“No nos vamos a echar a morir por culpa del invierno”: MinAgricultura

Enero 09, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal | Especial para El País

El ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, dice que la naturaleza le pasó la cuenta de cobro a Colombia, “un país que sistemáticamente la ha tratado mal”.

Las paradojas han estado presentes en la vida de Juan Camilo Restrepo, un paisa que llegó con su familia a Bogotá hace 52 años y que hoy se define como “bogoteño”, sin más arandelas.Para empezar, cuando en el Congreso se cocinaba la Reforma Constitucional de 1968 y él era un aventajado estudiante de leyes en la Javeriana, se agenció un puesto de medio tiempo en la Andi. Se trataba de “cazar” los micos y orangutanes que nuestros inefables padres de la Patria le colgaban a los proyectos de ley. Doce años después, Restrepo se sentaba en una curul de senador y se daba a conocer como el hombre “serio, íntegro, estructurado, de gran claridad conceptual y capacidad analítica”, que describiera en su “Contraescape” de El Tiempo, Enrique Santos Calderón, al anunciar que votaría por él en la campaña presidencial de 1998.Todavía adolescente, le “jalaba” a interminables tertulias literarias y como ávido lector devoraba toda la producción del “Boom” que puso los latinoamericanos en el exclusivo mapamundi de las obras maestras de la literatura universal. Años después, Restrepo escribiría sus propios libros sobre temas candentes del acontecer nacional, y hasta una novela que duerme el sueño de los justos, merced a su pudor insumiso y a la inveterada timidez que lo caracterizan y que ha ido domando con brío a lo largo de su ya dilatada carrera. Cuando en el gobierno de César Gaviria, ‘El Niño’ secó los embalses y propició el “apagón”, Juan Camilo era ministro de Minas y Energía, y confesó que rezaba para que “cayera un aguacero de tres meses seguidos”, como el del “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”, de ‘Gabo’, que volviera a llenar las entecas represas. Hoy, como Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, enfrenta su cuota en la catástrofe nacional desatada por el fenómeno de ‘La Niña’, con casi 700.000 hectáreas de tierras agrícolas inundadas. Un reto gigantesco, que pone a prueba no sólo su capacidad de gestión, sino el reconocido prestigio que lo sitúa entre las grandes reservas presidenciales de este mojado país.¿Cómo se está moviendo el gobierno frente a la tragedia invernal?En dos direcciones: las políticas de corto plazo y otras más estructurales. Asistencia monetaria para que a esa enorme cantidad de desplazados les llegue comida, salud, albergues y prevención sanitaria. A mediano plazo hay que hacer una rehabilitación inmensa de vías, carreteras y puentes destruidos, infraestructura agrícola, distritos de riego, vivienda, reubicación de poblaciones; en resumen, una tarea gigantesca. ¿Por qué nos cogió tan desprevenidos esta tragedia?La naturaleza pasa la cuenta de cobro cuando la tratamos mal, como hemos hecho sistemáticamente en Colombia. La excesiva deforestación lleva el deslave y los lodos a llenar los cauces de los ríos, hay siembras muy cerca de las rondas de los ríos y se han invadido criminalmente los humedales. Los espacios reservados para que fluyeran no funcionaron y las aguas se desbordaron.La gran pregunta es cómo se van a manejar esa cantidad de ayudas y de presupuesto...El Gobierno tiene dos desafíos: conseguir las sumas gigantescas que demanda una empresa de tal magnitud, y que esos recursos fluyan pulcramente porque en estas emergencias surgen siempre los avivatos y la corrupción. Ese es un gran reto gerencial y fiscal que estamos afrontando. Es una labor que tiene que desarrollarse rápidamente porque por ahora hay angustia, pero si no se empiezan a ver las soluciones pronto, en un mes va a haber rabia. El invierno tiene impacto negativo tanto en la oferta como en la demanda. Usted prometió que no habría desabastecimiento, pero casi 700.000 hectáreas de tierras agrícolas inundadas afectaron muchísimas cosechas. ¿No es arriesgado afirmar eso?Lo que se vio en las cifras de diciembre y se va a ver en las primeras de este año, es un aumento en los precios de los alimentos, básicamente porque no han podido salir a los mercados o a los centros de abasto porque las carreteras están colapsadas. En solo diciembre los alimentos aumentaron casi 3.5% que es bastante y probablemente en los primeros meses de este año se mantendrá esa presión alcista, porque no sólo está el problema de carreteras, sino que las tierras agrícolas, sobre todo las de ciclo corto cuyas cosechas se iban a recoger en el primer trimestre, se inundaron. Ahora no vemos desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar. Monitoreamos cuidadosamente el tema y si vemos que va a haber faltantes o está estrecha la oferta de algún alimento básico, inmediatamente importaremos lo necesario, como en el caso del arroz.Y ya hubo pataleo de los arroceros. ¿Qué tan cierto es que tienen acumuladas grandes reservas para venderlas precisamente ahora , aumentando los precios?Las cifras muestran que el balance entre oferta y demanda de arroz era muy estrecho en este primer trimestre y como ese es un riesgo que no debemos correr, completaremos esa oferta con arroz importado. No es cierto que haya acaparamiento, ni tampoco que tengan una sobreoferta de los inventarios y que no se necesitaba importar. ¿Qué planes se fueron al traste con esta catástrofe? Yo creo que más que al traste, lo que va es a postergar algunas acciones, porque las anteriores prioridades tendrán que estar ahora en la reconstrucción y en la rehabilitación. Si los recursos son suficientes, si fluyen hacia la rehabilitación prioritaria, si es transparente, si se hace la reconstrucción de infraestructura en el mediano plazo y no en el corto, tendremos un jalonador de empleo y de actividad económica. Con todo, esto deja lecciones positivas. En el Valle, por ejemplo hubo dos áreas de inundaciones: una alrededor de Cali mismo y otra en el norte. Esta última se dio porque el distrito de Riego del RUT se reventó y se inundaron entre 25 y 30 mil hectáreas de las mejores del país. ¿Por qué flaqueó el distrito de riego? ¡Hace 20 años no le hacían mantenimiento! Además, dejaron construir viviendas en los jarillones del río y les pusieron servicios públicos a esas casitas. Eso nos abrió los ojos a la importancia de hacerle mantenimiento a obras de esa magnitud. Lo de los alrededores de Cali fue algo similar.¿Hasta qué punto estaba “desvencijada” la institucionalidad en su cartera, según denunció al posesionarse? El Ministerio de la Agricultura y el Desarrollo Rural se había ido volviendo una ventanilla dispensadora y otorgadora de subsidios al que tuviera más capacidad de lobby, y no a los más pobres del campo. Las entidades encargadas del tema de desarrollo rural estaban muy desbaratadas, comenzando por el Incoder. Estamos apuntalándolas y trabajando con un pie en el invierno y con otro en la institucionalidad, porque es una prioridad importantísima ya que el desarrollo rural es fundamental. ¿Por qué después del tremendo escándalo inicial sobre la corrupción en el Incoder, se le ha bajado tanto el tono al tema? ¿Por temor a ‘torear’ al presidente Uribe?No, en vez de denunciar, estamos enmendando las cosas y rectificándolas. El Incoder está revocando muchas resoluciones de adjudicación de tierras que se habían dado bajo la presión de grupos que habían prácticamente cooptado el Instituto para adjudicarles tierras a los mejor apadrinados, y se las darán a los más necesitados.Usted fue un duro crítico del manejo fiscal de la administración Uribe. ¿Qué piensa hoy, en los zapatos del gobierno?Yo nunca fui crítico de la política fiscal como tal, porque la administración Uribe recibió una situación bastante saneada de la anterior. Critiqué, y me sostengo en eso, que se asignaran recursos no a los más necesitados sino a los más ricos. Escribí un libro que se llamó ‘¿Y de la Equidad qué?’. En la última reforma tributaria ya se recortaron buena parte de esas exenciones y deducciones, realmente exorbitantes y chocantes, que se habían dado anteriormente en el país.¿Cómo cuáles, por ejemplo?La más costosa de todas es la deducción del 40% por la adquisición de activos, que valía alrededor de $ 4 billones.¿Se hará gradualmente?No. Ya el gobierno presentó un proyecto de ley por el cual se acaba del todo. Si no se hubiera hecho así, no hubiéramos tenido plata para arrancar esta reconstrucción. El tema es el criterio con el cual se deben asignar los recursos: ¿hacia el más rico o hacia el más pobre? ¿Cómo puede equivocarse tanto un gobierno? Margarita, el presidente Santos nos recomendó que no miráramos mucho por el espejo retrovisor, sino por la ventana panorámica, hacia delante. No me tire mucho la lengua porque me regañan.Se especula que este año saldrá el TLC con Estados Unidos y con otros países. Hay grandes interrogantes en relación con la pequeña y mediana agricultura y la ganadería de leche. ¿Cómo evitar que se lesionen gravemente?No sólo con los Estados Unidos. En otros tratados de libre comercio que se han negociado: Europa, Cono Sur, Canadá, la agricultura fue el “comodín” para entregar una serie de cosas a última hora. Desde luego que Colombia tiene que entrar a los TLC porque tiene que integrarse. No podemos pretender ser una Corea del Norte o una Albania, pero lo cierto es que, al leer la letra menuda de esos tratados, se comprueba que el costo que se pagó en las negociaciones fue muy gravoso para la agricultura. Por eso le estamos dando un giro al llamado Agro Ingreso Seguro, al cual le cambiaremos de nombre y de visión. El énfasis estará orientado hacia el pequeño y mediano agricultor, los más amenazados por los TLC.¿Por qué ha dicho que sobre el maíz y los lácteos tenemos una espada de Damocles? En un Tratado de Libre Comercio se negocian dos tipos de desgravaciones: unas que son las menos preocupantes, de mediano y largo plazo. Por ejemplo se establece que en 12 ó 15 años no va a haber aranceles en determinados productos. Hay tiempo de prepararse y de estar a tono con los tiempos. Pero los que sí son muy preocupantes son los contingentes. ¿Qué son? cantidades que se negocian y que pueden llegar ahora, con cero arancel y de un golpe. Eso está en los lácteos, en el maíz y en otros productos. Nos preocupa y por eso este ministerio dio una batalla en la reforma arancelaria que hubo, para que se preservaran las franjas de precios y ciertas protecciones con el objeto de que no arrasaran la situación vulnerable que tienen esos productos.¿Y tuvo éxito en su batalla?Mal que bien se protegió el arancel.Pero no lo veo muy satisfecho.Lo que pasa es que la protección consistió en preservar el statu quo que hay en materia de esos aranceles, porque había quienes querían que se hiciera tabla rasa adicionalmente a lo que ya se había negociado con los TLC.El Ministro de Hacienda me decía en una entrevista que el tema de las vigencias futuras será muy duro en los próximos cuatro años. ¿Cómo analiza ese tema?Este gobierno no tiene casi ningún margen de acción, ni de maniobra porque la administración Santos encontró que hay más de 40 billones de pesos, o algo así, para invertir en vigencias futuras, de manera que el margen de maniobra para ir modulando la inversión es escaso.¿Pero, esa cantidad exorbitante sí está compuesta por buenos planes?Algunas son cosas interesantes, pero se supone que cuando un gobierno hace su Plan de Desarrollo fija sus prioridades. Aquí simplemente tiene que actuar como notario, apuntando en el Plan de Desarrollo esos presupuestos comprometidos. La Contralora está cuestionado algunas de esas vigencias futuras, sobre todo a nivel departamental y municipal, donde se han utilizado -adicionalmente- las vigencias futuras, para apalancar más endeudamiento. Ella sostiene que la figura no es para endeudarse más sino para comprometer vigencias futuras, cosa entendible y sana cuando se usa con moderación, pero usada con desmesura se vuelve una manera de atarle las manos a los gobiernos siguientes.Y una falta de cortesía, por decir lo menos, ¿no?(Silencio inicial). Bueno… cuando estaban agitando la segunda reelección uribista, pero ya se conocía el tema de las vigencias futuras, yo dije que si la reelección prosperaba, Uribe II no iba a poder hacer nada porque Uribe I le había dejado los presupuestos amarrados. Risa.Risa. Menos mal que todavía cabe un toque de humor. ¿Cómo va el plan de restitución de las 312.000 hectáreas de tierra a las 130.000 familias, iniciada por el ministerio? Entre octubre pasado, cuando se lanzó el programa y abril próximo, cuando esperamos que esté aprobada la ley, entre titulación y restitución de tierras a despojados, que puedan hacerse por vía administrativa, sin recurrir a la ley, se habrán titulado y restituido 240.000 hectáreas. Este es un experimento pequeño frente a lo que va a ser la macro restitución de tierras, ¿qué dificultades han tenido?Ha habido problemas jurídicos, tutelas y demás, pero el Incoder se ha movido mucho y es, ante todo, un validador político para que cuando la ley llegue, el gobierno pueda demostrar que no se quedó cruzado de brazos seis meses, esperando que la ley se aprobara, sino que fue actuando en todo lo que estaba a su alcance. Todavía no se han dado los grandes debates en el Congreso por parte de aquellos parlamentarios con intereses específicos en el tema, sectores que tradicionalmente se han opuesto a la reforma agraria y a todo tipo de iniciativas de esta índole.Sí, es probable que aparezcan algunas voces que quieran ponerle zancadillas a la ley pero, hasta el momento, la mayoría en el Congreso coincide en que es una necesidad ética e histórica de Colombia, saldar esa deuda con los despojados de la tierra. ¿Y qué se va a hacer con los jóvenes entre 25 y 45 años que, según datos del Dane, no quieren estar en el campo?Tenemos un programa llamado ‘Jóvenes emprendedores” para financiar y estimular a esos jóvenes, que lo que no quieren es quedarse de peones, pero que si tienen posibilidad de ser pequeños empresarios, se quedarían. Somos conscientes de que eso requiere acompañamiento, financiamiento y dotación de tierras.Respecto a la minería, hay enormes dudas relacionadas con el tema ambiental, y ya hay zonas donde se han hecho desastres. ¿Sí está el país preparado para una explotación minera a una escala tan grande?Nos preocupa el tema porque cuando uno superpone el mapa de las tierras agrícolas del país con el mapa de las concesiones mineras que ya se han dado, a la tierra agrícola le cae un inmenso manchón negro encima. El país tiene que aprender cómo hacer minería sin destrozar la agricultura. Jamaica es un ejemplo: es una isla muy pequeña y la mayor productora en el mundo de bauxita. No se nota porque, a medida que se saca se va restableciendo el suelo y la capa vegetal. Es un tema de disciplina y de policía ambiental, y una obligación de toda concesión minera que empieza a escarbar. ¿Qué tan sombrío es el panorama cafetero?Es muy preocupante porque en 2011 vamos a ajustar 3 años en que el país habrá dejado de recoger más o menos 12 millones de sacos, o sea que perdimos lo que es una cosecha normal, con efectos tremendos sobre el ingreso cafetero y sobre la participación de Colombia en el mercado internacional. A eso hay que sumarle el tema de la roya que ha atacado el 50% de los cafetales. Hay mucha cosa que hacer, pero es muy triste que nos coja este momento con carga de café a un millón de pesos -el precio más alto en años- con la producción más baja en mucho tiempo.Finalmente, Ministro, con todo este panorama desolador ¿está optimista o pesimista?Soy realista. Entiendo la magnitud de la tragedia y de la tarea que tiene el gobierno; pero no nos vamos a echar a morir, tenemos que hacerle frente a la situación y que el país va a salir adelante.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad