“La que tiene que bajar de tono no soy yo”: Contralora

Diciembre 31, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co | Colprensa
“La que tiene que bajar de tono no soy yo”: Contralora

Sandra Morelli, Contralora General de la Nación.

Sandra Morelli dice que no es el Presidente quien tiene la última palabra en las diferencias que sostiene con el Fiscal General, sino los jueces. Asegura que la quieren hacer ver ante el país como una “señora loca” y “chiflada”.

A Sandra Morelli, contralora general, hay dos personajes que le borran la sonrisa: el fiscal Eduardo Montealegre y la auditora Laura Marulanda. Al primero le atribuye que gracias a él la consideran “una señora loca y chiflada” y de la segunda, dice, es una “señora que hace daño”, pero que no es una mala vecina.Sobre sus diferencias y los casos más delicados que tiene en su despacho habló en esta entrevista.¿De qué lado se siente mejor: del lado del Procurador o del lado del Fiscal? Me siento más de mí (risas). No tengo la concepción que pregona el señor Fiscal de que él es un defensor del Derecho Penal, en tanto que el Derecho Constitucional, que es mi especialidad, es el derecho de las libertades. Nunca he tenido una relación litigante en derechos humanos, mi acercamiento es académico. También pienso que de ninguna manera es posible estigmatizar al señor Procurador como Savoranola. ¿El Presidente les pidió a usted y al Fiscal bajar el tono a la controversia? Sí. Lo ha dicho públicamente. ¿Entonces, se va a sostener en que el Fiscal sí recibió dineros de Saludcoop? Quiero que alguien me muestre un grito o un acto de irrespeto que yo haya cometido contra el Fiscal. No hay ni uno solo. Entonces, la que tiene que bajar el tono no soy yo. Son temas jurídicos y judiciales que no decido yo, ni el Fiscal ni el Presidente. Les toca a los jueces. ¿La Comisión de Acusación de la Cámara sirve para algo? Está muy diligente, por ejemplo, frente a las denuncias que puse contra el Fiscal. Lo que sí me llamó la atención es que fui sometida a un interrogatorio por parte del presidente Carlos Edward Osorio, como si yo fuera la denunciada. Ahí entendí a las mujeres violadas que no quieren denunciar porque les pasa eso. Preguntó absolutamente todo, cosas relacionadas y no relacionadas. ¿Usted cómo cree que el país ve este debate entre usted y el Fiscal? El país entiende que hay una señora loca, una señora que abusa del poder, una señora totalmente chiflada, autoritaria que no le gusta al señor fiscal y que por eso lo ha denunciado y que no quiere que nadie la controle, como si fuera un ser abominable. Así se entiende porque así se presenta. ¿No es dura esa descripción? ¡Realista!… Pero, yo veo a una contralora sonriente, amable... ¿Pensaba que se iba a encontrar con un ogro? Si usted vino es porque quiso mirar más allá de la cortina, pero el ciudadano de a pie tiene otra visión. ¿Eso la atormenta? No. De ninguna manera. Yo no me voy a lanzar a la plaza pública para que me elijan ni mucho menos. Mi problema no es de tener muchos seguidores para que voten por mí, mi asunto es el del deber ser. Si usted tiene a la auditora recusada, ¿quién la está vigilando? Varias cositas le quiero decir. Yo no estoy recién llegada, como el Fiscal y la Auditora. Llevo ya ratico y afortunadamente ya me voy a ir. En todo este periodo he enfrentado todas las denuncias penales, disciplinarias y fiscales ante la Auditoría. Es más, el señor Jaime Ardila sonreía, pero iba abriendo sus procesos. He estado sometida, como corresponde, a todo tipo de escrutinios. Todos los días voy al Congreso. Pero, entonces ¿Qué pasa con esta señora? Esta señora lo que quiere es hacer daño, entonces a pesar de que está recusada sigue actuando y lo otro que hace es que coge todo lo que encuentra y lo vuelve un chisme y se lo entrega a los periódicos capitalinos. ¿Es una mala vecina? No nos vemos siquiera. Personalmente no tengo nada contra ella. Pero no puedo hacer caso omiso de una causal de impedimento que es muy seria. Esas personas que tienen como oficio hablar pestes de esta entidad están afectando una institución del Estado. Eso causa un daño moral al buen nombre. ¿No cree que a veces está sola en la lucha a la corrupción?A veces da esa sensación, pero al final hay Estado. Uno tiene que cuidarse porque no hay que pensar que todos piensan como uno, actuar en los tiempos de uno, cada quien tiene sus prioridades y ritmos y hay que ser respetuoso. Al final llegan las decisiones. Transparencia Internacional dice que los niveles de corrupción en el país siguen siendo altos. ¿Qué hace la Contraloría para combatir ese flagelo? Creo que Transparencia Internacional tiene un problema o un enfoque que nos confunde. El enfoque que se quiere es el de la percepción del ciudadano corriente y obviamente usted entre más ataque la corrupción y lo vaya informando, pues la gente dice que todo está mal. Hay dos iniciativas para mejorar el índice, uno acabar con la corrupción y que de verdad no haya posibilidad de escándalos y dos, puede que en algunos países las instituciones no se informa adecuadamente o se tapa, entonces pareciera que están mejor que Colombia, pero Colombia no es una excepción, este es un mal que tenemos mundialmente. ¿Sobre qué cantidad de recursos tiene sus ojos puestos? Son cifras absurdas. En salud tenemos procesos por casi $9 billones, plata que no se aplicó al servicio de salud, es una cifra descomunal. Con los niños ‘fantasma’ en la educación también estamos hablando de cifras que se acercan al billón. Cuando se hacen las auditorías al tema de infraestructura resultan hallazgos entre los 2 y 3 billones. Sin embargo, no todo es corrupción, pueden ser desfases: entre más se demore una obra más cuesta. Es curioso que tenga en la mira el paquete de concesiones viales de cuarta generación cuando ni siquiera se ha licitado... Me preocupa que no haya arrancado. Duramos un año sin hacerle ningún control a la ANI para no preocuparlos y que pudieran concentrarse en su función, pero hemos avanzado muy poco. La única intervención que hicimos tuvo que ver con una advertencia relacionada con que le saldría muy caro al país el traslape de concesiones, esto quiere decir, que algo que ya teníamos concesionado se vuelva a concesionar. Esto sería un doble costo. Además, termina el año y el proyecto de infraestructura vial más importante del país no está adjudicado. Eso es realmente lamentable. Creo que el país venía de una no planeación y eso nos salió muy caro. El exceso de planeación en detalle más allá de lo razonable también puede causar daño. Aquí tenemos el caso de Gramalote, que acaba de cumplir tres años.¿El país ya sintió el efecto de las regalías? ¿Qué pasó con la ‘mermelada’ de la que habló el Gobierno? Lo que se ha hecho es que le han puesto mucho control al tipo de proyectos que se van a aprobar y lo que encontramos es un modelo que de todas maneras es centralizante, donde Planeación se está desnaturalizando; no es un administrador activo, que no conoce la región. Hay un punto que a nosotros nos preocupa y es la pertinencia de los proyectos. No quiero hablar de algún proyecto en particular, pero si se cruza el mapa de las necesidades básicas insatisfechas con la destinación de recursos de regalías, no hay realmente una focalización que se oriente a los aspectos neurálgicos. ¿Dónde centrarán la atención? Hay un porcentaje de recursos que se dedica a ciencia y tecnología y se hace de manera regional, esto requiere un estadio de desarrollo del conocimiento y una consolidación de grupos de investigación, una existencia de masa critica, de investigadores. Pero también se requiere de una Colciencias fortalecida... No lo quería mencionar, pero a Colciencias le pasaron muchas cosas que no deberían pasar. La lógica, como se priorizaron los proyectos y se adjudicaron los recursos, la falta de criterio científico. Colciencias era un activo importante con un núcleo académico amplio y comprometido. La percepción es que hay ánimo de fortalecer a Colciencias, que hubo episodios de corrupción que no se pueden repetir. Y de politiquería... Obviamente.

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