"No hay nadie más cerca de la vacuna de la malaria que nosotros": Patarroyo

Diciembre 29, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés | El País

Manuel Elkin Patarroyo, científico colombiano.

El científico Manuel Elkin Patarroyo asegura que, pese a que detuvieron sus experimentos, halló la solución a 140 años de investigaciones en malaria.

El Consejo de Estado decidió cancelarle definitivamente a la Fundación Instituto Colombiano de Inmunología, que dirige el doctor Manuel Elkin Patarroyo, desde hace 33 años, el permiso para capturar los monos Aotus con los cuales ha venido haciendo largos, pacientes y exitosos experimentos en su laboratorio de Leticia (Amazonas), para buscar la manera científica de producir vacunas sintéticas contra cientos de enfermedades infecciosas, entre ellas la malaria. Esta decisión, en segunda instancia, confirma el fallo del Tribunal Administrativo de Cundinamarca a favor de la acción popular por tráfico de especies, instaurada por el abogado Gabriel Vanegas y la ecologista y primatóloga Ángela Maldonado. Sostienen los demandantes que el doctor Patarroyo utilizaba micos capturados en Perú y que excedía el número de animales autorizados. El resultado es el cierre del Instituto de Inmunología, el despido de 68 científicos, de 16 funcionarios de la Estación de Leticia, el cese de trabajo para 254 indígenas colectores -y sus familias- que trabajaron con el Instituto durante muchos años. Y lo que es peor, el retraso, no se sabe por cuánto tiempo, de una solución para los 17 millones de personas que anualmente mueren en el mundo, víctimas de centenares de enfermedades infecciosas. Según Manuel Elkin Patarroyo, él está, desde hace dos años, ad portas de culminar exitosamente estas investigaciones, frenadas hoy en forma inapelable. Anuncia, además, que, en breve, la revista Vaccine publicará su último “paper” (publicación científica) aprobada por los pares, sobre el éxito de sus descubrimientos. A lo largo de su carrera este médico tolimense ha denunciado persecuciones dentro y fuera del país, y sostiene que como hay poderosas compañías que persiguen los mismos fines, hay muchos interesados en torpedear su trabajo.Argumenta ser el único que se ha acercado lo suficiente a la solución, a través de años de experimentar con mezclas de vacunas. En un momento determinado, dice Patarroyo, una de las mezclas funcionó y… ¡bingo!¿Qué quiere decir eso?Que esa mezcla produjo títulos de anticuerpos altísimos de una enfermedad contra la otra. Si mezclaba polio con paperas, para ponerle un ejemplo, obtenía anticuerpos contra polio y anticuerpos contra paperas. No se aniquilaban entre sí, como pasaba siempre. Y como yo tenía la estructura tridimensional de las moléculas, encontré que había un denominador común y seguí haciendo mezclas. Otra cosa importante es que las vacunas no solamente no se inhibían sino que los títulos altísimos de anticuerpos duraban tres años. Estaba en el proceso de repetir el experimento, cuando me tocó liberar a los micos, en 2010, pero la verdad es que encontré la solución a 140 años de investigaciones. Esos estudios están a punto de ser publicados en la revista británica Vaccine, la más importante en materia de vacunas. Y eso que los ingleses son mis peores enemigos. Siempre se ha dicho que usted estaba en pos de la vacuna de la malaria, pero en realidad estaba buscando la fórmula para fabricar vacunas sintéticas en laboratorio, para diferentes enfermedades infecciosas...Sí, esto va más allá de la malaria, puesto que, efectivamente, es la búsqueda de una metodología lógica y racional para el desarrollo químico de cualquier vacuna. La razón es sencilla: hay 17 millones de muertos al año como consecuencia de todas las enfermedades infecciosas, de manera que ese ha sido nuestro gran reto. En cuanto a la malaria, hay entre 200 y 300 millones de casos al año, de acuerdo con una medición hecha entre 1980 y 2010. De esas personas mueren 1.5 millones al año, el 90 % de los cuales son niños, es decir, más de un millón de infantes. Una cifra equivalente a seis bombas de Hiroshima. Ese es el problema que hemos estado tratando de resolver. ¿Por qué la malaria sin tratamiento mata tan rápidamente?Porque se transmite por la picadura del anofeles que deja una larva que va por la sangre hasta el hígado donde busca una célula para reproducirse. Crece y se reproduce 30.000 veces en cinco días y acaba con el hígado. ¿Qué tan cerca está de lograr la vacuna?No hay nadie que esté más cerca que nosotros de lograr la fórmula para fabricar sintéticamente esa vacuna y todas las demás. ¿De qué monto ha sido la inversión de todas las investigaciones sobre malaria, en el mundo?Hasta el momento se han invertido US$12.000 millones y se han ensayado más de 167 vacunas diversas con resultados absolutamente negativos. Algunas causan shock, anemia y otros efectos secundarios en la gente. ¿La única vacuna que funciona en el momento es la suya?Absolutamente sí, nuestra primera vacuna protegió entre el 30 y el 40 % de la gente vacunada y es la única que está en pie. A partir de esos primeros resultados seguimos investigando durante varios años y ya habíamos llegado al 90 % de protección en los micos Aotus. Para la forma del parásito que ya ha infectado el glóbulo rojo en la sangre la vacuna presenta un 90 % de efectividad, y para la forma del parásito que infecta el hígado está en un 30 %. Hay que atacarlo en ambos niveles. Por eso necesitábamos entre 800 y 1000 micos más y unos 18 meses adicionales. ¿Por qué se han convertido los micos en una especie de campo de batalla?Por la similitud de su sistema inmune con el humano. Eso significa que en vez de utilizar un millón de seres humanos, como se ha hecho en las diversas investigaciones, hasta este momento, en el resto del mundo, con resultados negativos, nosotros hemos utilizado solo veintiún mil y pico de monos Aotus, de los cuales han muerto relativamente pocos.¿Esos micos se encuentran solamente en el Amazonas?Se encuentran en Suramérica, desde el norte de Colombia hasta el norte de Bolivia. La ventaja de trabajar en Leticia, Amazonas, es que se pueden hacer los estudios y comprobar los efectos de las vacunas, cumpliendo estrictamente con las normas de manejo de los animales. Y para que quede claro, le cuento que nosotros no podemos recibir los micos sino los viernes en la mañana, de 8:00 a 12:00, en presencia de los biólogos y funcionarios de CorpoAmazonía. A pesar de eso estamos recibiendo un trato de delincuentes.¿Después de los estudios y experimentos, qué pasa en los micos? Como estamos en el área apropiada, los mantenemos en cuarentena para que no vayan a transmitir la enfermedad. Cuando están perfectamente sanos los liberamos en los sitios más cercanos al lugar donde fueron colectados. ¿Se les hace seguimiento para ver qué pasa con ellos? Es prácticamente imposible, pero el Instituto de Genética de la Universidad Nacional adelantó un estudio, por solicitud del Ministerio del Medio Ambiente, de CorpoAmazonía y de la Procuraduría, con 269 micos que colectó en esa misma área. Encontró que el 11 % tenía nuestros tatuajes, que casi todos llevaban entre 3 y 4 años de liberación, de acuerdo con los registros, y que se habían readaptado perfectamente.¿Y eso qué demuestra?Que si en una población escogida al azar usted encuentra que el 11 % de los micos pasaron por el laboratorio de Patarroyo y que ya llevan tres, cuatro o más años habiendo conformado familias, esa es una evidencia de que nuestros animales se reintegran y se recuperan. ¿Quiénes están liderando esto que usted llama persecución?Un par de ecologistas, una de ellas es Ángela Maldonado, a quien han convertido en heroína en Colombia y un abogado al que nadie conoce, llamado Guillermo Vanegas. Lo que yo puedo decir sobre ellos es que están financiados desde el exterior y concretamente desde Inglaterra.¿Y cómo puede usted hacer esa afirmación?Porque ellos la publican en su página web. Le recomiendo a usted y a sus lectores que entren a www.entropika.org/en/partners. Allí están los nombres de las compañías que los financian. Verán que son fundaciones inglesas. Más abajo hay una lista de organizaciones colombianas que Ángela Maldonado reporta, pero que no son donantes.¿En qué se basó el Consejo de Estado para prohibirle seguir utilizando los micos en sus investigaciones?En algo completamente falso: que hay tráfico ilegal. Una afirmación que quedó desvirtuada en forma contundente por los estudios de la Universidad Nacional que demuestran que los micos son en un 90 % colombianos. ¿Y cómo lo demostró?Por ADN, con un 99.9 % de certeza.Entiendo que Los Angeles Times le ha hecho eco a Ángela Maldonado... Sí, ella se mueve. El periódico ha dicho que “el doctor Patarroyo tiene permiso legal para experimentar en 50.000 micos”. ¡Ya quisiera yo!¿Y de dónde sacó eso?Ella lo dice y por eso somos tres los denunciados: CorpoAmazonía, por darme el permiso, el Ministerio del Medio Ambiente, por autorizar a CorpoAmazonía y la Procuraduría, por no castigarnos a todos. Iban a meter también al Ministerio de Relaciones Exteriores, pero los mandaron para la porra. Ella sostiene, además, que más del 80 % del presupuesto anual de investigación de Colombia va para el Instituto de Inmunología. Y la verdad es que Colciencias acaba de darme mil millones porque, simple y llanamente, me iban a hacer desahucio porque no teníamos con qué pagar $800 millones de arrendamientos, impuestos y servicios que debemos. ¿Qué pasará con sus investigaciones y su laboratorio? Pues no hay otra alternativa que la de cerrar. Espero que todos los que intervinieron en este caso absurdo asuman la responsabilidad frente a lo que significa retrasar la fabricación de vacunas contra enfermedades que causan la muerte de un millón de niños cada año.¿Que hay de cierto en que el cambio climático del mundo podría reactivar la malaria en zonas donde ya estaba erradicada? Absolutamente cierto. ¿Por qué cree usted que es mi angustia, mi premura de querer redondear la investigación sobre el método para desarrollar las vacunas en laboratorio? No quiero ser apocalíptico, pero la verdad es que estamos abocados a un desastre universal, porque ya las drogas antimaláricas no funcionan. Nos estamos quedando sin herramientas y lo mismo sucede con la tuberculosis.

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