido, se decepcionó de todos, se volvió rebelde. “Nos equivocamos al no querer enfrentarlo a la realidad”.En la universidad todo lo que calló explotó con una rebeldía peor a la que tenía. Ya no llamaba mamá o papá a nuestros padres; al llamarlo yo hermano me decía que me acordara que no teníamos la misma sangre. Cuando el dermatólogo le dijo que su acné podría ser algo hereditario se sintió peor; decía que odiaba a su mamá biológica, que nunca la perdonaría. “Hoy, a los 22 años, regresó al psicólogo y ha ido cambiando para bien de él y de la familia”.Homosexualidad“Vivir con secretos es muy triste, parte el alma, guardarlos no es una solución a nuestra tranquilidad”, concluye Salvador Hernández, docente y activista de una ONG que defiende los derechos de los homosexuales.Él mantuvo velada su condición gay frente a su padre hasta los 24 años, “pues no tenía la valentía para hacerlo”. Antes, a los 19 años, se lo había confesado a sus dos hermanas. A su mamá no tuvo necesidad de decírselo, ella lo intuía y se lo dejó saber el día que regresó de donar sangre para una familiar. “Ahora entiendo por qué no fuiste a la clínica. A los homosexuales no los dejan donar”. Su madre le dijo que lo seguiría amando porque “ser gay no me convertía en una mala persona”. Un día que estaba tomando licor junto a su padre se atrevió a revelarle su condición sexual y éste lo aceptó sin dificultad.Ahora, él, que siempre había querido sentirse libre, amar sin prejuicios, ayuda a que otros homosexuales se atrevan a confesar sus secretos, a que superen sus miedos. “Porque ese secreto termina por hacerles más daño de lo que creen. Ha habido suicidios por esa presión que sienten en el alma; otros se descarrilan y contraen enfermedades; huyen a temprana edad de sus hogares o se convierten en personas negativas, que no valoran su vida”. Confiesa haber tenido una relación clandestina con un mormón, casado y con hijo, que lleva una doble vida. “Como no ha revelado su secreto eso lo hace sufrir muchísimo”.

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