"No es cierto que las mujeres nacimos para obedecer y ser buenas": Stella Conto Díaz

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La magistrada del Consejo de Estado sufrió maltrato económico y psicológico, y por eso hace un llamado a las mujeres a que denuncien, sin importar su condición social.

"No es cierto que las mujeres nacimos para obedecer y ser buenas": Stella Conto Díaz

Julio 30, 2017 - 03:27 p.m. Por:
Alejandra Bonilla, Colprensa
Stella Conto Díaz

La magistrada del Consejo de Estado, Stella Conto Díaz.

Colprensa- El País.com.co

La magistrada de la Sección Tercera del Consejo de Estado Stella Conto Díaz del Castillo sabe qué es sufrir maltrato económico y psicológico. Por eso hace un llamado a las mujeres a que denuncien sin importar su estrato y/o su condición social.

La jurista habla con firmeza sobre el maltrato que sufrió en su hogar por cuenta de su exesposo, que empezó desde la luna de miel, en 1978 y acabó en 2007 cuando tomó la decisión de divorciarse.

Conto Díaz explica los detalles de una decisión que ordenó al Tribunal Superior de Bogotá emitir una nueva sentencia para que sea reparada por el maltrato, con independencia de los ingresos que percibe. Además, indica que la justicia colombiana debe fallar con perspectiva de género e invita a las mujeres a dejar de ser sumisas.

¿En qué consiste la decisión que la favorece?
La Corte resolvió una tutela en contra del Juzgado 11 de Familia de Bogotá y la Sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá, ordenando que se vuelva a dictar la sentencia de divorcio, de cesación de efectos civiles porque el matrimonio es católico, para que tenga en cuenta el derecho que tengo a ser reparada.

El Tribunal me negó la indemnización alegando que no tenía derecho porque tengo un ingreso que me permite vivir y cumplir con las obligaciones alimentarias y consideró que mi salario era suficiente. Pero yo no le estaba pidiendo que me solucionara un problema alimentario, que me dieran para el mercado o los servicios, el caso es que fui víctima de maltrato emocional y económico y tengo derecho a ser reparada.
Se ha considerado que la violencia familiar tiene que quedar en la intimidad, que es una situación de los cónyuges y máximo de los hijos, que no tienen por qué intervenir terceros y, por lo tanto, no hay indemnización, que no se debe sancionar.

¿Cuál es el error en el fallo?
El Juzgado reconoce el incumplimiento de los deberes económicos del señor, pero me dice que no hay maltrato porque considera que es mutuo, sin pruebas de ninguna clase. Interpongo recurso de apelación alegando que el maltrato emocional está probado y que además me reconozca la indemnización. El Tribunal me da la razón en el maltrato emocional, la sentencia es muy bonita, pero dice que no tengo derecho a ser indemnizada porque como magistrada tengo un buen salario. Esa reflexión no puede ser constitucional. Nosotros en el Consejo de Estado indemnizamos y no preguntamos si el victimario tiene con qué pagar.

¿En qué consiste el maltrato emocional que usted sufrió?
Podrían preguntarle a uno si alguna vez me pegó y pues no. Pero el maltrato emocional puede ser más duro. Si a uno la maltratan físicamente es un momento y seguramente ahí se rompe el matrimonio. Pero el maltrato emocional es permanente, es de todos los días.
El maltrato es con lo que se come, cómo te vistes, las amigas que tienes, si estás trabajando o no, si apagas la luz o no, qué tipo de televisión ves, si se puede ir a cine o no, si puedes ir donde una amiga o no, si pueden ir a visitarte o no. Llega un momento en que se convierte en una esclavitud. A largo plazo el maltrato emocional es mucho más difícil de probar.

¿Se denuncia el maltrato emocional?
Si seguimos con el convencimiento de que la violencia de género no puede ser denunciada y publicitada porque se afecta el derecho a la intimidad, jamás vamos a combatirla. Seguiremos con las mujeres que en las cuatro paredes de su hogar tienen que soportar de todo, porque no tiene posibilidad de defenderse.

Las mujeres tenemos que mitigar el daño, la mujer maltratada tiene que empoderarse, tiene que buscar ayuda. Y estos casos tienen que llegar a las altas Cortes. La Corte Suprema no había tenido la oportunidad de resolver un caso así.

¿Por qué?
Porque como el maltrato emocional es tan duro y el maltrato físico es tan peligroso, las mujeres concilian. Es más, los jueces de Familia y los magistrados de los Tribunales presionan a las mujeres para que concilien, sin tener en cuenta las condiciones de la conciliación. Yo lo digo porque litigué en (Derecho de) Familia 20 años y les decía a mis ‘pacientes’ que no lo hicieran y el juez los convencía. A mí me trataron de convencer muchas veces y sabía que no iba a conciliar, que quería una sentencia de maltrato. Son muy pocas las sentencias que hay, no llegan a esos niveles, por el solo hecho del divorcio.

¿A qué debe usted que el Tribunal no haya tenido en cuenta un enfoque de género y que haya rechazado la reparación por su condición socioeconómica?
El Código Civil dice que el cónyuge culpable está obligado a suministrar alimentos y que los alimentos se dan a quien los necesite y esa interpretación textual, exegética de la norma, le lleva a esa interpretación.

Esa interpretación podría ser así hace unos años, pero no frente a la realidad, especialmente frente a la comunidad internacional y frente a las normas constitucionales, en donde se hace evidente la discriminación de género. Es que antes el maltrato a la mujer se consideraba normal, hoy sigue existiendo y se sigue considerando normal, pero ya hay voces que señalan que eso no es correcto.

¿En eso reside la importancia de la decisión?
Sí, porque la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, que es la que orienta a los jueces de Familia, tiene que aplicar las normas internacionales. La Sala llama la atención por una norma del Código General del Proceso que dice que en materia de conflictos de familia, los jueces deben fallar para solucionar los conflictos humanos.
Los jueces no estamos para dictar sentencias para guardar en los cajones, sino para solucionar los conflictos humanos. Entonces, es muy importante el mensaje que envía la Sala Civil de la Corte Suprema.

¿Cómo fue el proceso del litigio? En su rol de magistrada, ¿se sintió presionada o que la iban a favorecer?
Creo que en el fondo se podría pensar eso. Yo nunca lo pedí, nunca lo intenté, escasamente fui al juzgado. Contraté a un abogado respetuoso. Pero es posible que inconscientemente los jueces hayan pensado que, por el hecho de ser mi caso, debían tener cuidado para que no se creyera que me estaban favoreciendo. A veces, cuando se tienen esas prevenciones, se cometen injusticias.

En mi caso, querían insistirme en la necesidad de conciliar por ser magistrada y les parecía extrañísimo que yo afectara el derecho a la intimidad de mi familia. Yo respondí a los jueces que la intimidad de las familias no la violan las víctimas, sino los victimarios. Las víctimas tenemos que salir a denunciar y exigir reparación y castigo.

¿Cuál es el mensaje a la mujer que está sufriendo esta misma situación y no se atreve a denunciar?
Le diría que lo más importante es su dignidad y su tranquilidad. Nos han enseñado que las mujeres tenemos que tener un hombre que nos mantenga. Ese mensaje de que las mujeres deben soportar el maltrato para que el matrimonio siga adelante, que tienen que sacrificar su vida y su dignidad, es errado. Con eso no se consigue nada. El maltrato se incrementa. Un hombre que maltrata va a seguir maltratando y va a llegar a límites insospechados.

La mujer no tiene por qué ser sumisa, no es cierto que las mujeres nacimos para obedecer y ser buenas. Eso no es así, eso es un mensaje equivocado de una sociedad machista, de una cultura machista, construida en beneficios de los hombres.

¿Usted llega a la Comisión de Género por su situación personal?
Mi trabajo en género y en la Comisión de Género están definitivamente relacionadas, pero yo empecé a incursionar en la literatura y en la doctrina de género en mis actividades académicas. Soy profesora universitaria hace 25 años. Eso me obligó a estudiar, a trabajar el tema, litigué, traté de ayudar a muchas mujeres. Después estuve en la Corte Constitucional de magistrada auxiliar y eso me ayudó muchísimo y cuando llegué al Consejo de Estado me encontré que había una Comisión de Género y me vinculé.

Todo ha sido relacionado, tengo especial sensibilidad por la discriminación de género porque la he sentido y lo sentimos las mujeres. Eso no quiere decir que los hombres no lo reconozcan, pero las mujeres tenemos una sensibilidad para este problema que no se puede reemplazar.

¿Necesitamos jueces mujeres para que haya enfoque de género en las decisiones?
La perspectiva de género la tenemos que incluir todos, pero las mujeres tenemos una sensibilidad particular. Tiene que haber mujeres en la Administración de Justicia, y en todos los estamentos de la Administración, porque la perspectiva de género no es solo en materia judicial sino en las políticas públicas, en las actividades de las empresas, en todas partes.

¿Qué hacer en las universidades?
Hay que empezar desde los colegios. La Corte Constitucional ha enviado unos mensajes muy importantes al Ministerio de Educación para que se acabe con la discriminación de género. A los niños y niñas en los colegios hay que enseñarles que no hay superioridad del hombre ni sometimiento de la mujer y que se debe respetar la condición de género y la opción sexual de los compañeros.

Y los profesores deben estar convencidos de que hay que hacerlo porque de lo contrario, no es fácil.

En las universidades también pero no solo en las facultades de Derecho. Se cree que son los abogados los que tenemos que saber de género y no, tienen que ser los periodistas y los médicos. ¡Eso es importantísimo!

¿Esto va a cambiar su vida personal?
No. Mi vida personal cambió cuando decidí que se acababa el matrimonio, en el año 2007. Para llegar a eso había tenido un proceso de empoderamiento que fue desde la duda, de noches en vela. Pero cuando tomé la decisión, la tomé. Está tomada y no hay nada que hacer Seguiré adelante trabajando como juez hasta que se me acabe el periodo, en la Academia y defendiendo a las mujeres.

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