"Me sedujo la apuesta por la Paz de Juan Manuel Santos": Lucho Garzón

Junio 08, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés | El País

Luis Eduardo Garzón, exalcalde de Bogotá , nuevo ministro de Trabajo.

Luis Eduardo Garzón dice que aunque no le gusta la reelección votará para darle continuidad al proceso de paz.

Le fascina la música. Grabó treinta y cinco mil canciones, desde Daniel Santos hasta Calle 13. Le encanta el golf porque fue caddie de los ricos en el Country Club. Entonces no lo dejaban jugar, pero hoy es un experto. Y le gusta todo: el tenis, el futbol, el billar. Lucho Garzón es experto en ajedrez y ha ido por la vida leyendo desde literatura hasta informes del Banco de la República. Se formó duramente, sin privilegios, sin plata. Como la mayoría de la gente de este país. Militó en la extrema izquierda, fue perseguido, se escondió en Barrancabermeja por años pero nunca tiró piedra, ni se le ocurrió irse a la guerrilla. Se metió de dirigente sindical a la CUT y ganó fama de excelente componedor. De hecho ha estado de mediador en grandes conflictos de diversa índole. Para hablar de unos pocos: Caracas, Tlaxcala, El Caguan. Hoy es el “Jefe de Paz”, como le gusta decir de la campaña reeleccionista de Juan Manuel Santos y aquí habla de algunas de las estrategias del equipo santista para recuperar lo perdido en las elecciones del 25 de mayo y arrebatarle el triunfo al candidato uribista Óscar Iván Zuluaga, en las votaciones del próximo 15 de junio. ¿Si ha rechazado siempre, tajantemente la reelección, por qué trabaja hoy en la de Santos? Sigo pensando igual, pero en esta oportunidad su apuesta definitiva por la paz me sedujo. Es un proceso que necesita continuidad porque es serio y va muy bien encaminado. El mismo Santos ha dicho que no le gusta la reelección y yo estoy seguro de que su primera decisión, como presidente otra vez, en materia de reforma política será acabar con esa figura. Y propondrá períodos muy precisos. De seis años sería para mí el ideal. Es indudable que con períodos de solo cuatro años la reelección es dañina porque, en últimas, lo que hace es acabar con la iniciativa en términos de gestión. ¿Desde cuándo se matriculó usted en el tema de la paz? Desde finales de los 80, cuando en el mundo de la izquierda la discusión era ultra radical y anti-todo, yo tuve la oportunidad de confrontar a las Farc que decían que el único escenario posible en Colombia era la insurrección armada, una lógica que nos llevó a cosas realmente demenciales. Desde siempre he sostenido que el Estado no es capaz de rendir a la guerrilla y viceversa. Y en los 90 me casé con la apuesta del presidente Gaviria de una Constituyente para reformar la Constitución del 86, porque soy un convencido de la necesidad de trabajar en reformas que conduzcan a profundizar la democracia. Por otra parte, creo que resuelto el problema del conflicto armado nos va a pasar lo mismo que a los chilenos con Pinochet que hicieron la Concertación Nacional, establecieron reglas de juego para hacer una democracia seria, o a la España pos franquista, en donde surgieron el Psoe, el PP y el PCE, y emergieron nuevas reglas de juego. La profusión de encuestas muestran diferencias en pro o en contra de los dos candidatos, pero hay un avance de Santos frente a la primera vuelta y se fortaleció el Proceso de Paz. ¿Qué tanto confía en un resultado feliz? Yo ya no cumplo años, conmemoro. A esta altura del paseo, reivindico que estuve cerca al tema de la paz en Caracas, en Tlaxcala y en El Caguán, así como a diversos escenarios con el M19 y la Constituyente del 91. Y puedo decir que nunca, como hoy, se había avanzado tanto. Hay muchos factores que están empujando positivamente el proceso y uno de ellos es que hay un sindicato “rarísimo” apoyando el proceso de paz, que el expresidente Uribe califica de ‘Castrochavismo’. Pero se le olvida que lo que hay es una trilogía: tres personas distintas y una voluntad verdadera: Raúl Castro, el gobierno venezolano y Barak Obama. El apoyo del Presidente de los Estados Unidos irradia internacionalmente y es por eso que el que le haga conejo al proceso ya no se lo estaría haciendo sólo al gobierno o a los ciudadanos colombianos. Reversar este proceso es imposible por la legitimidad que ha ido adquiriendo desde el punto de vista internacional y volver a construir eso no sería nada fácil. Y le voy a contar algo, en esta mesa en la que usted me entrevista, el presidente Uribe me pidió que hablara con las Farc y con el ELN, cuando yo era Alcalde de Bogotá. Es más, fui a Venezuela por cuenta de él, con Luis Carlos Restrepo y Juan Manuel Ospina para buscar un diálogo con el ELN. Me sorprende. El ex presidente Uribe niega cualquier acercamiento con la guerrilla durante su gobierno... Eso no es extraño. Hasta la víspera de la primera vuelta había un rechazo rotundo hacia el proceso de paz y en las filas uribistas decían que suspenderían los diálogos. Hoy ya los ve usted montados en el carro de la paz y lo que antes era terrorismo para ellos, hoy se les convirtió en un objetivo deseable, porque si alguien combina formas de lucha para conseguir sus fines, ése es Uribe. ¿Por qué Álvaro Uribe niega cualquier acercamiento con las guerrillas? Eso tendría que contestarlo él, pero la verdad es que él vino a mi casa con Alicia Arango y Angelino Garzón, cuando yo era Alcalde de Bogotá y en esa reunión él me pidió que ayudara incluso con Pradera y Florida. ¿En qué sentido? Era el momento en que las Farc estaban pidiendo el despeje de Pradera y Florida. Y se estaba discutiendo esa opción. ¿Álvaro Uribe llegó a considerar la posibilidad de hacer un despeje en Pradera y Florida? Así es, esa visita fue el 6 de septiembre de 2006. Le doy la fecha precisa en que él estaba pensándolo. ¿Y qué pasó? En ese momento se dio la discusión de si se negociaba la entrega de los secuestrados. El despeje estaba ligado a eso. Después me mandó a hablar con los elenos. Así de simple. Y creo que así lo hizo con mucha gente. La doble moral para actuar frente a la guerra. ¿Cómo calificaría eso? Eso me demuestra que, definitivamente, lo que allí mueven en torno al proceso de paz es el disolvente del odio y la rabia. Y cuando esto sucede, no hay ninguna racionalidad posible en el ejercicio político. Un ejemplo basta: los uribistas dicen que habrá impunidad, sin advertir que ese punto ni siquiera se ha tocado. Apenas ahora empezará la discusión sobre víctimas, que son las únicas que pueden decir hasta dónde van la justicia, la ley y la reparación, porque ellas son el centro y el referente fundamental de ese aspecto de la negociación. Y aquí cabe resaltar un hecho para mí inexplicable: el que Álvaro Uribe no reivindique este proceso de paz como consecuencia lógica de los resultados de su gobierno que debilitó a las Farc, y, que si hoy hay una mesa de diálogo en La Habana, ésta se deriva de los logros militares de su administración en los cuales también tuvo una intervención definitiva Juan Manuel Santos como su Ministro de Defensa. Ustedes tienen alguna información sobre si es cierto, o no, que la campaña uribista está contactando a las Farc a través de Álvaro Leyva? Está claro que Álvaro Leyva es el referente de este proceso para un acercamiento del candidato Óscar Iván Zuluaga con las Farc. Y para saber que Leyva hoy se está vendiendo como negociador de Óscar Iván Zuluaga, yo no necesito hackers, ni labores de inteligencia, porque todo el mundo lo sabe. Él siempre ha estado en esa línea y yo le valido a él su vocación por la paz. Lo malo es que muchas veces sucede que cuando uno trata de ser tan protagónico se vuelve más complicado que los mismos guerrilleros. Volvamos a las Farc. Con la mano en el corazón, ¿usted diría que ahora si van en serio? Están en una posición real de negociación y de reflexión para llegar a los acuerdos. Ya firmaron tres puntos de los cinco agendados. Ellos llaman diálogo y no negociación a las conversaciones, pero, quiéranlo o no, es una negociación, así nunca lo hayan querido admitir. ¿Veremos una foto de Timochenko entregando las armas? Le digo una cosa: este proceso va a tener un elemento que para mí es supremamente importante y es que no se tratará de una desmovilización rumbo a la ciudad. Será una desmovilización de gente que tiene su origen en el campo y quiere seguir, o regresar al campo. Yo no me imagino a Timochenko manejando el IDU, ni pidiendo una circunscripción para la Cámara de Representantes, ni trabajando en Almacenes Éxito. Lo veo haciendo política y apoyando el tema regional agrario, que va a ser fundamental. ¿Dónde pongan las armas, dónde las entreguen, o dónde acaben? no es lo sustantivo; lo importante es dónde y cómo van a hacer su reinserción. El proceso fracasado de la desmovilización paramilitar potencializó los graves problemas de seguridad que padecemos hoy. No estoy diciendo que todos los desmovilizados sean ladrones o hampones, porque muchos se reinsertaron de manera juiciosa. Pero lo cierto es que los veintidós mil desmovilizados del señor Uribe se fueron para la ciudad, donde no encontraron empleo ni alternativas. Esta vez el ingrediente fundamental es que el territorio es el campo, donde va a generarse el pos conflicto, y las ciudades se beneficiarán por efecto de la fuerte inversión en el campo que jalonará, además, un regreso de las migraciones campesinas que les llegaron por desplazamiento o por desmovilización. Si hay una desmovilización vía territorios, ¿las armas para qué?. Eso, por el momento, me parece una discusión secundaria. ¿Si todos esos pronósticos se cumplen quiere decir que habrá por fin una verdadera reforma agraria en Colombia? Yo pienso que hoy se ha empoderado en Colombia el tema de la ruralidad. Cuando uno es alcalde se pregunta qué hacer con los vendedores ambulantes, contra los que todo el mundo protesta. Pero, ¿dónde meterlos?, ¿desaparecerlos? Absurdo. Muchos de ellos deben regresar al campo pero con posibilidades de empleo. Hoy hay circunstancias que me parecen claves. La primera, los paros. Con ellos los campesinos se empoderaron. Luego está el primer punto aprobado en la agenda de La Habana sobre el Agro y en tercer lugar, hay un gobierno capaz de conversar y de buscar salidas para temas como insumos, revisión de políticas, subsidios, etc. Y en este punto quiero decirle que me parece que vale la pena hacer un inventario sobre los resultados del TLC. Yo creo que ni muy muy, ni tan tan. No hay que oír el canto de sirena que nos invita a cerrarnos al mundo del comercio internacional sino analizar qué hemos podido exportar y cuáles son las importaciones que nos han venido afectando. Está en mora de hacerse pero ya se sabe que el tema necesita una reforma de fondo. ¿Cree usted que la adhesión de Clara López le funcionó al presidente Santos? Clara ha demostrado que tiene su propio liderazgo y que no es rehén de ningún referente masculino: ni de su propio marido, ni del senador Robledo, que dicta cátedra en el Polo. Yo a ella la respeto, pienso que hizo una campaña extraordinaria y que esos dos millones de votos son suyos. Clara López es una mujer convergente, democrática, respalda la paz y esos son activos que puede multiplicar para una posible Alcaldía de Bogotá. Vea aquí el Especial de Elecciones 2014

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