Las claves de la adopción gay en Colombia, más allá del debate

Febrero 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Las claves de la adopción gay en Colombia, más allá del debate

10 mil jóvenes en promedio son considerados en el Icbf como “ de difícil adopción”, debido a su edad. Superan los diez años de edad.

Varios aspectos deben ser tenidos en cuenta para que el proceso de adopción de un menor en Colombia no termine por revictimizar

Adoptar puede suponer un acto de amor, pero hacerlo no resulta sencillo. El reto que implica no hace distinción de género, mucho menos de sexualidad, aseguran especialistas, a propósito del debate surgido esta semana sobre la posibilidad de que las parejas homosexuales adopten. Lea también: Fallo de la Corte sobre adopción gay no convence a la Iglesia ni a la comunidad Lgtbi. En general, dice la psicóloga Gloria Hurtado, la adopción como una manera de sustituir a un padre y a una madre es sanadora para todo niño. Sin embargo, se deben tener en cuenta varios aspectos para que el proceso sea armónico y no se termine revictimizando al menor.Antes de llegar a la adopción, entonces, dice Hurtado, se debe investigar primero los vínculos biológicos: tíos, abuelos, hermanos mayores. Si estas personas están en condiciones de garantizar los derechos del menor y desean hacerlo – que verdaderamente sientan afecto hacia el niño – esta debe ser la primera opción para quien se quedó sin padres por diferentes motivos.Sin embargo, de no darse ese caso, es posible establecer vínculos afectivos fuertes entre los menores y sus adoptantes. Aquello se logra, principalmente, con la verdad, explica Hurtado. “Es necesario decirle al niño: tú eres adoptado. Yo te escogí, luego eso te convierte en mi hijo. Pero es necesario, sanador, terapéutico y hasta urgente que el menor conozca su condición. He atendido muchos conflictos entre parejas adoptantes y los menores. Su rabia proviene justamente de eso: no haberles contado de dónde venían. En estos casos los niños no dudan del afecto, no dudan del amor que les dan las familias que los adoptaron, pero sí sienten rabia por haberles negado una verdad que necesitaban”.La psicóloga Mara Tamayo asegura, por su parte, que ha atendido niños en crisis debido a que esa verdad fue revelada demasiado tarde. Sin embargo, agrega, cuando la verdad se dice a tiempo un niño adoptado crece sin ningún tipo de trauma o diferencia con respecto a uno que no lo es. “El amor de una familia adoptante puede suplir perfectamente a la familia faltante”. Otro asunto a tener en cuenta para consolidar una relación entre adoptantes y niños tiene que ver con las reglas en casa. Los niños adoptados deben sentir que están bajo las mismas condiciones que los demás miembros de la familia. Sobreprotegerlos, tratarlos de una manera distinta, “más especial” por llamarlo de alguna manera, los victimiza.“Se trata de una paradoja en la figura de la adopción: en la medida en que la pareja adoptante le dé al niño un trato muy especial, lo que en el fondo hace es compensarlo y recordarle su condición de adopción. Compensar es una manera de revictimizar. Al niño hay que tratarlo con la normalidad con la que se tratara a otro miembro del hogar”, dice Gloria Hurtado.Martha Estella Ocampo, directora de la Fundación D. Futuros, dedicada a atender los casos de los adolescentes que egresan del ICBF sin ser adoptados, asegura de otro lado que en todo proceso de adopción se debe tener muy clara la respuesta a una pregunta: ¿por qué adopto?“A veces las parejas no hacen consciencia sobre eso. ¿Adopto para satisfacer solo una necesidad mía? ¿Un deseo de madre o padre que no pude cumplir? ¿O porque realmente deseo orientar con amor a un ser humano para que tenga una vida equilibrada y bonita? Tener esto claro es fundamental para no desfallecer durante el proceso de crianza del menor adoptado”.Este último aspecto, agrega Alexis, un abogado caleño, es el que debería tener en cuenta el país en el debate que se está realizando en los últimos sobre la posibilidad de que las parejas de un mismo sexo puedan adoptar.Alexis, quien se declara homosexual, crió al hermano menor de una de sus parejas. De hecho lo llama “hijo”. “Me siento orgulloso por lo que hice y por eso quiero contar la historia. Me sentí papá en toda la dimensión de la palabra”, dice.Alexis tuvo al niño desde los 5 hasta los 21 años. Mientras estuvo bajo su protección, se encargó de las matriculas en el colegio, de las reuniones de padre de familia, el almuerzo y la comida, llevarlo a las fiestas. Como un padre. También lo orientó cuando llegó la época de las novias. Alexis evitaba eso sí cualquier muestra de cariño con su pareja delante de él, aunque hablaban de sexualidad. El muchacho le preguntaba por su condición y Alexis le explicaba. Su ‘hijo’ a su vez le contaba de los problemas sentimentales. Ahora los amigos de Alexis bromean. Lo llaman abuelo. El niño que crió ya es un hombre de 30 años con una hija. Alexis es el padrino de la niña.“Para mi fue una relación de padre – hijo como cualquier otra. Siempre hemos sido y aún lo seguimos siendo, muy confidentes. Él me cuenta sus cosas, yo le cuento las mías. Que una persona sea homosexual no implica que no le pueda brindar una buena educación a un niño. Como mi caso, he conocido muchos de gente homosexual que ha criado niños para protegerles sus derechos y, por ejemplo, esa crianza no ha influenciado para nada la condición sexual de los niños. La condición sexual no depende de la crianza. Además hay miles de niños en Colombia que no tienen quién los proteja, quién les dé estudio, alimentación y se están olvidando de eso en el debate que está dando la Corte Constitucional: hay parejas homosexuales dispuestas a garantizarles un futuro a esos niños”, asegura Alexis.La psicóloga Mara Tamayo dice sin embargo que un niño necesita un referente tanto masculino como femenino para su crianza. No está de acuerdo con que las parejas gais adopten. Gloria Hurtado piensa lo contrario: “Hay un aspecto que se debe tener en cuenta en ese debate: los ‘empaques’ de hombres y mujeres. Me explico: cuando se forma una pareja, hay un hombre y una mujer o dos hombres o dos mujeres. Pero siempre se maneja algo que se llaman las energías. Hay uno que hace de energía masculina, y otro de energía femenina. Puede que el ‘empaque’ no sea el mismo, o que confunda, pero energéticamente hay uno que hace de masculino y otro de femenino. Y lo que educan no son los empaques, sino las energías. Yo estoy de acuerdo con que las parejas gais puedan adoptar. El problema está en nosotros, los adultos y la manera de mirar las cosas, que en los niños. Para el niño una pareja de homosexuales va a significar dos personas que lo están ayudando a salir adelante. Además: ¿qué pasa cuando hay dos mujeres criando a un niño? Se da mucho en Colombia: que la abuela y su hija críen al menor ante un padre ausente. Y no pasa absolutamente nada. El problema de que las parejas gais adopten está en la manera como miramos el tema, insisto. El ejemplo más claro de esto es la película ‘El niño de la piyama de rayas’. Para los adultos era un escándalo que un niño alemán y otro judío fueran amigos. Para los menores era de lo más normal. Los niños se pueden adaptar a la adopción de parejas gais”.

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