"Los entes de control están haciendo política”: Viviane Morales

Diciembre 01, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal | El País.

Exfiscal Viviane Morales.

La exfiscal Viviane Morales se lanza al Senado por el partido liberal. Dice que no declinó una posible candidatura a la Presidencia, sino que la postergó.

Año y medio después de renunciar a su cargo como Fiscal General de la Nación, luego de que el Consejo de Estado anulara su elección y en medio de un escándalo mediático por su matrimonio con un hombre tan controvertido como Carlos Alonso Lucio, Viviane Morales se deja tentar otra vez por los cantos de sirena de la política y le apuesta a un Congreso de la República renovado y apto para aclimatar el posconflicto, porque, según dice, ella cree firmemente que las negociaciones en Cuba arribarán a buen puerto.¿Por qué decidió volver a la política?Varios movimientos independientes y algunos sectores cristianos me propusieron que aceptara una candidatura a la Presidencia y Simón Gaviria me invitó a formar parte de la lista del Liberalismo para el Senado. Después de reflexionar decidí aspirar al Senado. ¿Por qué abandonar la idea de la presidencia?Margarita, no abandonar, posponer. Creo que el próximo Congreso va a ser apasionante porque se van a tomar allí decisiones muy importantes en la vida del país. Va a ser un Congreso distinto, porque se está jugando un tema fundamental como es la terminación del conflicto, a lo que yo le apuesto. De hecho, que vaya a estar allí el expresidente Uribe garantiza debates muy interesantes entre posiciones muy diferentes, sobre lo que esperamos para el futuro de Colombia.¿Y qué le permite a usted suponer que este será un Congreso diferente? ¿Uribe no polarizará más?Va a ser un Congreso más protagónico y, sin duda, no será un parlamento de unanimidad como el que hemos tenido en los últimos doce años, lo cual es sano para la democracia. Habrá grandes debates en torno a cómo resolver el posconflicto y a cuáles serán las reformas constitucionales y legales necesarias para aclimatarlo. Un momento histórico y el Congreso va a tener una situación de privilegio en ese escenario.La veo muy confiada en que las negociaciones de Cuba van a ser positivas.Sí (categórica).Caramba, ¿puede decirlo con una seguridad tan absoluta? Tal vez le apuesto al deseo de mi corazón de que los colombianos podamos terminar la guerra. Es claro que la paz no vendrá de un golpe, pero se habrá taponado una vertiente muy importante de la violencia. Quedarán temas complejos como el de las Bacrim, la inseguridad urbana, el desempleo y una cantidad de conflictos sociales que están aletargados, pero que han empezado a despertar y a manifestarse. Creo que a estas alturas ya es suficiente el costo humano, social, económico y político que hemos pagado y estoy convencida de la necesidad de buscar un camino de reconciliación. ¿Cuál es la almendra de los acuerdos logrados hasta ahora?Lo logrado en el primer punto no significa una nueva ‘gran revolución’. Son acuerdos sobre temas como la tenencia y explotación de la tierra en los cuales ya se venía avanzando con las políticas de restitución. Está muy claro que la tierra ha sido el problema fundamental en el fenómeno de la violencia y que el incumplimiento de las reformas agrarias generó la violencia en los años 50 y 60. En cuanto al punto sobre participación política, me parece que no se le ha hecho el análisis que merece porque hay allí unas reflexiones profundas sobre la dejación de las armas y de la violencia como mecanismo de aspiración al poder. Está también el reconocimiento, por primera vez, de que hay una responsabilidad por parte del Estado en el conflicto, lo cual me parece esencial para avanzar hacia la solución. Pero crispa a la opinión la tibieza con que las Farc han abordado el tema de su responsabilidad en esta guerra... Una exigencia indispensable para que el proceso tenga éxito es que las Farc se hagan responsables de los desafueros cometidos y le pidan sinceramente perdón al país, porque ese es el punto más sensible para las víctimas.Como ex-Fiscal, ¿qué opina de las continuas declaraciones del presidente Uribe en el sentido de que ese acuerdo busca impunidad para crímenes de lesa humanidad?Estamos hablando de un conflicto político armado en el que hay que buscar soluciones más audaces y creativas que las que ofrece el Código Penal. Hay que decir con toda claridad que si bien habría una cierta dosis de impunidad, porque se trata de aplicar una justicia transicional, lo cierto es que Colombia se juega su futuro y no puede amarrarse al estereotipo de lo que ya ha sucedido. Sudáfrica amnistió e indultó a muchos criminales de uno y otro lado y esa fue la única manera de pasar la página.Pues no parece que los colombianos estén dispuestos a pagar ningún precio por la paz.Las sociedades se avienen a pagar esos precios cuando se las pone frente a la alternativa de una superación real del conflicto y de las condiciones que condujeron a él. Pero hay que llegar más allá en el análisis y saber, por ejemplo, qué es lo que hay que corregir de la Constitución del 91, para poder ponerle un marco nuevo a la institucionalidad y trazarle caminos diferentes al país. Santos habla de reforma a la justicia. ¿Qué fue lo que quedó mal en la Constitución del 91, tan alabada en su momento? Todo el diseño institucional; por ejemplo, el tema de los partidos políticos. De hecho, en La Habana se está hablando nuevamente de la ampliación de la participación democrática. Recuerde que los constituyentes quisieron superar la corrupción cambiando el Congreso vigente para sustituirlo por otro, que fuera objeto de todos los controles, y que eso no sirvió para nada. Bueno, pues la Constitución del 91 también habló de la recuperación de la ética en la rama jurisdiccional, a través del Consejo Superior de la Judicatura, convertido hoy en un engendro politiquero.Sí, se le quiso dar gerencia y ética a la rama jurisdiccional, pero vemos que la impunidad sigue igual y que la ética parece un ejercicio cínico si se analiza lo que ha pasado en las altas cortes. El peor engendro fue haberles puesto funciones electorales. Como había una enorme desconfianza hacia la política, se crearon unos organismos de control muy fuertes, a través de los cuales también se ha pasado a hacer política. O, dígame usted si las posiciones del procurador Ordóñez no son las que están marcando un ejercicio político en este país. El diseño institucional de la Constitución del 91 fracasó porque no hubo ni justicia, ni organismos de control efectivos, pero sí una pelea permanente entre Fiscalía, Contraloría y Procuraduría.¿Cuál es la solución?Creo que el rediseño debe ir más allá de la justicia y solucionar de una vez por todas los conflictos entre poderes. Pero, tal como están las cosas, con una Justicia y un Congreso deslegitimados y un diseño institucional equivocado en la Constitución del 91, esa tarea no la resolverán ni el Congreso, ni un referendo. Más temprano que tarde vamos a tener que ir a una Asamblea Constituyente.También se dice que la Corte Constitucional ha ido excediendo sus competencias y acrecentándolas de tal manera, que ha generado inseguridad jurídica, ¿lo cree así?La Corte Constitucional ha desbordado sus competencias y, con una teoría vanguardista en derecho público, se está convirtiendo a su vez en Constituyente, despojando al Congreso de la República y al pueblo colombiano de la posibilidad de hacerle reformas importantes a la Constitución. La propia Corte ha reformado la Constitución y sobre eso no se ha hecho un gran debate. Hoy no tenemos nuevos espacios reales de participación democrática y la política no se está haciendo en el Congreso, sino que se dejó en manos de los organismos de control y de la Corte Constitucional, sin que tengan a quien rendir cuentas. Cómo será el bloqueo institucional que, irónicamente, pareciera que los nuevos espacios democráticos vendrán de la mano de los acuerdos en La Habana. ¿Está la política en manos de los organismos de control?Claro, y eso es gravísimo. Hoy vemos que con sus declaraciones, el Fiscal, la Contralora y el Procurador, hacen más política que la que adelantan los políticos en el Congreso de la República. Aquí hay un desbarajuste institucional inmenso. ¿Y cómo ve el poder omnímodo del procurador Ordóñez?Es que la Procuraduría quedó diseñada para ser garante de los derechos humanos y de los intereses de la sociedad y esas funciones dan para casi todo. Por ejemplo, que un funcionario administrativo, elegido por el Congreso, pueda destituir congresistas elegidos por el pueblo. De otra parte, es indudable que en temas como el de la unión de parejas del mismo sexo, o el aborto, ha habido una gran falta de valentía y de carácter por parte del Congreso de la República. Nada de eso sería discutible si el parlamento hubiera legislado como le correspondía. Y como no asume sus competencias, las toman la Corte Constitucional y el Procurador.¿Y quién controla al Procurador?El Procurador, sea quien sea, no tiene controles. El control disciplinario lo ejerce la Corte Suprema de Justicia que fue quien lo postuló. ¿Y cómo lo va a controlar el Congreso si es él quien destituye a los congresistas? Los parlamentarios son hoy unos servidores públicos muertos de miedo porque si hablan muy duro incurren en conflictos de intereses y les llueven investigaciones por todas partes.Usted ha palpado la corrupción del país en todos los niveles. ¿Por qué llegamos a esa situación?Cuando fui Fiscal me di cuenta de que el paisaje de la corrupción era más desolador de lo que yo imaginaba y que lo invadió todo. Creo que en parte se debe a que no pudimos cambiar la política. Las costumbres clientelistas siguen siendo las mismas y aún peores. Los costos de las campañas son demenciales, el Congreso y la Justicia están en un descrédito terrible y el Estado no se ha legitimado. Lo público se volvió el botín de los corruptos y no el espacio sagrado de los intereses de todos. Esta es una sociedad que se ha quedado sin ejemplos de liderazgo público para imitar. La tarea es entonces larga, de profundas reformas institucionales y de formación en la ética y en los valores públicos. En educación y más educación, en la creación masiva de empleos formales, en la lucha contra la pobreza y, por supuesto, en la indispensable terminación del conflicto armado.¿Le ve solución al enfrentamiento entre Santos y Uribe, por el tema de la paz?El problema es que está en juego la reelección, lo cual hace que las dos apuestas estén mediadas por intereses electorales y en mi opinión eso le quita grandeza al tema de los acuerdos, que son una apuesta histórica. Uribe entendió desde 2002 cuál era el nicho que le daba fuerza y posibilidad de ganar elecciones y hoy vuelve a situarse ese mismo partidor. Y Santos, a quien le ha ido muy regular en otras materias, considera que esta es la única apuesta que puede conducirlo a la reelección. No, se avizora, por ahora, un punto de encuentro.La Fiscalía reabrió casos como el del Palacio de Justicia y el asesinato de Luis Carlos Galán. ¿Por qué nunca esclarecemos aquí ningún magnicidio?Detrás de los grandes crímenes siempre hay grandes intereses que tienen suficiente poder para desviar las investigaciones. A través de las confesiones de los paramilitares en Justicia y Paz, estamos descubriendo contubernios lamentables entre algunos sectores de la Fuerza Pública, del DAS, con grupos delincuenciales, que perturbaron el desarrollo de las investigaciones. Hoy, a pesar de las críticas, estas confesiones han permitido darle un nuevo rumbo a esos procesos. Ya que usted se lanza nuevamente a la política, ¿cómo ve la llamada ‘Tercería’, cuyas posibilidades, según las encuestas, crecen cada día?Para superar la gran insatisfacción de la gente hay que atraer su atención –y sus votos– a través de propuestas que la enamoren y nada de lo que está puesto sobre el tapete cumple esa misión. Sabemos cuáles son las ejecutorias de Navarro, pero no creo que él tenga la capacidad de generar pasión suficiente para encender la política. Creo que lo que va a haber es un debate polarizado y gris, y, francamente, no le veo mayor opción a la ‘Tercería’. ¿Y cómo va a encender usted la pasión de sus votantes?Risa. Margarita, las tres veces que fui congresista presenté diversos exitosos proyectos de ley. Hoy le ofrezco al país una experiencia y una visión de los problemas que se deben debatir en la campaña. Yo creo en la posibilidad de reconciliación y no en el odio. Creo en la necesidad urgente de reconstituir la institucionalidad en Colombia y estoy convencida de que aquí lo que más ha fracasado es la acción política, porque la forma como se estructuraron los partidos está creando una cantidad de exclusiones antidemocráticas. ¿No le parece paradójico que ahora la opción de apertura de la democracia vaya a venir de la mano del acuerdo entre las Farc y el gobierno Santos, porque la Constitución y sus reformas no la lograron? ¿Tiene la plata para financiar esta carísima campaña para el Congreso?Pues si hay algo que me ha hecho pensar en no participar en las elecciones, son esos costos que, entre otras cosas, generan el recurso vicioso de la corrupción. Ya vimos sus efectos nefastos en el Carrusel de la Contratación en Bogotá. Hoy la política tiene unos costos tan desmedidos y absurdos, que allí se genera un juego del fariseísmo y la hipocresía completamente inadmisible.Entonces, ¿usted como va a competir?Pues, sinceramente, con plata no tengo cómo, pero voy a tratar de hacerlo en espacios de opinión, en las redes sociales y en los sitios a donde puedo llegar, porque si la situación es de plata, estoy descalificada por anticipado. Risa. Finalmente, cuando usted estaba en la Fiscalía se le vino el mundo encima por estar casada con Carlos Alonso Lucio y algunas columnistas pidieron su renuncia. ¿Sigue felizmente casada?Sí, sigo casada con Carlos Alonso, cuya figura usaron para atacarme, por dos razones: una, porque la posición enérgica con la que combatí la corrupción no les convenía a muchos sectores que buscaron cómo debilitarme y otra, que para mí fue clarísima, porque, así como las desafortunadas frases de Andrés Jaramillo sobre la minifalda de la niña en Andrés Carne de Res demostraron que en el país sigue latente y agazapada la cultura machista, el hecho de que a mí me atacaran porque supuestamente mi marido influiría sobre mis decisiones, también corresponde a un molde absolutamente machista, en una cultura patriarcal. Sin embargo, año y medio después, estos argumentos se cayeron porque los procesos que estas personas pretendían desvirtuar y poner bajo sospecha hoy están firmes, las pruebas se mantienen y están siendo materia de juicio.

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