“La poesía puede estar hasta en una carroña”: Piedad Bonnet

Mayo 27, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés
“La poesía puede estar hasta en una carroña”: Piedad Bonnet

Piedad Bonnet, poeta colombiana.

La poeta Piedad Bonnett dice que no usa su literatura como arma de combate. Habla de la exposición que prepara para rendirle homenaje a su hijo pintor, Daniel, quien se suicidó. Asegura que la Iglesia es una institución retardataria.

Excelente poeta, escritora y docente universitaria, nació en Amalfi, Antioquia, y viene de una familia de maestros. La violencia los llevó a Medellín, en avioneta, porque no había caminos transitables en la época y posteriormente recalaron en Bogotá. Piedad Bonnett dice que a los 12 años la invadió una inmanejable rebeldía, leyó a Sartre y rompió con Dios. En castigo, la matricularon en un internado de monjas en Bucaramanga, donde, además de una úlcera gástrica, adquirió su gran pasión por la literatura y la escritura.Al terminar su carrera universitaria entró a enseñar literatura en la Universidad de Los Andes. Su primer libro de poemas lo publicó en 1989 bajo el título: De Círculo y Ceniza. Luego vinieron Nadie en Casa, El Hilo de los Días, Ese Animal Triste, Todos los Amantes son Guerreros, Siempre fue Invierno y Tretas del Débil, entre otros. Su primera incursión en la narrativa se plasmó en su novela Después de Todo.También ha escrito piezas teatrales como Gato por Liebre y Que Muerde el Aire Afuera, y realizado traducciones de: Noche de Epifanía, de Shakespeare y de El Cuervo, de Edgard Allan Poe, a las que muchos años después sumó un curioso diccionario a partir de la obra de García Márquez, con palabras y definiciones que recrean el pensamiento del nobel colombiano, bajo el título de El Mundo según Gabriel García Márquez.Ella, que es poeta, y una gran poeta, lee y admira a otras poetas latinoamericanas como la argentina Olga Orozco, la peruana Blanca Varela y Alejandra Pizarnik. Ama a Eliseo Diego y relee a Eugenio Montejo, Luis Gelman, José Watanabe y Emilio Westphaler. Entre sus influencias primeras reconoce a Borges y a Baudelaire.Es fanática de Truman Capote, Faulkner, Carson McCullers, Thomas Mann, entre muchos otros que han nutrido su notable acervo cultural. Bonnett obtuvo el año pasado el XI Premio Casa de las Américas de Poesía Latinoamericana, por su libro: Explicaciones no Pedidas, una obra bellísima y desgarradora, escrita a raíz del suicidio de su hijo Daniel.“Yo pulso mi dolor cada mañana Cuando el día me rasga con su astilla/ Lo llamo por su nombre, le limo los colmillos/ Para que no devore a media tarde/ La carne maternal que lo ha parido”.Erick Erickson definía “identidad” como “el punto de confluencia entre aquello que una persona desea ser y lo que el mundo le permite ser”. ¿Qué diferencia hay en este momento entre lo que usted quería ser y lo que es? ¿Ha logrado sus sueños?Sólo hasta cierto punto, pero de manera suficiente como para no sentir ni un ápice de frustración. Haber podido dedicar mi vida a lo que más me gusta, leer y escribir, es ya un gran logro. Hay otra mirada, que es la de los demás hacia uno. ¿Cómo cree que la ven a usted?Mis alumnos, como una maestra apasionada y comprometida con lo que hace; mis lectores, como una escritora que escribe con honestidad, que no tiene miedo a mostrar sus incertidumbres y que trabaja duro; mis amigos, como una persona leal y con sentido del humor; mis hijas, como una amiga que no siempre hace las cosas bien; y mis enemigos, pocos, pero que existen, como una mujer burguesa que no se merece que la lean. Ah, y mi marido: como una despistada que a veces lo divierte. Usted ha confesado ser una mujer con muchos miedos, obsesiones, dolores. ¿A pesar de todo ha sido feliz? A pesar de haber crecido con miedos que aún no destierro, de haber lidiado con las dificultades propias de toda existencia y de haber pasado por la pena más grande que puede tener un ser humano: la de ver sufrir y morir un hijo, yo diría que mi vida ha estado llena, más que de felicidad (una palabra engañosa) de mucha plenitud y satisfacciones. O si se quiere, de momentos muy felices. ¿Cómo son sus recuerdos de infancia?Mezclan la alegría de los primeros descubrimientos —el cariño de mi mamá, las luciérnagas, la adormidera que cierra las hojas cuando uno la toca— con los primeros terrores —al abandono, a la muerte, al infierno, al Dios castigador que me enseñaron a temer.¿Cree en la “inocencia” de la niñez?Creo que la inocencia de los niños es lo que nos hace amarlos, pero también creo que hay en ellos malicia y perversidad.¿Cómo combate usted las tentaciones —y las actitudes anejas— del éxito y la fama?Basta con no tener certezas. Una simple mirada al pasado nos permite constatar que artistas que fueron muy exitosos y gozaron de fama en su momento hoy están olvidados. Esa es una lección de humildad.¿Cómo describe los siguientes libros suyos de poesía y de novela?De Círculo y Ceniza: Una poesía todavía un tanto ingenua. En eso reside su fuerza y también su debilidad.El Hilo de los Días. Con el ganó el Premio Nacional de Poesía. ¿Por qué quiso regresar a la infancia?Estaba saldando una cuenta con mi memoria y con mi pueblo, al que nunca regresé, y con una época en que, como nos pasa a todos, viví cosas que determinaron mi vida entera. Pero también es un libro en que hablo del mundo desde la metáfora de la casa, esa especie de útero que nos protege del afuera. Ese Animal Triste. ¿Qué significa ese título tan sugestivo?“Después del coito el hombre es un animal triste” es una sentencia que se atribuye a los griegos, a Galeno, o a Aristóteles. En fin, su origen es incierto. Yo quise hablar del cuerpo, de su parte animal —el nacimiento, la enfermedad, la muerte— y de aquello que lo hace humano: el amor, el sufrimiento, la insatisfacción, el dolor de las pérdidas.Para Otros es el Cielo Es la novela que más aprecio. La historia de un hombre de mi generación, que en su juventud, como tantos, soñó con cambiar el mundo, y luego, derrotado, se refugia en la academia. Es un libro sobre la esterilidad afectiva y el fracaso final de un hombre brillante, visto por la mujer que lo amó.De usted se dice que ha sido “particularmente diestra en reivindicar su porción de intimidad, de salvarse de caer en el desgastado sensualismo feminista”. ¿Cómo lo logra?Es que detesto el cliché que atrapa a ciertas mujeres, que creen que nuestra expresión más plena está en lo erótico. Por naturaleza tiendo al intimismo, pero más bien concebido como un mundo de fantasmas y obsesiones. Me interesan temas como la familia, la rutina, el cuerpo y sus placeres y miserias. Pero esa es apenas una línea de mi poesía. ¿Cómo asume el hecho de ser mujer en su poesía?Simplemente como eso, como un hecho que hasta cierto punto me condiciona y que necesariamente se refleja en lo que escribo. Creo en que las mujeres necesitamos de muchas reivindicaciones, pero no uso mi literatura como arma de combate. Lo cual no quiere decir que mis obras no reflejen nuestras limitaciones —a veces autoimpuestas— pero también nuestra potencia.Mezcla la cotidianidad, la vida simple, los actos y rituales un poco banales, con la poesía. ¿Las cosas rústicas, y simples son susceptibles de inspirar poesía?La poesía puede estar en cualquier lugar, hasta en una carroña, como bien lo mostró Baudelaire. Lo que la hace salir a la luz es una mirada sensible que la traduce en palabras.Por estos días estamos viendo nuevamente la labor de zapa de la Iglesia Católica frente a proyectos de ley en el Congreso y ante decisiones de la Corte Suprema. ¿Cuál es su opinión sobre la Iglesia Católica?Creo que la Iglesia Católica es una institución retardataria que vive del poder y las apariencias. Algunos pocos sacerdotes, hay que reconocerlo, hacen tareas comunitarias valientes y defienden a los humildes, como quería el cristianismo original. Creo en una cultura laica, liberal, democrática, sin adhesiones a ninguna iglesia. ¿Cómo ha logrado combatir todo ese sentimiento de culpa, de pecado, de ‘fuego eterno’, que nos inculcaron de niños? Y, ¿con qué ha sustituido la dependencia de la religión?Tengo un espíritu rebelde, que me llevó, no sin dificultad y sufrimiento, a ir desterrando los viejos mitos en que me educaron. Y creo que poseo una espiritualidad que se manifiesta en mi reverencia por la naturaleza y en mi interés por los seres humanos. Mi religión es el arte.¿Cómo analiza los casos de mujeres importantes en cargos de primer orden como Vivianne Morales, ex fiscal, y Sandra Morelli, contralora? ¿Cree, como dicen algunas, que tratan de boicotearlas por ser mujeres? O cree, al menos en el caso de Morales, que el amor le nubló el seso...Celebro el desempeño de esas mujeres, que me parecen competentes y valientes. Me parece que por ser mujeres se las trata de manera atrevida, con menos respeto que a los hombres. Opino que era inconveniente la cercanía de Lucio siendo Vivianne Morales fiscal de la Nación, pero respeto profundamente la insensatez que nace del enamoramiento. Espero que no le pese. Refiriéndose a su libro El Prestigio de la Belleza, ¿por qué lo calificó de “autobiografía falsa”?Porque lo que quise hacer fue un ejercicio literario que mezclara una gran dosis de elementos realmente autobiográficos con material de ficción, para engañar al lector. Y hasta a mí misma, porque el tiempo hace que se desdibujen los límites entre lo verdadero y lo falso. Como intelectual, ¿cómo aborda los problemas de dirigencia, de guerrilla, de narcotráfico y de corrupción, que agobian a Colombia?Básicamente quisiera no caer en dogmatismos y tampoco en ligerezas. Leer diariamente la realidad como lo que es: algo móvil, con aristas. ¿Qué le queda del proceso de politización que experimentó cuando estudiaba en Los Andes? ¿Cómo es hoy su aproximación al tema político?Sigo siendo una mujer que en política se inclina hacia la izquierda, aunque, por supuesto, la realidad ha echado al traste sueños de otros tiempos, como la fe en el proceso revolucionario cubano. Sigo paso a paso el proceso político, con pasión, escepticismo, y una cierta amargura. Nada más lejano al Congreso de la República que la poesía. Una falsa noción de democracia ha llevado a conformar, con pocas excepciones, un congreso lleno de oportunistas y mediocres. Y por supuesto, insensibles. Hace rato que allí no va la burguesía ilustrada, de la que era exponente Lleras Camargo. En un bello artículo de William Ospina, sobre usted y su obra, el escritor dice que “el singular sabor de la poesía moderna está en su lenguaje”. ¿Qué quiere decir?No sabría decirlo. Quizá hable de que mi poesía usa un lenguaje sin artificios, de que intento usar la música del habla e incorporo humor e ironía.¿Qué significó el Premio Casa de América de Poesía por Explicaciones no Pedidas?Un estímulo concreto y más lectores. Es un libro que nace de una serena tristeza, de la conciencia de que “somos como moscas en las manos de los dioses”, víctimas de la divina indiferencia del universo. Su hijo Daniel murió hace poco. En su libro usted parece presentir el desenlace, ¿es por ser poeta, por ser mujer o por ser madre, que lo intuyó? Creo que las madres aprendemos a leer signos, que intuimos, casi con las entrañas, los vaivenes de los sentimientos de los hijos, aún en la distancia. ¿Pero, qué es un poeta sino un hombre que interpreta la realidad con poderosas intuiciones, que lee “el gran alfabeto del mundo”? Y ser mujer ayuda: creo que siglos de silencio nos enseñaron a comprender con algo más que el intelecto. Está escribiendo un libro sobre lo que le sucedió, no sólo para hacer el duelo sino para “hacer las paces con un montón de cosas y comprender”. ¿Qué busca?Es un testimonio crudo, pero espero que no exento de belleza. Un escrito literario sobre la lucha que dio Daniel y que terminó en derrota. Daniel, un muchacho brillante intelectualmente, sensible y con mucho talento, un estudioso que hacía una maestría en Columbia y que parecía un muchacho normal, batalló diez años contra un trastorno mental que no resistía el estrés y lo obligaba a estar medicado. Allí hablo de la ciencia médica y sus debilidades, del estigma que obliga al secreto, de algo que podría llamarse destino, de cómo las circunstancias acorralaron a mi hijo, del suicidio como una opción y también como un acto que siempre encierra un misterio, de cómo “todo entender es un malentendido”, como dice Kertéz, y de las profundidades del duelo por un hijo.Daniel era pintor. Entiendo que está usted organizando una exposición de sus obras. ¿Cómo será?Es ante todo un homenaje a su memoria. A los 28 años dejó casi 200 obras, pues era un apasionado de su arte. En la Universidad de los Andes, con la curaduría de Lucas Ospina, se hará una retrospectiva con una selección de sus dibujos y pinturas para mostrar un proceso de búsqueda que, paradójicamente, dio sus mejores frutos, cuadros muy impactantes, fuertes y dolorosos, técnicamente impecables, apenas unos meses antes de su muerte.

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