"Los jaguares nos garantizan la salud del ecosistema": Director de la Fundación Panthera

Febrero 23, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Catalina Villa | El País.

Esteban Payán, director de la Fundación Panthera en Colombia.

Esteban Payán, director de la Fundación Panthera en Colombia, sabe que la extinción de los felinos (como el ocelote que mataron en Anchicayá la semana pasada) puede afectarnos drásticamente. Que ellos, incluso, garantizan que nos podamos tomar un vaso de agua limpia.

Cada vez que escucha la noticia de un felino muerto, sea un ocelote, un jaguar, un puma o una pantera, Esteban Payán tiene una sensación diferente. Cuando muere a manos de un campesino para defender la vaca que alimentará a sus hijos, entiende que el asunto es cuestión de hambre. “Yo no puedo decirle que no lo mate cuando sé que tiene hijos que alimentar y que lo que está haciendo es proteger a su familia”, explica.Pero la muerte del tigrillo, la semana pasada, de manos de trabajadores de Proing S.A. en el Bajo Anchicayá, le produjo indignación. Porque no le cabe en la cabeza que el desarrollo en este país se siga haciendo a toda costa. “El desarrollo tiene que ser sostenible, consciente, responsable. Uno no puede tirar a unos empleados como se le vaya ocurriendo, sin ninguna capacitación y orientación del medio que está interviniendo. Esa mentalidad tiene que cambiar”, dice.Y es que este caleño sabe mejor que nadie que gracias a los felinos existe un equilibrio en el ecosistema que nos posibilita los recursos que necesitamos para vivir. Lo sabe no solo porque lleva más de quince años estudiándolos, sino porque convivió con ellos en el Amazonas durante dos años, junto a los Tikuna, mientras hacía su doctorado. Hoy es el director regional del norte de Sur América de la Fundación Panthera, y en la actualidad lidera en Colombia un proyecto que busca salvar poblaciones suficientemente grandes a largo plazo conectadas en lo que se llama El Corrredor Jaguar, el corredor genético más grande del mundo, que se extiende desde México hasta la Patagonia.¿Cuál es la relación actual que tenemos los colombianos con los felinos?Es importante aclarar que no se trata de un asunto de malos y buenos. Cuando llego a una vereda supremamente pobre, en donde un campesino tiene cinco hijos muertos de hambre y llega un puma a comerse sus ovejas, pues yo lo entiendo si lo mata. Pero la experiencia nos ha demostrado que si nos acercamos a esos campesinos y les brindamos asistencia técnica para mejorar su producción, ellos terminan convirtiéndose en los mejores amigos de los felinos y no los vuelven a matar.Ahora, casos como el del Bajo Anchicayá son absurdos y solo pueden producir indignación. No solo hacia los empleados sino hacia la empresa misma que suelta a una gente sin el más mínimo entrenamiento de a dónde están llegando, con qué se van a encontrar y cómo lo deben manejar. Aquí lo que debe quedar claro es que eso es un crimen y es ilegal.¿Cuánto ha disminuido la población de felinos en Colombia?La proporción de desaparición de estas especies es igual a la de Sur América: se ha perdido el 40 por ciento de su territorio en referencia a su rango histórico. En el Valle del Cauca concretamente varía según la especie. Pero, por ejemplo, tenemos una cifra alarmante, los jaguares han perdido más del 70 por ciento de su territorio porque ellos no viven en zonas geográficas altas sino por debajo de los 2000 metros sobre el nivel del mar.¿Cómo lograron conocer el estado de los felinos en América?A principios de los 90 surgieron las cámaras trampa que se amarran a los árboles, iguales a las que aparecen en Discovery Channel. En la fundación Panthera, que se creó para promover la conservación de los felinos, empezamos a utilizarlas. Si amarramos cien cámaras, por ejemplo, podemos saber cuántos jaguares hay en determinada área. Y es que resulta que cada jaguar se puede identificar por sus manchas; son como su huella digital. Es así que podemos llegar a identificar cada individuo y ponerles nombres, incluso. La ventaja de este sistema que es no tenemos que tocar al animal, no tenemos que dormirlo. Es un proceso no invasivo.¿Cómo funcionan las cámaras?Tienen un sensor infrarrojo que detecta la presencia del animal y toma la foto. Pero no solo de felinos. Con ellas también podemos ver en cada cuadrícula si hay armadillos, venados, chigüiros, y eso nos permite saber cómo está la salud del ecosistema. La clave está en que si hay jaguares, el ecosistema está muy bien conservado.¿Por qué? ¿Cuál es esa relación?Es muy sencilla. ¿Qué necesitan los jaguares para sobrevivir? Presas. Y estas son, por lo general, cerdos de monte, venados, chigüiros, armadillos. ¿Y para que haya suficientes animales de estos qué tiene que haber? Árboles, arbustos con flores y frutos. ¿Y para que estos se den? El suelo tiene que estar saludable, y eso depende de que los ríos estén bien. Por eso, cuando encontramos jaguares o felinos en un hábitat, sabemos que se trata de un ecosistema bien conservado. En cambio, cuando matamos a los jaguares, a los pumas, etc., lo que estamos haciendo es quitar un corcho a esa pirámide, se aumentan los cerdos de monte, que arrasan con los arbustos, los árboles e incluso las huertas de los campesinos. Eso cambia la regeneración y la estructura del bosque, cambia los patrones de sombra y llega la erosión. Esto produce evaporación y menores niveles de agua. La ecuación es simple, casi que tener jaguares te asegura el acceso a un vaso de agua limpia.¿Por qué la desaparición de jaguares en el Valle del Cauca es mucho más alta?Por la agricultura. Aquí, todo el Valle geográfico es pura caña y eso cambio la estructura del bosque. Ahora dependemos del agua de las cuencas de arriba que todavía tienen bosque. Pero los jaguares, como lo dije, viven por debajo de los 2000 mil metros sobre el nivel del mar. De ahí la urgencia de tomar medidas de conservación. El proyecto que actualmente adelantamos con la CVC es la última oportunidad que tenemos para evitar su extinción.¿Qué acciones concretas hay que adelantar para protegerlos?Lo que descubrimos en la Fundación Panthera, en buena medida gracias a las cámaras, es que la densidad de estos felinos es muy baja, existen tres por cada diez mil hectáreas. La gran pregunta de la biología de la conservación era entonces: ¿cuántos tenemos que salvar para que en 300 años todavía haya jaguares? La respuesta es 500 individuos. ¿Y qué área hay que proteger para salvar a esos 500 individuos? Pues 17 mil hectáreas. Pero no hay suficientes Parques Nacionales de ese tamaño en América Latina.¿Qué hacer entonces?Gracias a nuestros estudios genéticos, nos dimos cuenta que el jaguar es el mismo desde México hasta Argentina. No hay subespecies. Entonces a mi jefe se le prendió el bombillo y dijo “no vamos a tratar de hacer parques de 17 mil hectáreas en América Latina con esta pobreza, lo que vamos hacer es unir el parque A con el parque B, a través de un corredor”. Y allí nace lo que llamamos el Corredor Jaguar. Se trata de un corredor que no va en contra del desarrollo. No necesitamos que sea un parque estricto, sino una zonas en las que el jaguar y los demás felinos puedan pasar de un parque a otros sin que les disparen, bien sea en la finca ganadera o en la plantación de palma de aceite o en un cultivo de café.Pero usted mismo habla de las poblaciones pobres, ellos tienen la necesidad de proteger su ganado...En convenio con la CVC vamos a implementar un programa de asistencia técnica pecuaria, en el que vamos donde este campesino que tiene, digamos, cinco vacas de leche, pero nadie le ha enseñado cómo tenerlas bien. Llegamos con un equipo de veterinarios que les ayudan con técnicas que aumenten su producción. Eso va a limitar las pérdidas de jaguares y pumas, porque implican corrales para terneros, luces que hacen que el jaguar o el puma no se los coma y el ganadero no tenga que matarlos. Ellos firman un documento en el que se comprometen a no matarlos.¿Y sí funciona?Tuvimos una experiencia muy bonita en Tame, Arauca, una zona muy difícil que nos financió Usaid. Había una gente con ganado de leche, supremamente pobre. A ellos les hicimos asistencia pecuaria a condición de que dejaran una parte de su finca para el Corredor Jaguar. Una de las asistencias fue darles kits eléctricos solares para tener un cerco eléctrico, que es muy efectivo pues al jaguar no le gusta la electricidad. Resulta que estas familias, que eran diez, y que hasta entonces no habían tenido luz eléctrica, cogieron un cable para conectarlo del cerco a la casa, y por primera vez pudieron tener televisor y nevera y bombillos, y estaban felices. Al final ellos entendieron que eran los jaguares quienes les estaban financiando su electricidad. Y ahora los cuidan. Sabemos que esto solo funciona si la conservación paga su camino. Esto no es beneficencia. ¿Cuándo arranca el convenio con la CVC en el Valle?Este mes de febrero. En total serán intervenidas entre seis y ocho fincas con proyectos que van desde gallineros antidepredatorios, que pueden costar $600 mil, hasta otros que son un kit de celdas solares que pueden costar $6 o $7 millones. Al final el número de beneficiados depende de los costos de cada técnica aplicada . ¿Qué falta para que la protección de los felinos sea una realidad? Firmamos por segunda vez con el Ministerio del Medio Ambiente un convenio en el que el Gobierno reconoce la importancia del Corredor Jaguar. Eso es un apoyo importantísimo para nosotros, pues reconoce el corredor como una herramienta para cumplir su meta de Conservación de la Biodiversidad. Ahora, ¿qué falta? Que la empresa privada también se sienta responsable de preservar estos ecosistemas. Que se comprometan como la CVC. Que entiendan que no somos unos hippies locos corriendo detrás de un jaguar, sino que son los jaguares los que nos garantizan un desarrollo sostenible. ¿Cuál es la legislación que protege a estos animales? En las décadas de los años 60 y 70 la caza de felinos llegó a su punto máximo, pues sus pieles tenían una demanda altísima en los mercados de Europa y Estados Unidos, básicamente por moda. Alarmados por la desaparición de estos animales, varios países firmaron el convenio Cites que regula el comercio internacional de especies amenazadas. Desde entonces es ilegal comprar y vender estos felinos.

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