Hoy:

    'Pepe' Mujica nos contó su visión sobre Colombia

    Abril 02, 2017 - 07:59 a.m. Por:
    Judith Gómez Colley y luis Guillermo Restrepo Satizábal / El País 
    José 'Pepe' Mujica, expresidente de Uruguay

    José 'Pepe' Mujica, expresidente de Uruguay, durante la entrevista concedida a El País.

    Foto: José Luis Guzmán / El País

    Con la experiencia y la sabiduría que le dan sus 82 años, José Mujica asegura que si firmar la paz en Colombia fue complicado, mucho más difícil es construirla.

    Por eso, el exguerrillero y expresidente de Uruguay cree que la misma solo estará construida cuando la gente con diferencias no tenga que agredirse y no tenga miedo.

    Video: las frases con las que Pepe Mujica conquistó a los jóvenes caleños.

    ‘Pepe’ Mujica, quien estuvo esta semana en Cali y forma parte de la comisión internacional de notables que verificará el proceso de paz, dice que la guerra en Colombia ha sido muy dura y que ese clima de violencia ha generado desconfianza y muchas heridas. “Hay gente con dolor por lo que le ha tocado vivir y por eso le cuesta mirar y tener la grandeza de darse cuenta de que lo pasado es pasado y que lo que más vale es lo que va a venir”.

    En septiembre de 2013 en un discurso en la ONU usted dijo: “Cargo con el deber de luchar por Patria para todos y para que Colombia pueda encontrar la paz”. ¿Cómo le ha ido en esa tarea de ayudarnos a encontrar la paz?

    Fue difícil firmar este acuerdo, que fue refrendado por el Parlamento, pero la cosa no queda ahí. Si eso fue difícil, mucho más difícil es construir la paz. Mirando la historia de Colombia no es cierto que la guerra es de 50 años. Colombia ha vivido prácticamente siempre en guerra. Tiene heridas seculares adentro. Eso es lo que le ha hecho mal a Colombia y termina haciendo mal a todos los latinoamericanos porque tenemos condiciones para otra cosa. La guerra no deja de ser un despilfarro de energía fabuloso. Me dicen que Colombia tiene un ejército de casi 500.000 efectivos, ¡Dios me libre! Mantener una maquinaria de ese tipo es un esfuerzo económico tremendo.

    Los colombianos vivimos con toda esa cantidad de soldados y policías, pero tenemos un problema de ausencia de Estado...

    Se ve que en la historia de Colombia el Estado ha fallado en ofrecerle el mínimo de garantías a la ciudadanía. No hablo ni siquiera en el aspecto económico sino de lo elemental: respirar, caminar por la calle, vivir, pobre o rico, pero vivir tranquilo.

    Eso ha sido muy duro y hay que ayudar a que Colombia pueda salir de eso y a superar esas contradicciones. Ese clima de violencia también ha generado una conciencia defensiva y desconfiada y hay muchas heridas, y hay gente que seguramente siente dolor por lo que le tocó vivir y le cuesta mirar y tener la grandeza de darse cuenta de que lo pasado es pasado y que lo que más vale es lo que va a venir.

    Usted fue guerrillero, se reincorporó a la vida civil y terminó Presidente de Uruguay. ¿Cree que están dadas las condiciones para que aquí se pueda hacer ese proceso?

    Pienso que con el correr del tiempo se pueden dar fenómenos de ese tipo. Al fin y al cabo, toda nuestra guerra y lucha de independencia tuvieron algo de eso. No son fenómenos nuevos, son históricos, pero lo más importante es que el pueblo colombiano pueda barrer esa dinámica de cada cual caminar por su vereda, pero esas diferencias nos merecen respeto y la tolerancia, no se puede pretender que todos pensemos lo mismo.

    Eso es imposible y eso no va a existir nunca en ninguna parte.
    Y hay una contradicción: los seres humanos somos gregarios, no podemos vivir en soledad, precisamos sociedad y como individuos tenemos la cuota de egoísmo, como todas las cosas vivas que luchan por su vida y por la de los seres que los rodean.

    "Yo soy de izquierda, o
    se me podía definir, me siento pariente de Asóka, de Epaminondas, de Jesucristo, el hijo de María, no de Dios, de Espartaco, de Solón, en esto de la guerra,
    de los hermanos Draco”.
    José 'Pepe' Mujica
    Expresidente de Uruguay

    Cuando el Gobierno perdió el plebiscito, usted dijo que el presidente Santos hizo un proceso de paz demasiado gerencial y que la gente se ha asomado al mismo como a un balcón ¿Sigue pensando igual?

    A veces uno piensa que el pueblo colombiano se acostumbró a vivir en guerra, rodeado de atentados. Se acostumbró al dolor, al dolor de las víctimas y a todo lo demás y lo ve como un hecho fatal de la naturaleza humana y no como algo que se puede desterrar, que se puede vivir en sociedades, aunque no sean perfectas, pero que la gente se respete y que no tenga que usar la violencia.

    Esa es la batalla, pero me doy cuenta de que no es fácil ni está a la vuelta de la esquina. Repito: firmar la paz es una cosa, construirla es otra. ¿Cuándo estará construida? Cuando la gente con diferencias no tenga que agredirse y no tenga miedo y no precise andar por la calle con una montaña de escoltas.

    El proceso de paz polarizó a Colombia y enfrentó al Gobierno y oposición, situación que hoy sigue. ¿Cómo analiza este hecho?

    Un proceso de paz tan complejo después de lo que ha pasado, naturalmente tiene que tener imperfecciones. Si usted quiere en verdad construir la paz debe mirar hacia adelante, si se queda detenido en la historia, no va a hacer la paz. Eso fue lo que le pasó a Mandela, que se peleó hasta con su mujer, porque se dio cuenta de que la lógica de la guerra era desangrar a Sudáfrica.

    La lucha no es solo por los oprimidos, es también por los opresores para que no tengamos necesidad de tener oprimidos ni de tener opresores. Eso significa entender que hay que tener tolerancia a lo que es distinto. La guerra siembra el fanatismo y Colombia está enferma de eso.

    “El problema de la integración en América no es de izquierda, ni de derecha ni de centro, es de todos, y tenemos que aceptar como son las cosas”.
    'Pepe' Mujica
    Político uruguayo

    ¿A los opositores del proceso de paz les ha faltado grandeza para reconocer lo que vive el país hoy?

    Es consecuencia de los miedos de haber vivido tantos años con estas contradicciones. Y seguramente hay gente que tiene su negocio con la guerra y todo lo demás, porque los hombres no somos tan idealistas.

    Aquí hay dos actores: uno el establecimiento, el otro, las Farc y lo que representan. Usted que ha visto los puntos de vista de ambos, ¿qué actitud les ve a los dos?

    Lo mejor que yo veo en las Farc es la voluntad de paz que tiene ahora, porque es evidente que el Gobierno ha tenido enormes dificultades en llevar adelante los acuerdos, y las Farc han soportado eso.

    Claro, no soy inocente, es una voluntad con intención de transformarse en herramienta política y estar mañana en la disputa de los votos, bueno, al fin y al cabo ¿qué son mejor: los tiros o los votos? O la lucha por los votos. Yo creo que eso es un salto de carácter cualitativo, pero hay más actores que la voluntad de las Farc, hay otros intereses.

    ¿Y al establecimiento?

    Complejo porque está la historia del paramilitarismo, está la violencia que se derrama contra los luchadores sindicales o sociales. Hay la reminiscencia de una cultura de violencia, de solucionar los problemas por la vía expeditiva y violenta. Probablemente hay ciertos márgenes de resistencia en la burocracia palaciega que rodea las decisiones.

    En Colombia hay una sociedad que ha vivido 50 años en guerra y que no tiene muchas razones para creer en el arrepentimiento o en la buena voluntad de la guerrilla. ¿Cómo hacer para que las Farc entiendan que lo primero es convencer a la sociedad de su sinceridad?

    Pero también hay que convencer a la sociedad de que lo que más le conviene es que la guerrilla salga del monte y se incorpore a la lucha civil. La propia sociedad tiene que entender que es mucho mejor eso que andar persiguiendo gente, es mucho más civilizado. Este no es un juego de angelitos candorosos que se arrepienten, no, si usted fue a la guerra fue por razones de íntimo convencimiento, pero si decide el camino de la paz, tengo que ayudarlo. El que quiere la guerra eternamente vive del negocio con la guerra.

    Usted está ayudando, pero se le escucha pesimista...

    Yo creo que vale la pena pelear por ese futuro, pero lo que quiero es llamar la atención, que hay muchos obstáculos y que la gente debe movilizarse por conseguir esta paz porque es una oportunidad histórica, no para las Farc, para el pueblo de Colombia, salir de la lógica de la guerra. Esa es la cuestión, darle otro porvenir a las generaciones que vienen, que no tengan que vivir con un aparataje de seguridad o solventando el problema a balazos.

    Hay un fenómeno neurálgico y es el narcotráfico y los negocios que se mueven alrededor. ¿Ese factor incide en hacer la paz?

    Yo soy un llanero solitario. La droga es un negocio formidable y también da riqueza. El PIB de Colombia está superando al de Argentina, la única razón de eso es que hay una economía negra que no está registrada, que derrama plata en su negocio negro y sucio. Este es un problema muy jodido, yo no tengo ninguna respuesta.

    Mi lucha es precisamente llamarle la atención a los Estados que por la vía de la persecución no se puede. Estados Unidos es el primer comprador y la plata termina lavándose en los bancos de ellos, los latinoamericanos ponen los muertos y el negocio está en otro lado.

    Usted que es de la izquierda y gobernó su país, ¿cómo analiza la situación que vive hoy Venezuela?

    Venezuela no es una situación política, es una situación dramática. Yo nunca voy a acompañar los intervencionismos de nadie, en ningún país hay que meterse, porque cada vez que se meten en un país es para peor. Soy un enamorado de la bandera de libre determinación, pero estoy en contra de los presos políticos en cualquier parte del mundo, donde sea. Eso no tiene sentido.

    Cuando usted fue Presidente, la izquierda tenía un papel protagónico en Suramérica. ¿Como la ve hoy?

    Es el péndulo de la historia. La historia se mueve. Siempre oscilamos, en unos momentos hacia un lado y en momentos hacia el otro. La izquierda tiene enfermedades, patologías, confundir el deseo con realidad y caer en infantilismo y la pata conservadora, que no es lo mismo conservador que reaccionario, tiene sus defectos cuando cae en el totalitarismo. En estos momentos el péndulo se ha movido, algo va a pasar, pero entre unos y otros tenemos una responsabilidad.

    Si los latinoamericanos no nos damos cuenta de que el porvenir depende de que tengamos capacidad de tener políticas comunes y de construir grandes unidades en común, corremos el riesgo de quedar como una hoja al viento. ¿Por qué? Porque mire lo que es China, una nación multinacional, la India, Estados Unidos, Europa con sus problemas caminando hacia 7000 millones de consumidores. Y los latinoamericanos, con nuestras repúblicas divididas entre izquierda y derecha, centro y populismo, mirándonos de reojo y sin poder tener una política de mercado común, inteligencia en común, vamos a ser víctimas.

    Todo depende de la política, pero alguna gente cree que la integración latinoamericana es un problema de izquierda, esperan que todos sean socialistas, ni en el año del golero nos vamos a integrar así.

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