"Nunca me he sentido discriminada": Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt

"Nunca me he sentido discriminada": Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt

Marzo 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Gerardo Quintero Tello, Jefe de Cierre | El País.

Brigitte Luis Guillermo Baptiste, la directora del Instituto Humbolt.

Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, estuvo en Cali y habló de su búsqueda de lo femenino, sin olvidar su masculinidad. ¿Por qué se declara un renacido? ¿Cómo es vivir en la piel de una persona que ha hecho de la diversidad un proyecto de vida?

Se declara renacida en 1998, totalmente transgénero, impúdica y pagana. Así es Brigitte Luis Guillermo Baptiste, la directora del Instituto Humbolt, quien hace de la persidad no solo un valor de la riqueza natural del país, sino un principio de vida.

Su escala en Cali, en la Universidad Icesi, donde fue invitada a dictar una conferencia sobre biodiversidad y mujer, fue como la llegada de una estrella de rock. Un estudiante de antropología le dedicó una canción, fue necesario cambiar de auditorio porque la cantidad de asistentes no daba abasto y durante una hora no pudo moverse del escenario firmando autógrafos y tomándose fotos con sus ‘fans’ 

Sin complejos, habló con El País sobre su reinvención de lo femenino, su renacimiento y sus sueños de que se construya una sociedad más tolerante.

La gente me pregunta ‘lo que usted quiere es simplemente ser mujer’, pero yo respondo que eso es muy complicado porque ni las artes más elevadas le dan respuesta. Ser mujer en la sociedad o en el mundo es ser muchas cosas, no quiero tener el cuerpo de mujer solamente para seguir siendo la misma persona o tener los mismos roles o seguir cometiendo los mismos errores. Entonces, siempre hago referencia a la construcción cultural de lo femenino. Pero el trasfondo es cómo de la historia de lo femenino y de la historia de lo masculino construimos nuestras identidades contemporáneas y esa es la razón por la cual me inspiro en Brigitte Bardot porque es un referente de la feminidad de mi época, pero además mediática, porque yo no conozco a Bardot en persona, conozco sus películas, su entorno cinematográfico, del cual ella misma renegó. Entonces yo me parezco es a la actriz que sale en sus películas no necesariamente a la Brigitte que es una persona de carne y hueso.

Lo más importante es que siempre lo supe, lo busqué, pero en privado, en el clóset. En ese momento de la historia falleció mi única hermana de una enfermedad muy corta y sorpresiva, lo que  para la familia fue devastador. La reflexión que vino con el duelo fue lo efímero que somos, de lo poco que hablamos y nos conectamos, cuánto quise estar cerca de ella. Entonces me dije que yo tenía que ser quien yo quiero ser, pero ya en ese momento estaba casada, tenía mi vida profesional resuelta, había tomado muchas decisiones que en apariencia no eran compatibles con replantear mi visión de género, mi experiencia de cuerpo, entonces lo que hice fue ir experimentando cómo sería yo en ese momento particular de mi propia historia y eso es lo que he venido haciendo estos últimos años.

Ella es la persona más consistente que he conocido en su visión del derecho a ser y cuando nos conocimos y yo le expresé mi situación, mi búsqueda, quién era, me dijo: ‘mira, nos acabamos de conocer, estamos saliendo y con la persona que me encuentro ahora es contigo, vamos día a día’. Y en ese día a día llevamos quince años. 

Es una persona muy abierta y la verdad es que la única forma de que una pareja esté junta es que ambos seamos auténticos 100%. Si  algún día no podemos estar juntas, pues nos despediremos con respeto y con la alegría de haber vivido juntas. Pero si nos tenemos que despedir porque no fuimos honestos,  va a ser triste.

Finalmente todos los padres somos muy particulares para sus hijos. Somos únicos y   referentes de todo. Podría ser verde, tener cuernos, es decir, lo que fuera, y la relación seguiría siendo tan natural como ahora, yo seguiría siendo su papá, porque así me identifican. Entonces no hay nada qué explicar, hemos vivido toda la vida así, soy totalmente espontánea con ellas. No soy una  alienígena, conozco a sus amigos, los papás de los amigos, de hecho mi vida es muy convencional, así no lo creas. Voy a reuniones de padres, me aburro, vamos a cine, peleamos por dónde comer hamburguesas…

Que si sé hacer polinomios para la clase de matemáticas, eso es lo más difícil. Realmente sobre otros temas, pues no. Tenemos amigos, parejas gay, vivimos en un mundo como todos, donde existen todas las variedades de ser, entonces eso no es un tema, no es algo especial para ellos. Esperemos a cuando ya comiencen a tener su círculo de amistades más íntimas, a tener novios o novias, a ver qué va a pasar. Pero desde nuestro punto de vista, tienen todas las garantías para hacer lo que quieran.

Lo que pasa es que en la construcción de la feminidad, el erotismo, sobre todo en los setenta, era muy importante.  Todos esos referentes se vuelven como la idea de que uno puede hacer lo que  quiera y por supuesto uno va encontrando que su cuerpo es maravilloso, que puede vestirse como quiera y esa exploración encuentra muchas vertientes radicales. Me encanta el punk, las culturas urbanas en sus distintas manifestaciones y finalmente acabo siendo muy ecléctica.  Ser directora del Instituto Humboldt o ser padre de mis hijas no requiere ser ‘performance’, me toca irlo construyendo en las rendijas, mientras pasa, entonces cuando viajo y veo ropa que me encanta, me gusta esto y ya, no alcanzo a ser tan deliberada.

Pues siempre es muy bonito ver el cariño de las personas, pero además como me escriben muchas personas sintiéndose que he interpretado algo que no pueden expresar o que les hace falta esa complicidad es maravillosa, es un espacio donde me encontrado de manera muy sorpresiva. Algo que yo creía que iba a ser un proceso muy personal y que fue tardío, se fue convirtiendo en algo muy público, lleno de vínculos y lazos positivos.

Siempre he considerado que he corrido con mucha suerte, he tenido una familia  afectuosa, solidaria y he podido participar en todos los espacios  que se me ha brindado con las mínimas garantías que todos los colombianos deberíamos tener. Nunca me he sentido discriminada en los espacios en que he estado, pero en gran medida es suerte. Pero también tiene que ver con lo que decía yo de ser cuidadosos con las cosas, de no entrar en controversias innecesarias o de entender siempre la razón de la otra persona.  Respeto  las ideas religiosas, las instituciones, y todas las visiones de familias y respeto la controversia que hay,  procuro enriquecer los debates, concertar, entender. Esa actitud mediadora que siempre he tenido abre espacios al diálogo, que es lo que necesita Colombia. 

Colombia  lleva 50 años sin debatir a fondo muchos temas de equidad social, una democracia participativa de fondo, pero hemos logrado avanzar en otros aspectos más del discurso, más de la construcción simbólica y nos hemos inventado formas de ser para compensar quizás esa falta de espacios políticos. Creo que si eso da un giro, Colombia va a tener una riqueza gigantesca para construir democracia y una sociedad muy distinta. Estamos llenos de decisiones incompletas, incoherentes, pero si logramos ponerlas en juego, de verdad, no de adorno, va a ser muy positivo.

Yo comenté en las redes que me sentía un poco frustrada porque la Corte siempre había sido consistente en la defensa de los derechos Lgtbi y en el último momento como que le faltó el centavo para el peso. Sin embargo, es muy importante todo lo que ha dicho y hecho y considero que es algo irreversible. La adopción libre y completa vendrá muy pronto.

Pues ahora hago mucho más conciencia de ello que cuando el instituto se fundó. Yo participé hace 20 años en su creación, fui investigadora dentro del mismo durante mucho tiempo. Pero siendo una institución de investigación de la biopersidad nunca se pensó en esos términos.  Con el tiempo  se ha enfrentado a ese tema de entender la persidad cultural, las subjetividades sociales como un elemento fundamental de su quehacer  y allí vamos llegando a lo que hoy se trabaja.

Así hay que entenderlo porque cuando uno voltea a mirar siempre encuentra algo distinto, somos una sociedad exuberante en todo sentido.

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