Lo maravilloso de viajar al Amazonas: guía del encanto

Noviembre 12, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Luiyith Melo García, reportero de El País
Lo maravilloso de viajar al Amazonas: guía del encanto

El hotel dispone de una piscina panorámica frente al río Amazonas, propicia para la contemplación. Tiene tobogán y jacuzzi y espacios para la recreación.

El turismo en el Amazonas ha evolucionado a tal punto que ya es posible ir al paraíso natural más grande del planeta con las comodidades del mundo moderno. Aquí, algunas maravillas.

El Amazonas es uno de los destinos preferidos para el turismo de aventura. Sus 110.000 kilómetros cuadrados guardan el mágico atractivo de la selva y de 45 comunidades indígenas que habitan en ella.Explorar la manigua, compartir con los Yaguas, Cocamas o Ticunas, visitar la Isla de los Micos, conocer la anaconda y navegar por el río amazonas en busca de los delfines rosados son algunas de las sorpresas que ofrece esta reserva ecológica del mundo.Otra es poder estar en la punta del trapecio amazónico donde confluyen tres países: Colombia, Perú y Brasil, todos a lado y lado del caudaloso río que es la fuente de vida de miles de habitantes y su vía de transporte más expedita.Por eso, tras llegar a Leticia hay que ir hasta Yaguarkaka o la Isla de la Fantasía, cuyas viviendas están construidas sobre palafitos, bajar al embarcadero de Tukuchira (tuku significa delfín y chira quebrada), que es un pequeño brazo del río amazonas, y tomar una lancha para adentrarse en el mundo exótico de la selva, navegando luego por un río interminable cuyas orillas a veces no se alcanzan a ver en sus dos o tres kilómetros de ancho.A 14 kilómetros de travesía acuática, con selva a ambos lados, islotes y brazos de río que hacen del afluente un verdadero laberinto fluvial, se llega a On Vacation, el único hotel de selva frente al río Amazonas con los servicios avanzados de la hotelería moderna. Es un complejo de 100 hectáreas, la mayoría ocupadas por un bosque en recuperación donde habitan monos, pavas, loros y otras aves en forma natural. Ha recibido 25.000 personas en los últimos dos años.Octavio Benjumea, su director operativo, dice que fue construido en armonía con el medio ambiente. Su estructura está hecha en madera y hojas de iraka con el diseño propia de la maloka amazónica. Su acomodación es confortable, tiene aire acondicionado, agua potable y buena comida. La piscina construida paralela al río amazonas es uno de sus atractivos. Con una réplica de caverna a uno de sus costados, sobre la cual hay un tobogán y adentro de ella un jacuzzi, ofrece una vista propicia para la contemplación.A las 5:00 p.m., cuando empieza a anochecer en la selva -donde también amanece más temprano-, es posible contemplar desde sus aguas un celaje de colores encendidos con pinceladas de nubes grises azuladas, como un lienzo que emerge en el horizonte, desde el río hacia el infinito.Víctor y Danilo, dos guías del hotel, se encargan de mostrar todos los atractivos del complejo turístico. Tiene siete módulos de habitaciones, con diez unidades cada uno, y se están construyendo dos más. El piso es de madera, elevado a metro y medio del suelo que no se toca. Hay senderos en madera que se adentran en el bosque donde se puede compartir con los monos que habitan en los árboles. Un banano hace que todos bajen a la mano del turista. Más adentro, en el corazón del bosque es posible hacer canopi, un deporte de aventura. La persona sube por cuerdas a la copa de un árbol de 45 metros de altura. Y de esa primera estación se lanza a través de poleas como un Tarzán sobre las copas de los árboles a lo largo de 200 metros hasta otra estación sobre otro árbol. Camina luego a esas alturas por sendereros de cuerdas de 50 metros, una malla que semeja una telaraña y otras rutas de adrenalina, de estación en estación, hasta completar un circuito de aventura inolvidable. En la malokaLo que sigue es pasar un día con las comunidades indígenas. A medio camino navegando de nuevo por el Amazonas se encuentra el resguardo Macedonia, de los Ticunas, una tribu de artesanos que utilizan el ‘palo de sangre’ -una fina madera del Amazonas de color rojo-, para hacer vasijas, pulseras, aretes, servilleteros, delfines y decenas de motivos más.El indígena Medardo Morán es el encargado de recibir a los visitantes en la maloka con un 'numaé' o buenos días en dialecto ticuna y agradecerles su visita y sus compras con un 'moeinchi' (muchas gracias). En el resguardo hay 950 personas que viven de la pesca, la caza y la agricultura, hablan castellano pero conservan su lengua y sus ritos ancestrales.Otra hora de navegación entre la selva y se llega al resguardo de los Yaguas, una tribu de 480 indígenas que conservan sus tradiciones. ‘Riktimá ajeñú’, es su saludo de buenos días. Se entra a la maloka o casa de todos, donde los indios celebran danzas y ritos nativos, incluso se ofrece al visitante una limpieza espiritual por parte del chamán si se desea.Luego se emprende una caminata de una hora por la selva. En ella, los guías enseñan los árboles que guardan sus mitos y creencias, las cortezas, hojas y raíces que curan el vómito, la diarrea, el asma, las hernias y el cáncer. Los bejucos que no se pueden tocar porque hinchan y revientan el cuerpo; los caminos del mono, el tigrillo y la danta que se ocultan y los secretos que se pueden revelar para sobrevivir en la selva.De la otra orilla, cerca de allí, está Puerto Alegría. Un poblado del Perú habitado por campesinos que han hecho del lugar una reserva de animales. Giovana Morayer suele salir a la única calle del pueblo con una anaconda de tres metros terciada en su cuerpo y la ofrece a sus visitantes para que hagan lo mismo y se tomen una foto. Dora Yabreani saca sus micos y titíes; Rosa del Carmen, sus monos perezosos y la profesora Lili Garcia exhibe un tigrillo en cautiverio que está en celo. Entre tanto, los niños juegan fútbol junto al embarcadero.Un manatí permanece en un estanque cerca al lago donde crece la Victoria Regia, una hoja verde y redonda que puede cargar dos o tres kilos de peso sin hundirse. Bajo esas aguas -dicen sus habitantes-, se cría la anaconda, viven los caimanes, la pirañas y el pirarucú, otro pez carnívoro que pescan los nativos para su consumo.Del lado de Colombia está Puerto Nariño, el segundo municipio del Amazonas, lleno de historias y leyendas. Sorprende que en ese pueblo de 7000 habitantes no hay una sola cicla, ni una moto, ni un carro. No se necesita, dice su alcalde Alirió de Jesús Vásquez, porque el pueblo fue diseñado para ser peatonal. Es un destino ecológico lleno de belleza.De regreso a Leticia, es imperioso pasar la línea casi imperceptible que la separa de Tabatinga y entrar en territorio brasileño. Es el pueblo más alejado de Brasil, refundido en la selva amazónica, a cinco días y cinco noches de Manaos atravesando el río Amazonas. En Tabatinga circula el real brasilero y el peso colombiano. Está la Casa del Chocolate y la Cuadra de las Sandalias y hay colombianos que venden buñuelos con coca cola a las cinco de la tarde. Otra vez en Leticia, la travesía puede terminar en el parque central, frente al mural de selva que domina la plaza, bajo un concierto de loros y pájaros que trinan sobre los árboles. Un paseo inolvidableOn Vacation ofrece un paquete turístico completo para quienes deseen conocer el Amazonas y hacer un tour por la selva.El paquete incluye tiquetes ida y regreso, hospedaje, comida y bebidas ilimitadas, shows de samba, deportes de aventura como canopi y kajak junto al hotel.Hay vuelo directo de Avianca entre Cali y Leticia, que demora una hora y 50 minutos, lo que elimina escalas y permite ganar tiempo. Los ‘toures’ adicionales incluyen visita al resguardo Macedonia, de la tribu de los Ticunas. Visita al resguardo de los Yaguas, con recorrido de una hora por la selva. Puerto Alegría es parte del recorrido. Es un poblado peruano convertido en reserva ambiental, donde se pueden ver animales salvajes domesticados por los campesinos, como la anaconda, los monos y el tigrillo. Los paseos incluyen una visita a la Isla de los Micos, donde hay una diversidad de primates que salen al encuentro de los turistas.El avistamiento de los delfines grises y rosados es otro atractivo. Salen cerca a las embarcaciones en los brazos menos corrientosos del río Amazonas brindando un hermoso espectáculo.Por tratarse de un viaje a una selva tropical húmeda, es necesario que los turistas tomen ciertas precauciones de salud. La primera es aplicarse la vacuna contra la fiebre amarilla, al menos ocho días antes del viaje. Se debe usar repelente para los mosquitos y protector solar. Es importante llevar camisas de manga larga de colores claros y botas para el recorrido en la selva.

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