"No me arrepiento de haber venido al Senado, pero no volveré": Claudia López

Junio 20, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Jessica Villamil | Reportera de El País

La senadora de la Alianza Verde, Claudia López.

Claudia López, senadora de la Alianza Verde, sostiene que para estar en la política “hay que tener el cuero duro” y que añora su privacidad.

La semana pasada la senadora de la Alianza Verde, Claudia López, estuvo en el ojo del huracán dos veces. La primera, por cuenta de alguien que a través de un perfil falso en Twitter, dijo que la veía muerta, como a los gais de la discoteca ‘Pulse’ de Orlando (EE. UU.) La segunda, porque se fue lanza en ristre contra sus compañeros cuando la falta de quórum hundió el proyecto que castiga ausentistas. Ella luchó para que lo revivieran, pero el día de la votación, llegó tarde. Lea también: Indignación por mensajes homofóbicos contra Gina Parody y Claudia López.

En diálogo con El País insiste en que no se ha ‘volado’ de una sesión para ir a “echarse” en una hamaca, que no se arrepiente de haber llegado al Senado porque “ ha sido una gran escuela”, pero no volverá.

Alguien en Twitter dijo que había soñado con su muerte y la de la ministra Gina Parady y hacía referencia a sus preferencias sexuales. ¿qué siente cuando ve ese tipo de cosas en redes sociales?

Es doloroso en el plano personal. El nivel de odio que veces se siente en las redes sociales da cuenta un poco de nuestra incapacidad como sociedad para dar cabida a discursos de odio y discriminación. Sin embargo, uno tiene que tener en esto el cuero duro. Si uno se mete a la vida pública no puede andar llorando cada vez que le hagan una crítica y le digan que no piensan como uno. Yo respeto y ejerzo la libertad de expresión dentro de los tres limites que consagra la Ley: No hacer apología al delito, injuria o calumnia.

¿Y cuando le escriben en Twitter “que está en peligro y está a tiempo de la conversión”?

Las expresiones de odio nunca caen en el vacío. Esas expresiones profundizan la discriminación y terminan por darle justificación a quienes pasan del discurso del odio a la acción violenta.

Hace poco en un programa de televisión usted dijo que los ciudadanos podemos decir lo que queramos en redes sociales o por fuera de ellas, ¿sigue pensando lo mismo?

En ese programa de televisión me editaron distorsionando lo que dije. Me preguntaron si yo estaría de acuerdo con que el Ministerio de Defensa regulara el uso de redes para que se penalizara el bullying y el “terror el las redes”.

Les dije que no ¡Imagínese al Ministro de Defensa decidiendo qué pueden o no decir los ciudadanos en redes! Eso siempre termina en censura y mordaza como ha ocurrido en Ecuador, Rusia, China y Venezuela. Dije y me reitero que los ciudadanos pueden expresarse libremente en redes y fuera de ellas dentro de los tres límites que establece la Ley: que no se haga apología al delito, injuria ni calumnia. El que traspase esos límites se expone a la sanción social y penal.

Antes de ser senadora su vida privada no estaba tan expuesta y tampoco su pareja. ¿Usted cree que los cargos públicos dan para que su vida esté en la palestra?

No es exactamente agradable, pero no tengo nada, en mi vida privada o pública, qué ocultar ni de lo qué avergonzarme. En lo personal tengo una vida sencilla y feliz, llena de amor y solidaridad con mi familia y con mi pareja que es el ser más divino del universo.

En lo público no me molesta que los ciudadanos me exijan y hagan control político. A diferencia de otros Congresistas que se victimizan y dicen que los matonean y estigmatizan yo celebro ese control directo y estricto de los ciudadanos. Eso demuestra que gracias a las redes y tecnología el balance de poder está pasando de los que se creían intocables a los ciudadanos de a pie. ¡Qué maravilla! Pero claro que uno sí quisiera que los ataques que me hacen por dentro y fuera del Congreso no fueran por homofobia, machismo y hasta clasismo, si no un debate respetuoso y argumentado sobre nuestras propuestas e iniciativas.

También entiendo que el auge de las nuevas tecnologías facilita no solo el escrutinio legitimo de los ciudadanos sino también el chisme o el comentario mendaz.

¿Se arrepiente de haber cambiado su privacidad por un cargo público?

Ese costo ya lo había asumido desde que denuncié la parapolítica y la corrupción. Como me metí a denunciar poderosos me esculcaron hasta el ADN para tratar de desprestigiarme.

Cuando no encontraron nada entonces trataron de matarme y tuve que irme del país por un tiempo. Obviamente, añoro tener más privacidad, no tener que estar encerrada en un carro blindado y con escoltas. Añoro caminar sola por las calles, subir a la montaña con mi perrito, ir sola a cine con mi 'muñeca' o montar con mis amigos en bicicleta.

¿Cuándo cree que en Colombia se van a aceptar las diferencias y una pareja de homosexuales podrá ir por la calle tomada de la mano o besarse sin que nadie mire raro? ¿Falta mucho para eso?

Falta mucho, pero hemos avanzado mucho más y más rápido de lo que los más optimistas creíamos. Hace apenas 40 años la homosexualidad era considerada una enfermedad y un delito. Pero desde la Constitución de 1991 que consagró el derecho a la igualdad y a no ser discriminado como derecho fundamental los ciudadanos LGBT en Colombia hemos ganado mucho terreno.

No para tener un tratamiento especial, si no para poder gozar de los mismos derechos que tienen los demás colombianos. Casi todas las conquistas de la igualdad se han ganado en litigio estratégico ante la Corte Constitucional que fue derogando las leyes previas a la Constitución de 1991 que contrariaban el derecho fundamental a la igualdad.

Eso fue así porque durante 18 años el Congreso se negó a legislar sobre la igualdad y por el contrario generó un bloqueo institucional a ese derecho.

Pero mientras persista una cultura machista y violenta, y mientras haya personas como el Procurador Alejandro Ordoñez y la Senadora Vivian Morales que explotan para su beneficio electoral personal la discriminación de otros colombianos será muy difícil remover el prejuicio y el odio.

Y lo grave es que la discriminación y la homofobia no sólo causan infelicidad sino muerte. Según la Fiscalía, en los últimos 10 años, 337 colombianos fueron asesinados simplemente por su orientación sexual.

Y muchos sufren agresiones físicas y matoneo constante, que pasan desapercibidos o que ni siquiera denuncian por miedo a ser revictimizados. Por eso seguimos trabajando incansablemente porque vamos a vencer el odio con amor y porque la igualdad es imparable.

Según se dice, el asesino de Orlando, Florida, también frecuentaba ese bar GAY. ¿Usted cree que los mayores homófobos son quienes se resisten a aceptar su propia realidad o condición sexual?

No creo que haya una gradación de la homofobia. Se es homófobo o no. Pero efectivamente el ambiente de intolerancia y hostilidad que genera una cultura machista y prejuiciosa obliga a muchas personas a pasar por dolorosas experiencias para asumir su propia sexualidad y exponer su verdadera personalidad.

El padre del asesino de Orlando, por ejemplo, se declaró consternado por los hechos, pero los justificó diciendo que la homosexualidad sí debería ser castigada. ¡Qué tal! Debemos trabajar para reducir la discriminación en los tres lugares donde más se discrimina que no es la calle, sino la familia, la escuela y el trabajo.

Recordemos el caso de Sergio Urrego, el joven que se suicidó porque en su colegio lo hostigaron por amar a un compañero y no negarlo. Tenemos que entender que la discriminación y homofobia no sólo generan dolor e infelicidad sino muerte.

Después de toda la polémica por la aprobación del proyecto para sancionar ausentistas, ¿Cree que llegue a feliz término el debate?

Efectivamente gracias a la presión de los ciudadanos y medios de comunicación lograron que la Comisión Primera de Senado tuviera que revivir ese proyecto y aprobarlo en primer debate. Yo apoyo esa buena iniciativa del Centro Democrático. Pero no hay que bajar la guardia.

Pero usted después de toda la presión que ejerció por redes, dio papaya y llegó tarde al debate...

Esta semana lo pupitrearon por la presión ciudadana, pero a la mayoría de Congresistas no les gusta y faltan tres debates. Hay que estar encima para lograr que se convierta en Ley.

Toda la polémica, y sus gritos, dieron incluso para que a usted la caricaturizan como ‘la loca de las naranjas’ o ‘Juana la loca’

Eso no son más que expresiones machistas. Si el Presidente Uribe levanta la voz enérgicamente contra la paz eso es carácter, pero si lo hace Paloma contra la paz o lo hago yo contra el ausentismo entonces somos las locas. Son irrespetos machistas con las que lidió a diario: me dicen loca, gritona, verdulera, placera…expresiones con tufillo clasista y machista porque a muchos no les gusta que una mujer tenga carácter y hable duro.

Nos dicen que calladitas nos vemos más bonitas, pero no nos vamos a callar. La esperanza de nuestra sociedad para derrotar la corrupción y construir paz esta justamente en cada vez más mujeres y jóvenes alcemos la voz, actuemos con rigor y transformemos la sociedad.

Usted dice que los colombianos no les pagamos a los congresistas para que se vayan a recoger firmas, en el caso del Centro Democrático y el periodista Gustavo Gómez sostiene que tampoco se les paga por ir de panelistas a espacios radiales...

Estoy de acuerdo con Gustavo. Ni Paloma Valencia, Ivan Duque, Armando Bennedetti o yo, a quienes muy generosamente nos invitan ocasionalmente a programas de opinión en las noches, hemos saboteado un debate o dejado de votar una Ley, ni dejado el trabajo votado por eso.

En esos programas obviamente no nos pagan nada, y no vamos por pantalleros sino porque nuestro trabajo genera noticia y debate. Yo no voy a la radio a hablar de fútbol o comentar reinados de belleza, sino a contarle a los colombianos cómo se roban el país los corruptos, cómo se está destruyendo el medio ambiente ó cómo van avanzando y en qué consisten los proyectos de la Alianza Verde y otros partidos para solucionar esos problemas.

¿Cuántas veces se ha 'volado' de las plenarias o de comisión?

Nunca me he volado de las plenarias o de las comisiones a echarme en una hamaca. La secretaría del Senado y veedurías independientes como ramaciudadana.com han certificado mi asistencia el 99 % de las sesiones y Plenarias en toda su duración.

Pero sucede que el trabajo en el Congreso no funciona precisamente como un reloj suizo y se sabotean las sesiones que impiden que todos podemos trabajar.

La mayoría de las veces por cuenta de los Santistas por extorsionar al gobierno para que les de puestos y contratos. Y recientemente una bancada tan juiciosa como el Centro Democrático le dio por la misma maña con el cuento de la resistencia civil que terminó en resistencia al trabajo. Afortunadamente, gracias a la presión ciudadana y de los medios, los unos y los otros tuvieron que volver al trabajo y se recuperó el quórum y el funcionamiento del Congreso.

¿De dónde sale esa lista de inasistencias que presentó el senador Alfredo Ramos, del Centro Democrático, en la que queda en evidencia su participación en varios programas radiales de la noche, mientras se debatían temas en el Senado?

El Senador Ramos me detesta porque fui yo quien denunció a su padre por parapolítica y hoy está preso. Me persiguieron y esculcaron hasta la cartera y lo único que encontraron es que en estos dos años hubo diez días en los que se cruzó la última hora de plenaria con mi asistencia a programas de radio.

Aceptó con humildad la critica. Mi trabajo en el Congreso empieza siempre a las 9am y efectivamente en 10 ocasiones en estos dos años salí a las 7 u 8pm a atender un medio. En esas diez ocasiones no se dejaron de votar proyectos ni nada por el estilo; me perdí de escuchar los discursos y constancias sobre lo divino y lo humano que hacen los congresistas.

¿Usted cree que en Colombia se volvió deporte responder críticas con acusaciones o enrostrando pasados?

Siempre los corruptos posan de próceres y víctimas cuándo se les cuestiona. Pero eso no es nuevo: yo fui procesada porque el ex presidente Samper me demandó por atreverme a recordarle que había sido financiado por la mafia y que varios testigos habían sido asesinados. Me negué a rectificar ni pagarle los $100 millones de “reparación que me exigió. Fui a juicio, lo derroté dos veces ante la Justicia y salvaguardé el derecho ciudadano y periodístico a la libre expresión y el control político. Pero sí, esa es una vieja costumbre de quienes tienen rabo de paja.

Para muchas personas no ha sido grato que usted le haya respondido las críticas al senador Alfredo Ramos con un “hijo de parapolítico”, porque dicen que los delitos de los padres no se heredan…

Al Senador Ramos le acepto con humildad su crítica, pero es un hecho que me señala a mi y no a Paloma Valencia, que ha hecho exactamente lo mismo que yo en medios, porque ella es su colega y a mi me detesta. Al Senador Ramos Maya le regalaron esa curul para que mantenga viva la fuerza política de su padre, hoy preso, conseguida en buena medida con el apoyo de paramilitares. Eso no es un delito para él, pero así como carga con el beneficio de los votos y la curul, carga con el peso de cómo se ha conseguido ese capital electoral.

Con la polarización que vive este país, las agresiones verbales, ¿cree que habrá reconciliación de cara al proceso de paz?

Se trata de un proceso largo y complejo porque la guerra divide y la paz polariza. Por eso nosotros hemos sostenido que la paz no se limita a la firma de unos acuerdos con las FARC y el ELN. De hecho, en un libro que publiqué recientemente: ¡Adiós a las Farc! ¿Y ahora qué? presenté un plan de reformas, acciones e inversiones para que la paz le cumpla a los colombianos, a los 15 millones de compatriotas que están abandonados al abuso de grupos armados ilegales y sin derechos en las regiones más afectadas por la violencia y por la ausencia de Estado.

Tengo la convicción y esperanza de que no seremos inferiores al reto de convertirnos en la tercera generación de colombianos que logran ponerle fin a un conflicto de larga duración y reconstruir un país donde a nadie se le mate por sus ideas ni se le secuestre o extorsione por su riqueza. Se que podemos fortalecer y ejercer nuestra ciudadanía, votar libre e inteligentemente, para construir una economía de mercado moderna e incluyente y un estado democrático que garantice la seguridad, vida y bienes de todos los colombianos a lo largo y ancho del país.

Ya casi se cumplen dos años desde su llegada al Congreso de la República. ¿Es por dentro como se lo imaginaba, le ha sorprendido algo, algún senador, la dinámica en sí del Senado?

Miro para atrás y hay cosas por las que valió la pena venir. Por haber sacado el plan de inversiones para la paz, asegurar que los colombianos y regiones más afectadas por el conflicto y la exclusión van a recibir durante 20 años inversión.

Me demoré un año para redactar ese artículo del acto legislativo para la paz, lloré de la emoción cuando lo aprobaron. Valió la pena por la ley de primera infancia, que se convierte en política de Estado y a la que le aseguramos financiación, que nunca podrá disminuir la inversión para los niños.

Por lograr la prima para las empleadas domésticas, que beneficia a un millón de mujeres humildes. Por promover la ley de Transparencia Legislativa y rendición de cuentas, la Ley Pro Bici y la defensa del medio ambiente.

Mucho se logró, pero el día a día es frustrante y agotador. No me arrepiento de haber venido al Senado, ha sido una gran escuela pero no volveré.

Aprobada la paz en las urnas y los Acuerdos en el Congreso, los retos de la paz territorial y la derrota de la corrupción ya no están en el Congreso sino en otros escenarios para gobernar y transormar a las regiones y a Colombia. ¡Para allá vamos!

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