“No pasa una hora en que no tenga a Diana presente”

Febrero 04, 2017 - 01:29 a.m. Por:
Margarita Vidal
“No pasa una hora en que no tenga a Diana presente”

Me gustan los boleros y la música colombiana. El efecto de mis 80 años es que la música moderna no me llega, no me toca, aunque Juanes sí me gusta”.

Al conmemorarse 20 años de la muerte de la periodista Diana Turbay, su madre, doña Nydia Quintero de Balcázar, asegura no sentir rencor por ese hecho. Afirma que le encanta que los jóvenes hagan política.

Hace 16 años, al investigar para una entrevista en Televisión con Nydia Quintero, repasé decenas de artículos, entrevistas, archivos. Me llamó la atención que, en algún reportaje, esta huilense de suaves maneras y linda voz se describiera como una mujer “guerrera, inconforme y rebelde, como La Gaitana”. Durante la realización de la entrevista, doña Nydia, como la conocen los colombianos, respondió mis preguntas con brío y gran facilidad de expresión y, cuando le mencioné sus palabras, soltó una de esas carcajadas totalizantes, frescas y contagiosas que la caracterizan: “Yo, más que rebelde, soy una inconforme con la desigualdad que hay en el país. Por eso lucho para que quienes elaboran las leyes tengan en cuenta las necesidades de las gentes más pobres en todas las regiones del país. Yo me rebelo contra la pobreza, la inequidad, la injusticia y la mentira. Esas son en su orden las cosas con las que no comulgo. Y puede añadir la deslealtad”.Nydia Quintero tuvo una niñez feliz, en Neiva y se casó, jovencísima, en 1948. La andadura política de Julio César Turbay la llevó al Palacio de San Carlos en su calidad de Primera Dama. Terminada la presidencia, en 1982, el matrimonio se disolvió y ella se casó con Gustavo Balcázar Monzón, jefe liberal del Valle, con quien lleva 28 años de matrimonio y a quien describe, como “un regalo de Dios”.Pero, contra lo que cualquier lector desprevenido pudiera pensar, la vida de Nydia Quintero no ha sido propiamente un lecho de rosas. En 1990 ‘Los Extraditables’, con Pablo Escobar a la cabeza, secuestraron a Diana, la mayor de sus hijos, quien murió cuando el gobierno de César Gaviria intentó un fallido rescate. La reacción de esta mujer, valiente y frentera, no se hizo esperar. Cuestionó duramente a César Gaviria y opinó ante los medios que: “La muerte de Diana no sólo es consecuencia de la insensibilidad e insensatez de los ‘Extraditables’, sino que, en igual proporción, son responsables el gobierno y el señor Presidente de la República”. Acto seguido le espetó públicamente a César Gaviria una pregunta tremenda: “¿Si la niña suya hubiera estado en estas circunstancias, qué hubiera hecho usted?”. Hoy, con su rebeldía tal vez atemperada por el paso del tiempo, dice que no guarda rencor. En vísperas del vigésimo aniversario de la muerte de Diana (25 de Enero) y con sus 80 años a cuestas, regiamente llevados, Doña Nydia continúa trabajando sin pausa en su Fundación Solidaridad por Colombia, que completa ya 35 años e ininterrumpida labor en favor de las clases más necesitadas del país.¿Cómo se recuerda de niña?Cuando yo era niña, Neiva era un pueblo de provincia donde todos se conocían. Rezábamos todos los días el rosario con mi mamá y mi papá. Él, a pesar de la seriedad del momento, de pronto nos hacía señas y muecas para hacernos reír y que mi mamá nos regañara.Había entre nosotros una complicidad tierna y cálida. Íbamos a caminar por el monte para coleccionar hojas o insectos o coger pajaritos, o de paseo a la orilla del río para hacer los sancochos. Era una vida tranquila y amable. Mi vocación de servicio nace de mi hogar porque mis padres sentían el dolor de la gente necesitada. Mi mamá entregaba mercados en la puerta del solar todos los sábados y mi hermano y yo le ayudábamos. Ella nos dio el ejemplo.¿Su padre era consentidor o estricto?Tenía mucho sentido del humor y era muy consentidor. Mi madre me enseñaba valores, disciplina y a realizar los quehaceres de la casa. Me enseñaba recetas y a veces me soltaba la cocina a mí sola. Ambos eran alegres y comunicativos, de modo que la vida transcurría deliciosamente.¿Por qué se vino a vivir a Bogotá y en qué colegio siguió sus estudios?Mi abuela materna sufría del corazón y por eso mis padres se vinieron a Bogotá para estar cerca de ella. Yo tenía 13 años e hice el bachillerato en otro colegio de monjas que se llamaba El Rosario. Es notable que, a pesar de estudiar con monjas, sea usted tan progresista y tenga una mente ¡tan liberal!Eso no depende tanto de los profesores sino de la visión que inculcan los padres, del entorno familiar y del propio carácter. Además viví una etapa larga de la vida política del doctor Turbay y de su Presidencia, como una experiencia muy constructiva y formadora, porque tuve oportunidad de conocer a fondo el país, de acercarme a su gente y visitar sus barrios. Quien no ha visitado un barrio pobre, no puede saber cómo se vive en ellos, ni cuál es la realidad del país, que muchas veces puede ser estremecedora.¿A qué edad y cuándo se casó con el doctor Turbay?Yo tenía 18 años y nos casamos en el 48.¿Ya él hacía política?Claro, ya tenía 30 ó 31 años y había sido concejal, diputado y era Representante a la Cámara.Tan niña, ¿qué significó el paso a un ambiente tan distinto y, a veces, azaroso, como el de la vida política?La vida es un aprendizaje permanente. Obviamente, como venía de una ciudad pequeña, casarme con un hombre a quien veía importantísimo, más que difícil, era toda una aventura. Por otra parte, en Bogotá acababan de ocurrir los sucesos del 9 de abril y nos tocó vivir toda esa etapa complicada y dura.¿Dónde estaba cuando mataron a Gaitán?En el colegio. Yo pertenecía al grupo de ballet, bajo la dirección de un profesor ruso. A la hora en que mataron al doctor Gaitán estábamos ensayando en el Teatro Colón, justo frente del Palacio de San Carlos, en pleno centro de Bogotá. De pronto unos obreros entraron gritando: “¡Mataron a Gaitán!”. El ruso, que no entendía qué pasaba, ordenó continuar el ensayo. Pronto entraron otros, pálidos y entristecidos y le dijeron que lo sucedido era gravísimo. Fuimos a la puerta y vimos bajar, por la calle diez, verdaderas hordas de gentes enfurecidas agitando trapos rojos. Como no había transporte nos tocó salir a pie, observando cómo quemaban los tranvías y a la gente subiéndose a los postes para bajar las banderas que se habían puesto allí con motivo de la Conferencia Panamericana. Finalmente, el colegio pudo mandarnos en un camión, con un trapo rojo amarrado para que no nos atacaran, y nosotras agitábamos los trapos rojos de limpiar el tablero, para que nos dejaran pasar. Era la época de grandes jefes liberales, ¿cómo recuerda a Alberto Lleras?De los políticos colombianos es el que más admiro. Era una persona maravillosa, un gran político y un gran gobernante. Un hombre inteligente, mesurado y tolerante, con una simpatía que lo acercaba a la gente. Darío Echandía fue también decisorio en ese momento tan negro del país.Así es. El maestro Echandía tenía una gran talla moral, era un filósofo, un hombre intachable, muy respetado y acatado por los liberales y por el país. También fue muy cercano a nosotros.¿Y Carlos Lleras?Un hombre respetable e importante.Risa. ¡Así de escueta! Bueno, también es cierto que Lleras y Turbay libraron grandes batallas políticas. Entiendo que Mariano Ospina y doña Bertha fueron muy cercanos a ustedes.Es cierto. Y como yo ya había fundado Solidaridad por Colombia cuando el doctor Turbay fue nombrado embajador en Washington, antes de venir a ocupar la Presidencia de la República, no quería que la Fundación tuviera una connotación política, entonces resolví pedirles consejo a dos jefes conservadores importantes, el doctor Mariano Ospina y el doctor Belisario Betancur, que también era amigo nuestro.¿Doña Bertha, era tan mandona como decían?Era una mujer simpática, inteligente, intuitiva y muy aguerrida. Escribía unos artículos que tenían gran impacto.Sí, su columna se llamaba ‘El Tábano’, tan combativa, que casi hace renunciar al presidente López, porque lo que ella decía se lo adjudicaban al doctor Ospina. ¿Por qué usted no se dedicó a la política?A mí me encantaba recorrer el país, estar en contacto con la gente, conocer sus necesidades, porque me preocupaba (y me sigue preocupando) la inequidad entre las diferentes clases sociales y económicas.Unos años después de terminada la presidencia del doctor Turbay, y ya casada con el doctor Balcázar, personas importantes me propusieron asumir una bandera política, pero yo no tengo esa vocación.¿Qué fue lo que más -y lo que menos- le gustó de ser Primera Dama?Le digo con franqueza, yo en esa etapa lo disfruté todo. Claro que hay que reconocer que a uno lo inquietan y le duelen los enfrentamientos políticos cuando son duros y que, desde luego, no me gustaba que le hicieran críticas infundadas al presidente, o que dijeran cosas que no eran ciertas. Es duro ver que atacan a las personas que uno quiere, sobre todo cuando esos ataques son injustos. El presidente Turbay era una persona correcta, limpia, un hombre de concordia, que gobernaba tratando de hacer las cosas de la mejor manera posible. Obviamente, la lucha política conlleva enfrentamientos, no lo niego, pero reconozco que esa es la parte menos agradable de la política.En carta a El Espectador un señor cuestionó el manejo de recursos de la Fundación Solidaridad por Colombia. ¿Qué piensa de esa crítica?Yo diría que todo el país conoce mi labor y mucha gente sabe cuál es el trabajo que he desarrollado. Gracias a Dios he tenido respaldo y solidaridad por parte de muchas personas que, espontáneamente, apoyan y defienden a la Fundación. De todas formas y sin querer parecer arrogante, le cuento que ese tipo de ataques no me tocan.¿Quizá es la primera vez que, en 35 años, la cuestionan? ¿Cree tener enemigos?Nunca he tenido cuestionamientos y no creo tener enemigos, porque una labor como la que adelanta Solidaridad por Colombia se orienta justamente a ayudar a colombianos necesitados. Por otra parte, mi temperamento me hace ser amable y cariñosa con la gente.¿Una primera dama tiene poder?Depende de lo que usted llame poder.Influir en políticas de gobierno, sugerir, mandar. Al fin y al cabo, comparte almohada con el presidente. Risa.Risa. Bueno, yo, con autorización del doctor Turbay creé grupos para trabajar en el campo social y le hicimos seguimiento a la Ley del Menor Trabajador. Me reunía con personas del Congreso para alertar sobre la protección a los niños y a las madres, desarrollé labores en hospitales y centros comunitarios. En el Icbf, la atención que en ese momento se prestaba a los niños hasta los 7 años, se amplió hasta los 16. Sí, claro que uno tiene ideas y una formación y eso le permite ayudar. Cuando ocurrió el gran desastre causado por el tsunami en Tumaco, en el año 79, intervine en la creación de centros de salud. Trabajé siempre por la comunidad, a veces en labores que posiblemente no me correspondían, pero que para mí resultaban positivas porque ayudaban a la gente. Además, al doctor Turbay le parecía bien que lo hiciera.No la quiero entristecer, pero el 25 de este mes es el aniversario número 20 de la muerte de su hija Diana. Usted cuestionó en esa época fuertemente al presidente Gaviria por el operativo que culminó con la muerte de su hija. ¿Cuál es su sentimiento hoy?La muerte de un hijo, especialmente en una forma tan dura y violenta como fue la de Diana, es algo que no se mitiga ni un momento. No pasa una hora en que yo no tenga a Diana presente. Naturalmente ya no experimento los fuertes sentimientos de la época que usted menciona, sino que recuerdo a mi hija con dulzura, sabiendo que tengo un ángel en el cielo y pidiéndole a Dios que le permita a ella estar cerca de nosotros. Pienso que ya he superado esa etapa de rebeldía frente a un hecho tan terrible, y que, hasta al propio Pablo Escobar será Dios quien lo juzgue. ¿Cómo recuerda a Diana?Era una persona inteligente, alegre, con mucha disposición para el ejercicio político. Ella siempre acompañó a su padre en las campañas y en la Presidencia fue su secretaria privada. Sabía conocer a la gente y manejar situaciones difíciles. Era muy buena mamá. Obviamente, uno tiene tendencia a echarles flores a los hijos, pero yo creo que Diana tenía una personalidad muy atractiva. ¿Le gusta ver a su nieta María Carolina, la hija mayor de Diana, haciendo carrera pública?Para mí, María Carolina es Diana. Es la mayor de mis diez nietos y es como si fuera mi propia hija. Es mi consentida, mi pechichona. Es muy estudiosa, le gusta trabajar y siente un reto consigo misma de hacer bien las cosas y salir adelante. ¿Y de sus nietos, cuál heredó la pasión por la política?Miguel, el menor de Diana, que este año se gradúa en Derecho, en Los Andes, ya está aspirando al Concejo. Me encanta que él y la juventud se metan a la política para que haya gente nueva y renovación y para que la política sea adelantada por quienes tienen un alto concepto de lo que debe ser la labor pública. ¿Cómo se ha hecho presente Solidaridad por Colombia frente a este aterrador invierno?Desde el 4 de diciembre estuvimos en Soacha y Mosquera llevando cinco camiones repletos de auxilios, que favorecieron a 1200 familias. La semana siguiente envié otros 500 auxilios al gobernador del Atlántico. Por medio del ministro de Minas, Carlos Rodado, padrino del Magdalena, mandamos 250 auxilios a Aracataca. Después de la Navidad, despachamos 800 auxilios para distribuir entre Montería, Cereté y San Pelayo, los más afectados en Córdoba, y seguiremos al pie del cañón, ayudando en la medida que nos alcancen los recursos.¿Qué otros programas desarrolla la Fundación?Desde hace 24 años hemos enfocado nuestros mayores esfuerzos y recursos a programas de educación y formación en valores a jóvenes de escasos recursos económicos, especialmente en Bogotá y en cuatro municipios de Córdoba. Tenemos talleres para padres de familia. Otorgamos becas para bachillerato con la condición de que los jóvenes asistan a los programas que la Fundación realiza, con el objeto de formar líderes multiplicadores de valores en sus comunidades. Tenemos jardines infantiles para niños hasta los 5 y 6 años y, desde el año 86 hemos otorgado alrededor de 27.277 becas para jóvenes en colegios públicos. Al término del bachillerato, escogemos a los que tengan las mejores notas y les otorgamos la beca Diana Turbay para Estudios Superiores. Un 80% de esos jóvenes van a universidades con profesiones tradicionales y un 20% a universidades con profesiones técnicas o tecnológicas. ¿Qué principios la animaron a crear la Fundación?Yo quería hacer un aporte en el campo de la educación, de la formación ciudadana y de la formación de valores en los niños y los jóvenes. También de brindar asistencia en las catástrofes naturales.Por esa razón, hemos estado presentes en tragedias como las de Tumaco, el Eje Cafetero, el terremoto de Popayán, la tragedia de Armero. He tenido momentos de gran satisfacción por la ayuda que hemos podido prestar, aunque también momentos muy duros como fue el caso de Armero.

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