Santos tiene todo para ser un buen presidente: analista Tascón

Santos tiene todo para ser un buen presidente: analista Tascón

Julio 17, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal
Santos tiene todo para ser un buen presidente: analista Tascón

De acuerdo con el analista político Álvaro Forero Tascón, Juan Manuel Santos tiene en sus manos una oportunidad histórica, porque el país está deseoso de unidad después de ocho años de polarización.

La movida política está que arde a 20 días de que los colombianos presenciemos la trasmisión del mando presidencial entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos y volvamos a recordar el viejo refrán de: “A rey muerto, rey puesto”. Sólo que, según se dice con malicia y cierto escándalo en los mentideros políticos, el primero no sólo está “vivito y coleando”, sino que quiere complicarle el reinado al segundo. Es evidente la molestia del presidente antioqueño por la desmarcada que de su tutoría hace rápidamente el presidente bogotano, su hasta ayer complaciente pupilo. Viudo precoz del poder, Uribe demuestra desde ahora lo que será su talante como ex presidente y empieza por torpedear la posibilidad incipiente de un cambio en nuestras ríspidas y deterioradas relaciones con los palacios de Miraflores y Carondelet. Muchos opinan que pudo haberle dejado la enorme papa caliente de las Farc en Venezuela al presidente entrante, que ha expresado reiteradamente su deseo de ver a Hugo Chávez y a Rafael Correa en su posesión, para despejar el camino del diálogo y de la restauración de las relaciones con los vecinos. Álvaro Forero Tascón, caleño, abogado de la Universidad de los Andes y graduado en la Sorbona, fue subsecretario general del presidente César Gaviria y ministro encargado de Asuntos Políticos en Naciones Unidas. Es analista político y columnista, en la actualidad dirige la Fundación Liderazgo y Democracia. Hoy hace para El País lúcidos comentarios sobre temas que desvelan a no pocos colombianos.¿Entre qué modelos de desarrollo eligió Colombia a su nuevo presidente?Escogió el modelo de menores impuestos, menos Estado y confianza inversionista vs. el de un Estado más ambicioso, más impuestos y más educación; el modelo pragmático en lugar del atado a principios; el modelo que no cree posible cambiar a los pueblos ni a su clase política, sino en los avances graduales; el modelo “propio” vs. el “extranjero”; pero sobre todo prefirieron la firmeza y la certeza, al cambio.Dijo usted que Santos “mantiene intacto el credo reaganiano”; ¿no cree que cambió, durante su viaje a Europa, para volver a la llamada “Tercera Vía”? Durante la campaña, quizás porque tenía la camisa de fuerza electoral del continuismo, Juan Manuel Santos planteó una plataforma ortodoxamente uribista, reaganiana. Pero en el último debate televisivo mencionó por primera vez en la campaña a La Tercera Vía. Y ya electo, ante la pregunta de ¿cómo sería el gobierno de quien hizo parte de uno liberal, uno conservador y el de Álvaro Uribe? contestó que de Tercera Vía. Como diciendo una mezcla de los tres. Eso tiene un gran contenido, a pesar de que algunos descalifican la Tercera Vía como un simple método para llevar al laborismo inglés hacia la derecha. Viniendo de un gobierno de tan fuerte tendencia de derecha como el de Uribe, en manos de Santos La Tercera Vía puede querer decir que va a inclinar al uribismo hacia el centro, para quedar en la centroderecha. Y en temas como el institucional, el internacional o el político, eso puede implicar diferencias muy importantes con el gobierno Uribe.¿Ahora sí cree que Santos podría “dar rienda suelta a su talante reformista y modernizante” con el que siempre se supuso que gobernaría?A diferencia de Uribe, que pasó buena parte de su vida en la brega electoral, Santos ha dedicado buena parte de la suya a estudiar y meditar sobre los grandes liderazgos. Por eso, y por razones de temperamento, no es fácil imaginarlo dedicando su gobierno a administrar, en lugar de buscar rediseñar las políticas y los instrumentos que generen cambios duraderos. Tiene a la vista el ejemplo de Uribe: a pesar de haber impactado enormemente la cultura política del país, su obra de gobierno no es estructural, y puede tener poca duración comparada con la de un Lleras Restrepo. Tan poca que Santos va a cambiar buena parte de esas políticas, unas porque no funcionaron como la internacional, o la de empleo, o la de infraestructura, o la de salud, o la de justicia, y otras porque las circunstancias han cambiado. ¿Significa que Santos tiene grandes ambiciones históricas?Las grandes obras de gobierno se recuerdan por la profundidad y la duración de los cambios que hacen; o por triunfos de guerra. Además, a diferencia de Uribe, Santos valora la tradición reformista del Partido Liberal. Duró 15 años batallando dentro del Partido, en el ala centro derecha, como su tío abuelo. Claro que Santos tiene ambiciones históricas, y una obra de gobierno no alcanza esas proporciones en un país tan atribulado como éste, sin ser reformista. Santos debe estar percibiendo además que como candidato continuista no despertó el interés que está generando como revisionista, y seguro no va a dedicar cuatro, y menos ocho años, a hacer paleouribismo. Ni siquiera neouribismo. Si de continuismo se trata, Santos va a hacer santismo, del de Eduardo. ¿Cree que su llamado a la unión puede tener éxito?Va a tener éxito a nivel parlamentario. Tanto, que la pregunta en unos años va a ser si se convirtió en una especie de PRI mejicano, un partido basado en retener el control monopólico del Estado para reproducirse electoralmente. O si Santos logra que se convierta en un pacto general, que trascienda los partidos y se lo apropien los ciudadanos, para trabajar por ciertos propósitos con ciertos métodos. Evolucionar la popularidad de la seguridad democrática hacia temas como el empleo o el desarrollo del campo para que se conviertan en columnas vertebrales del país, que las mayorías acaten y protejan. Santos tiene en sus manos una oportunidad histórica porque el país está deseoso de unidad después de ocho años de polarización, y porque, como en pocas etapas de nuestra historia, está optimista en medio del tamaño enorme de los desafíos. ¿Cómo le han parecido los nombramientos ministeriales?Buenos. Los primeros combinan cercanía con el Presidente, con calidad personal y técnica. Los últimos, como el de Juan Camilo Restrepo, y esperemos que otros que vengan, combinen calidad con autonomía política de los nombrados. Los buenos gabinetes son los pluralistas, que estimulan la unidad de la sociedad, por oposición a los unanimistas que promueven la polarización. Porque cuando no hay pluralismo en los gabinetes, los gobiernos tienden a dividir la política, y al final al mundo, entre amigos y enemigos. La representación plural le da oxígeno político a los presidentes para poder salirse de las recetas ideológicas y las lógicas políticas mezquinas. Para intentar salidas audaces que son las que requieren los problemas grandes.¿Qué cambios debería hacer el nuevo gobierno en las relaciones con EE. UU.?Hay que entender que la administración Bush ya no está, y que no se debe volver a cometer el error de alinearse sólo con el partido en el gobierno. Pero sobre todo, las relaciones con EE.UU. tienen que ser compatibles con las de los países vecinos. La alineación no sólo es del pasado sino inconveniente, porque EE.UU. no puede hacer nada por Colombia en relación con Venezuela y Ecuador. Hay que superar el “síndrome de Israel” –que Colombia está rodeada de enemigos mortales y necesita a EE.UU. para sobrevivir-. Los vecinos son tan importantes para la seguridad colombiana como los propios EE.UU., pero obedecen a lógicas geopolíticas distintas y por lo tanto requieren tratamiento diferente. Colombia tiene que evitar ser epicentro de la confrontación Chávez - Washington. El manejo que se le dio al tema de las bases militares le ha costado miles de millones de dólares al país en materia de comercio. La política exterior es para conciliar intereses contrapuestos, no para exacerbarlos.¿Comparte la opinión de algunos en el sentido de que Santos se está desmarcando rápidamente de Uribe?Algunos actos de emancipación son normales y quizás Uribe los comprende. Pero puestos juntos, ya son muchos, muy rápido, y muestran la tendencia que se esperaba de Santos: va a ser conciliador pero completamente autónomo. El cambio de orientación con Venezuela, o de perfil de ministros, o el llamado a la unidad, no son caprichos emancipadores de Santos, sino necesidades evidentes. La prueba de fuego en la relación Uribe-Santos va a ser la terna para la Fiscalía. ¿Si hubiera que cambiarla, Santos impulsará un nombre puramente suyo o atenderá las preferencias de Uribe? Porque ese tema es de vida o muerte para Uribe. Si condenaran a sus ministros por la yidispolítica, por ejemplo, su segunda administración quedaría manchada de ilegitimidad. ¿Qué opinaría Uribe, por ejemplo, de incluir al actual Fiscal en una eventual nueva terna? La gran pregunta que abre este tema es ¿qué tan poderoso será Uribe como ex-presidente? Se asume que mucho. Pero si desgasta su poder por querer mantener demasiada influencia, puede pasar que termine percibido como un ex-presidente problemático más que poderoso.¿Qué ‘caminado’ le está viendo a Juan Manuel?Santos tiene todo dado para hacer una buena presidencia. Tiene el margen político, el temperamento, el mandato y parece que hasta una bonanza económica, para dedicarse a hacer cosas importantes. Pudo estudiar de cerca a tres presidentes, y vivir directamente tres ministerios. Tiene un manejo natural de los temas internacionales. No va a tener que gastar ni un sólo día en aprender.La pregunta es ¿qué tan ambiciosos y audaces van a ser sus objetivos? Sería una lástima que dedicara el inmenso capital político que tiene, a hacer campaña permanente y no a gastárselo en reformas urgentes. Si cae en la tentación de tratar de imitar los índices de popularidad de Uribe será rehén del fantasma político uribista, y tendrá que dedicarse a ser un buen político y no un estadista. Pero seguro Santos habrá meditado largamente sobre estos temas. Quizás la Unidad Nacional es una medida para asegurar gobernabilidad en ausencia de popularidad. Santos propone un gran liderazgo internacional. ¿Por qué la política exterior de Uribe en este aspecto fue tan contraproducente?A nivel regional no se consiguió proteger el comercio ni avanzar en seguridad, sino todo lo contrario. A nivel de Estados Unidos se mantuvo el Plan Colombia, pero no se logró el TLC. Algunos dicen que es sólo culpa de EE.UU., pero las verdaderas causas son que Colombia dejó pasar el momento político adecuado y manejó mal al Partido Demócrata. Se permitió que Hugo Chávez influyera negativamente en las relaciones con el resto de Suramérica. Y como la política exterior no miró a Europa ni a Asia, pues no hay avances en esas áreas, excepto el TLC con Europa. La colaboración en materia de seguridad por parte de Venezuela y Ecuador es vital para Colombia. Pero Colombia ejerció un antiliderazgo en la región. No sólo no logró que los demás países se sumaran a su visión, sino que creó un ambiente de “Colombia contra los vecinos”. Si todo se debe a Hugo Chávez, pues se manejó muy mal a Hugo Chávez, excepto para efectos de política interna. Uribe le sacó enormes dividendos políticos a Chávez.¿Cómo construir una nueva política exterior?Empezando por terminar lo que se conoce en teoría internacional como el idealismo, la tendencia a circunscribir la política exterior a la filosofía política interna. Lo que hizo Carter en Estados Unidos con los derechos humanos, por ejemplo. O Bush con la democracia, queriendo exportarla por vía militar. Uribe dedicó la política internacional a avanzar la filosofía de la seguridad democrática, sin entender que el apoyo norteamericano no basta para actuar internacionalmente, y que en la región hay realidades ideológicas contrarias. Era evidente que ante dos posturas tan dogmáticas en Caracas y Bogotá, la confrontación política era inatajable. La política exterior debe conciliar los intereses contradictorios de los países. Permitir manejar las diferencias con Venezuela sin sacrificar el comercio, por ejemplo. Mantener buenas relaciones con Estados Unidos sin que eso impida lo mismo con los vecinos. Es posible hacerlo. El pragmatismo es el abc de la diplomacia. Y hablando de política exterior, las revelaciones de Uribe sobre guerrilleros de las Farc en Venezuela no son nuevas. ¿Cree, como se está diciendo, que se trata de una carga de profundidad contra Santos y sus intenciones de mejorar relaciones con Venezuela?La decisión de Uribe de plantear el tema de los guerrilleros en Venezuela no es constructiva ni estratégica. No pretende conseguir nada distinto a justificar su actitud contraria a normalizar las relaciones. Confirma la tendencia de provocar a Chávez para que reaccione y genere una acción ultranacionalista en Colombia en favor de Uribe, sólo que esta vez Uribe no utilizó el estilo Materazzi, sino la acusación directa. Uribe no ha obtenido sino que Venezuela coopere cada vez menos. Ahora se pone en riesgo que Santos pueda lograr progresos. Ha dicho que un gobierno audaz, como se prevee el de Santos, lograría liderar un cambio en el manejo mundial del tema de las drogas ilícitas. ¿Cómo conseguir apoyo internacional?No es posible construir una política exterior ambiciosa, ofensiva, sin liderazgo. Para que otros países lo sigan, es indispensable una visión que los convoque, los llame a trabajar por una causa común. El narcotráfico es un tema que está afectando muy gravemente a casi toda Latinoamérica y en el que Colombia es precursor y actor principal. Nada le generaría más liderazgo a Colombia en el subcontinente, que promover una nueva postura en materia de drogas, para enfrentar un problema que los países ven crecer exponencialmente, pero que no pueden solucionar de forma autónoma. El respaldo de toda América Latina en un tema crítico como este no sólo le permitiría a Colombia aumentar su influencia internacional, sino buscar salidas al narcotráfico.No se trata de impulsar la legalización de la droga, que no solo es un imposible político, sino que tiene otra serie de problemas adicionales. Se trata de acoger las recomendaciones hechas por la Comisión latinoamericana compuesta por los expresidentes César Gaviria, Cardozo y Zedillo, y de entender que el tratamiento exclusivamente criminal del problema de las drogas está derrotado por los hechos.Asistió a una mesa redonda en el Congreso estadounidense denominada ‘Repensando la guerra contra las drogas’, ¿Cuál fue la conclusión? La conclusión es que el paradigma de la prohibición absoluta de drogas es insostenible, no sólo porque no está dando resultados sino que, por su extremismo, no está permitiendo auscultar otros caminos. Seguir aferrados a la prohibición equivale a aceptar que el problema va a seguir creciendo, en lugar de retroceder. Hoy se abre paso un nuevo paradigma que es el de la “reducción del daño”: si no es posible eliminar el problema, hay que preocuparse por reducir su efecto. Esas palabras ya están siendo utilizadas por el Zar Antidrogas estadounidense y por el Departamento de Estado. La administración Obama no hace un tratamiento moralista del tema de las drogas. Acepta que el problema está en la demanda antes que en la oferta, y que su criminalización tiene limitaciones. Lo que pasa es que en Estados Unidos el tema de las drogas no sólo está dominado por los republicanos prohibicionistas, sino que está desaparecido de las preocupaciones de los norteamericanos.Los expertos sostienen que es por falta de liderazgo que no se ha llegado al punto de quiebre. Cómo podría Colombia asumir ese liderazgo?No están dadas las condiciones políticas para superar el paradigma de la prohibición. Y los entes multilaterales, presos del requisito del consenso, no están jugando el papel de concertación que se requiere. Por lo tanto, siguen cayendo nuevos países, unos en consumo y otros en tráfico de drogas, y nadie hace nada. Hay casos terribles como el de Colombia, que no sólo no mejora el problema del narcotráfico, sino que el de consumo está creciendo. Por eso se requiere de liderazgo. Ningún país tiene más autoridad moral para reclamar mayor efectividad en el combate de las drogas. Ningún país le ha apostado más a la prohibición, ni ha pagado un precio tan alto por la ineficacia de esa política. Ningún país es más amigo de Estados Unidos en materia de lucha contra estupefacientes. Una nueva política pasa necesariamente por cerrar la página de la prohibición total, pero no implica llegar a la legalización. No se trata de imponer una política sino de convocar a estructurar una nueva, porque la actual fracasó.

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