“Parte de las leyes inducen a la corrupción”

“Parte de las leyes inducen a la corrupción”

Agosto 21, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal
“Parte de las leyes inducen a la corrupción”

Aurelio Suárez.

“Mi labor va encaminada a cambiar la ecuación de que Colombia sea el sexto país más desigual del mundo y Bogotá la tercera ciudad más desigual de Colombia”, dice Aurelio Suárez, nueva estrella del Polo.

Don José María Suárez era un paisa del todo el maíz, oriundo de Don Matías, un pequeño pueblo del norte antioqueño, que nació con la impronta que envidian en el resto del país y que caracteriza a las gentes de la región: saber cómo se hace dinero. Por décadas los hombres de esta provincia desbrozaron selva, abrieron caminos, fundaron pueblos e industrias e hicieron de Antioquia el gran ícono nacional del trabajo, el emprendimiento y el éxito económico. En las épocas de don ‘Pepe’ Suárez era dinero bien habido.Lejos estaban las épocas nefastas del narcotráfico y sus secuelas de muerte. don Pepe empezó a llevar panela de Medellín a Puerto Berrío y de allí a Barranquilla. Esa fue la semilla de una labor gigantesca de importaciones de toda clase de artículos, que lo hicieron muy rico y lo obligaron a trasladarse a Bogotá con su esposa y sus primeros seis hijos, en los años 50. Era la década dorada de una ciudad para cuya entrada en la modernidad se contrataron los servicios de una estrella mundial: Charles-Edouard Jeanneret Gris, mejor conocido como Le Courboisier, uno de los más polémicos y respetados creadores del siglo XX y quien había dedicado su vida a la arquitectura, las artes plásticas, el urbanismo y la escritura.Esa fue también la década de las grandes convulsiones políticas, la era dorada del fútbol, de la Vuelta a Colombia en bicicleta y la llegada de la TV. La del surgimiento de grandes de la pintura y la literatura como Botero, Obregón, Grau y García Márquez. Pero doña Olga Montoya, esposa de don Pepe y padre de nuestro héroe, quedó embarazada por séptima vez, y la familia regresó a Medellín en volandas para que Aurelio, el benjamín, naciera en tierra antioqueña. A los ocho días de nacido regresaron y lo bautizaron en la Iglesia de Santa Marta. La tropa se crió en una casona de la carrera séptima en la calle 77, colindante con el barrio La Cabrera, el más ‘dediparado’ de Bogotá, en el que Alfonso López Michelsen sitúa los personajes de su libro “Los Elegidos”. De familia conservadora, don Pepe fué gaitanista y luego llerista; su amigo del alma, Lorenzo Botero Jaramillo, por su parte, era conservador de raca mandaca. Fueron amigos y socios y ambos dirigían los comités de finanzas de las campañas respectivas. Aurelio cuenta divertido que el uno le pedía aportes a los comerciantes de un lado de la séptima y el otro a los del lado contrario. Habiendo montado enormes bodegas en Bogotá, comerciantes como Juan B. Escobar, Fabio Gómez López y Pepe Suárez crearon la Zona Mayorista de Grandes Bodegas en San Victorino. Fundaron Fenalco que para la época era una agrupación casi subversiva: “Papá me contaba que él repartía volantes en el comercio de Medellín. Eran contestatarios. Hoy, los dirigentes de los gremios quedaron asimilados al sistema y a lo que aspiran es a ser ministros. Yo creo que esa actitud contestataria influyó en mi. Mi papá era un rebelde, perseguido en la época de la violencia. Mi abuelo era conservador, pariente de Monseñor Builes. Nuestra casa y la de los abuelos eran vecinas y tenían una puerta secreta para que cuando llegaban a buscar a los liberales papá pudiera pasarse para el lado conservador”.Cuando se graduó de bachillerato quiso entrar a la Universidad Nacional, pero su madre se opuso y lo matricularon en Los Andes, donde se graduó de ingeniero. Se metió en el movimiento estudiantil y terminó militando en la Juventud Patriótica, que era la organización joven del Moir. A partir de ahí pertenece a ese partido, hace treinta ocho años. Después se dedicó a hacer lo que llama Política de Pies Descalzos y a regar el pensamiento de izquierda democrática por todo el país, participando en procesos políticos universitarios. Fue Diputado de Risaralda, candidato a la gobernación de ese departamento y al Concejo de Bogotá. A diferencia de otros militantes de izquierda, el Moir nunca estuvo de acuerdo con la lucha armada. Por eso su actividad, como dice La Silla Vacía, “era más proselitista y de fomento a las organizaciones sociales”. En 1985 fundó con Jorge Robledo -con quien es ‘uña y mugre’- la Unión Cafetera Colombiana y participó en la creación de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria. Fue catedrático universitario e hizo un postgrado en Gerencia de Organizaciones Comerciales en el Icesi, manejó empresas, trabajó como consultor privado, fue miembro de la Junta Directiva de Fenalco -Pereira y escribió varios libros sobre economía y agricultura.En 2001 regresó a Bogotá para participar en los procesos de convergencia de movimientos de izquierda que terminaron en la creación del Polo Democrático Alternativo. Fue asesor de la campaña presidencial de Carlos Gaviria, en 2006, y miembro del Comité Ejecutivo del Polo. Desde 2007, cuando fue candidato al Concejo de Bogotá, siguió estudiando a fondo los problemas de la ciudad. Según sus colaboradores más cercanos es un hombre acelerado, sonriente, que exhibe una impresionante versación en el tema público y, sobretodo, es uno de los miembros más fogueados del Moir. Para Carlos Gaviria, ex presidente del Polo y ex candidato presidencial, es el hombre que más sabe de Bogotá. Por esta razón, Suárez es candidato a la alcaldía de la capital y ha descrestado a los feroces tiburones de los medios con su facilidad de expresión y su conocimiento sobre todos los temas. El caso es que ha surgido una nueva estrella de la política y de la oposición en Colombia. ¿Qué eran la Unión Cafetera Colombiana y la Unidad Cafetera?Con Jorge Enrique Robledo ensamblamos un discurso cafetero un poco por fuera del oficial de la Federación, que consultaba los intereses de los productores. Ese movimiento no fue solamente campesino, tuvo el respaldo de empresarios del café muy importantes como Fabio Trujillo Agudelo, Leonidas Arango, Octavio Mejía Marulanda y Gabriel Gómez Gaviria, quienes entendieron que por fuera de la Federación había otra realidad cafetera.En la época de crisis logramos dirigir un paro cafetero que terminó condonándoles las deudas a 120 mil caficultores que iban a perder sus fincas, en 1995. En una reforma tributaria metieron ese artículo que nos dio renombre y muchos otros agricultores nos buscaron. Montamos entonces la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, que aún está vigente. Es una coalición que lucha por la defensa de la producción nacional. Nos hemos caracterizado por defender a los productores porque, con la apertura y el libre comercio, el campo ha sufrido una ruina progresiva. Hoy mantenemos actividad en todos los departamentos, con una coalición de organizaciones agrarias. En Colombia el que tenga un problema en el campo ya sabe que puede llamar a Jorge Robledo, a Ángel María Caballero o a mí. ¿Cuándo llega el momento del Polo?Cuando Alternativa Democrática se junta con el Polo Democrático Independiente. En el 2002 este último había lanzado a Lucho Garzón, había ganado la alcaldía y tenía un grupo de congresistas. Vimos que se podía fortalecer una izquierda democrática y resolvimos fusionarnos. Robledo y yo siempre hemos estado en la izquierda democrática con el lema de: “La fuerza de la razón”.¿Cómo están afrontado el escándalo de la contratación y de los Moreno Rojas? La imagen del Polo era la de Carlos Gaviria y tras todo lo que ha sucedido últimamente, de alguna manera esa imagen se vuelve la del carrusel de la contratación y eso deteriora la imagen del Polo. Pero eso no significa que como organización política, con los errores que usted pueda señalar, el Polo pierda vigencia histórica e importancia en la vida política del país. Evidentemente, quienes nos atacan en este debate lo que han querido es sacarnos del ‘ring’. Este es el único partido que se mantiene en la oposición, que está contra los TLC, que propende porque el trabajo sea bien remunerado, que le pone límites a los desmanes de la libre inversión, que tiene postulados modernos sobre el tratamiento del medio ambiente, que es un partido incluyente con las minorías y que participa en las luchas sociales.Sí, pero lo sucedido en Bogotá tiene un costo político..La pregunta es si la corrupción que campea a todo lo largo y ancho del país, en las más diversas instituciones y con miembros de los diferentes partidos, se le puede imputar sólo al Polo para descalificarlo y poner a su candidato a la alcaldía de Bogotá en una posición de indefensión, de inseguridad y a la defensiva porque sus planteamientos sean desvirtuados. El problema es que al Polo se le ha querido aplicar la teoría del ‘oro y la escoria’. Usted ve por ejemplo, que el Partido de la U se precia de ser el mayoritario y nadie lo está cuestionando ideológicamente porque la mayoría de los parlamentarios inmersos en el escándalo de la parapolítica, son uribistas y pertenecen a ese partido. No por eso alguien ha generalizado diciendo que el Partido de la U es corrupto. En un perfil que sacó de usted La Silla Vacía, dice que usted es un izquierdista de la vieja guardia. ¿Lo siente así??¿Es eso un insulto?No creo que sea un insulto, me parece más bien una definición. Me suena como “la vieja guardia muere, pero no se rinde”. Un grupo del cual formamos parte Jorge Robledo, Carlos Gaviria, Clara López, Iván Cepeda y yo, hemos hecho una contribución convirtiendo en realidad una posición ideológica. No creo que se pueda llamar ‘izquierdismo de vieja guardia’ escribí un libro titulado ‘Confianza Inversionista’, que analiza la economía colombiana en la primera década del Siglo XXI, en donde desmenuzo con argumentos, fundamentos, números y cifras oficiales, la realidad del país y donde planteo el balance de una economía claramente desigual, sin caer en ningún argumento ni marco teórico. Por supuesto que los hay allí y también están citados, pero todo a partir de la realidad. Si a eso lo llaman vieja guardia yo no se qué llamarán nueva guardia. Yo soy una persona con principios muy arraigados, convencida de que Colombia tiene que resolver problemas estructurales y dejar de ponerse paños de agua tibia, como lo ha venido haciendo por décadas.¿Es un problema de cambios radicales?Hace un par de años Germán Vargas Lleras trajo a Joseph Stiglitz a una conferencia en el Gimnasio Moderno y él dijo: ‘si ustedes no hacen una remoción de sus estructuras sociales y económicas, nunca van a salir del atraso’. Pero las clases políticas no lo han entendido. Piensan que mientras más acaparen, el país va mejor. Pero la realidad es que aquí progresan unos pocos, cuando lo que hace crecer a una sociedad es la equidad democrática. Lo peor es que ahora ni siquiera son grandes inversionistas nacionales los que acaparan, sino extranjeros. Aquí habría que preguntarse si los países desarrollados del mundo han logrado serlo porque los extranjeros fueron y ayudaron a desarrollarlo. Todos van es a llevarse lo que pueden. Un día en la ONU, en un encuentro de alto nivel de la sociedad civil con las instituciones financieras, un representante de Disney me dijo una frase que es una gran lección de economía: ‘si ustedes quieren que vaya dinero a sus países, tienen que tener en cuenta que el dinero va a donde puede salir’. Pero aquí en Colombia es al revés. Emilio Sardi, un gran amigo mío, de Cali, dice una frase muy buena: “Cada vez que viene un extranjero a Colombia, monta un ‘dólar-ducto’ de salida”. En mi libro yo demuestro que a principios del siglo XXI era más la plata que entraba que la que salía. Desde el año 2009 la curva cambió y ya es más la plata que sale que la que entra. Colombia no exporta sólo petróleo o café, el país se volvió un exportador de capital, de ahorro nacional. Según usted, ¿qué habría que hacer?Aquí hay una gran discusión en el tema económico. La posición de Juan Manuel Santos y su Ministro de Hacienda es que Colombia debe ser un país que le sirva a la inversión extranjera. Otros como Eduardo Sarmiento, Germán Umaña y yo, decimos que el desarrollo no depende de la inversión extranjera sino del ahorro nacional. Y está demostrado que el país se surte cada vez más del capital extranjero para financiarse y va desplazando al propio tiempo, más y más, la capacidad de ahorro. El resultado es que el país se va colonizando.Quisiera saber cuál es el pensamiento del Polo en relación con los problemas del país y concretamente el suyo, ya que se ha revelado como la nueva estrella de su partido.Hay que desarrollar políticas para contrarrestar los efectos y secuelas de las políticas de Santos, como la Ley de Sostenibilidad Fiscal. Una reforma, por la puerta de atrás, del régimen de transferencias del sector central a los territorios. Aquí hay una limitante en las cuentas fiscales del estado, entre ingresos y gastos. Los ingresos se estabilizan con todas las concesiones que se le dan al gran capital y lo que termina sacrificándose para obtener el saldo positivo, es el gasto social. Eso perjudica a todas las ciudades y en gran medida a Bogotá con sus ocho millones de habitantes, a la que le llegan cien mil personas de afuera todos los años. La segunda gran medida es gravísima: los Tratados de Libre Comercio. Digamos que el de Estados Unidos y el de Europa están medio estudiados, pero por debajo nos llega uno con Corea que va a ser el tiro de gracia. Destruirá la industria automotriz bogotana y todos los encadenamientos regionales de esa industria. Si Corea y Japón derrotaron a la Chrysler y a la Ford, ¿no van a acabar con Colmotores? Por otra parte, no es cierto que Bogotá no se esté des-industrializando. Este dato es muy importante: en el año 1995 la participación de la industria en el PIB de Bogotá era el 15%, hoy apenas supera el 10%. Cuando doy estas cifras, el lector puede creer que se trata de porcentajes, pero no, son obreros cesantes, empresas encadenadas que se destruyen. En tercer lugar, el Plan de Desarrollo, que eliminó la necesidad de planes parciales aprobados para el desarrollo de proyectos urbanísticos. Quedó la mano invisible del mercado para el suelo, para el mercado urbano y para los proyectos de vivienda por encima de las competencias municipales en todo el país.¿Cuál es su opinión respecto a la reforma educativa?Allí tenemos el tema de las universidades con ánimo de lucro. El doctor Francisco Piedrahita, director de Icesi, en Cali, tiene un recuento de lo que son esos mercachifles de la educación superior, que los Tratados de Libre Comercio han introducido en todos nuestros países, especialmente en Méjico. Esto puede traer un derrumbe de la Educación Superior. ¿Qué me dice de la Salud?Es el quinto tema. No hay como resolverlo bajo el esquema de la Ley 100. La salud tiene un sistema que llaman en economía de costos crecientes. Si se le eliminan más clínicas y más hospitales, se lo vuelve más costoso porque la oferta de servicios es cada vez menor. Y si, además, se le montan unos intermediarios financieros que de la plata de la salud sustraen dinero para rentas privadas, el sistema tiene que colapsar. La plata disponible para el sistema de salud en Colombia son 24 billones de pesos y el sistema vale 32 billones. Entonces lo que sucede es que la gente está poniendo del bolsillo y ayudándose con las tutelas del Fosyga. El sistema se está cuadrando con la plata del bolsillo de la gente. Sobre la corrupción, ¿cuál es su opinión?Buena parte de las leyes colombianas inducen a la corrupción o, mínimo, a la concentración de los contratos. Eso se reforzará con la eliminación de anticipos porque los bancos decidirán quienes construyen las obras, y van a venir firmas extranjeras que desplazarán a la ingeniería nacional. Hay un marco jurídico de contratación en el país que induce a la concentración y a la corrupción. Por supuesto, hay que nombrar gente honesta y calificada, que reúna todos los requisitos, y ser implacable con el que se pille metiéndole las manos a la Hacienda Pública. Ahora, a medida que las investigaciones avanzan, digamos la verdad, del Polo van quedando dos encartados y van apareciendo muchos de otros partidos que cooptaron los organismos de control, porque la corrupción es multipartidista. Eso es lo nuevo. Yo creo que ha habido un problema de descuido ciudadano en el control del gasto. Por eso, la idea es que en las ciudades se organicen veedurías vigilantes del tesoro público. La corrupción hace escándalo, vende noticia, gana rating, pero eso no resuelve el problema. Hay que combatirla a fondo, y hay que recordar que, al amparo de sistemas legales, se sustraen ganancias del traslado de lo público a lo privado, generando una desigualdad enorme. No me lo ha preguntado, Margarita, pero mi labor va encaminada a cambiar la ecuación de que Colombia sea el sexto país más desigual del mundo y Bogotá la tercera ciudad más desigual de Colombia.

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