“La vida es como reírse con una costilla rota”

Marzo 13, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal

“Creo que la crítica más grave a un columnista es el silencio. Producir controversia es la naturaleza de una columna de opinión cuando tiene éxito”, dice Daniel Samper Ospina.

Su hoja de vida asegura que nació en Bogotá, dentro de una familia de la más rancia cachaquería, que tiene 37 años, que estudió Literatura en la Javeriana y en Harvard, que fue profesor universitario, que ha participado en programas de televisión y de radio, que ha escrito columnas de opinión y que, desde hace diez años dirige con éxito la Revista Soho, un refinado menú, preparado con los más tentadores productos de los gimnasios del país, la genética y la determinación de sus dueñas.Que, convertido en Chef de Culto, Daniel Samper Ospina dirige un entrenado combo de pinches de cocina que aderezan sus recetas con el toque maestro de unas fotos de infarto, grandes cucharadas de ingenio, de humor refrescante, tazas de buena literatura y de mejor periodismo, y chorros de adobo picante allí donde menester fuere y que, a pesar de trajinar los calderos de la belleza, la sensualidad y el erotismo, y de ser la envidia de sus congéneres, a él le parece mucho más chévere tomarse un par de tequilas con Claudia, su mujer, oyendo un viejo acetato de Joaquín Sabina, de Rolando Laserie o de Agustín Lara , en una de esas raras noches en que Guadalupe y Paloma, sus dos guámbitas decretan tregua.¿Por qué es tan fácil convencer a las modelos de que se desnuden : por vanidad, exhibicionismo, inseguridad, autoafirmación, impudicia, desafío, catarsis o porque: “anunciar es vender”?No creo que uno convenza a las mujeres de que se desnuden. Nadie que no se quiera desnudar lo hace. Todas tienen sus motivos. A veces son estratégicos, porque salir en SoHo les puede ser útil para algo que quieran lograr en su carrera; o a veces, por todo lo que dice usted: autoafirmación, vanidad, o simples ganas de dejar unas fotos bonitas para volverlas a ver cuando estén viejas.¿Cómo vio la foto de las mayorcitas: Florence Thomas, Carmenza Gómez, Vicky Hernández, Patricia Ariza, Gloria Triana, Dora Franco, etc., que, como reacción a las desnudeces de las jovencitas de Soho, también se medio empelotaron para un calendario?Me parecieron unas fotos muy buenas y que enviaban un interesante mensaje en contra de la sobrevaloración en que tenemos a la juventud. Creo que el desnudo de ellas fue un desnudo filosófico. Querían demostrar que las mujeres no tienen fecha de vencimiento.Lloro cada que leo lo que le escribió a Cecilia su mamá un día de la madre. ¿Podría encargarle mi epitafio? ¿Cuál sería?Sería incapaz de pensar en su epitafio. Soy malo para escribir epitafios. En la casa el único que ha dado con uno presentable es mi papá, que quiere que sobre su lápida diga "Al fin buen polvo".Bueno, es el colofón adecuado para el presidente vitalicio de Unmapol! El mío se lo pregunto para poder responder ingeniosamente en las entrevistas…Cite a mi papá, que es más fácil.¿Cuál fue su apuesta por Soho?Convertirla en una plataforma de un periodismo de vanguardias, provocador, inteligente, lleno de grandes firmas, de mujeres bonitas y de actitudes iconoclastas que sacudieran a la sociedad.¿Es la publicación más leída del país por el morbo, por la calidad de sus artículos, el rescate de la crónica, por lo ingenioso de los temas? ¿Por qué apoya el llamado vicio solitario? ¿En este último caso, qué es el vicio solitario?Por todas las anteriores. Cualquier persona, sea un adolescente o mi abuelita, encuentra algo interesante en SoHo: o una foto escandalosa de una modelo famosa, o una crónica de alguna firma célebre. Soho nunca aburre.¿Todavía se confiesa?No. Pero recibo al padre que se quiera confesar conmigo.¿Cómo le va con los mandamientos “tesos”: (sexto, y noveno) de la ley mosaica?Me ha ido muy bien: he hecho toda una revista gracias a ellos.¿No cree que Soho incita a cumplir a pie juntillas la ley ‘mozaica’?Por fortuna. Es parte de su éxito.¿Cómo le va con los pecados “sabrosos” entre los llamados “Capitales”? Vivo a dieta. De entregarme a alguno sería a la gula, tal y como se nota que ya lo hizo, y desde hace años, Turbay Junior.¿Dirigir Soho le ha convenido a su lujuria?No, a mi lujuria no. Si acaso a mi soberbia. Y en algunos ‘cierres’, a mi ira.Cuénteme, uno por uno, ¿cómo le va con los otros seis: la envidia, la pereza, la gula , la avaricia, la soberbia, la ira?Suelo ser de buen genio; cada vez que siento envidia pienso en personas que de verdad están mal, como Noemí, para que se me quite y se me convierta en compasión; toda la pereza de estos tiempos fue absorbida por Carlos Holguín que no nos dejó nada a los demás; avaro no soy; soberbio sí pero no al punto de que me nombren de Ministro del Interior y me encanta comer.Si las feministas creen que los reinados de belleza “reducen a las mujeres a la categoría de vacas”, qué cree que opinan de Soho?SoHo saca una versión anual, que desde este año será semestral, para mujeres: es la misma fórmula de desnudos y grandes firmas con buenos temas, pero para los intereses femeninos. Me parece una revista muy moderna porque interpreta a las mujeres sin subestimarlas. Creo que las revistas femeninas suelen ser más machistas que las de hombres: las subestiman, salen de la edición con un par de tests, con unos artículos de lo último en dietas, y en muchos casos no ofrecen contenidos inteligentes.Soho es una revista para hombres, y a los hombres nos gusta hablar de fútbol y ver mujeres. No sacamos a las mujeres como vacas. Y si a alguien le parece que sí, entonces que diga lo mismo de los hombres -el Tino Asprilla, Juan del Mar, Nacho Vidal, Raúl Higuera- que también han salido desnudos.¿Dizque en su oficina “hay un ‘jacuzzi’ repleto de modelos dispuestas a todo, y que usted “es más promiscuo que un cocker spaniel”?En absoluto. Esas frases las dije, justamente, para burlarme de ese estereotipo, no para que me definieran. No sólo soy un hombre que es feliz con su mujer y sus dos hijas y sólo quiere estar con ellas, sino que la figura de alguien como Hugh Hefner me parece detestable. Creo que es un viejo huevón que anda en bata y alardea de lo que carece.¿Aparte de las que posan, trabaja usted con muchas mujeres en la revista, qué le aportan?El equipo fotográfico de SoHo, editora, productora y asistentes, está compuesto únicamente de mujeres. No dejo que nadie vaya a las sesiones fotográficas. Sólo pueden entrar mujeres -y, claro, el fotógrafo y su equipo personal-. Es un trabajo muy profesional y detestaría que eso se llenara de sapos que van a morbosear una sesión. Soho, sin trabajadoras mujeres, simplemente no se podría hacer. En cambio, sin hombres sí.Pasando al plano personal, usted dice que le heredó a su padre “las muelas torcidas y la calvicie”. ¿Hay algún consuelo contundente para los calvos?No me parece grave ser calvo sino tratar de disimularlo.¿También cree que los bogotanos de verdad son prácticamente una “especie en extinción”?Sí. Pero no me parece especialmente grave. Me gustan todas las mezclas, todo lo que es heterogéneo, entre otras cosas que Bogotá esté lleno de gente de todas partes.¿Se tapa la nariz a la salida de cine, no le vaya a hacer daño el “chiflón”?Desde que crío hijas chiquitas ya no volví a cine de noche, sino a matiné.¿Qué es lo que tanto le gusta – como dice- de la “cultura costeña”?Que no se toman la vida tan en serio; que son joviales, frescos, llenos de ánimo, y que carecen de ese ceño fruncido con el que crecimos los bogotanos.¿Cómo compagina ese gusto con su “cachaquería”?Con envidia.¿Cómo conquista usted a una mujer (o conquistaba, para no meterlo en problemas), un caballero cachaco, y cómo la conquista un traqueto?Mi mujer se enamoró de mí al tiempo que yo de ella. Es la mujer de mi vida. No era necesario que la conquistara sino que nos encontráramos. Ahora: ¿cómo conquista un traqueto? Un traqueto no conquista. Compra, que es diferente.No fue muy descarnado (y descarado) cuando opinó en una entrevista que: “todas las mujeres manipulan. Cuando una mujer tiene sexo probablemente quiere algo más: trabajo, ascenso o casa”.No recuerdo cuándo lo dije ni en qué contexto. Pero puesto así, sin contexto, es una frase que rechazo y de la que me aparto.¿No lo regañó su mamá?Mi mamá nunca me regaña. Es un amor.¿Por qué los hombres se estremecen (y demás arandelas) cuando ven una mujer desnuda, si la están viendo desde Eva en el Paraíso?Por fortuna. Gracias a Dios el desnudo todavía produce sorpresa. No quisiera verme dirigiendo una revista como SoHo en Rio de Janeiro, donde para llamar la atención es necesario convencer a la modelo de portada de que se vista.¿Por qué el sexo no pasa de moda, como todo?Porque es un mandamiento ancestral de nuestras células; porque está inscrito como motor de nuestra biología, como garantía de nuestra descendencia.“Si Dios fuera sensato, sería ateo”. ¿Escribió usted ese escolio, o se lo robó a Nicolás Gómez Dávila?Lo escribí yo, en un soneto, cuando tenía como 16 años... ¿No es malo ese verso, no?¿Cuál es la que usted bautizó la generación de los “proustáticos” y por qué?La de esos señores como mi papá, que decidieron escribir novelas después de los 50 años, cuando se les inflamó, por igual, la vena literaria y la próstata.Al lado de sus modelos despampanantes, publica crónica, literatura, reportaje, ensayo, entrevista, humor del mejor corte. ¿Qué artículos destacaría como memorables en estos géneros?Crónicas: las de Salcedo Ramos -sobre Pambelé, por ejemplo, o sobre Diomedes, que sacamos hace poco; la que Diego Garzón hizo sobre la muerte de su papá; las de Martín Caparrós. Literatura: añoro mucho a Fontanarrosa, que escribía mucho para Soho. Pero me alegra que casi todos los escritores latinoamericanos de la nueva generación han pasado, o pasan, por la revista: Alberto Fuguet, Santiago Roncagliolo, Santiago Gamboa, Mario Bellatín, Espido Freire, por citar apenas algunos. De ensayo, o de crónica en ese tono, me encantan los textos que encargamos a Juan Villoro, Héctor Abad y a Antonio Caballero. Y de humor, hay de todo, pero destaco la presencia cada vez más recurrente de jóvenes muy ingeniosos que administran blogs propios que cada vez tienen más éxito, y que tienen un espacio casi permanente en la revista para escribir textos humorísticos: los de La bobada literaria, los del Bestiario del balón, por ejemplo.¿Cómo describiría el periodismo colombiano?Hay de todo, como en cualquier parte del mundo, pero hay periodistas increíbles, críticos, valiosísimos, como Daniel Coronell, por citar un ejemplo.¿Cómo describiría a Colombia?Me llevaría hacer un libro para responder esta pregunta.¿Cómo describiría a los colombianos?Me llevaría un capítulo del libro sobre Colombia poder responder esta pregunta.Hay un cambio de estilo en su columna de Semana, adoptó usted la crítica por contraste. ¿Por qué?No lo había visto así. Cada semana me enfrento al reto de comentar la realidad política desde un ángulo humorístico. En esa medida, trato de hablar no desde la vehemencia sino desde la ironía, es decir, celebrando con sarcasmo las cosas terribles que hacen nuestros políticos.¿Todavía encuentra quien lo salude en los cocteles?Nunca voy a cocteles.Usted define su columna como una caricatura de la realidad colombiana y de los colombianos, lo cual es válido, pero, algunos opinan que una “caricatura escrita” es todavía más cruel y más descarnada que una dibujada. ¿Qué contestaría?No tengo mucho por decir. En el periodismo colombiano hay cientos de columnistas que no se burlan de nadie, que no ridiculizan a nadie, que no se meten con los defectos físicos de nadie. A quienes no les gusta mi columna los invito a que sigan a cualquiera de ellos.Esa columna es un escape para “el guachecito que todos llevamos dentro?”.De golpe. Pero creo que siempre va en contra del guache que los servidores públicos llevan por fuera.¿No queda usted, con esa columna, a la altura del ‘gamín’ Álvaro Uribe? (Para los que se molesten, él mismo Uribe se definió así).Nunca. Uribe no tiene ironía, no tiene sentido del humor. Por eso es como es.Ya encontró quién le quiera “dar en la cara, m…?”.Uribe, justamente. Y todo el uribismo.Como usted me hace llorar a cada rato, esta vez lo hice cuando leí lo siguiente, escrito por usted, para decir por qué es un hombre fiel: “Primero que todo por guardarle un homenaje modesto al amor cotidiano, el de todos los días, desgastado por la rutina pero a su vez alumbrado por ella, que es el único real”. ¿Luego, no que “la fidelidad es pereza?”La fidelidad no es pereza: aparte de ser nobleza con la pareja, es comodidad: ¿hay algo más incómodo, que exija tanta logística, que produzca tanto nerviosismo, como ser infiel?¿Cómo le quedó el ojo con la columna de Carolina Sanín en El Malpensante, en la que descalificó su columna de Semana como “humor flojo, humor de montador de curso, de mal gusto, irrespetuosa y superficial? Y a usted lo tildó de explotador: “Si ha permitido que las modelos posen gratis, seguramente es que estaba tratando de hacer un chiste: algo así como la parodia de un proxeneta”. ¡Horror! Decir eso de un cachaco como usted, que quiere parecerse a Alberto Casas cuando sea grande...Quería parecerme a Alberto en el amor profundo que ha profesado toda su vida por su esposa; no es que me vaya a volver godo, como él. Sobre lo de Carolina, tiene todo el derecho a pensar lo que quiera de la columna. Es pública. Hay quienes la adoran y quienes la detestan, pero de todos modos la leen. Creo que la crítica más grave a un columnista es el silencio. Producir controversia es la naturaleza de una columna de opinión cuando tiene éxito.Usted estudio Literatura y se graduó con una extraordinaria tesis sobre la poesía de Eduardo Carranza. Ha dicho que lo marcaron, de niño, los versos de juventud del poeta de Piedra y Cielo. ¿Cómo vio, de adulto, su poesía posterior, a partir de El Olvidado y Alhambra?De eso se trataba la tesis: del viaje que tuvo la poesía de Eduardo Carranza, que empezó escribiendo del amor, y terminó escribiendo sobre la muerte; que hacía versos en segunda persona, dirigidos a las mujeres, y acabó haciendo versos en primera persona, introspectivamente, para indagar sobre la muerte.“Alguien decía que la vida es como reírse con una costilla rota; que es como lamer la miel de una espina: una mezcla interminable entre la tragedia y el humor, entre el drama y la comedia, entre la alegría de no estar muerto y la extraña tristeza de estar vivo”. Esta cita abre una conferencia suya en la Casa Silva sobre Carranza. ¿Encierra su concepto de la vida. O, hay más? No hay nada más. La vida, como decía alguien, es como reírse con una costilla rota.

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