¿Qué tan cerca está Juan Manuel Santos y el Congreso ?

¿Qué tan cerca está Juan Manuel Santos y el Congreso ?

Julio 22, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País Bogotá

Heridas abiertas por hundimiento de la Reforma a la Justicia no cierran aún. Congreso insiste en que relación cambió.

En el Congreso se respira rencor. Los parlamentarios, en corrillos, dejan en evidencia que las heridas de la fallida Reforma a la Justicia no han sanado y se refieren con recelo a la nueva etapa que se inició con la instalación del tercer periodo de sesiones ordinarias, en la que el Gobierno deberá diseñar estrategias para recomponer la Unidad Nacional.La tarea no empezó bien, debido a que en la instalación del viernes, el ministro del Interior, Federico Renjifo anunció un ‘paquetazo’ de 70 proyectos de iniciativa gubernamental para este periodo legislativo.Esto, de inmediato, generó la reacción de los congresistas, quienes en sus diálogos dejaron claro que no se van a dejar imponer la agenda por parte del Gobierno, como venía sucediendo.Uno de los que dio la cara para referirse a este tema fue el senador de la U Carlos Ferro, quien manifestó que el Gobierno debe cambiar el esquema que ha venido implementando para la aprobación de la agenda que propone.Puso en evidencia que el Ejecutivo “no puede continuar realizando los proyectos en el Palacio con un grupo de miembros de la coalición” y luego mandar “la orden” de votarlos. Ferro recalcó en el inconformismo que existe con lo sucedido en las reformas a la Justicia y a la Educación, de las que dijo fueron iniciativa del Gobierno y que la Unidad apoyó, pero “al final el que pagó los platos rotos fue el Congreso”.Y no es para menos, quienes prefieren el anonimato insisten en que el Gobierno acusó al Congreso de legislar a sus espaldas y del país; que se vincularon en la Reforma a la Justicia elementos para beneficio propio y que, en pocas palabras, dejó al Legislativo en un grado de desprestigio ante la opinión sin que hubiera “una responsabilidad, por lo menos, compartida”.No en vano el nuevo presidente del Congreso, Roy Barreras, aseguró que la costumbre que imperaba era que los ministros redactaban las ponencias y las llevaban para que se votaran “a pupitrazo”, por lo que enfatizó que en esta nueva etapa debe quedar claro que el Congreso “no es apéndice” del Gobierno.Pero el tema del inconformismo sigue latente, tanto que una de las bancadas mayoritarias, la conservadora, (que siempre ha sido aliada incondicional del Gobierno) alertó que las relaciones ahora deben ser “recíprocas” y, como lo advirtió el presidente del Directorio, Efraín Cepeda, “las votaciones de los proyectos no serán las mismas que antes”.Sin embargo, el tema no quedó ahí. Mientras se dice que para las bancadas viene un trabajo de análisis de lo que será su labor en la legislatura que empezó, ya se habla de poner al gabinete contra la pared, como lo anunció el conservatismo.El presidente Cepeda abrió el camino para un eventual revolcón ministerial, ya que desde el viernes pidieron la cabeza de dos titulares: María Fernanda Campo (Educación) y Beatriz Londoño (Salud) por los fracasos que se han dado en estos dos frentes, de los cuales –dijo- el Jefe de Estado debe referirse directamente y no caer en el pecado de episodios anteriores cuando “los ministros nos decían una cosa y después el Presidente decía otra”.En definitiva, la constante en las bancadas parece ser que en este periodo de sesiones habrá “colaboración armónica”, pero con un férreo control político.El nuevo rumboAnte el halo de inconformismo que existe en el Congreso, el Gobierno deberá diseñar nuevos rumbos para mejorar las relaciones con su coalición.Si bien el discurso del viernes del presidente, Juan Manuel Santos, tuvo un tono conciliador, en el ambiente quedó la imagen que el Gobierno no asumió su culpa en el tema de la Reforma a la Justicia.El Jefe de Estado dijo que la Unidad Nacional iba más allá de la aprobación de la agenda legislativa y que los unió en objetivos que, incluso, “superan las diferencias coyunturales”, pero esto fue una tímida muestra de que el camino de la reconciliación apenas comenzó.Santos recordó que las adiciones que se hicieron de última hora a la reforma eran “altamente inconvenientes para la justicia” situación que, en sus palabras, lo obligó a tomar medidas.Luego dijo que el Gobierno asumió su cuota de responsabilidad, y aunque admitió que si bien fue tarde, “obramos bien”. Lo cierto es que el Jefe de Estado trató de amainar las aguas y dijo que el episodio acontecido con la enmienda “no debe empañar una labor legislativa que ha sido magnífica en estos dos años”.Incluso lanzó una voz de apoyo al Legislativo, cuando se refirió a lo inoportuno, inconveniente y peligroso de las propuestas de revocatorias, constituyentes y referendos “que sabemos donde comienzan, pero no dónde terminan”.Entre los congresistas estas expresiones dejaron un sabor agridulce ya que muchos consideraron que el gesto no fue suficiente, porque esperaban un acto de contrición mucho más explícito por parte del Gobernante.Ante el alejamiento que se advierte entre el Gobierno y su Unidad, hay quienes creen que el Presidente debe hacer un cambio de rumbo para recobrar las fuerzas políticas en el Congreso.Una de las herramientas que tiene que asumir el Gobierno es la persuasión, como lo indicó el exsenador Darío Martínez, quien aseguró que si el Presidente no realindera las funciones para “respetar la autonomía de los poderes” va a enfrentar dificultades en los dos años que le quedan de Gobierno.Hay sectores que dicen que la entrega de dádivas podrían tomar impulso en este proceso de recomposición, situación que para Martínez es la más inconveniente, porque el Congreso ya está “lo suficientemente desprestigiado”, por lo que aclaró que se debe hacer un acto de contrición y de autocrítica para afrontar la crisis de institucionalidad.El constitucionalista José Gregorio Hernández tiene una visión más amplia y argumenta que el Gobierno debe concentrarse más en sus funciones ejecutivas que tratar de “reconstruir una coalición netamente política”.El camino a recorrer, según Hernández, es el replanteamiento del rumbo que ha venido trazando, porque existen problemas tan graves como la crisis de la salud, el orden público y la educación que son más importantes “que su coalición de Gobierno”.Para León Valencia, director de la Fundación Nuevo Arco Iris, lo que debe hacer el Gobierno es “disolver la Unidad Nacional” para emprender un proceso de depuración, en la que “deben salir esas fuerzas uribistas” que, a su juicio, están “agazapadas haciendo mucho daño”.Subrayó el analista que la contaminación de la Unidad es el uribismo, porque “ellos tienen un proyecto político de guerra”, que no encaja con los objetivos del actual gobierno.Dentro del replanteamiento que propone Valencia, también incluye la forma como el Gobierno se comunica con la Unidad, debido a que como ha funcionado “es un engaño”, ya que el Presidente acuerda con algunos voceros de los partidos de la coalición los temas y las bancadas “hacen lo que les da la gana”.El analista Armando Novoa, entre tanto, consideró que el Gobierno no tiene una hoja de ruta clara de la otrora “locomotora legislativa” debido a que no tuvo la “audacia para reponer esas relaciones” de cara al país.

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