Relaciones ‘líquidas’, ¿miedo a establecer un vínculo estable y duradero?

Septiembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Relaciones ‘líquidas’, ¿miedo a establecer un vínculo estable y duradero?

Las relaciones líqueidas son aquellas cuya esencia son la levedad y la inconstancia.

Las relaciones líqueidas son aquellas cuya esencia son la levedad y la inconstancia.

Los jóvenes le temen cada vez más al compromiso y se diluyen en relaciones ‘líquidas’. ¿Cómo entender el amor de hoy?

Si a usted sus padres y abuelos le hablaron de la importancia de “construir una relación sólida”, comprenderá fácilmente que la expresión ‘amores líquidos’ significa lo diametralmente opuesto. Es decir, aquellas relaciones de “amor y amistad” caracterizadas por su fragilidad para tomar forma y perdurar en el tiempo. Tal como sucede con un líquido, estos lazos efímeros ocupan un espacio momentáneo en la vida de los jóvenes, pero fluyen fugazmente como las aguas de un río. Hasta que ‘inundan’ todo en su día a día y ‘se rebosa la copa y se derrama’, o ‘se filtran’ por el resquicio de la infidelidad, o se ‘escurren’ como pez en la mano con el pretexto de la libertad.Como son relaciones cuya esencia son la levedad y la inconstancia, siempre ‘hacen aguas’ no sin antes dejar ‘salpicados’ y ‘empapados’ a sus protagonistas, sino es que quedan naufragando en el pozo profundo de la soledad.La metáfora de ‘amores líquidos’ es un concepto acuñado por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, en un libro del mismo nombre (Editorial Panamericana, 2005) que aplica muy bien a la sociedad postmoderna y que ya se empieza a ver, especialmente en las nuevas generaciones.Cristina Ambrosini, doctora en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, explica en su blog que Bauman apunta “al miedo a establecer relaciones duraderas, más allá de las meras conexiones (relaciones virtuales)”.En opinión de Ambrossini, el autor expone que las nuevas generaciones, “al sentirse descartables, desconfían del ‘estar relacionados’, sobre todo si es ‘para siempre’, temen convertirse en una carga y desatar expectativas que no pueden ni desean soportar”.En ese sentido, explica ella, las conexiones mediadas por la tecnología que establecen los jóvenes de hoy, marcan el modelo del resto de sus relaciones: a falta de calidad de las mismas, el remedio es la cantidad (cuántos seguidores en Facebook y en Twitter) y a la velocidad del ‘me gusta’ y del trino. Es la generación de los que quieren andar por el mundo ligeros de equipaje y para ello lo mejor es no comprometerse. El psicoterapeuta de pareja, especializado en psicoanálisis, Lucio David González, está de acuerdo en que las relaciones de los adolescentes, y aún de algunos jóvenes, sí son muy superficiales y están orientadas más a la búsqueda de placer individual.En su opinión, adolescentes y jóvenes cambian de amigos, de novio/a, de pareja y no hay los lazos sólidos de unión que solían tener antes y permitían a la pareja avizorar un futuro en el que iba a estar rodeado de una comunidad que él mismo había construido. “En cambio ahora, el joven se enfrenta a la vida adulta o profesional con una anomia social (ausencia de normas sociales) en la cual se tienen que buscar referentes que lo ayuden, pero eso es difícil”, dice González.Para González, este fenómeno de las relaciones líquidas, es consecuencia de la globalización que de la mano de internet, también globaliza el conocimiento y las relaciones humanas, que llegan justo cuando crecen la pérdida cada vez mayor de los lazos familiares y de los rituales semanales con los abuelos, los tíos y los primos. “Los jóvenes hoy no tienen historia de lazos fuertes con sus criadores, es decir, los padres; ni con los amigos ni líderes de su colegio, del barrio o de su iglesia, y las ciudades también son grandes, ya no se puede ir a visitar a la familia, a los amigos o a la novia y de ahí que las separaciones sean fáciles”.El terapeuta de pareja Luis Alberto Montejo, en cambio, no cree que las relaciones de los adolescentes sean diferentes a las de antes. Así el mundo y las circunstancias hayan cambiado, él considera que las relaciones de los jóvenes de hoy son tan cortas como siempre han sido en esta edad.“A los adolescentes los identifica una conducta y es la de buscar la independencia; unos serán más independientes que otros, pero hace 40 años los adolescentes hacían lo mismo, si se presenta ahora no es porque esté de moda, sino porque por los medios de comunicación y las redes sociales todo se sabe, pero cierto grado de extroversión e hiperactividad siempre ha estado presente en el ser humano”, arguye.Montejo acepta que sí hay unos cambios en la sociedad que se han generalizado. Por ejemplo, las relaciones sexuales en las primeras citas y a más temprana edad no eran tan comunes antes, cuando se demoraban más para llegar a la intimidad y lo hacían a mayor edad. El sicoterapeuta aclara que los determinantes de esa conducta son biológicos y por lo tanto son los mismos de antes. “La cultura puede moldear en algo, y posiblemente una parte de la población sí esté en lo de las relaciones líquidas, pero no es una tendencia de todos los jóvenes”, dice Montejo. La sicóloga Nelly Rojas comparte la idea de la fragilidad relacional a esta edad. “Las relaciones de los adolescentes siempre han sido, o tendido a ser, supremamente cortas porque están marcadas por todos sus cambios hormonales”, explica.Esto hace que sus relaciones sean muy frágiles, dice ella, considerando su escasa habilidad para solucionar conflictos a esa edad y los múltiples obstáculos (familiares y sociales) que encuentran para consolidar un verdadero compromiso. “Ellos están entre la infancia y la adolescencia, y tienen derecho a ser inmaduros”, sentencia.La sicóloga Nelly Rojas enfatiza en no entrar a preocuparse tanto en qué tan efímeras o duraderas son las relaciones de los jóvenes, sino en saber “lo importantes que son esas relaciones de la adolescencia, ya que son profundamente marcadoras para sus relaciones posteriores porque cimientan la identidad y maduran el proceso de construcción afectiva”.Si tiene adolescentes...La terapeuta de pareja Nelly Rojas dice que los adultos deben comprender que el grupo de amigos del adolescente es esencial. “Así como se identifican con sus pares, se caracterizan por el rechazo a sus padres, sobre todo los que están entre los 13 y los 16 años”, explica la especialista y autora de varios libros, entre ellos, ‘Ser amigos para ser amantes’ y ‘El libro del nuevo amor’.De allí la importancia de que los padres les hagan el acompañamiento a sus hijos. Los adultos les echan la culpa a los jóvenes, pero no se fijan que los padres siempre están trabajando, delegan en el servicio su crianza, los llenan de regalos y no ven que la tecnología también los invade a ellos igual que a sus hijos.Saber la importancia de la educación afectiva, los profesores y los padres de familia deben enseñarles a los adolescentes a quererse y a valorarse y a aceptar la diferencia, en especial entre hombres y mujeres.En las relaciones etéreas de los jóvenes, corren riesgos propios de su edad como los embarazos no deseados, los abortos, las enfermedades de transmisión sexual y las drogas. Por lo que los adultos deben estar prestos a brindar afecto y disciplina en forma equilibrada. El auge de internet logra que el adolescente no se sienta solo, pero no le permite comunicarse personalmente. Eso significa pérdida de vínculos afectivos, que son importantes para tener sentido de la vida y avizorar una familia sólida.“Cada familia debe tomar consciencia de esta situación y que construya sus propios valores para que se sostenga, porque la sociedad no los está otorgando”, concluye Lucio David González.Ellas dicen... “Muchos muchachos se ennovian y se desennovian rápido, pero no porque la niña les guste, sino porque les parece que está buena. Y ellas les dicen sí porque ven que alguien les presta atención y dicen vamos a ver qué pasa”, comenta una adolescente de 16 años.“Casi todas mis amigas que se han ennoviado, terminan rápido porque los novios creen que la relación lleva ‘todo incluido’ (besitos, abrazos, sexo...); eso pasa porque no hay suficiente confianza y así cómo van a llevarse bien. Una de ellas quedó en embarazo y ya no va a poder terminar once.“Primero tiene que haber amistad, conocerse bien, que la pasen bien juntos, que sea divertido, cuando están con amigos y cuando están solos, que el tema no se agote, que los papás lo conozcan, tener unas bases claras, para que sea una relación sana”, dice la joven.Vida moderna, causaLos niños de hoy son hijos del celular, a quienes sus padres controlan por teléfono, están a cargo de la empleada, si la hay; ya no comparten la comida –cada uno come cuando llega del colegio, del trabajo, del gimnasio, del cine– esos niños son los que van de colegio en colegio y así pierden los lazos de amistad de la infancia.“Las familias ya no se reunen porque todos tienen un hijo en Canadá, en China, en Australia. Antes se iban para Bogotá, ahora todos van al exterior, los niños al jardín, los abuelos a un ancianato, y las parejas trabajan y viven en un apartamento pequeñito”, explica el sicoterapeuta de pareja Lucio David González.Todo ese contexto dificulta las relaciones familiares y por eso, las separaciones son más fáciles cuando ya son adolescentes o jóvenes.Atracción y excitación La terapeuta de pareja Nelly Rojas describe que las relaciones de pareja de los jóvenes son igual de cortas “porque sus expectativas y sus proyectos son de corto plazo” y eso aplica en su estudio, en su trabajo. “Las relaciones de pareja están muy ligadas a la atracción y la excitación y muy poco por la afectividad y el compromiso, que son los aspectos que determinan una relación más estable, más profunda”, explica.La médica familiar, sexóloga y directora de la Carrera de Medicina de la Universidad Javeriana Diana Patricia Henao, reconoce que entre “las nuevas generaciones ya no hablan tanto de compromiso, las jóvenes ya no quieren novio, simplemente quieren un amigo especial, lo que llaman ‘un asesor hormonal’, o sea, un amigo con el que aprenden a hacer ciertos juegos eróticos y con lo que enseñan a otros qué hacer”.En este sentido, Ambrossini, reinterpretando a Bauman, sostiene que la relación “es para consumo inmediato, que no requiere una preparación adicional ni prolongada y para uso único, sin perjuicios”. Es decir, son relaciones descartables. “Si resultan defectuosos o no son plenamente satisfactorios, los productos (pareja) se pueden cambiar por otros, que se suponen más satisfactorios. Pero aun en el caso de que el producto cumpla con lo prometido, ninguno es de uso extendido”, sostiene.

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