“No me voy de Colombia por ninguna razón” Dalita Navarro

“No me voy de Colombia por ninguna razón” Dalita Navarro

Diciembre 10, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés
“No me voy de Colombia por ninguna razón” Dalita Navarro

Dalita Navarro, pareja del expresidente Belisario Betancur.

La artista Dalita Navarro, pareja del expresidente Belisario Betancur dice que no vuelve a Venezuela, su país, mientras Chávez esté en el poder.

Hace doce años el escritor y poeta Juan Gustavo Cobo-Borda prologaba el catálogo de una exposición de cerámicas en la Galería Diners de Bogotá: “Dalita Navarro ha revolucionado el estatus de los agregados culturales en Colombia. Representando a Venezuela, y apareciendo un día sí y otro también en los periódicos y revistas de actualidad, ha promovido sin desfallecimiento la más sutil y bienvenida invasión cultural de que se tenga noticia”.El crítico colombiano reconocía así la nutridísima labor cultural que esta diplomática y ceramista maracucha desarrollaba como Agregada Cultural y directora del Centro Venezolano de Cultura de la Embajada de Venezuela en Colombia. A partir de ahí Dalita no se ha quedado quieta: se casó con el expresidente Belisario Betancur, a quien sedujo por su personalidad afirmativa, independiente, extrovertida y gocetas, por un compartido amor a la cultura y porque es una mujer muy segura de sí misma, que así como puede ser recia y mandona, puede ser también dulce y romántica.Dalita ha compartido ya más de dos lustros con el exmandatario colombiano no solamente en lo atinente a la relación de pareja, sino también con una tesonera labor desarrollada en el pueblo santandereano de Barichara, que juntos escogieron como lugar de recreo, hace ya algunos años. Allí fundaron el Taller de Oficios, una fundación sin ánimo de lucro, donde más de 400 personas han aprendido durante los últimos dos años artes y oficios como la cerámica y la talla en piedra, gastronomía, bordados, joyería, artesanías, música y pintura. Una iniciativa que le da oportunidad a sus gentes para formarse.El taller nació con 80 alumnos, como fruto de un convenio firmado por la Comunidad de Madrid y el gobierno nacional. No contenta con esto Dalita montó el restaurante Las Cruces que supervisa con su gusto implacable de gran cocinera, y su objetivo es que todos los esfuerzos de maestros e instructores se enfoquen a enseñarles a sus estudiantes a formar cooperativas y a aprender a trabajar en grupo.El origenDalita nació en una hacienda de Maracaibo construida por su padre, un hombre bello, elegante, inteligente y seductor. (Para ella, El Gran Gatsby). Su madre, autoritaria y normativa, formó a sus hijos en un ambiente austero y restrictivo, sin espacio para la complicidad, la amistad o el consentimiento.De sus abuelos guajiros heredó el sentido de la libertad y de la tradición.Ingresó a la diplomacia cuando ya llevaba muchos años inmersa en el mundo cultural de Caracas, y llegó a Bogotá para realizar un trabajo tan intenso y fructífero como el que describe el poeta Cobo- Borda al principio de este reportaje.Adora la música clásica, le gustan los fados, los boleros “la matan”, los tangos “le privan” y las rancheras le hacen “soltarse el pelo”.Espontánea, directa y franca, ha hecho siempre duras declaraciones contra Hugo Chávez, el autoritario y folclórico presidente de su país, y ha declarado que no regresará mientras el coronel continúe en el poder.El apartamento que comparte con el expresidente Betancur es una afortunada mezcla de buena “vibra”, objetos bellos, libros, plantas, pintura moderna -grabados, lápices y óleos de gente joven- escogida con sabiduría y mimo.Su poeta preferido es Pablo Neruda, al que cita con gracia: “No me cierren los ojos después de muerto, los necesito aún para mirar y comprender mi muerte.”Dalita tiene manos de ceramista, llenas de personalidad, fuertes y delicadas a la vez. En su cara se destaca una nariz delicada que se frunce con la risa permanente y es dueña de una voz profunda y cadenciosa. Admira la solidaridad, y aprecia la amistad: “Mis hermanos son los amigos que Dios me dio y mis amigos son mis hermanos que yo escogí”.Se reconoce defectos pero tiene la coquetería de no mencionarlos y su filosofía de la vida es vivir plenamente sin hacerle daño a nadie.Cocina como los ángeles porque lo hace con amor, lentamente, y con poco fuego para que sus pócimas celestiales no se arrebaten.Coqueta, le encanta estar bien y dice que de los guajiros heredó el gusto de colgarse “guindelejos” sofisticados y originales.Inspirada en una canción de Chabuca Granda bautizó a sus tres hijas: María Sueños, María Soledad y María José. A ellas les enseñó a respetar sus decisiones y las crió respetando sus terrenos, estimulándoles la libertad, la responsabilidad y el pensamiento. “Me tocó ser papá y mamá y aunque no quise repetir los patrones de mi propia crianza, les di una educación de austeridad, de esfuerzo y de lucha para conseguir las cosas que querían. Todo se lo ganaron a pulso”. Y tiene con ellas una relación de amistad. “Otra cosa fundamental fue enseñarles el respeto por los demás, empezando por ellas mismas y el respeto por mi vida y mis decisiones”.Se ha casado cuatro veces y conserva buenas relaciones con sus exmaridos, entre los cuales está el gran político de izquierda y periodista, excandidato a la presidencia de Venezuela, Teodoro Petkoff.Su obra ha participado en decenas de exposiciones individuales y colectivas en diversos países y están en las colecciones de una docena y media de museos.En Bogotá, una de sus primeras exposiciones de cerámica se tituló Trece Manzanas Eróticas- número cabalístico- que acaparó centenares de visitantes por su sensualidad, sus sugerencias eróticas y sus texturas, logradas en altas temperaturas. De la primera se desprendieron otras exposiciones bajo títulos sugerentes: Las Heridas de la Tierra, Erosiones, Caramujos, Rompimientos, Ágora de Fuego, Blanco-Negro, Barro de América, Ocarinas.Su última colección: Dualidad, que llevó al Museo del Antiguo Palacio Arzobispal de Ciudad de México y que ella realizó como un tributo a la tradición precolombina de ese país, se exhibirá el próximo enero en la ciudad de Oaxaca.¿Cuál es su intención con esta nueva exposición de cerámicas en la que liga elementos del pasado a un lenguaje presente, en lo que usted ha llamado un “sincretismo formal”?Es una forma de reivindicación y tributo al pasado indígena mesoamericano, expresado en un lenguaje complejo de símbolos y signos que abordan temas mitológicos pertenecientes a la tradición nahúal-mexica, dentro de su pensamiento mítico y religioso. Allí está, por ejemplo, Quetzalcóatl, que representa la dualidad de la Serpiente Emplumada.En el catálogo llaman la atención títulos como: Cuauhxicali, depositario de muerte, y Cuauhxicali, depositario de vida, ¿qué significan?Cuauhxicali es el envase en donde los indios precolombinos depositaban los corazones -que le sacaban en vivo a las víctimas de los sacrificios humanos que hacían para aplacar a los dioses. Un acto que pareció salvaje a los conquistadores, pero que hay que interpretar en su entorno religioso y cultural.Ellos fabricaban sus envases en piedra, yo lo hago en cerámica. Dualidad es una culebra enroscada, doble. En general, y sin dejar constancia de la violencia implícita en estos actos, se trata de dar una mirada que rescate costumbres ancestrales de los antiguos moradores del mundo prehispánico.¿Qué era la Serpiente Emplumada?Es una divinidad presente en la mitología de numerosos pueblos prehispánicos de Mesoamérica. Leí mucho sobre el tema y en especial un libro que se llama ‘Cuarenta Siglos de Plástica Mexicana’. Las representaciones más antiguas de la serpiente emplumada corresponden a la cultura Olmeca, entre los siglos XV y V a. C.Entiendo que el dios más importante, Quetzalcóatl es representado precisamente bajo esta forma.Sí, Quetzalcóatl se compone de Quetzal que proviene de la palabra Quetzalli, que significa hermoso, y Cóatl, serpiente. Era considerado el ser supremo.Investigando un poco, vi que Quetzacoatl, dibujado en el mural en relieve: Presencia de América Latina, del muralista mexicano Jorge González Camarena, representa la dualidad inherente a la condición humana: la serpiente es el cuerpo físico con sus limitaciones y las plumas son los principios espirituales. Otro nombre aplicado a esta deidad era Nahualpiltzintli, o Príncipe de los Nahuales.Risa. Veo que ha estudiado mucho. También es el nombre Nahúatl de los mesías mesoamericanos y el título de los sacerdotes supremos de la religión tolteca. Y le recuerdo que hay una gran escultura de la Serpiente Emplumada en el templo de Teotihuacán, donde su culto es muy relevante. El culto a este Dios se propagaba por todas las culturas prehispánicas como la Azteca, la Maya, la Olmeca, la Mixteca, la Totonaca.Hace años, cuando le hice una entrevista al gran Carlos Fuentes, me recitó de un solo envión un larguero nombres como Tláloc, dios de la lluvia y el rayo, Chalchiuhtlicue, diosa de lagos y ríos, Chiuacóatl, del maíz. Coyolxauhqui, de la Luna, e hija de Coatlicue diosa de la Tierra, Huehuetéotl, dios del fuego. Y no sigo porque se nos va a trabar la lengua. Risa.(Risa). Sí, es algo complejísimo, pero maravilloso. Yo llevo 40 años viajando a México para recorrer sus zonas arqueológicas, conocer sus poblaciones, su cultura, y su comida. Siempre me he sentido identificada con esa cultura riquísima, donde la tradición y la identidad tienen un arraigo muy fuerte en todas sus manifestaciones.Cerámica y arteLas cerámicas de Dalita Navarro, ocres, rojizas, terracotas, son barro de la tierra que, desde sus dedos ágiles y sabios, se destila en forma de armonía, sensuales y mórbidas: ocarinas, caracolas, manzanas, vasijas, cuencos, copas, cilindros, que dejan su impronta de belleza, arte, naturaleza, dolor, violencia.Barro convertido en texturas, unas veces con tenues acentos de color, otras con el color del mineral que brota del centro mismo de la tierra. Recorrer los catálogos de sus diversas exposiciones es comprender que esta artista combina siempre los elementos de la naturaleza y que allí están implícitos el viento, el agua, el fuego y la tierra, en figuras icónicas, eróticas, eclécticas y sensuales. Ella plasma, como en su nueva exposición, rituales. ¿Cómo surgió su proyecto de Taller de Oficios de Barichara?Escogimos ese lindísimo pueblo con el Presidente para pasar las temporadas de recreo, y de hecho la pasamos muy bien allá. El ‘Pre’ participa conmigo, da conferencias y si nos toca ir al restaurante a hacer una cata, él va conmigo, prueba y come (bastante, risa). Él ha sido partícipe en ese proyecto que trata de rescatar en alguna medida la habilidad que tienen muchas de las personas que habitan en estos pueblos olvidados. ¿Qué tipo de ayuda tiene usted?Tengo varios apoyos, pero hay gente que no me ayuda, argumentando que allí no hay desplazados; mi argumento es que no podemos esperar a que se vayan a trabajar a la costa detrás de un mostrador, o que las mujeres se vayan a prestar servicio doméstico. ¿Por qué esperar a que llegue ese momento?Entiendo que también han hecho investigación gastronómica de la región.Sí, acabo de terminar un libro en el que rescatamos una gran cantidad de recetas en peligro de extinción. Pero, mira, aquí llegó el ‘Pre’.Aparece con su andar pausado el ex presidente Betancur, ocurrente, como siempre con algo interesante que contar y tercia: “Dalita, cuéntale de la metodología que hay en México y que aquí deberíamos copiar: sus artistas pueden pagar sus impuestos con cuadros o esculturas. Eso está establecido por ley.Desde luego hay una curaduría por medio de la cual se determina si las obras son buenas. Eso lo ha hecho el Estado a través del Ministerio de Hacienda, razón por la cual éste le ha dicho a Conaculta que esos cuadros son suyos, pero que los presta. El Antiguo Palacio del Arzobispado, también es del Ministerio de Hacienda, que lo convirtió en Palacio de Cultura, a donde van las obras que pagan los artistas y se hacen exposiciones con todas las de la ley.¿Presidente, por qué no le sopla eso a Mariana Garcés, ministra de Cultura?Bueno, podemos soplárselo usted y yo, porque me parece un excelente modo de ayudar a los artistas que muchas veces no tienen el dinero contante y sonante para pagar lo que le corresponde, al fisco.Tan quedamente como apareció, Betancur sale, y Dalita continúa con el tema que hoy la apasiona.¿Cómo trabajan?Nuestra sede es bellísima, es una casa antigua que recuperamos. Tenemos además una ludoteca donde hay pintura, música y lectura. Trabajamos medio tiempo con el Icbf, y en la tarde con los niños del pueblo para que hagan sus talleres de lectura y cerámica. Ahora están haciendo El Nacimiento para arrancar el 16 con la Novena. Ellos aprenden allí a sembrar, a reciclar, a pintar y a socializar un poco, porque a veces son huraños, de manera que se les enseña a bailar y a cantar, y un profesor de música, que ganó el Festival del Mono Núñez, les enseña a hacer instrumentos indígenas. En eso ya estoy empezando a trabajar con BAT (British American Tobacco) que me prestó una exposición de máscaras antiguas y mi hija María Soledad me prestó la colección de fotos que ha hecho para sus bellísimos libros sobre Santa Marta y el casco histórico. Allá han ido Teresita Gómez para dar conciertos en la catedral y Martha Senn para dar recitales y el maestro David Manzur tiene un taller espectacular.¿A usted que es tan antichavista, cómo le sentó el nuevo triunfo de Chávez?Pues ya se imaginará. No es un tema sobre el que quiera volver, al menos por el momento, pero es sin duda un problema para Colombia. Yo no entiendo cómo el electorado no se dio cuenta de que con Petro vamos por el mismo camino. Tiene desbaratada la ciudad y está haciendo un trabajo político para su propio beneficio. Ya voy a cumplir ocho años sin ir a Venezuela y no vuelvo.En realidad hace mucho tiempo decidí que no me voy de Colombia por ninguna razón. Cuando a mí me sacaron de la embajada venezolana me dije: ¿ahora qué hago? ¡Menos mal que acababa de conocer al ‘Pre’!. Risa.

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