Los caballeros las prefieren brujas

Octubre 24, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Paola Guevara | Editora de Vé
Los caballeros las prefieren brujas

Cómo reconciliarte con tu ‘bruja interior’ y obtener lo que quieres con unos cuantos pases mágicos.

Algunas mujeres usan la escoba para barrer. Peor aún, algunas se convierten en el piso que sus hijos, su pareja, sus amigos y hasta sus jefes barren. ¿El caso le suena conocido? Otras, a las que llamaremos ‘brujas’, usan la escoba para volar, es decir, para emanciparse del rol de víctimas serviles y afirmar el poder de la imaginación, de la magia, de la libertad. Atrás quedaron los tiempos de la caceríade brujas, pero dentro de cada mujer sigue viva una hechicera, una encantadora, una maga capaz -cuando es necesario- de dar uno que otro ‘escobazo’ a quien se lo merezca. El polo opuesto de la bruja es la cenicienta lacrimógena, que se casó con el principe azul para luego descubrir que él, en el fondo, prefirió siempre a la bruja. Bástenos recordar la historia del príncipe Carlos y Lady Di, una boda de ensueño que terminó convertida en una pesadilla moderna pues la bruja del cuento, la entonces amante del Príncipe y actual esposa, desgarbada, fea y entrada en años y kilos, tenía hechizos secretos que ni sospechaba la buena. La lección de la bruja: la belleza y la juventud no son rivales de peso frente a la complejidad y la fortaleza de una mujer que se ha encontrado a sí misma.Una prueba más reciente del triunfo de la bruja sobre la princesa es Jennifer Aniston, la chica buena querida por todos, desplazada por una bruja de las grandes ligas, Angelina Jolie (que de ‘angelina’ solo tiene el nombre), quien sabe ser desalmada y fuerte pero también defiende causas humanitarias, quiere adoptar a todos los niños que encuentra a su paso, no teme dañar su abdomen perfecto con los embarazos que se le antojen, tiene opiniones propias y a su lado Brad Pittt, el hombre más deseado del mundo, es un perrito faldero. La lección de la bruja: demasiada perfección es aburrida y lánguida; una dosis de ‘perfidia’ sazonada con inteligencia... es irresistible.¿Qué tiene esa bruja que no tenga yo? La literatura que da respuesta a este interrogante, es abundante. María Marín, autora del libro ‘Pide más, espera más y obtendrás más’, asegura que las mujeres obtienen exactamente lo que creen que merecen. Si usted cree que el simple hecho de tener a un hombre a su lado -cualquiera que sea- es un golpe de suerte, no debe extrañarse si su pareja deja todo qué desear. ¡Claro!, no necesita conquistarla, ni luchar por usted, puede dedicarse a recibir y recibir sin preocuparse por dar. En cambio, lo que sí saben las brujas, es que un poco de sano ‘egoísmo’ no hace daño, y que, en cambio, es una manifestación de amor propio. Mientras las ‘buenas de la película’ aceptan a su amado de forma incondicional, pues se identifican con el paradigma de la mujer-santa que todo lo sufre y todo lo soporta, y que concibe su vida como una cruz por cargar, las brujas no comen cuento.Exigen, y mucho. Esperan todo, y no se transan por menos. Y no pocas veces obtienen lo que se proponen. “No hay mejor hechizo que la autoestima. En lugar de tantos implantes de senos, las mujeres deberían hacerse implantes de autoestima”, asegura la psicóloga Silvana Iannini. Y añade: “Una mujer que se ame a sí misma y sienta que se merece todo, no se conformará con lo primero que aparezca, y seguramente será amada con creces, porque el amor atrae más amor. Es una ley”. Así pues, el lema de la buena bruja es “ámate a tí misma, y otros te amarán”.Otras autoras son más agresivas a la hora de defender las premisas de las ‘brujas’. Sherry Argov, autora del libro ‘Por qué los hombres se casan con las cabronas’, de Editorial Norma, afirma “no necesitas ser perfecta, olvídalo, ellos no se casan con la perfección sino con quien no pueden controlar completamente”.Tercera lección: la bruja no es esencialmente mala, pero sí tan segura de sí misma que puede resultar intimidante y fácilmente malinterpretada en una cultura latina que se crió viendo telenovelas venezolanas donde la buena sufre una vida entera y al final es recompensada con 15 minutos de dicha.Irma Uribe, pedagoga infantil de un colegio femenino de Bogotá, y divorciada hace más de 15 años, confiesa que “mi matrimonio se acabó por mi falta de autoestima. Como en el fondo yo me sentía menos que él, como no me consideraba su igual, lo compensaba siendo la esposa y la madre supuestamente perfecta. Mi casa era una tacita de plata, tenía un timbre para que él me avisara cuándo quería que le subiera el almuerzo, los domingos los invertía quitando manchas y lo volví un inútil porque creía en la frase: ‘si no puedes hacer que te ame, haz que dependa de tí’. Ahora, él le cocina a su novia y la sigue a donde vaya; cuando quiere, ella le termina sin remordimientos y él le ruega”.Otra lección de bruja: no se conforma. Sabe que el poder del sexo, la juventud y la belleza son pasajeros, prefiere el poder de ser dueña de ella misma y no le endosa la responsabilidad de su equilibrio emocional a nadie.Pero la ventaja de ser una bruja no se limita al terreno de las relaciones de pareja. Esa mezcla de seducción y encantamiento puede aplicarse a todos los aspectos de la vida. Y lejos de crear un mundo más frío y calculador, puede ser lo que necesita y exige la humanidad.Las brujas pueden levantar ‘cosas’ sin tocarlas. Ponen a temblar a los hombres con tres palabras poderosas: “tenemos que hablar”. Hechizan con una mirada o ‘cruce’ mágico de pierna. Cuando se proponen algo, “barren” con o sin escoba. Sus palabras son mágicas, pueden hacer que él vuelva a creer en ellas. Y son hasta clarividentes: Están en capacidad de detectar a un mentiroso. Con unos polvitos mágicos (léase: polvos compactos) son capaces de transfigurarse en cuestión de segundos. Tienen una ‘bola de cristal’ que les indica cuando alguien que quieren se siente mal. Poseen el don de la ubicuidad para estar en su oficina y en casa con sus hijos al mismo tiempo, por obra y gracia del Blackberry.Y téngales miedo después de un ‘aquelarre’ o reunión con otras brujas, porque salen con los poderes recargados.

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