Los abusos que algunas iglesias cristianas colombianas cometen en nombre de Dios

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En Colombia, el comercio de la fe se convirtió en un negocio tan rentable que, en el último año, el Ministerio del Interior recibió 5.071 solicitudes para montar iglesias cristianas.

Los abusos que algunas iglesias cristianas colombianas cometen en nombre de Dios

Enero 19, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País y Colprensa
Los abusos que algunas iglesias cristianas colombianas cometen en nombre de Dios

Actualmente en el país hay 5.071 entidades religiosas registradas.

En Colombia, el comercio de la fe se convirtió en un negocio tan rentable que, en el último año, el Ministerio del Interior recibió 5.071 solicitudes para montar iglesias cristianas.

Y Dios y el hombre ya se han dado cuenta: en Colombia, cientos, quizás miles de iglesias cristianas, se convirtieron en un negocio multimillonario. La fe, rentabilizada pacientemente por lobos ocultos bajo la piel de bondadosos pastores, ha dado frutos que ahora son perseguidos por una manada hambrienta.Juan Ricardo Ortega, el director de la Dian, lo dijo el pasado jueves en la edición del noticiero CM&: amparadas en un regimen especial que las exime de pagar impuestos, iglesias e instituciones constituidas sin ánimo de lucro están cometiendo todo tipo de abusos. “Hay verdaderos líderes transmitiendo la palabra de Dios y eso es muy loable. Pero allí también hay lavadores de activos y criminales”.En el país, de acuerdo con la Dian, existen 44.000 personas jurídicas que hacen parte del regimen especial. Esas instituciones, entre las que se cuentan las iglesias cristianas, mueven cada año 36 billones de pesos, que es un presupuesto mayor al que destina el Estado para administrar la salud de los colombianos. El Director de la Dian admite que el Gobierno desconoce el origen de esos recursos y en que están siendo invertidos. El poder de las iglesias está justo ahí, en esa nebulosa que les ha permitido reproducirse sin mayor control. Los excesos que esta semana empezaron a conocerse al interior de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, a raíz de las declaraciones discriminatorias de su máxima líder, María Luisa Piraquive, parecen ser la puerta de entrada a un infierno mucho mayor: solo al rededor de ese culto y el dinero que genera, en la familia Piraquive hay historias de traiciones, un hijo homosexual expulsado de la congregación que años después de la ofensa regresó al negocio, una madre que entregó a su bebé para no perder su caudal político, una líder que segrega a los fieles discapacitados. ¿Estará Dios al tanto? Según lo expuesto por Natalia Gutiérrez, viceministra para la Participación e Igualdad de Derechos del Ministerio del Interior, solo Él, Dios, podría: actualmente en el país hay 5.071 entidades religiosas registradas. En el último año el Ministerio recibió 1.077 solicitudes, es decir 89 solicitudes por mes, casi 3 por día. En Colombia, país del Sagrado Corazón, la libertad de cultos es un derecho constitucional.Y para ejercerlo, al parecer, no hay mayores complicaciones. Cuestionada sobre los requisitos exigidos por el Ministerio del Interior para otorgarle personería jurídica a una iglesia cristiana, la señora Gutiérrez hace la siguiente relación: “Los documentos que se exigen son: acta de constitución de la entidad, estatutos y reglamento interno, constancias de designación de sus lugares de culto y filiales, personería jurídica y estado de relación de miembros de la entidad”. De acuerdo con la Viceministra, una solicitud solo se rechaza “si hay experimentación con fenómenos psíquicos o parasíquicos, o si hay relación con brujos, espiritistas, magos, etcétera, según la Ley 133 de 1994”. Y con respecto a los deberes y obligaciones para con el Estado, las iglesias tendrían las mismas complicaciones que un carro de perros calientes: “Tienen que cumplir con todas sus obligaciones en materia religiosa, normas urbanísticas, normas policivas, respetar el espacio público, cumplir con los temas de vecindad y de convivencia”.El poder de las iglesias, pues, está ahí, en ese limbo donde se han levantado algunas de ellas. Limbo aprovechado por charlatanes, lavadores de activos y políticos. Porque unos y otros han encontrado allí una oportunidad tan distinta como conveniente: un trabajo como pastor, la limpieza de un botín manchado, rebaños de votantes dóciles como borregos. Aunque suene a sacrilegio, no lo es: Un extrabajador de Misión Paz a las Naciones en Cali, iglesia cristiana con datáfonos en las paredes del templo, hace una cuenta mientras almuerza un plato de pollo y ensalada: “Hace un año, los sábados hacían tres oficios para jóvenes. A esos tres oficios iban, en total, cerca de 7.000 muchachos. Los domingos eran cinco oficios. Y estamos hablando de un auditorio para 2.500 personas que siempre se llenaba”. Al tiempo que separa trozos de cebolla a un costado del plato, el hombre recuerda haber visto a algunos de los políticos más importantes de la región buscando al líder de la iglesia. Uno de ellos, tiene en la actualidad un cargo de gran importancia en el Departamento, pero después de revelar su nombre pide no mencionarlo. Las iglesias cristianas son una tentación tan poderosa para los políticos que, según el portal kienyke.com, Álvaro Uribe, Enrique Peñalosa, Juan Lozano, Serpa y el presidente Juan Manuel Santos, en épocas de campaña, habrían acudido a reuniones de la iglesia Misión Carismática Internacional de Bogotá. De acuerdo con la nota publicada el 29 de junio del 2012, en ese momento, esa iglesia con 30 años de historia, era “liderada por el pastor César Castellanos y su esposa, Claudia Rodríguez, ex embajadora en Brasil y ex senadora, catalogada por la revista Cambio como la reina del ausentismo en el Congreso e investigada por presunto enriquecimiento ilícito”.Esta semana, Óscar Javier Bedoya, sobrino de María Luisa Piraquive y expulsado de la familia junto a su primo, dijo que la iglesia de su tía recogía tanta plata de los diezmos y ofrendas de los fieles, que tenían máquinas para contar el dinero. Y que como las máquinas no podían con los billetes viejos y arrugados, esos billetes, vomitados por los aparatos, él los recogía para hacerse a un sueldo. En su momento, el sueldo semanal de Bedoya llegó a ser de tres millones de pesos.El extrabajador de Misión Paz a las Naciones en Cali, un católico confeso que nunca se convirtió al cristianismo, dice que eso no tiene nada de fantasioso. En esa iglesia él asegura haber visto gente dispuesta en una sala contigua al escenario donde se celebraban los oficios dominicales, haciendo lo mismo: “tienen un equipo de conteo”. Misión Paz a las Naciones en Cali, dice el hombre, tenía 13 sedes en la ciudad hasta hace un año.Angélica Zuluaga es una auxiliar de enfermería que vive en Jamundí. Hace siete años ella asistió casi doce meses a la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional en Cali. Fue, dice al otro lado del teléfono, por acompañar a su hermana que había tenido un cambio drástico: “Y no me gustó: a la gente la emboban con un cuento de una tal profecía, pero lo que intentan es adivinarle el futuro. Una vez yo fui con un problema de columna bastante grave que tenía y en medio del culto yo lloré por el dolor. Entonces se me acercaron a decirme una sarta de cosas, tratando de adivinar lo que me estaba pasando... A la gente la estudian, la analizan, para atinarle el problema y que crean que ahí está el espíritu santo, pero eso es falso. “En esa iglesia obligan a la gente a que idolatre a esa señora Piraquive. El lavado de cabeza es tal, que mi hermana primero iba a llevar plata a esa iglesia y, si quedaba, pues para los servicios y la comida. Y en medio de todo, los obligan a votar por gente del Movimiento Mira. Aquí en Jamundí no los llaman pastores sino obreros. El obrero de la iglesia en Jamundí se estuvo postulando para la Alcaldía en las elecciones anteriores. En medio del culto a la gente le van hablando de la política y le dicen que el diezmo es para la obra en el Senado y la Cámara y que la obra aquí y allá y que hay que ir a votar para que el señor los bendiga, o sino se van para el infierno.“Yo llegué a esa iglesia por mi hermana, que tuvo un cambio muy drástico: tenía una pareja, pero el señor era casado. Mi hermana quedó en embarazo y él le dijo que Dios se había manifestado en un sueño diciéndole que tenía que dejarla y volver con su esposa o sino el niño pagaba. Mi hermana, ciega, aceptó. A veces él iba y la recogía para llevarla a la iglesia y allá eran sentaditos: él adelante, con su esposa y sus hijos. Y atrás, mi hermana con su niño. Y todo avalado por el obrero de la iglesia y doña María Luisa, quien se enteró de la situación y dijo que ella se tenía que aguantar porque ese era su varón y ella era la segunda”.Vea la entrevista a Óscar Bedoya, sobrino de María Luisa Piraquive y primo de la senadora del Mira Alexandra Moreno, en la que habla del mundo sórdido que se esconde tras las paredes de la polémica Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional.

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