“Me gustan algunas cosas del Gobierno, pero sus incoherencias desconciertan”

“Me gustan algunas cosas del Gobierno, pero sus incoherencias desconciertan”

Febrero 09, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés
“Me gustan algunas cosas del Gobierno, pero sus incoherencias desconciertan”

Daniel Samper Pizano.

Daniel Samper Pizano habla de su libro ‘Jota, Caballo, Rey’ que llevó al Hay Festival y de su visión del dictador Rojas Pinilla. Dice que el Procurador es un personaje siniestro y que Obama lo decepcionó.

Durante 50 años –dichoso él que puede confesarlos- se ha movido con soltura en el mundo del periodismo colombiano con acabados productos que nos ha ido dosificando con seriedad, gracia y talento durante esas décadas: Un Postre de Notas rebosante de humor, en la Revista Carrusel; Reloj, punzantes análisis políticos en El Tiempo; la Unidad Investigativa del mismo diario, llena de sabuesos implacables que pusieron en solfa al ‘establishment’; divertidos guiones de televisión como Dejémonos de Vainas, Leche y Escalona, artículos sobre todos los temas humanos y divinos en la Revista Credencial… en fin… libros, antologías, editoriales, prólogos, que dan cuenta del buen decir y mejor escribir de este cachaco, que odia el club, el golf y la corbata, y que- guajiro de corazón y de adn- ama el vallenato, tanto como la zarzuela y el bolero. Y que volvió a encantar en el pasado Hay Festival de Cartagena cuando le celebró los 50 años a Mafalda y cerró el certamen de las letras con una entrevista divertida y entrañable al maestro Adolfo Pacheco, autor de piezas antológicas como La Hamaca Grande. A Cartagena llevó su último libro ‘Jota, Caballo y Rey’, del que también habla en esta entrevista.¿Cómo ve el nuevo escándalo de las ‘chuzadas’?Prefiero remitirme a mi columna de hoy en El Tiempo, donde expreso mis temores, sorpresas e indignación por este episodio. ¿Conque la muchacha estaba embarazada y no lo sabía?Su columna da unas de cal y otras de arena al presidente Santos, pero últimamente ha estado bastante ácido. ¿No le ve avances al gobierno?Por supuesto que sí. Estoy alineado firmemente, por ejemplo, con la propuesta de legalizar la droga y su proyecto de paz, pero me desconciertan sus incoherencias y el baile de dos pasitos pa’lante y un pasito (o tres) pa’trás. Por ejemplo, consiguió una ley de tierras admirable, pero ha nombrado ministros que la boicotean. Y en el caso de la sentencia del pleito con Nicaragua quiso ser al mismo tiempo un estadista que respeta las leyes y un populista que las desconoce.¿Otro tema, un poco a la torera, a propósito de las reuniones de Davos y de Celac, tan distantes, será que terminaremos yéndonos al carajo por la sima gigantesca de la inequidad y la pobreza? Pues no hay cuerda que aguante tanta tensión. Es indignante la codicia de nuestros ricos: nunca tienen suficiente. Siguen contando plata sentados encima de una bomba. Es un ejemplo absoluto de inconsciencia y falta de solidaridad. No estoy haciendo demagogia: mientras en muchos rincones del mundo esta noche se morirán varios niños por hambre o gastroenteritis, a miles de multimillonarios no les alcanza lo que les queda de vida para gastarse sus fortunas.Celebró en su momento la elección de Barack Obama, ¿cómo lo ve hoy? El buen Obama me tiene muy decepcionado. Ahí siguen Guantánamo, el espionaje internacional y el aumento del abismo entre pobres y ricos en EE. UU. Es un tipo honrado y sensible, pero le falta berraquera.Sigue criticando el uso de glifosato contra los cultivos ilícitos. ¿Por qué cree que se persiste en ese método? Cualquiera puede ver los efectos en detalle si busca en Internet. Baste con decirle que Colombia indemnizó a Ecuador por los daños que causó el glifosato a sus campesinos, pero no tiene los mismos miramientos con los campesinos nacionales. Es otro ejemplo de incoherencia del Gobierno.¿Podría hacer una síntesis de cómo ve la actuación del procurador Ordóñez contra Petro, y su reacción, que tienen a Bogotá en el caos? El Procurador es un personaje siniestro que en su tesis de grado juró perseguir al comunismo y ha demostrado que se propone elevar los pecados al rango de delitos. Petro ha sido un mal alcalde, pero tiene derecho a un juicio justo, lo que le ha negado un procurador que acapara funciones que el Derecho reparte entre varias para garantizar procesos limpios: investiga, evalúa, dicta sentencia, fija penas y resuelve el recurso.¿Paradójicamente Petro saldrá favorecido?Relativamente. El abuso del Procurador dio a Petro el escenario para un gran despliegue populista. Pero me parece que la legítima defensa del alcalde, con sus dilaciones, sus abrumadoras tutelas y su rebeldía ante las notificaciones, le está creando una mala imagen, incluso entre muchos que son solidarios con su causa.¿Cómo ve a la izquierda en este país, que llegó a tener 2.600.000 votos con Carlos Gaviria y los dilapidó? La vocación cainita de la izquierda y su capacidad de división son sorprendentes. Sin embargo, yo creo que esos votos no se han perdido, están por ahí, pero mal repartidos.¿Por qué apoyó la propuesta de Ramiro Bejarano de hacer lo mismo que hicieron los colombianos cuando cayó Rojas: “declarar insubsistentes a todos los magistrados de las cortes y reemplazarlos por personas de indudable probidad y sabiduría”. ¿Usted, a estas horas, ingenuo?Llevo 68 años defendiendo ingenuidades, e incluso utopías. Me resisto a caer en el cinismo de contentarme con la realidad y tratar de sacarle partido. Al país le hace falta fijarse metas elevadas, aun cuando solo logre aproximarse a ellas sin alcanzarlas del todo. La sobredosis del todo-vale necesita un antídoto purificador. Lo veo esperanzado en que este país entre en una senda de cordura y llegue por fin a firmar la paz. ¿Cuál es su óptica del posconflicto?Si se firma el acuerdo con las Farc, no habremos logrado la paz, por supuesto, entre otras, porque seguirán operando las “fuerzas oscuras” de las que habla el presidente Santos. Pero será un paso muy importante para empezar a salir del pantano. Está claro que sin repartir mejor el ingreso y sin ofrecer educación, salud y democracia a la gente, la paz nunca cuajará. ¿Por qué tomó el primer año del gobierno de Rojas Pinilla como trasfondo de su última novela?En mi memoria infantil yo tenía la idea de que aquel año (junio de 1953 a junio de 1954) había sido feliz. Resonaban en mi memoria conversaciones familiares, sensaciones, emociones e impresiones positivas. Cuando busqué en las hemerotecas las noticias correspondientes a la época, descubrí que no estaba equivocado. Fue el año en que se puso fin a la dictadura de Laureano Gómez; en que se liquidó el proyecto de una Constitución fascista donde criticar al gobierno equivalía a traicionar la patria; en que entregaron sus armas los guerrilleros liberales; en que se levantó la censura de prensa, se nacionalizó la Policía, el café registró altos precios…¿Cuál fue el “detalle” que borró en los colombianos el júbilo por el golpe del general a Laureano?Ese “detalle” fue la muerte de estudiantes los días 8 y 9 de junio. ¿Qué tanto de verdad hay en la historia de Rojas Pinilla, en el sentido de que era un hombre no demasiado pulcro éticamente?En su primer año de gobierno Rojas fue indelicado pero no corrupto. Su indelicadeza consistía en aceptar costosos regalos (especialmente en ganadería y tierras). Pero después la corrupción del gobierno fue cada vez mayor. Así lo demuestran numerosas investigaciones y libros, como El Uñilargo, de Alberto Donadío.¿Reconstruyó o inventó los diálogos entre el general y doña Carola, que resultan muy divertidos?La mayoría de las escenas en que aparece Rojas son caricaturas. La literatura de dictadores, género muy latinoamericano, ha mostrado a dictadores tremendos (La Fiesta del Chivo, El Señor Presidente), momificados (El Otoño del Patriarca), sombríos (Yo, el Supremo)…. Yo dibujé un dictador caricaturesco, como creo que corresponde a Rojas Pinilla. Este fue un personaje que no buscó el poder, sino a quien el poder le cayó encima; tampoco fue un asesino como Videla o Pinochet, aunque su gobierno no está exento de abusos y violencia; no fue tampoco un monstruo como un Somoza o un Trujillo, sino un tipo más bien campechano y amable. Rojas no es un personaje de tragedia, ni siquiera de drama, sino más bien de comedia o de esperpento. Los diálogos con doña Carola están inventados de acuerdo con esta idea.¿Por qué el ‘rojaspinillismo’ subsistió hasta que, según dicen muchos, Rojas ganó las elecciones del año 70? ¿Cree que el Tigrillo Noriega metió el ‘Chocorazo’?Rojas encarnó un movimiento populista que caló hondo entre personas descontentas, pero con poca capacidad de análisis. María Eugenia fue una lideresa de enorme poder y mucha garra que montó el anapismo a partir de ese descontento. Hasta donde lo sospechamos los colombianos, Rojas ganó las elecciones de 1970, pero le quitó la victoria un cambiazo en las urnas perpetrado en Nariño. Conocí al Tigrillo gracias a que él era buen amigo de Roberto Posada García-Peña. En privado y también en su libro sobre este episodio, Noriega dejaba abierta la posibilidad del triunfo espurio de Misael Pastrana.¿Cómo es Triguero, el equino héroe de Jota, Caballo y Rey?Triguero fue uno de los héroes de mi infancia, junto con famosos futbolistas como Chonto Gaviria, ciclistas como Efraín Forero y Ramón Hoyos y toreros como Joselillo de Colombia. Coincidió la popularidad de Triguero con la de Rojas Pinilla en su primer año, y en la novela decidí dibujar un dictador celoso por la fama del caballo y a lo que esta envidia condujo.Usted investigó el clima político a seis años del 9 de abril, ¿qué le mostraron sobre Laureano Gómez y el caldo en que se cocinó el golpe? Que el golpe no fue un ejercicio de poder militar sino, como dijo Darío Echandía, un golpe de opinión. Laureano, como afirmó el violentólogo Gonzalo Sánchez, “había hecho del terror una línea de gobierno”. Era entendible que hubiera alegría en el partido liberal, en medio partido conservador y en el Ejército ante el fin de ese régimen.¿Es cierto que el golpe lo promovieron el liberalismo y el conservatismo?Sin duda. Y para complementar el golpe le pidieron a Rojas que, en su calidad de comandante de las Fuerzas Armadas, representara la cabeza del nuevo gobierno. ¿Es verdad que a pesar de su dictadura Rojas Pinilla era una ‘buena papa’, o, mejor, una ‘buena yuca’? Rojas Pinilla conservó siempre su talante campechano. Yo no lo conocí en persona, pero un amigo mío que lo entrevistó –Fernando Umaña Pavolini, q.e.p.d.—me contaba que era como charlar con el dueño de la ferretería de un pueblo colombiano. El primer año de Rojas llenó al país de esperanzas, que defraudó luego. Fue una mezcla de ingenuidad y malicia indígena; se rodeó mal; la familia demostró más codicia que él.

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