“No podemos vivir como lobos que se despedazan”: monseñor Luis Augusto Castro

Julio 13, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co | Colprensa

El nuevo presidente de la Conferencia Episcopal y máximo jerarca de la Iglesia Católica, dice que la verdadera voluntad de paz del Gobierno y las Farc se verá cuando se toquen el corazón y cada uno reconozca su responsabilidades en el conflicto.

Luis Augusto Castro Quiroga, arzobispo de Tunja, se convirtió en el máximo dirigente de la comunidad católica en el país, tras ser elegido, el miércoles pasado, presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana. El prelado habló para Colprensa sobre el papel que tendrá la Iglesia Católica en los próximos meses, en el marco del proceso de paz con grupos guerrilleros y ante la posibilidad de que acabe la guerra y el país entre a una etapa de posconflicto.También se refirió a la pérdida de fieles y a temas polémicos que ha debido enfrentar el catolicismo. Usted fue elegido en un momento muy importante para el país, con una posibilidad del fin de la guerra; pareciera, incluso, que esa fue una de las razones de los demás obispos para escogerlo como Presidente del episcopado. ¿Qué labores concretas desempeñará la Iglesia en estos procesos, sobretodo en el eventual posconflicto? El posconflicto nos debe llevar a prepararnos a todos. La Iglesia, en primer lugar, tiene que favorecer un proceso de rehumanización. No nos damos cuenta de que esta guerra nos ha afectado a todos, pensamos que las víctimas y victimarios son los únicos afectados y no, todos, de una u otra manera, hemos sido más que espectadores, por eso, debemos volver a sensibilizarnos con el dolor de los otros, crecer en humanidad, valorar más la vida y vivir como hermanos y no como lobos que se despedazan; no es una tarea política sino ética, para después de esto proceder a la reconciliación, sin ceder a la impunidad. ¿Qué se debe hacer para que los actores del conflicto, al firmar la paz, no queden impunes? Ellos deben ponerse de acuerdo dentro del marco que se llama la justicia transicional, que lo que hace es que sacrifica un poquito de justicia en favor de la paz o en otros casos sacrifica un poquito de paz en favor de la justicia, en nuestro caso se irá por lo primero, se reducen las exigencias de la justicia para que se pueda dar el paso hacia la paz. Entonces, ciertamente tendrán que hablar de sus responsabilidades en términos de justicia, pero de un modo tal que no se rompa todo, esa es la ventaja de la justicia transicional, pero claramente, sí tendrán que asumir responsabilidades por lo que hicieron. ¿Cómo ha visto hasta ahora el proceso de paz? Para mí, va muy bien, siento que las Farc lo han tomado en serio, el Gobierno y las personas en la mesa de negociaciones están haciendo las cosas bien. Sin embargo, ahora llega la parte difícil que es cuándo les toca mostrar si realmente tienen esa voluntad de paz o no con los actos. Con el ELN ojalá se empiece el proceso, pero no como en ocasiones anteriores, porque ellos son especialistas en dialogar y dialogan con una gana enorme porque son expertos, pero ya cuando deben asumir algún compromiso se levantan de la mesa y así no sirve. El diálogo por el diálogo no funciona, debe ser entendido como un camino real y eficaz para la consecución de la paz en el país.¿Usted cree que se está trabajando en un proceso para firmar una paz apresurada? Todas las cosas tienen unos pasos que cumplir, si nos ponemos de afán y a querer hacer las cosas ya, nos podemos saltar elementos importantes, como por ejemplo, trabajar por una reconciliación real porque hay reconciliaciones rápidas por conseguir un objetivo rápido y si se hace así nos pasa como dicen los italianos “la gata, por querer hacer los gaticos rápido, le nacieron todos ciegos”.¿Cómo ha trabajado la Iglesia con este proceso de paz? La Iglesia no ha estado al margen de estos diálogos, porque todos los que han estado en La Habana, salvo los guerrilleros que no pueden venir, han estado aquí, dándonos razones de lo que han hecho y aclarando todo, tenemos una comunicación muy interesante y no hay necesidad de que estemos allá sentados; estamos al tanto de todo y hablamos desde acá. Nuestra misión será más que todo en el marco del posconflicto, que hay que enfrentar con mucha seriedad. Hay un desafío político y económico que es acabar con esa guerra por las tierras, que es la raíz de todo este conflicto. Hay además unos desafíos éticos, porque es necesario que haya solidaridad; si no hay, tampoco habrá nunca una distribución equitativa de los bienes, por eso es fundamental. El otro aspecto ético muy importante y muy difícil también: infundir en el país la capacidad de buscar el bienestar del otro, de los demás, más allá de sus propias familias, hay que cambiar la mentalidad, el espíritu y el alma, esos son los desafíos enormes que traerá el posconflicto. ¿Cómo cree que debe ser esa parte del posconflicto que consiste en la reconciliación?Es indispensable que haya paz en el corazón de todos para evitar que la reconciliación sea barata o falsa, debe ser una reconciliación que no se convierta en el disfraz de la impunidad, sino que sea una verdadera reconciliación.Como sabemos, es un tema que trasciende firmas y papeles, no es sencillo que se dé. ¿Cómo lograr una reconciliación sincera? Eso nos compete a todos, a toda la sociedad colombiana y a toda la guerrilla. Colombia tiene que ir aprendiendo a perdonar y al mismo tiempo los otros tienen que ir aprendiendo a pedir perdón, a responder por lo que hicieron, en los términos de la justicia transicional que se hablará en La Habana. Ya luego de que salgan de hacer lo fácil, harán lo difícil; lo fácil se hace con la cabeza, lo difícil con el corazón y hasta que todos los vinculados con la paz se toquen el corazón, vamos a saber si realmente están dispuestos a aceptar las exigencias de la paz. Usted estuvo presente en los diálogos con las Farc en San Vicente del Caguán. ¿Cuál es la diferencia entre ese proceso y el actual? Del cielo a la tierra. El Caguán era una comedia, una pura comedia de la que yo también participé y perdí el tiempo. Las visiones eran totalmente diferentes, la paz para la guerrilla era toma de poder, para el Gobierno paz era la entrega de las armas, dos posiciones totalmente contrarias. La guerrilla necesitaba tiempo, pensaba que en dos o tres meses podía tomarse el poder, estaba muy crecida en ese momento, entonces lo último de lo que tenía interés era firmar la paz, quería ganar tiempo, tenía mucho de comedia todo eso. Hoy la guerrilla ha madurado mucho y positivamente, se ha dado cuenta de que puede luchar por sus objetivos, que en ese entonces de cierta forma eran buenos, pues querían acabar con la pobreza, con la inequidad, pero los medios que utilizaron fueron un error, porque dejaron un reguero de muertos y de sufrimiento en el país. Ahora se dan cuenta de que es posible seguir esa lucha, porque se le pueden abrir las puertas de estos objetivos desde la política y no desde las armas, entonces el cambio es total. Pasando a asuntos políticos, el Gobierno que se posesionará el 7 de agosto, aunque en teoría es el mismo que estuvo cuatro años atrás, viene con otras ideas, algunas más liberales, como la posible aprobación del matrimonio entre parejas del mismo sexo. ¿Qué posición tiene la Iglesia ante ese tipo de temas y qué hará para defender sus principios? Ese Gobierno aún no ha empezado, así que esperaremos a que se posesione y presente sus planteamientos, porque puede haber sorpresas, o puede haber choques, que en últimas no vienen del Gobierno, sino de otras dimensiones del Estado, como en el caso del aborto, ante el que hemos estado siempre en contra, porque nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro por más enfermito que esté. Frente a esto, la Comisión Reguladora en Salud está estudiando la posibilidad de incluir en el Plan Obligatorio de Salud el Misoprostol, un medicamento que permite la interrupción del embarazo. ¿Qué opina? Tenemos nuestros principios y esos los transmitimos a los católicos. Ellos en general, pues obviamente hay excepciones, asumen esa misma posición: la de defensa de la vida y de censura de ciertas medidas que se quieren tomar, como esa. Pero la Iglesia llega hasta ahí, no podemos frenar a la Corte Constitucional ni a los otros entes del Estado que toman esas decisiones; solamente podemos crear conciencia, eso es lo que buscamos hacer. La Iglesia en Colombia La Iglesia Católica ha perdido fieles. En su mayoría no porque se vuelvan escépticos, si no porque se adhieren a otro tipo de religiones. ¿Cómo les puede llegar la Iglesia Católica a esas personas que han cambiado su fe? La Iglesia sí ha perdido muchos fieles y aunque las iglesias se llenan en cada fiesta y en cada eucaristía, es cierto que a Colombia ha llegado una gran cantidad de grupos religiosos que consiguen gente haciendo proselitismo entre los católicos y naturalmente, habiendo libertad religiosa, hay que respetar su acción en el país. Sin embargo, lo que queremos es evangelizar y acercarnos a aquellos que le han dado la espalda a Jesucristo y a la Iglesia. Esa es nuestra tarea: presentarles, como si fuera la primera vez, la figura de Jesucristo, esa es nuestra misión. ‘Dos Palabritas’ es su programa en el canal católico EWTN. ¿Cómo piensa llevar ese contenido, que hoy reciben solo los católicos televidentes de ese canal, al resto de los colombianos? Parte de nuestra evangelización no solo proviene de la Iglesia. Queremos que cada católico en el mundo sea misionero; es decir, que dé testimonio con su propia vida, que con su actuar y sus palabras proyecte su fe, que sea mensajero de Jesucristo y, con eso, los demás puedan darse cuenta que existen grandes diferencias entre creer y no creer.

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