La historia de Liliana, una nueva víctima de la minería ilegal en el Cauca

La historia de Liliana, una nueva víctima de la minería ilegal en el Cauca

Febrero 19, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Jorge Enrique Rojas | Editor Unidad de Crónicas
La historia de Liliana, una nueva víctima de la minería ilegal en el Cauca

El Voladero envenena el río Teta. La minería también afecta las aguas del Quinamayó y del río Cauca, afluente del que se surte todo Cali.

Un deslizamiento en El Voladero, al norte del Cauca, sepultó a una mujer. Alcalde de Buenos Aires dice que ya habían tratado de cerrar la mina.

La mina de extracción de oro El Volador, abierta hace más o menos un año en la vereda Santa Rosa de Buenos Aires, al norte del Cauca, sumó el primer muerto a su historia de ilegalidad. Un muerto y tres heridos deja derrumbe en mina de oro en el CaucaOcurrió a las nueve y media de la mañana del miércoles, cuando Liliana Jiménez Charrupí, de 30 años, quedó sepultada bajo una pared de tierra que se desprendió en uno de los pozos que han ido dejando las retroexcavadoras. El alud también causó cuatro heridos: Liliana María Carabalí, barequera de 22 años que cinco horas después todavía llevaba el antebrazo derecho vendado con una camiseta a rayas; un muchacho que recibió golpes de piedras, una señora que se rompió la boca y una niña que fue atendida en el hospital. Todos fuera de peligro.Desde hace cuatro años, Liliana Jiménez Charrupí compartía la vida con Hugo Sandoval, un negro grandote de 42 años que sobre todo, dice, se ha dedicado a la agricultura. El de este miércoles había sido su primer día de trabajo en la mina. Y el último: “Yo allá no vuelvo”, aseguró a las 4 y 56 de la tarde, vestido con una camisa color berenjena, mientras recostado en un muro del hospital de Buenos Aires, esperaba a que llegaran para hacer la necropsia de su mujer.Liliana tenía unos quince días yendo a la mina y antes de ayer le había pedido a Hugo que la acompañara: “Papito, vamos que está buena”, cuenta él que le dijo ella. Desde la vereda El Cascarillo, corregimiento de Palo Blanco, donde quedaba su casa, este miércoles caminaron dos horas. Salieron a las cuatro y media de la mañana y se fueron hablando de cosas que el hombre recuerda eran todas “cosas de amor”. No tenían hijos. A las siete de la mañana, ambos ya andaban en el agua-lodo.“Estábamos trabajando y yo le dije: mami, salgámonos de esa pared, salgámonos. Nos salimos al otro lado del charco donde estaban lavando y ella dijo que iba a lavar la batea. Estaba en esas cuando se viene la tierra y no alcanza a correr. Yo estaba como a diez metros y la avalancha también me alcanzó, pero a mí solo me tumbó. ¿Y Liliana? ¿Y Liliana?, gritaba yo cuando me pude levantar. Entonces la gritería de los pelados: ¡hasta aquí la vimos!, ¡hasta aquí la vimos!, decían. Como a los diez minutos de echar pala la encontramos y yo me agarré a darle respiración boca a boca, pero ya no fue suficiente”. Ese es el último recuerdo juntos. Junto al hospital, a las 5 de la tarde del miércoles, Hugo se lo contaba de esa forma a los amigos que se acercaron para darle el pésame.El comandante de Bomberos de Buenos Aires, Marco Charrupí Carabalí, cree que la tragedia de alguna manera pudo ser evitada porque de acuerdo con los testimonios que recogió cuando fue a atender el accidente, los barequeros estaban avisados: “El operario de una retroexcavadora les había dicho. Entiendo que estuvo pitando para advertirles pero cuando hay oro el barequero no entiende”. Charrupí también cree que de no haber sido por unos velorios que cerca de allí habían congregado a muchos mineros, lo de ayer pudo ser una catástrofe: jura que hay días en los que mil personas llegan hasta los pozos de El Voladero en busca de una chispa.El alcalde de Buenos Aires, Elías Larrahondo, sabe que la mina es ilegal y que desde hace un año está operando a no más de veinte minutos en carro de su despacho. Por eso el 15 de julio del 2014, dice, coordinó un operativo con la Policía para clausurarla; ese día fueron decomisadas seis retroexcavadoras y detenidas cinco personas. “Pero las personas fueron liberadas y las máquinas, entiendo, devueltas a su dueño. Nosotros hemos hablando con la gente, les hemos hablado del riesgo al que se exponen pero ellos lo entienden como una manera de impedirles que consigan su sustento. No nos queda más que seguir denunciando porque nuestra función llega hasta ahí, es la Policía y la Fiscalía a las que les corresponde lo que sigue”. Buenos Aires tiene 31.160 habitantes. Según el Alcalde, el 85% de ellos no tiene un empleo formal.El comandante de bomberos, Marco Charrupí, dice que aunque se temió en un principio, el alud de tierra no dejó desaparecidos. Al final de la tarde de ayer, en todo caso, sobre una piedra en el fondo de la mina, él encontró un costal con una blusa de pintas moradas, aguadepanela envasada en una botellita y unos bananos que no pertenecían a ninguno de los accidentados. Preguntó y preguntó sin que apareciera el dueño. Hace años, Charrupí, primo de la difunta Liliana, también fue barequero. Por eso sabe que nadie que vaya a buscar oro en esas condiciones se separa, por su propia voluntad, de la comida y el agua. Nadie.

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