Reparación en Colombia es un desafío gigantesco: Eduardo Pizarro

Febrero 27, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal

Eduardo Pizarro LeónGómez manifiesta que volver a negociaciones frustradas con las Farc es inaceptable. “Los logros de paz no son irreversibles”, advierte.

En medio de aplausos, críticas, aprobaciones e incomprensiones pero con mucho que mostrar en realizaciones y logros, a lo largo de los últimos cinco años, Eduardo Pizarro LeónGómez, sociólogo, politólogo, profesor universitario y columnista, se entregó en cuerpo y alma a estructurar, de la nada, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, creada para investigar la hecatombe producida por la acción terrorista de movimientos irregulares, léase guerrilla y ‘paras’. Una guerra en la que estos actores armados masacraron, asesinaron y desaparecieron a más de 50.000 colombianos. La CNRR se dio a la difícil y compleja tarea de implementar mecanismos para facilitar la reconciliación y reparación, por parte del Estado, de cientos de miles de víctimas. Durante la gestión de Pizarro, la Comisión atendió a más de 300.000 afectados, ayudándolos a tramitar solicitudes de reparación, informándoles sobre los alcances del proceso de Justicia y Paz, y dándoles soporte con ayuda sicológica y asesoría jurídica. La CNRR creó también el Grupo de Memoria Histórica, que ha documentado terribles masacres cometidas por estos grupos al margen de la ley a lo largo y ancho del territorio nacional, como las de El Salado y Bojayá. Uno de los logros más importantes de la Comisión es haber logrado visibilizar a las víctimas del conflicto armado en Colombia, tradicionalmente invisibles y desestimadas en procesos anteriores como los firmados con el M-19, el PRT y el Quintin Lame. Recientemente, Angelino Garzón asumió intempestivamente el cargo de Eduardo Pizarro. Aunque está adscrito a la vicepresidencia y en realidad esta labor le corresponde ejercerla al Vicepresidente, la decisión de Angelino dejó mal sabor por la descortesía de no haber informado con anticipación a Pizarro de esta movida. Recientemente Pizarro LeónGómez actuó como delegado del Gobierno en la entrega de los siete secuestrados de las Farc a Piedad Córdoba, en la que, propiciado por la guerrilla, se presentó un traspié que estuvo a punto de dar al traste con el operativo. Sólo la decisión humanitaria del presidente Santos de no frustrar la esperanza de libertad de los plagiados y sus familias, logró salvarla. Se da por cierto, que Santos revivirá próximamente la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, y que Pizarro sea el nuevo ‘Zar’ de la paz, término con el que hiperbólicamente solemos designar en Colombia a quienes ocupan cargos de relevancia. ¿No le queda un ‘reconcomio’ por la descortesía con que Angelino le hizo el ‘cajón’ quitándole la presidencia de la Comisión?Faltaban tres años para terminar mi tarea y claro que siento una cierta frustración de no culminar lo que empezó de cero, pero él está en su derecho y le deseo toda la suerte del mundo. Pero entiendo que al Presidente no le gustó ese movimiento de Angelino...Fue una decisión del Vicepresidente y digamos que el Presidente quiere que yo le siga colaborando. No sé en qué condición, pero por ahora seguiré acompañando el tema de la liberación de los 16 secuestrados que quedan en la selva. Piedad Córdoba ha dicho que todos serán liberados. ¿Hay lugar para el optimismo?Las Farc le han manifestado su voluntad de entregarlos como un gesto hacia la paz y con base en ese presupuesto estamos trabajando. El Presidente quiere ajustar los mecanismos porque hay críticas a la forma como se manejó el proceso por parte de las Farc. Han criticado también el protagonismo, pero, ¿no es inevitable, dado el cubrimiento periodístico?Es difícil, pero ahora se les pregunta a los liberados si quieren dirigirse a la prensa o no. Muchos deciden reunirse primero con su familia. Se trata de respetar la decisión de los secuestrados de acuerdo con su estado de ánimo y su fortaleza sicológica, porque muchos de ellos dan declaraciones y luego se arrepienten de lo que dijeron improvisadamente, cuando estaban congestionados emocionalmente. Frente al incumplimiento por parte de las Farc para liberar a los dos últimos uniformados, Piedad Córdoba explicó que los pilotos brasileños confundieron una “rayita” y usted ha sido criticado por “salirse de la camisa”. Incluso Piedad dijo que a usted le faltaba experiencia en esos menesteres...Me parece una afrenta innecesaria a los pilotos brasileros afirmar que pudieron cometer errores sobre coordenadas. Ellos son Mayores Coroneles, con 25 años de experiencia, y la verdad es que hasta el guerrillero más humilde, con un GPS, maneja coordenadas. Entonces, creo que Piedad va a tener que pedir excusas públicas a los pilotos y al gobierno de Brasil por haber sugerido que no saben leer coordenadas.Entonces, ¿qué fue lo que sucedió?Cuando Piedad les entregó las coordenadas, ellos le dijeron que estaban en el departamento del Cauca. Como estábamos autorizados a operar en el Tolima resultaba imposible pasar al Cauca porque había un convenio entre el Ministerio de Defensa y la Cruz Roja Internacional para señalar las zonas donde no había acciones militares de sobre vuelos. Además los helicópteros no pueden pasar la cordillera central por encima del Cañón de las Hermosas porque es imposible. No les da. La verdad es que el Mayor y el Cabo estaban en el Cauca y no en el Tolima. ¿Qué pasó? ¿Fue un error humano? No sabemos; el caso es que se presentó un hecho complejo que algún día se esclarecerá.¿Cómo se rehizo todo el operativo?Fue muy difícil porque es una zona muy sensible debido a que allí está Alfonso Cano. No era fácil para las fuerzas militares tomar la decisión de no operar durante 36 horas (luego insinuaron que había que prolongar otras 36 horas). Finalmente el gobierno indicó que a las 6:00 de la mañana del día siguiente, como estaba convenido, se reiniciarían las operaciones militares en el Tolima y que el lunes evaluaríamos lo que había ocurrido y se tomaría la decisión de si seguían las operaciones de rescate. Se continuaron por razones humanitarias y el miércoles ocurrieron las liberaciones.¿Por qué escogió Cano el Cañón de las Hermosas para refugiarse?Porque no sólo es un intrincado nudo de montañas muy altas, sino que siempre está nublado y a esa altura no pueden operar aviones, ni helicópteros. Todos los jefes guerrilleros que han muerto recientemente han sido dados de baja en bombardeos aéreos. Cano sabe que tiene prácticamente neutralizada la Fuerza Aérea y que él sólo podría verse comprometido en un combate, si es contra la Infantería, porque no hay posibilidad de operaciones aéreas. No me ha contestado por qué se salió usted de la camisa…La verdad es que mi intervención ante los medios ese domingo fue en un tono de mucha indignación, pero no utilicé los términos que se usan en el discurso político colombiano sobre “terroristas, asesinos y bandidos de la guerrilla”. Dije que el hecho nos preocupaba y nos avergonzaba y les exigí a las Farc cumplir su compromiso.Se rumoró que Cano aprovechó para volarse y después vino la noticia, desmentida horas después, de que había muerto...Fue una información absolutamente falsa. Él está en esa zona montañosa que tiene acceso al Valle, al Cauca, al Huila y al Tolima y que es tal vez una de las zonas más complejas del país, donde los guerrilleros están acostumbrados a moverse, pero la tropa tiene que ser relevada constantemente por los riesgos para su salud. Quiero recalcar que el único día que Cano no se podía volar, era justamente ése, cuando todo el mundo estaba esperando que lo hiciera y los soldados estaban en la zona, no operando militarmente, pero sí acuartelados. Si Cano hubiera hecho el menor movimiento habría sido detectado. Yo por eso estaba tranquilo en ese aspecto, pero no se me escapa que durante 36 horas pudieron ocurrir cosas. ¿Como cuáles?Suministro de alimentos y drogas, algunas ventajas tácticas. Pero lo que me parece más importante es que, aún tragándose el sapo de lo que había pasado, lo que el Ejército envió el domingo fue un mensaje muy importante para la tropa: “No los abandonamos”. Es que la guerra no se gana únicamente con munición. También se gana con moral.Se dice que el Presidente va a resucitar la oficina del Comisionado de Paz y que éste será usted. No sé si va a resucitarla y no sé si seré yo. Risa. El Presidente tiene la llave de la paz en una caja fuerte y ha puesto condiciones enormemente exigentes para iniciar un diálogo con la guerrilla. Llevamos 28 años tratando de dialogar con las Farc en el proceso más largo del mundo, porque les encanta negociar para obtener visibilidad política y para fortalecerse militarmente. Por eso, volver a negociaciones frustradas es inaceptable, sobre todo cuando está demostrado que siempre que se daña un proceso de paz, toma entre ocho y diez años volverlo a reconstruir. Aunque Uribe combatió con contundencia a la guerrilla, se presenta un resurgimiento de sus acciones en varias regiones. ¿Qué tan grave es?Los logros en seguridad no son irreversibles y hay riesgo de que parte de lo que hemos logrado se pierda si no hay un gran esfuerzo nacional. Yo veo cuatro grandes riesgos: el primero, son las Bacrim. Después de la desmovilización de las autodefensas en el año 2005, surgieron 38 bandas criminales lideradas por mandos medios. Quedan seis, que han ido absorbiendo a las bandas menores y hoy tienen un control territorial y un número de hombres importante, con capacidad para desafiar al Estado. El segundo, es que el 80% de las ganancias del narcotráfico se da en el mercado americano o el europeo con la venta al menudeo, y el 20% con la producción de la droga. En Colombia las mafias del narcotráfico se están quedando sólo con ese 20% de las ganancias porque le están entregando la droga a las mafias internacionales. Hoy en Colombia no hay un solo cartel con capacidad de controlar todo el proceso del tráfico de drogas, desde la producción hasta la entrega y se están quedando con lo menos rentable.¿Y eso a qué está conduciendo?A una guerra total entre las Bacrim por el control del narcotráfico, en la que se están matando brutalmente entre sí y eso está elevando mucho las tasas de criminalidad y de inseguridad en las fronteras. El tercer factor que genera inseguridad es que, ante la crisis de la economía de la droga, están buscando aumentar el consumo interno con el microtráfico y las ‘ollas’ urbanas y entonces hay una guerra por el control territorial de los mercados urbanos, que afecta mucho la seguridad.El cuarto factor es que entró en crisis el secuestro, que pasó de 3.000 casos al año, a 250, en un lapso de diez años. Sí, pero al mismo tiempo ha aumentado exponencialmente la extorsión...Es cierto. Las ‘oficinas de cobro’ de extorsiones están haciendo metástasis en muchas regiones de Colombia y se está convirtiendo en un nuevo mercado criminal activo, que también afecta la seguridad. El otro fenómeno es que la guerrilla se está acomodando a las tácticas militares del Plan Colombia y está pasando de las unidades militares grandes de los años 90, a unidades pequeñas de guerra de guerrillas y están recuperando cierta eficacia en el enfrentamiento con la fuerza pública. Están introduciendo nuevos métodos y la revolución está en que su accionar hoy es a través de campos minados y franco tiradores, al punto de que el número de soldados, oficiales y suboficiales que están muriendo es casi el mismo de hace diez años. ¿Significa esto un fracaso de la desmovilización paramilitar?La experiencia internacional muestra que siempre entre el 10 y el 15% de los desmovilizados se reciclan en la vida criminal. El 85% de los desmovilizados en Colombia están en un proceso de reintegración a la vida civil, pero el 15% está en la vida criminal, y creo que eso era inevitable porque hay gente cuyos daños sicológicos no les permiten iniciar una vida en la civilidad, ni conseguir empleo. Mi punto de vista es que si sigue aumentando el número de desmovilizados que fracasan en su reintegración a la vida civil, sí vamos a tener un problema muy serio en el futuro.Usted gestó y lideró durante cinco años la Comisión Nacional de Reparación y Reconstrucción, ¿cuáles fueron sus éxitos y cuáles fueron sus escollos?La reparación a las víctimas en Colombia es un desafío gigantesco. Tenemos alrededor de 3.500.000 personas desplazadas por la violencia, que representan unas 800.000 familias y alrededor de 200.000 víctimas de crímenes atroces, distintas a las del desplazamiento forzado: homicidio, delitos sexuales, desaparición forzada, minas antipersonales, etc. Más de la población de Uruguay. Cuando se crean programas de reparación se generan expectativas y las personas piensan que van a obtener beneficios a corto plazo. El Estado colombiano ha planteado hacer una reparación a 10 años y yo creo que va a ser bastante difícil lograr ese objetivo. Ya llevamos 5 años de existencia y durante estos hemos entregado una indemnización económica por valor de 500.000 millones de pesos a alrededor de 25.000 familias. Digamos que el primer gran escollo son las mismas dimensiones del desafío, porque hay obligaciones para las víctimas pero también para el 40% de la población que permanece bajo la línea de pobreza. ¿Entonces cómo lograr un equilibrio con recursos escasos? ¿No agrava la situación el que se confunda reparación con indemnización económica?Claro. Reparación no es dar un cheque. Es ayudarles a las víctimas a reconstruir su proyecto de vida. Yo creo que en el corto tiempo de cinco años hicimos un trabajo muy profundo y comenzamos a construir un proyecto de reparación que no se redujera a la indemnización económica, porque eso hubiera sido relativamente fácil, a través de un gran esfuerzo fiscal. Pero eso no es reparación. La reparación es todo un proyecto ético y no solamente un cheque.Cambiando de tema, ¿qué significado tuvo la reunión del presidente Santos, a la que usted lo acompañó, con la Corte Penal Internacional en Nueva York?La verdad es que se ha valorado poco en Colombia y a mí me parece que tuvo un significado enorme para el país. Por primera vez un jefe de estado es invitado a hablar en una asamblea de los estados que hacen parte del Tratado de Roma que da origen a la CPI y no sólo eso, de un país que está bajo observación de la CPI. Invitar al presidente Santos significa que la Corte reconoce los grandes esfuerzos que se están haciendo en Colombia en materia de justicia. ¿Y por qué está Colombia bajo observación de la CPI?En este momento hay dos estatus: países bajo investigación que son: Sudán, Congo, República Centro Africana, Uganda y Kenya y hay diez países bajo observación, en los cuales se han perpetrado crímenes de guerra y de lesa humanidad, en los últimos años. Colombia está en esa situación de observación y hay que decir que está en un mal vecindario. El gran temor de Colombia es pasar del estatus de observación al de investigación, pero la invitación a Santos a la Asamblea en Nueva York fue un mensaje de optimismo.¿Qué tiene Colombia positivo para mostrar en materia de investigación sobre violación a derechos humanos o de crímenes de lesa humanidad?Hay cosas importantes. Por ejemplo, en las versiones libres casi 1.700 paramilitares confesaron más de 50.000 delitos, entre los cuales hay más de 18.000 homicidios. ¿Usted se imagina cuánto hubiéramos gastado por justicia ordinaria, investigando la responsabilidad de 18.000 homicidios? En Colombia, salvo que una persona mate a otra y se entregue a la justicia con el arma en la mano, es prácticamente imposible determinar quiénes son los responsables de homicidios. Por las confesiones sobre 50.000 delitos hemos podido recuperar más de 3.000 cuerpos en fosas comunes y avanzar mucho en el conocimiento de lo que ha pasado. El gran vacío que tenemos es que sólo llevamos dos sentencias condenatorias en cinco años: a Diego Vecino y a Juancho Villa.

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