Róbinson Salcedo le dijo a sus familiares que quiere retomar las riendas de su vida

Abril 04, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Róbinson Salcedo le dijo a sus familiares que quiere retomar las riendas de su vida

El sargento del Ejército Róbinson Salcedo, comparte con su familia, a su lado su mamá Carmen Guarín.

El militar ha tenido cortos pero productivos momentos con sus familiares, quienes lo ven sin grandes cambios, su personalidad sigue intacta.

Ni siquiera 4.991 días de sufrimiento en poder de la guerrilla de las Farc le doblegaron el carácter. Róbinson sigue siendo el mismo. De actuar pausado, estratégico. Contundente en sus decisiones. Quien ordena y dirige. Sigue siendo el líder de la familia Salcedo Guarín.Este martes, en un segundo y corto encuentro con sus padres y hermanos les pidió cuentas de cómo estaba cada uno. Les dejó claro que no está esperando una fiesta de bienvenida y tampoco regalos. “Cada uno tiene sus necesidades y si hay plata, inviértanla en ustedes. Yo no llegué para ser una carga”. Está confiado en la cuenta bancaria que el Gobierno Nacional prometió a su nombre. Dijo que con ese dinero sacará a su familia de apuros.Róbinson siempre ha sido así. Lo confirma Jair Sosa Guarín, su hermano. El muchacho relata que el militar siempre estaba pendiente de todo, antes del secuestro. “Si faltaba algo en la casa, si alguno de los hermanos teníamos un problema, si mi mamá estaba enferma... Y ahora que llegó está asumiendo el mismo rol”. Encuentros intermitentes La visita de este martes, al mediodía en el Hospital Militar fue corta. Tan corta como el reencuentro del pasado lunes en un salón frío y pequeño del aeropuerto militar de Catam, en Bogotá.Esa noche pocos dijeron algo. El único que habló fue Róbinson y lo hizo para agradecer por la larga espera, por la dedicación, por el amor. Carmen, su madre, le contempló cada parte del cuerpo. Le asombraron sus manos suaves, sus uñas limpias, su pelo corto, su piel más pálida.En la noche de la libertad, el soldado que ascendió a sargento viceprimero con una cadena atada al cuello, volvió a ser él. Del monte llegó con una talega hecha con costal de fibra, de esas en las que empacan el azúcar, y ordenó que no la destaparan hasta que regresara de sus chequeos médicos. Todos obedecen.Los dos pericos que trajo de la selva fueron encomendados a su hijo. Ese que fue obligado a dejar cuando tenía 5 años y ahora ya es mayor de edad.Róbinson contó que una semana antes de las liberaciones la guerrilla les dio buen alimento, les hizo cortar el pelo (él lo tenía más abajo de la cintura y dijo que sólo lo cortaría el día de su liberación), rasurar la barba, les compró ropa, botas plásticas y los vistió de camuflado.El militar también señaló que aunque sus días más difíciles empezaron el 3 de agosto de 1998 cuando fue retenido por la guerrilla en Miraflores, Guaviare, nunca perdió la esperanza. Desde el momento que lo privaron de la libertad —cuenta— siempre se sintió acompañado. “Decía que les daba consejos a sus compañeros: ‘si ustedes no comen se van a enfermar y el día que hagan una prueba de supervivencia se van a ver mal. Sus familias se van a poner tristes. Lo que necesitamos es que ellos estén bien para que sigan luchando”, relató Jair luego de una corta conversación con su hermano.Róbinson lleva dos días libre. No se afana y dice que tendrá tiempo para resolver dudas. La única que tiene despejada es que quiere seguir al servicio de la Patria.

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