“No he lagarteado los premios que me han otorgado”

“No he lagarteado los premios que me han otorgado”

Abril 03, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal
“No he lagarteado los premios que me han otorgado”

Manuel Elkin Patarroyo logró incluir en una importante publicación científica el método para fabricar vacunas sintéticas en el laboratorio. Dice que aún faltan cinco años para probar que el antimalárico funciona.

Es interesante husmear en los archivos que recogen la peripecia vital y científica de este médico iluminado, nacido hace 64 años en Ataco, Tolima, dentro de una familia de once hermanos entre los cuales hay cinco médicos, dos paramédicas, una pedagoga, un politólogo, un economista y un administrador de empresas. Se descubre, por ejemplo, que desde siempre, Patarroyo estuvo en pos de la regla matemática que permitiera una metodología universal para producir vacunas químicas, es decir sintéticas, en laboratorio y que en 1996 presentó los resultados obtenidos hasta entonces, ante dos mil inmunólogos del mundo reunidos en Bristol, Alemania.Patarroyo contó hace 20 años, que la primera vez que vio un mico, se encontraba alelado, “en medio de un grande alboroto de pitos y timbales” y del colorido y la excitación que producía en el pueblo la llegada del Circo. Y podría decirse que, en la misma forma como su padre le enseñó a Aureliano Buendía el misterio del hielo, a Manuel Elkin el suyo le hizo notar, sonriendo, la algarabía formada por un payaso vociferante que jugaba con un mico diminuto, extravagantemente vestido, que le saltaba en el hombro. Fascinado, Patarroyo quedó atrapado por los ojillos inteligentes, vivísimos y móviles del simio y por sus manos perfectas de dedos prensiles y ávidos. ‘Pata’, como le dicen sus íntimos, habría de recordar la escena muchos años después cuando, frente a la magia de la selva amazónica, contempló el primer mico Aotus Vociferans, una especie cuyo organismo es igual en un 90% al de los humanos. Por lo demás, es el único mico que puede ser infectado con el microbio de la malaria y, por lo tanto, el único medio para estudiar los efectos que esta terrible enfermedad causa en el organismo del hombre.En las épocas remotas de Ataco, su pueblo, Manuel Elkin no estaba al cabo de saber (tenía 5 años) que su vida se orientaría exclusivamente a la investigación y a la ciencia. Ni mucho menos que le dedicaría 33 años a la invención de un método para producir vacunas sintéticas en laboratorio, ni que los micos serían, por décadas, el sustento vital de sus investigaciones. Convencido desde chico de que su meta en la vida sería trabajar por la humanidad, Patarroyo estudió medicina en la Universidad Nacional, hizo el internado en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá y se especializó en virología en la Universidad de Yale, inmunología en el Instituto Rockefeller, bajo la dirección nada menos que del profesor Henry Kunkel, padre de esta ciencia, con quien trabajó entre 1977 y 1980. Miembro de decenas de sociedades científicas, el investigador colombiano ha sido distinguido con numerosos premios y condecoraciones en todo el planeta por sus investigaciones y es Doctor Honoris Causa de gran número de universidades del mundo. La única medalla que aún le falta es, en mi opinión, la de Oro a la convicción, al coraje, a la tenacidad y a la entrega con que ha revestido su tarea de tantos años, sin desfallecer un instante a pesar de las descalificaciones, polémicas y persecuciones de que ha sido objeto. Hoy vuelve a ser noticia porque la revista Chemical Reviews, la séptima en importancia dentro de su género en el mundo, acaba de publicar ‘Principios o reglas para el desarrollo de vacunas químicamente sintetizadas en pequeños fragmentos, usando la malaria como la enfermedad modelo’, un ‘paper’ relativo al método para obtener vacunas sintéticas no sólo contra la malaria, sino contra 500 enfermedades infecciosas más. Como es natural, los mal querientes, que no son pocos, han comenzado nuevamente a honrar la vieja consigna de ‘Cochise’ Rodríguez: “En Colombia la gente se muere más de envidia, que de cáncer”. Eso es lo malo. Lo bueno, que Manuel Elkin Patarroyo se sacó el clavo y los dejó viendo un chispero, cosa que me llena de regocijo. ¿Qué es el ‘Paper’ que le acaba de publicar Chemical Reviews?El resultado de 33 años de trabajo. Me parece importante aclarar que yo nunca he perseguido la vacuna de la malaria como tal, sino que he buscado un método para desarrollar vacunas sintéticas en el laboratorio. Tenía, eso sí, la malaria como modelo, porque es una enfermedad ideal para trabajar en las vacunas y le explico por qué: si a alguien le pica el mosquito, en una semana tendrá paludismo, lo cual quiere decir que es una enfermedad aguda, que, además, tiene sólo 4 agentes infecciosos, mientras que una bronconeumonía, que también es una enfermedad aguda, tiene fácilmente 200.¿Hay una equivocación de apreciación en el sentido de que usted buscaba empecinadamente era sólo la vacuna contra la malaria?Así es, porque por la misma razón: ir en pos del método de hacer vacunas sintéticas, he trabajado también durante años enfermedades como tuberculosis, hepatitis y papiloma humano. ¿Por qué si la malaria tiene tratamiento, se muere la gente?Porque es muy rápida. Imagínese a la gente pobre en África trasladando sus enfermos durante kilómetros hasta los centros de salud. No alcanzan a llegar. Cuando sacamos la primera vacuna, hace más de 20 años, no teníamos suficiente información sobre el proceso ni habíamos llegado a conclusiones claves. Entonces mi hijo Manuel Alfonso, quien es médico y Doctor en Química, me sugirió que le hiciéramos el genoma al mico, centrándonos en su sistema de defensas, que es lo que nos interesa. Él se dedicó a ese estudio y encontró que las moléculas del sistema inmune del mico son, entre noventa y cien por ciento, idénticas a las nuestras. ¿Cómo se llama ese mico?Se llama Aotus vociferans y fue descubierto por Humboldt en 1804. Como tiene unas orejas diminutas lo llamó así: a, en griego, significa sin y otus significa orejas, Aotus, sin orejas. En 1956 los gringos estaban buscando nuevos anti maláricos porque se estaban metiendo a Indochina, e inoculaban perros, lagartijas, gatos, hasta que descubrieron que el único animal que desarrolla la malaria humana es este mico, que es indígena del Amazonas, donde hay grandes cantidades. El Instituto tiene una estación de micos en Leticia donde trabajamos con 800 animales al año. Precisamente la Revista Cambio le hizo a usted un escándalo con el tema de los micos y puso en pie de guerra a la Sociedad Defensora de Animales. Además dijo que usted estaba contrabandeando micos de Brasil y de Perú...En primer lugar, la información de ese artículo es absolutamente falsa. No entiendo de dónde sacaron las fotos que publicaron, porque nunca entraron a la estación. No está permitido porque los micos son tan sensibles y parecidos a los humanos, que si alguien entra con alguna enfermedad, los contagia. El problema radicó en la veterinaria que teníamos al cuidado de los micos y a quien tuve que botar por incompetente. Me pusieron cinco denuncias de las cuales la Fiscalía me ha exonerado de dos. Y, acerca del tráfico ilegal, el periodista no se tomó el trabajo de advertir que el Instituto está localizado en el centro de Leticia, en medio de un bello jardín y que, a 300 metros queda una frontera imaginaria con Brasil y a 800, la frontera con Perú y, por supuesto, los micos pueden llegar de cualquier sitio. ¿Pero qué hay con el cuento de que se morían los micos como moscas?Otra falsedad. Hubo un periodo de seis meses en que sí se alteró la tasa de mortalidad, de modo que llevé a un especialista que descubrió que los antibióticos y antimaláricos llevaban dos años vencidos. La veterinaria nuestra no se había tomado el trabajo de mirar la fecha de expiración. Por otra parte, en circunstancias normales, sólo el 5% de los micos que utilizamos muere, por diversas circunstancias. ¿Hay una entidad que vigile este tema?Claro, CorpoAmazonía, que es el equivalente al Inderena. Nosotros recibimos los micos supervisados por veterinarios de CorpoAmazonía que además pasan todas las semanas a revisarlos. Se reciben solamente los viernes de 8:00 a 12:00 del día, para poder contar con su presencia. Por otro lado, ellos certifican cada mico que liberamos en el mismo sitio donde fue capturado. ¿Quiere decir que ustedes experimentan con los micos, cuando estos se infectan los curan y luego los sueltan sanos y salvos?Claro. Cuando vemos que empiezan a aparecer parásitos inmediatamente los tratamos porque eso indica que la vacuna no ha funcionado. Además, mantenemos los micos en cuarentena y respetamos todas las normas sanitarias.También decía el artículo que para coger micos había que arrasar 60 metros cuadrados de selva.Pues esa es la última demanda absurda que me han puesto. Ya no es que los micos sean ilegales, sino que yo he arrasado 15.635 hectáreas de bosque. ¿Cuál es la respuesta a las sociedades protectoras que se oponen a la experimentación con animales?Pues que es algo completamente absurdo, porque puede que yo sepa como infecta el parásito de la malaria a los glóbulos rojos en el tubo de ensayo, pero si no experimento en un mico, no tengo manera de saber cómo funciona en el organismo. Esas personas exigen que yo tenga una colonia de micos en Leticia, pero nacidos dentro del laboratorio. Allí hay una doble moral porque en realidad no les importa la vida de esos animalitos, ya que un mico nacido en cautiverio no puede soltarse después en la selva, porque no sabe cómo comportarse y eso sería condenarlo a morirse de hambre, de modo que habría que matarlos en el laboratorio. Bueno, volvamos al tema, ¿que significa su vacuna?Primero que todo, que logramos encontrar la forma de fabricar vacunas en el laboratorio con un altísimo porcentaje de efectividad (90%), lo cual es un cambio total de paradigma, porque todas, hasta hoy, son biológicas. La primera vacuna química, en el mundo, fue la que nosotros hicimos hace 25 años, de la cual hemos hablado toda la vida y que tuvo de 30 a 40% de efectividad. ¿Por qué no pasó de ahí?Porque hasta ese momento el conocimiento sobre el parásito era mas bien precario, pero ahora, con el genoma del parásito descrito en el año 2002 por mi hijo, pudimos saber cuántas moléculas era las que había que trabajar. Nosotros recorrimos todo el camino y nadie lo ha superado. Cuando uno mira qué avance ha tenido la vacuna de la malaria en otras partes, ve que no ha sido ninguno, incluido el que está desarrollando Glaxo, con una financiación de dos billones de dólares y que tiene una capacidad protectora escasamente igual a la nuestra de hace 25 años. Bueno, pero ¿dónde estuvo la falla?En esencia lo que encontramos es que del total de las 5.634 moléculas que tiene el parásito de la malaria sólo utiliza 50, es decir el 1%, para infectar los glóbulos rojos. Yo llevaba estudiadas unas 12, de manera que en este punto me dediqué a estudiar las 38 que me faltaban. Me fui a vacunar micos y me pegué un suelazo de siete años, porque encontré que la clave estaba ahí, pero no veía el sistema de defensas. En medio de la desesperación que me dio, me fui para el Amazonas, como siempre, a pensar y, de pronto, dije: ¿por qué no empiezo a cambiar átomos a ver si vuelvo visibles esas partes tan importantes? Para que tenga una idea, es más o menos como ser daltónico. Uno puede manipular la cosa para que el negro que se ve, sea de una tonalidad diferente y el daltónico lo decodifique. Entonces me agarré a modificar moléculas y allí estaba la respuesta.Se trataba de hacer visible lo invisible. De reemplazar ‘deditos’ críticos con la misma masa, el mismo volumen, pero con polaridad opuesta, como un enchufe. En un momento dado pensé: le resolví el problema de la inmunología al mundo: mantenga masa, volumen, e inviértale la polaridad. Ese es el ‘quid’. Eso indica que ya no es necesario hablar de malaria, sino de cualquier molécula de cualquier vacuna, y ya no se habla de microbios sino de moléculas.¿Y qué efectividad tendrá una vacuna elaborada con su descubrimiento? Más del 90%. Curándome en salud no digo que el 100%.¿Es cierto que ha invertido $64.000 millones en esta investigación?Sí, absolutamente cierto, durante 33 años. Ese dinero se ha invertido en estructurar los dos institutos, el de San Juan de Dios y el que está ahora en la sede de Ingeominas y que se llama Fundación Instituto de Inmunología de Colombia, cuyo presidente es Belisario Betancur. Aparte de eso, se ha invertido en equipos, dotación, insumos, viajes, personal especializado, el centro de Leticia, servicios, la investigación propiamente dicha y toda suerte de necesidades diversas.Sus detractores dentro del área dicen que toda la plata para investigación en Colombia se la ha llevado usted...Eso es mentira. Basta entrar en la página de Colciencias o los ministerios pertinentes, para ver que es falso y para que usted tenga una idea, sólo en los últimos dos años, Colciencias ha invertido en investigación biomédica, la misma cifra que a mí me han dado en estos 33 años.¿Qué tan cierto es que el cambio climático podría activar la malaria en zonas donde ya estaba erradicada, y que el aumento de las temperaturas podría causar la aparición de enfermedades infecciosas, que habían sido revertidas, como el dengue o la malaria?Absolutamente cierto. Ya hay casos de malaria autóctona en España. En California hoy día es rampante la malaria. En Florida, a pesar de que andan fumigando todo el tiempo ya hay casos autóctonos. Lo mismo sucede en Los Balcanes, donde se suponía que estaba erradicada. Y en Colombia la población en riesgo de adquirir la enfermedad es del 75%, con incidencia especial en zonas del Pacífico, el Caribe y los Llanos Orientales. El número de muertes no es tan alto porque las posibilidades de tratamiento están cerca. Son entre 1.500 y 2.000 muertos por malaria al año.¿Cuándo estará disponible su vacuna?No estaremos vacunando masivamente en menos de cinco años. La siguiente fase es hacer los estudios en humanos, un primer grupo de cien, lo cual tomará un año. Y no comenzaré antes de otro año. Van dos. Luego hay que hacer estudios en África, en Asia y en América Latina. ¿En este momento y en los próximos cinco años que usted demorará en empezar a vacunar masivamente, la batalla contra la malaria está perdida?Sí, porque el mosquito ya se volvió resistente al DDT, y el parásito resistente a la quinina. Sacaron una droga nueva, producto de una planta que ha sido usada en la China desde hace dos mil años, pero rápidamente apareció resistencia también. La batalla está perdida por el momento, y lo peor de todo es que no sólo es la malaria, sino todas las enfermedades infecciosas. ¿En estos 33 años alguna vez ha querido tirar la toalla?Renunciar a mis investigaciones jamás. La mía es una gran convicción en lo que hago. Hace unos diez años usted se quería ir a trabajar a España...Estaba trabajando en la Universidad Pública de Navarra, donde todavía tengo una posición, y el edificio que era de Farmacia y que me adjudicaron a mí, está ahí, cerrado, para el día que me quiera ir a trabajar allá. Pero yo sé que ya no arranco. En la época en que usted menciona, todas las puertas estaban cerradas. Recuerde que ha habido una persecución terrible.¿No ‘se le fue la mano en gallina’, con una excesiva exposición mediática? Recuerde que ‘Cochise’ dijo que “aquí la gente se muere más de envidia que de cáncer”, (que de malaria, en este caso).Risa. Bueno, yo nunca he buscado la publicidad, ésta ha llegado frente a los diversos pasos que se han dado en la dirección correcta, y también porque se me ha perseguido desde algunos reductos. Recuerde que yo tengo publicados 325 estudios (‘papers’) en diferentes revistas especializadas del mundo y eso tiene repercusiones. Los premios que me han otorgado no los he lagarteado, me han llegado. Ahora, en cuanto a lo de la envidia, yo no tengo tiempo que perder, ni me desgasto en esas confrontaciones. Bueno, pues se anotó usted el ‘hit’ que había anunciado y se sacó un clavo gigantesco. Sus enemigos deben estar furiosos y cariacontecidos, ¿no? Risa. Risa. A mí, como a todo el mundo me molesta la crítica, pero no me quita el sueño. Le contesto con lo que me dijo en estos días un amigo mío antioqueño, muy importante: “Por ahí leí un poco lo que han publicado, acordate compadrito que el número de hp’s es casi infinito”. Risa.

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